La bióloga y el pescador (2)
Sus dedos buscaron la cremallera de la espalda del sujetador deportivo. Sara no se movió. No protestó. Se quedó quieta, con los ojos cerrados, como si se hubiera rendido a un sueño. Con un movimiento suave, Yuliana bajó la cremallera y el sujetador se aflojó, cayendo hacia adelante y liberando las tetas de Sara. Yo me quedé sin ali...