La acampada de las maravillas
Después de memorizar sus dos preciosos cuerpos de 22 y 23 años corté el agua, cogí el gel de baño, las puse juntas de espaldas a mí y sólo asomaba entre las dos mi rabo y les dije: —Os voy a enjabonar como nadie lo hace, a ver que sois capaces de hacerme vosotras. Y con mis manos bien llenas...