Mójame la cara, sacia mi sed
Rosa, era el color de sus labios
los de arriba y los de abajo,
también lo era de su tanga,
pequeño, minúsculo.
Sólo asomaba por detrás, un poco al agacharse,
nada propio de alguien tan joven,
tan fresca, lan limpia,
tan dulce, y sobre todo,
con tanto olor a virginidad.
Aún recuerdo es...