La estudiante china (1)
Horacio necesito un gran aplomo para no estar boquiabierto. En un golpe de sensatez, decidió que debía mirar sólo un segundo, que debía ver muy fugazmente a Nadia para ya jamás olvidarla. Durante ese instante se esforzó en memorizar sus hombros desnudos, abiertos y como puntiagudos; la piel pálida y perlada, como una hoja de papel ...