Una dulce venganza
Me concentré en acariciar por encima de sus pantalones los bultos de carne que crecían sin límite. Poco a poco, Enrique comenzó a levantar mi falda y mientras con una mano acariciaba mis senos, con la otra deslizaba mi panty a lo largo de mis muslos. Moví mis caderas para facilitarle la tarea. Sus manos parecían ávidas de recorrerm...