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Un tipo de 60 años me rompe el culo como ninguno (II)

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El lunes de la semana siguiente, fuimos a lo de Sebastián, las dos. Entramos y me saludó con un beso en la mejilla. Katia no esperó la orden, se desnudó de inmediato y se puso el collar, quedándose de pie. Sebastián me sirvió un whisky y nos sentamos en los sillones.

—Te escucho. Dijo Sebastián.

—Quiero probar, me excite mucho viéndola a Katia. Y no sé si porque quiero ser sumisa, o domina. Al día siguiente, viste lo que hicimos. Y te aseguro que tuve muchas ganas de seguir. También de llamarte para que me aconsejes que comprar para dominarla totalmente. Pero quiero probar ser tu sumisa. ¿Se puede ser sumisa y domina?

—Claro que se puede. Te propongo algo. Te propongo que hoy pruebes ser sumisa, empieces a ver si te gusta, buscar los límites. Y de allí ver como seguimos, o sigues sola. Dijo Sebas.

—Me parece bien. Hagámoslo.

—Primero establezcamos algunos puntos:

Si algo empieza a no gustarte debes decir Amarillo.

Si algo no te gusta y quieres que me detenga: Rojo.

¿Algo que quieras decir?

—No, nada. Dije

—Bien, si no obedeces alguna orden, habrá un castigo. ¿Lo entiendes?

—Sí.

—¿Empezamos? Me preguntó.

Respiré hondo, tome lo que quedaba de mi vaso de whisky y le dije que sí.

—Desnúdate. Me dijo.

Me quite la ropa mirando el piso, increíblemente, me avergonzaba hacerlo. Cuando estuve totalmente desnuda, me dijo que busque en la caja donde Katia había sacado su collar y su correa. Fui, había otra y me lo puse. Él tomó las dos correas y nos llevó a la habitación.

—Última oportunidad: ¿Seguimos o te detienes?

—Seguimos. Contesté. Y el tomo la fusta de una pared.

—Maka, ¿Has sido infiel a tu hombre?

—No, para nada. Dije.

Los dos fustazos que recibí en el culo me dolieron pero también me comenzaron a excitar. No entendía el porqué del castigo.

—¿Acaso no tuvieron sexo con Katia? Me preguntó.

—Si amo…

—Una mujer también puede ser infiel con otra mujer, no solo con un hombre. Dijo.

No lo había pensado, y él tenía razón. La mire a Katia, y ella estaba parada mordiéndose los labios, totalmente quieta.

—¿Te has masturbado?

—Si amo. Pensando en esto y en Katia. Dije.

—¿Pensando en ser infiel a tu hombre? Me preguntó.

—Pensamientos impropios amo. Dije.

—La señora usa palabras para no aceptar la realidad. Repito la pregunta: ¿Pensando en ser infiel a tu hombre?

—Solo con Katia. Dije sin saber si iba a haber castigo o no.

Para mi sorpresa, no me castigó con la fusta. Hizo que Katia se acueste en la camilla boca arriba y que ponga las pierna en los posa piernas. Nos sorprendió a las dos. Ella lo hizo, él amarro sus muñecas a la camilla y las piernas al posa piernas. Buscó un par de esposas y me esposó las manos en la espalda. Hizo que separe las piernas e introdujo un vibrador en mi concha que a esa altura ya estaba empapada. Lo hizo funcionar muy suavemente, pero las vibraciones me repercutían en todo el cuerpo.

—Chupale los pechos. Me dijo Sebas.

Me acerque a los pechos de Katia y los empecé a besar suavemente. Y mi calentura empezó a crecer, deje de besarlos para directamente chuparlos y mordisquear sus pezones. Katia empezó a gemir y a insultarme por como la estaba haciendo calentar. Me gustaba oír sus gemidos, sus insultos, porque era por mis chupadas, yo la estaba poniendo loca.

Pude sentir claramente cuando tuvo un orgasmo, y Sebas me detuvo.

—Ahora, chupale la concha. Me dijo.

—Yo… Dije y me dio un fustazo en el culo. Me gustó porque me ponía en mi lugar de sumisa. Me hizo sentir que él mandaba.

Primero, como en los pechos, le fui besando los labios y el clítoris. Pensé en que me calentaba a mí, y de a poco, fui haciéndoselo. Succionaba su clítoris, jugaba con él con mi lengua, mientras Katia ya gritaba de placer. Fui a su concha y con mi lengua la lamía por completo, separando sus labios vaginales y metiéndole la lengua en la concha. Los gemidos de Katia eran tan tremendos como sus gritos. Tuvo un orgasmo y me insultó:

—Hija de puta, me estas volviendo loca de placer.

—Suficiente. Dijo Sebas.

Me corrí, él primero desato una de las piernas de Katia, luego la otra, las levantó, llevando las rodillas de Katia hacia atrás, casi hasta tocar sus propios pechos. Las ato en esa posición y frente a mí estaba la concha abierta de Katia y su ano.

—Seguí. Me dijo Sebas.

Volvía chupar su concha, la penetraba con mi lengua con todo. Así estuve un par de minutos.

—Su ano también. Me dijo.

Tuve un instante de duda y vi que tomaba la fusta. No le di tiempo y mi lengua ya rozaba su ano.

—Hija de puta, eso no!!! Gritó Katia.

Ese fue el disparador para que desatara toda mi calentura, lamiendo, chupando y metiéndole la lengua en el orto. Katia se estremecía ante cada cosa que le hacía. Cuando pude enterrar bastante de mi lengua en su orto, tuvo un tremendo orgasmo.

—Suficiente. Dijo Sebas y me separé del culo de Katia.

Mire y un charco de flujo estaba debajo de donde estaba sentada. Era mío. Estaba en eso, cuando Sebas se acercó con el mismo consolador que usó la vez anterior en Katia.

—Abre la boca. Me dijo.

Lo hice y metió la parte de atrás del consolador en mi boca. Yo la cerré sosteniéndolo sin entender.

—Cógele el culo. Me dijo.

No podía creer lo que me decía. Juro que me explotó la cabeza. Me fui acercando y Katia pedía que me detenga. Ni loca lo iba a hacer. Su culo, ya dilatado por mi lengua, se fue abriendo recibiendo el consolador. Sin darme cuenta, fascinada viendo como le cogía el culo con el consolador en mi boca, fui metiéndolo y sacándolo cada vez más profundo.

Mientras yo estaba en eso, Sebas tomo dos prensa pezones unidos entre sí por una cadena, y otra más larga, que en la punta tenía otra prensa, que colocó en el clítoris de Katia que dio un grito de dolor o placer. Yo le seguía penetrando el culo. La cadena era larga. Sebas me detuvo, puso el consolador bien adentro del culo de Katia y la cadena sobre el consolador.

—Ahora, en tu boca, consolador y cadena. Si tiras demasiado, vas a soltar las prensas, y te voy a castigar a vos. Me dijo.

Metí todo en mi boca y empecé a sacar el consolador del culo, esto hacía que tirara de las cadenas y le provoque dolor a Katia que gritaba como loca de placer y dolor. Me excite tanto que de uno de los pezones salto la prensa. El fustazo en mi espalda fue inmediato. Puso todo en su lugar y volví a mi tarea.

Ella gritaba y yo veía como de su concha salían ríos de flujo. Fueron varios sus orgasmos. Por unos momentos Sebas salió de mi vista, y cuando lo volví a ver fue cuando puso su pija en la boca de Katia, que la mamaba con locura, gimiendo, enterrándosela toda en la garganta, gritando y chupando. Yo no daba más de mi propia calentura, y tuve un orgasmo, y fue el comienzo de una cadena de orgasmos.

Sebas después de un rato, acabó en la boca de Katia, que tuvo un orgasmo tremendo, y yo otro.

—Detente. Me dijo Sebas.

Mire a Katia y como la vez anterior, temblaba en la camilla sin decir nada, con los ojos cerrados. Sebas se paró delante de mí, y aprovechando que estaba con las piernas separadas, apoyo su mano en mi concha, que rebalsaba de jugos. Me miró y se sonrió. Busco un tapa ojos y me lo puso. Quedé parada, con las muñecas esposadas en mi espalda y sin poder ver.

—No puedes hablar. Me dijo.

Por varios minutos no escuchaba nada, tampoco sentía nada que me tocara. De pronto, la voz de Katia.

—Gracias amo, fue maravilloso. Me hizo gozar como nunca con esta puta cogiéndome el culo y su pija en mi boca.

—Silencio. Dijo Sebas.

Y escuche como la liberaba de la camilla. El vibrador seguía moviéndose muy suavemente en mi concha. Me liberó las muñecas, me guio hacia la camilla y me hizo acostar boca arriba. Ató mis muñecas y puso mis piernas en los apoya piernas, totalmente separadas, como había estado Katia.

—¿Amarillo? Me preguntó.

—Si algo no me gusta mucho, amo. Dije

—¿Rojo?

—Que por favor se detenga, amo.

—Bien.

Lo siguiente fue sentir como algo angosto, que giraba como una rueda y con puntas iba subiendo desde mis pies hacia mi cadera. Cada tanto aumentaba la presión sobre mi piel, y las puntas me pinchaban más. Increíblemente eso me producía estremecimientos y no dolor. Primero fue la pierna derecha y luego la izquierda, pero en esta, termino pasando por los labios de mi vagina y mi clítoris. No podía entender como me estaba excitando tanto.

Luego fue a mis pechos, primero uno haciendo círculos desde afuera hasta mi pezón. Tuve un orgasmo y grite de placer. Luego fue el otro pecho, provocando otro orgasmo.

Me dejo reponer y cerré los ojos. Menos de un minuto después, él mordía mi pezón izquierdo con suavidad y me chupaba la teta de la misma forma. Pero de pronto, un dolor en el pezón derecho me hizo arquear la espalda, evidentemente era un prensa pezones. Segundos después, coloco el otro en el que estaba mordisqueando. El dolor pasaba increíblemente y subía mi placer.

Su mano fue a mi concha y a mi clítoris. Me acariciaba suavemente, separando mis labios en cada caricia, pero sin penetrarme. De pronto, algo caliente que cayó sobre mis pechos. Me quemó por un par de segundos y luego no. Así en mis dos pechos, mi abdomen y a los costados de mi clítoris.

Fue cuando un par de dedos entraron en mi concha y estalle en un orgasmo de placer total. Un par de minutos y otro orgasmo tremendo. De pronto, otra vez nada. Hasta que sentí como un consolador entraba en mi concha, y lo que reconocí como los labios de Katia, me chupaban los pechos. Sentí como Sebas apoyaba su pija en mis labios y la necesidad que sentí de chuparla, fue increíble. Gire mi cabeza a un costado y me puse a chuparla con todo.

De pronto el consolador en mi concha, se empezó a mover, entrando y saliendo. Katia llevo su boca a mi clítoris, la maquina me cogía cada vez más rápido y yo chupaba como loca la pija de Sebas. Nunca había estado tan excitada, lo juro. Fue tremendo. No ver, no poder moverme, queriendo hacer mil cosas y no pudiendo, me enloquecieron.

Sebas acabó en mi boca y tuve un tremendo orgasmo. Sebas saco su pija, pero ni Katia ni la maquina se detenían. Mis orgasmos continuaban sin cesar, mi cuerpo no se reponía de uno que comenzaba otro. No puedo decir cuánto tiempo duró todo, solo que no daba más, me dolían todos los músculos por tantos espasmos que tenía. Por fin, detuvo la máquina, Katia dejo en paz mi clítoris y me soltó.

Pero solo para ponerme boca abajo. No sé cuánto tiempo estuve temblando como había estado Katia. Ahora la podía empezar a entender.

—Por ser tu primera vez, hago una pausa. ¿Estás bien?

—Maravillosamente amo.

—¿Queres tomar algo?

—Agua por favor amo.

Pasaron un par de minutos y me alcanzo una botella de agua, me senté en la camilla y tome un poco. Lo mire sonriendo y el me respondió con otra sonrisa. La busque a Katia, y estaba en la silla que yo había usado la vez anterior, sonriente, con sus prensa pezones puestos, y un vibrador en la concha. Un nuevo trago, le devolví la botella a Sebas y me acosté boca abajo.

—¿Seguimos? Preguntó Sebas.

—Por supuesto amo.

Me amarraron a la camilla, las piernas a los apoya y los prensa pezones en su lugar. Me preguntaba que seguiría. De pronto, un consolador fino y no muy largo entro en mi concha que en ningún momento estuvo seca desde que empezamos. Un dolor intenso, fue desde mi pecho izquierdo a mi concha. Me contrajo todos los músculos. Luego una lengua, la de Sebas recorriendo mi espalda desde mi nuca. Cuando la retiró, otra vez esa descarga, ese dolor. Ahora su lengua empezó a jugar con mi orto. Lo lamía con cuidado, y yo hacía fuerza para cerrarlo.

Pero su habilidad con la lengua fue más que mi fuerza de voluntad, y lo fue dilatando lentamente. Nunca me habían chupado así el culo. Y me estaba volviendo loca. Siguió un rato mientras que Katia me besaba y acariciaba la espalda y los glúteos. De pronto sentí un consolador queriendo entrar.

—Amarillo amo. ¿Puedo hablar?

—Habla. Me dijo.

—Soy virgen amo, ni un dedo ha entrado en mi culo.

—Entiendo. ¿Sigo?

—No. No siga con el consolador. Quiero su pija amo, que me rompa el culo como la puta que soy en sus manos. Dije.

Él se paró frente a mí y me empezó a coger la boca, mientras Katia chupaba y metía su lengua en mi culo. De pronto, un latigazo en mi espalda.

—Chupa bien puta, ponela bien dura que te voy a abrir bien ese culo. Me gritó Sebas.

Otro latigazo siguió a sus palabras y me puse a chupar con todo, estaba super caliente. Me cogía la boca de una manera infernal a pesar de no tener una pija grande. Pero era su dominio lo que me calentaba. Katia, hacía maravillas con mi orto.

Sebas se salió de mi boca, y se puso detrás de mí. Apoyo su pija en mi culo y al mismo tiempo que me daba un latigazo en la espalda, me la empezó a meter. Yo levantaba mi culo para recibirla por completo.

—Amo, por favor, destroce a su puta. Grite.

Él la enterró hasta el fondo y me empezó a bombear con todo. Su tamaño, como repito no era grande, pero la forma bestial en que me penetraba, me castigaba con el látigo me volvía loca. No sentía dolor, solo placer, oleadas tremendas de placer que cada tanto terminaban en un orgasmo. Como dije antes, era imposible medir el tiempo, como la cantidad de orgasmos. Lo inconcebible, era que la calentura, la excitación era cada vez mayor.

La cantidad de leche que vació en mi culo fue tremenda. Y mi orgasmo fue una locura total. Aun temblando le pude decir:

—Quiero chuparla amo.

El vino hasta ponerse frente a mí, y se la chupe hasta dejarla bien limpia. Vi que había rastros de sangre, algo de mi intestino y su leche. Nada me importó.

Me soltaron y me quedé en un estado de semi inconsciencia. Cuando me recuperé ni Sebas ni Katia estában en la habitación.

Como pude me pare. Las piernas apenas me podían sostener. Agarrándome de las paredes fui al living, y los encontré sentados, mirándome y los dos sonriendo.

—Una toalla por favor. Dije.

Sebas buscó una toalla y me la puse en la cintura antes de sentarme en el sillón.

—Terminamos. ¿Whisky?

—Doble amo, por favor. Dije.

—Toma y están liberadas de decirme amo. Dijo Sebas dándome el vaso de whisky.

Tomé el vaso y creo que tome una medida de un solo trago. Los dos me miraban sonriendo.

—Desgraciados, se ríen de mí. Dije.

—Es imposible no hacerlo. Dijo Katia.

—¿Cómo estás Maca? Me preguntó nuevamente Sebas.

—Increíblemente bien, maravillosamente genial. Dije.

—Me alegro. Dijo Sebas.

—Me cagaste a palos, hija de puta, te gozaste todo, sos una puta en serio. Dijo Katia.

—Si te cague a palos o no, no sé. Sí que soy una puta, no lo dudes. Dije.

—Ninguna de las dos es una puta. Las dos son tremendas mujeres que disfrutan gozando, disfrutan el placer. De esta forma o de otra, eso estoy seguro. Dijo Sebas.

—Explícanos eso. Dijo Katia.

—El BDSM, de esta forma, a este nivel, que es el que a mí personalmente me gusta, le permite a la mujer justamente “permitirse” conocer sus límites, lo que le gusta, lo que no, y como le gusta. No dudo que si pudiesen sincerarse con sus maridos, no para contarles esto, para decirles que les gusta, podrían disfrutar con ellos tanto como lo hacen aquí. Dijo Sebastián.

—Antes de seguir, ¿Cómo estuve, cómo me porté? Le pregunté a Sebastián.

—Me sorprendiste, no esperaba que fueras tan receptiva. Por ejemplo, Katia no soporta cuando le paso corriente.

—Era eso entonces, desde el pecho a mi concha. Dije.

—Exacto. Lo mismo en la forma que me pediste que te coja el culo. Me encantas como sumisa. Dijo y me llené de orgullo.

—Me voy a poner celosa. Dijo Katia riendo.

—Quizás ver a Maca haga que tengas más confianza, pero como te digo siempre, eso es algo que vos decidís. Dijo Sebastián.

—Lo sé Sebas, solo fue una broma. Dijo Katia.

—Te vuelvo a preguntar, ¿Cómo estás?

—Físicamente, destruida. Creo que si me paro y se me posa una mariposa en la cabeza, termino en el suelo. Pero después, maravillosamente, goce con todo, y muchísimo más de lo que esperaba. Millones de veces más. Dije.

—Oigan, se olvidaron de mí. ¿Y mi fantasía con Maca? Preguntó Katia.

—¿Cuándo quieren? Preguntó Sebas.

—Mañana mismo. Dijo riendo Katia.

—No tengo problemas. ¿Vos Maca?

—Tampoco. Sebastián, ¿me podes aconsejar que comprar para jugar con Katia en casa?

—Sí, pero no hoy. Mañana.

Nos vestimos, nos despedimos con un beso y subimos al auto.

—Loca, que olor a sexo que tenemos, damos asco. Dijo Katia.

—¿Nos bañamos en casa? Le pregunte apretándole la pierna.

—Guacha que sos, dale.

Llegamos a casa, nos quitamos la ropa y nos metimos al baño. No teníamos muchas fuerzas, solo un par de besos y unas caricias. Le preste un conjunto de ropa interior, ella se puso su ropa y yo un jogging. Bajamos a tomar un café, pero terminamos en otro whisky.

—Quiero escucharte. Me dijo Katia.

—Que necesidad si viste como goce. Fue increíble y creo que no llegué a mi límite, pero te aseguro que es un antes y un después en mi vida sexual. Dije.

—De eso estoy segura, porque es lo que me paso a mí.

—Y al mismo tiempo es un disparador de algunas cosas, que hasta ahora me molestaban pero las dejaba pasar.

—¿De que hablas? No entiendo. Dijo Katia.

—De Franco, y sus no. De seguir postergando tener hijos indefinidamente, tengo 32 años, no quiero ser abuela y madre al mismo tiempo, de no querer cambiar nada de nuestro sexo, ni de posición, solo la del misionero, no juegos previos, no en el living, nada en la cocina. Pero lo que más me jode, es que no quiere tener hijos y no lo acepta.

—Y ahora…

—Ahora me descubrí realmente como mujer. Me encanta el sexo, deseo tener un par de hijos…

—Vas a tener que pensar bien. Dijo Katia.

—¿Vos? ¿Cuándo vas a hablar con Pablo?

—No lo sé. Te lo dije.

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