La llamada
-Mujer... no sabes lo cachondo que estoy -en la voz se le notaba que le costaba no gritar de placer a él también. -Aunque quizás podría echarte todo mi semen en la cara. Caliente y abundante sobre tus ojos.. tus labios... las mejillas... el cuello... Y mientras se seca y solo puedes respirar ese olor te comería bien el coño...