INICIO » Categoría » Cogiendo sin salir de casa

Cogiendo sin salir de casa

  • 30
  • 17.165
  • 9,76 (29 Val.)
  • El chofer de la empresa donde trabaja mi marido siempre había querido culearme, hasta que llegó el día que mi marido no estaba, lo aprovechó, y también lo aprovechó un vecino que me tenía ganas, fueron dos días de buenas culeadas

    Ya las cosas no eran como antes, mi marido y yo vivíamos en pleitos constantes, él con sus frecuentes borracheras y yo con mis reclamos, también le reclamaba que hubiera tenido una hija con otra mujer, cada día nos distanciábamos más, lo peor es que yo deseaba repetir mi experiencia infiel, lo hice para desquitarme lo que él me había hecho, pensaba en Luis, en Julio, en los yernos, en el camionero, en sus vergas que tanto me hicieron gozar y todo lo que me habían disfrutado y enseñado, tres semanas de recuerdos, tres semanas de ardor, tres semanas de insatisfacción con mi marido, con quien la cama solo servía para dormir y no para culear.

    Era sábado por la mañana, sonó el teléfono mientras me duchaba, mi esposo contesto. Salí solo envuelta en la toalla, sentada en mi cama empecé a secarme, sin darme cuenta mi marido me observaba, de pronto se acercó por detrás a mí y besándome el cuello me dijo:

    -Que rica estas mamacita, me encantas! Me despoje de la toalla y le mostré mi cuerpo moreno desnudo, se acercó, me besó y empezó a besarme y chuparme los senos, su mano bajó a mi coño y su dedo entró en mí, yo muy mimosa le susurre -Cógeme mi vida! Le dije, pasando mi mano por su pene muy putona. Él se bajó ante mí y empezó a chuparme el coño mojándome de inmediato, en lo más rico estaba cuando de pronto se puso de pie y dejándome allí temblando de cachondez se fue a duchar, un fiasco más, yo hambrienta de verga y el muy imbécil solo se le ocurre bañarse. Me vestí, el día se mostraba caluroso pero yo estaba más, decidí no usar ropa interior y seducir a mi marido, el vestidito que elegí era muy revelador, de color azul, muy delgado y muy corto, dejaba ver mis ricas piernas y al agacharme mostraba mis nalgas desnudas y más abajo mi depilado coño, prepare el desayuno y lo llame, tardo un tiempo y al llegar al comedor me di cuenta que se había arreglado para salir.

    -Tomare solo jugo mi amor, tengo que salir! Me dijo mi marido.

    -Pensé que hoy no trabajarías! Le dije molesta -Por lo menos desayuna, ya prepare todo! Sonó el timbre y mientras él se acomodaba en la mesa yo salí a ver quién era...

    -Buenos días señora, vengo por el contador! Se trataba de Abraham, uno de los choferes de la empresa en la que mi esposo trabaja, ambos atractivos y muy brutos, de hecho siempre me habían resultado los dos bastante cachondos, así que al ver a este tipo tan de cerca me estremeció involuntariamente, era un tipo bastante, fuerte y moreno, cierto es que ya lo había visto y siempre me atrajo, pero nunca lo vi tan de frente, alto, fornido, quemado por el sol y de brazos velludos...

    -Van a salir? Le pregunte entre ingenua y coqueta.

    -Sí, creo que van a supervisar a Cd. Altamirano!

    -Van? Que tu no vas con él?

    -No señora, los llevará Ramón, a su esposo y al Ing. Arturo!

    -Y yo que pensé que estaría conmigo hoy. Pero que se puede hacer con un marido tan ocupado verdad? Otra vez me la pasaré "solita"...! Le dije mientras le sonreía coqueta y enfatizaba la última palabra, le mire a los ojos insinuante, y el sosteniéndome la mirada solo me dijo:

    -Falta de confianza señora, eso se puede arreglar si Usted quiere...! Al decir esto me miro los senos descaradamente.

    -Estás loco! Le dije muy puta y sonriéndole me di la vuelta y moviendo las nalgas provocativamente entre a casa, al darle la espalda recogí el periódico que estaba en la entrada de la sala para que el observara mis nalgas desnudas y mi coño, para mi sorpresa me sentía mojada de la panocha, en parte las chupadas que me dio mi marido y en parte ese tipo que me había inquietado.

    Salí con mi marido a despedirlo, pero mi vista estaba en el chofer, el cual se despidió de mí dándome la mano con un prometedor:

    -Hasta luego... señora!

    Que yo reafirme con una leve e insinuante sonrisa!

    Ya despedido mi esposo regresé a casa y me imagine al chofer cogiéndome, se veía un bruto y me estremecí de pensarlo... pero el tiradero de la casa me hizo apartarlo de mi mente y me dediqué a mis quehaceres... Cerca de las 12 del día terminé y me fui a la sala, encendí el televisor y me fui quedando dormida... el ruido del teléfono me desperezó, conteste y me colgaron... eran las 14:00 horas... que flojera! Pensé entre mí. Fui al baño me lave la cara y me maquille levemente, estaba en eso cuando sonó el timbre del portón...

    -Quien será?

    Salí a ver y el clásico vendedor y al verme así me insinuó que le gustaría cogerme... el teléfono de nuevo y colgaron de nuevo.

    Una vez más el timbre de la casa y ahora mi vecina, charle con ella unos cinco minutos y se despidió, me di una ducha para ir a casa de mi madre, mis hijos estaban de paseo y pasar la tarde con ella, pero que aburrida me iba a dar, cambie de opinión le hablaría a mi amiga Merce para salir a comer con ella, me maquille, elegí un vestidito corto de color rojizo, decidí no usar ropa interior de nuevo, me encanta salirme a la calle sin nada debajo del vestido, recuerdan que así lo hice cuando me culeó el camionero, mi perfume favorito con olor a vainilla, mis sandalias de tacón, me vi al espejo, me veía muy bien, bonita más bien cachonda por mi cabello suelto, a pesar de mis cuarenta y tantos años... de nuevo el timbre de la puerta:

    -Como chingan pensé! Y de mala gana fui a ver quién era esta vez.

    -Hola! Qué tal si me invitas a pasar...

    -Abraham! Que haces aquí? Le dije sorprendida y nerviosa.

    -Vengo por ti, quiero culearte, hace días lo deseo y hoy es la oportunidad porque sé que tu marido todavía no regresa!

    -Estás loco! Vete por favor te puede ver alguien, o regresar mi marido y nos encuentre culeando!

    -Ni madres! Ya están en San José, y ahora vengo para darte lo que pides a gritos mamacita! Sin más me empujo y entro a la cochera, cerró el portón tras de sí y me tomo por la cintura, me acerco su cara rasposa de su barba sin afeitar y me besó, su lengua entro en mi boca, me explotó el sabor delicioso de su saliva, una de sus manazas me apretó las nalgas, intente separarme y no pude sus beso se prolongó y sin recato le correspondí, me tomo de la mano y prácticamente me arrastro al interior de la casa, en la sala me seguía besando, me sacó las tetas y se dio a chupármelas al tiempo que me seguía apretando las nalgas, no me dio tiempo de cerrar la puerta...

    -Me encantan las viejas como tú que no usan ropa interior, son las más calientes y putas! Cuando vine por tu marido me di cuenta que no traías nada debajo del vestido, y cuando te inclinaste a recoger el periódico me lo confirmaste, pude ver tu culo y tu rica panocha sin nada que los cubra!

    -Yo si uso! Le dije confundida,

    -Y ahora por que no traes?

    Me pregunto cínicamente mientras me seguía acariciando el culo.

    Y no dije nada y me gustó su atrevimiento, sus manos me habían levantado el vestido, me acariciaba mis desnudas nalgas y me miraba con lujuria, de su pantalón se levantaba un bulto amenazador sin pensarlo le toqué esa verga por encima del pantalón.

    -Llévame a la cama, quiero que me cojas mucho! Le dije con gran cinismo Y tomándolo de la mano y lo guie a mi recamara.

    -Que rica cama... aquí te culea tu marido? Solo asentí con un ligero movimiento de cabeza. -Me imagino que no te llena ese pendejo verdad? Ya está ruco y tu estas bien jugosa!!! Encuérate mamacita que ya me muero por culearte. Mira como traigo la verga! Al tiempo que decía se quitó el pantalón mostrándome un miembro tremendo, gruesas venas surcaban su verga, gorda y prieta, todo velludo me hizo temblar de solo verlo y mi coño se me contrajo al igual que mi culito de pensar en la verga que me iban a meter.

    -Encuérame tu -le dije muy caliente.

    Me quitó el vestido y me dejó totalmente desnuda ante sí, me vio y sus ojos brillaron.

    -Déjate las zapatillas, me encanta cogerme a las putas con las zapatillas puestas y tiene unas patitas ricas, buenas tetas para mamarte bien rico y una rica vagina para hundirte toda mi verga.

    Yo estaba temblando, en un santiamén él me desnudo y lo mismo hizo el, hincándome le tome la verga para verla de cerca, se la apreté y abriendo mi boca se la chupe rico como me gusta hacerlo.

    -Sí que eres puta! Me encanta que me la mamen así. Chúpala toda llénala de saliva para que te entre rico! Obediente lamí toda su verga, sabía a extraño, olía a ostras, pero se la seguí lamiendo y chupando, su verga dura, brillaba por mi saliva, que ricura de verga, dura, prieta, grande, más bien enorme!

    Me levanto y me acostó en la cama, de espaldas, su mirada me recorrió toda, instintivamente abrí las piernas y le mostré mi panocha abierta, afeitadita como me gusta tenerla siempre.

    - Que panochita más rica tienes Haydeé, se ve riquísima, debes estar bien estrechita! -Me dijo al tiempo que me pasaba la mano entre mis labios vaginales, me abrió las piernas y acomodándose entre mis muslos su lengua me entro en el coño, un gemido anuncio su triunfo, empecé a gemir más y más, hasta que a punto de correrme le pedí entre gritos entrecortados:

    -Cógeme Abraham! Métemela ya ¡te lo suplico! Trábame tu verga! Desde luego no se hizo de rogar, tomándome las piernas y abriéndome al máximo aproximo su verga a mi entrada, me jalo de las nalgas y de un golpe me ensarto hasta el fondo, haciéndome gritar de tan ruda metida, pero al tiempo le jale con mis piernas y me entregue a ese bruto que me lastimaba pero me hacía sentir mi panochita deliciosamente expandida, sus movimientos de culearme empezaron, primero rápidos y al poco tiempo lentos y deliciosos, me estaba disfrutando y yo me le entregaba entera. Me besaba y acariciaba todo el cuerpo mientras me ensartaba una y otra vez, acomodándose me besaba el cuello y chupaba mis tetas sin dejar de penetrarme, sus fuertes manos me tenían atrapada por las nalgas y a cada embestida me jalaba y me las apretaba con fuerza, parecía adivinar lo que esto me fascina, moviéndose logro ponerse mis piernas en sus hombros y con esto sus penetraciones se hicieron más profundas, yo sudaba y el me poseía a su antojo.

    -Estas apretadísima pinche putita, deliciosa, que bien coges, muévete rico mamacita!

    Yo cerrando los ojos no hacía más que entregarme a ese bruto, me movía como sé que les gusta a los hombres, cuando me embestía yo salía a su encuentro moviendo mi cadera, haciendo más profunda la invasión de su verga a mis entrañas, bombeando con furia y rapidez me hizo explotar, mi coño se contrajo rítmicamente como chupando esa verga rica que me ensartaba hasta el fondo y haciéndome gritar y gemir de gusto le di mi primer orgasmo intenso y prolongado como pocos, al tiempo que lo incitaba a que siguiera

    -Sigue más mi vida! Trábame toda! Cógeme más duro, Abraham mi vida, penétramela toda, me estoy viniendo, así, ayyyy, masss!!!

    El bruto enfebrecido me entraba más duro, más rápido, se acomodó de nuevo y me aplasto con su pesado cuerpo haciéndome abrir mis muslos al máximo, su cara con barba corta me irritaba las tetas, me chupaba los pezones con fuerza y me los mordisqueaba, mis talones le pegaban en las nalgas pidiéndole más verga, me hizo venir de nuevo y mis grititos entrecortados se lo hacían saber, mis piernas lo rodearon por la cintura totalmente abierta de mi coño y me le entregue moviendo mi pelvis, sintiendo en mi clítoris los golpes de sus embestidas, contraje mi coño con todas mis fuerzas y goce como la puta que soy, mis brazos lo apretaban y mis uñas se prendían a la piel de su espalda enterrándolas pero disfrutando como nunca lo besaba con mi lengua y gemía de la rica cogida que me estaba regalando... hasta que por fin, sus chorros de leche caliente me inundaron mi vagina lo que mi marido tenía días de no darme, era rica la sensación de sentir donde me recorría todas mis entrañas, pero él seguía bombeando, enloqueciéndome y su verga dura batía por dentro mi estrecha panochita convulsivamente pegada a su miembro, finalmente me afloje, me sentí desvanecer y el dejo poco a poco de moverse, quedando encima de mi jadeante y besándome tiernamente en los labios, pasando su lengua y encontrando la mía, mojada y ofrecida, salivosa para ese bruto que me había gozado como nadie. Tembloroso se dejó caer a mi lado tratando de no pesarme tanto, pero sin sacar su verga que poco a poco iba perdiendo su erección, al salirse un escurrimiento de su leche se hizo presente bajando entre el canal de mis nalgas y parando en la colcha de mi cama matrimonial, allí mismo en la alcoba de mi marido había sido cogida como nunca, estaba yo gozosa, me sentía transformada, estaba encantada con ese tipo, y se lo demostraba acariciándolo y abrazándome a él, me tenía rendida.

    Sin hablar, sin decirnos nada, nos quedamos en brazos uno del otro, recuperándonos ambos, estábamos abrazados como marido y mujer en la cama.

    Haciéndolo a un lado me levante y sentí escurrir entre mis muslos su leche caliente, el me jalo de nuevo a la cama, me besaba, me acariciaba...

    -Ven Haydeé, te quiero coger de nuevo, estás muy rica y no quiero dejar pasar esta oportunidad de culearte cuantas veces quiera ahora que estamos solos aquí en la casa.

    -Espera mi vida tengo que ir al pipi...! ahora vuelvo!

    Al regresar él estaba de pie, su verga semierecta se veía aun mojada, que rico espectáculo para mí, yo completamente desnuda, salvo mis sandalias, me sentía sudorosa y caliente aun me acerque insinuante y le dije

    -Ven papi, cógeme en otro lugar! Lo lleve al estudio de la casa, me senté en el escritorio de mi marido y abriendo las piernas le dije insinuante

    -Quieres comer mi coñito? Ya lo lave muy bien! Sin hacerse del rogar se inclinó ante mí y levantándome las piernas se dio a lamer mi panocha, allí mismo en el escritorio de mi esposo, entre sus documentos, entre sus contabilidades, yo estaba dándole mi coño a la lengua de ese bruto.

    -Ahora ven, le dije, Siéntate en el sillón, yo te voy a chupar la verga como nadie te lo ha hecho!

    Muy obediente Abraham se acomodó en el sillón ejecutivo de mi marido, y yo como la secretaria puta, le chupaba su verga, como si él fuera mi jefe y yo la puta de la oficina, su verga dura me prometió más placer...

    -Espera aquí mi vida, no tardo, quiero que me cojas más!!! Ahora vuelvo... él se quedó quieto, algo sorprendido pero se quedó allí, rápido fui a mi recamara, me puse un liguero negro, medias negras y zapatillas de tiras de mis favoritas, me vestí estilo ejecutiva, falda y blusa sin ropa interior por dentro, me maquille como una puta y perfumándome mucho regrese a donde estaba Abraham, al verme no pudo más que alegrarse de lo que veía...

    -Siempre he querido ser la puta a la que se coge su jefe, ahora tu eres mi jefe¡ le dije descaradamente y mostrando mi trasero levante mi falda para mostrarle mis nalgas desnudas, enmarcadas en las medias y mi liguero negro, dándome la vuelta le dije muy coqueta...

    -Se le ofrece algo Contador? Quiere tomar alguna cosa en especial? Al tiempo que sonreía yo le insinuaba mis tetas y mis nalgas,

    -Ven aquí Haydeé, toma el dictado en mis piernas! Me dijo socarronamente, de inmediato me senté en mi supuesto jefe, totalmente desnudo y con su verga bien parada. Levantando mi falda me senté en su verga sin metérmela y empecé a mover mi trasero.

    -Se ve que no te han cogido en mucho tiempo verdad Haydecita?

    -Si jefe, el pendejo de mi marido me abandona mucho, usted cree? Es un imbécil, a veces creo que no le gusto!!!

    -Pues sí que es pendejo tu marido, mira que dejar este culito sin su verga diaria, pero ahora ya no será así, yo te cogeré cada vez que ese pendejo no lo haga! Tú serás mi puta desde ahora!!!

    -Si ingeniero lo que usted diga! Le dije siguiendo el juego. Sin que me lo pidiera le volví a mamar su verga y él se estremecía, le di mis mejores mamadas, y un rato después me le monte empalándome su pieza enorme en el coño y moviendo mi cadera me lo seguí cogiendo muy sabroso moviendo mi pelvis y sintiendo su verga en mis entrañas, suave, rico, mientras el me estrujaba las nalgas, y me chupaba las tetas de mi abierta blusa, al tiempo uno de sus dedos me invadió mi apretado ano haciéndome gemir…

    -Te gusta por el culito verdad puta? Coges muy sabroso Haydee. Y me imagino tu culito bien estrechito y apretado! me dijo Abraham.

    -No lo sé señor, nunca me han cogido por allí, tengo el culo quintito!

    -Pues ahora te lo romperé pinche puta!

    -No ingeniero. Mi marido se dará cuenta! yo seguía cogiéndolo más caliente que nunca, subiendo y bajando montada en su verga, mientras seguíamos con la charla caliente de nuestro juego.

    -No creo que se dé cuenta ese pendejo, y si lo hace me vale una chingada, que vea como se coge un macho a una puta como su mujer!

    -No! Eso no! Le dije al tiempo que me desmontaba de él y me dirigí al sofá del estudio, él me alcanzó y ya sin decir más, le ofrecí mis nalgas abiertas para que me culeara, dirigiendo su gruesa cabeza de su verga a mis pliegues de mi culito, me untó algo de saliva y se dio a penetrarme, fue un suplicio, pero finalmente me entró, poco a poco su verga ganaba terreno, yo sufría mi esfínter dilatado me dolía, pero lo alentaba a que me culera más, me entro de un golpe seco toda su verga, grite y me jalo, entrándome toda, haciéndome pujar y llorar, pero no dije nada, el siguió con su verga adentro, me salió un poco y vuelta, me entro de nuevo y me la sacaba hasta que empezó el rico movimiento de entrada y salido de mi distendido ano, me ardía terrible, le pedí que me la sacara, no hizo caso, a cambio me dio unas fuertes y sonoras nalgadas, enrojeciendo mis nalgas, me estaba culeando el maldito de una manera terrible, salvaje pero yo estaba encantada, lo deseaba así, con furia, y el cumplía a la perfección, me hondaba el culo una y otra vez, hasta que no pude más y sentí desmayarme del dolor, el mismo tiempo yo sentía delicioso, un dolor tremendo, sucio y humillante pero delicioso, me entregue a él y le empecé a gritar..

    -Más ¡más! Así cabrón ábreme el culo! Es tuyo papi!

    Y él lo hacía, me entraba con rudeza, me la sacaba casi hasta la punta y me la dejaba ir de golpe, mis pliegues del ano se expandían a cada metida, me explotaba, me sentía morir pero allí estaba aguantando hasta que por fin no pude más, y le suplique que me la sacara, creo que sintió lastima por mí, y lo hizo, al salirse tenia muestras de mí, olía a mí, y tuve que ir corriendo al baño a defecar, me había sacado la mierda y corrí al retrete, termine pero con más ganas de seguir, usando una pequeña manguera me lave el interior del recto y quede prácticamente limpia. Salí del baño y fui hasta el que se había aseado la verga en el otro baño, lo vi. Limpio, y se me contrajo el culo, fui a mi recamara y tomando algo de crema me unte el ano, regrese y me le ofrecí de nuevo, Abraham no lo podía creer, estaba yo ofreciéndole descaradamente mi culo adolorido, pero el entendió mi deseo y sin decir nada me apunto la verga y me la entro de un golpazo, me hizo gritar, pero la crema evito la fricción con mis tejidos, así me estuvo culeando, diciéndome lo puta que era y yo sollozando y jadeando me entregué a su verga de nuevo con mi culo abierto, disfrutando de ese animal que me culeaba, sus manos me tomaban por las nalgas y me apretaban con gran fuerza, me entraba y salía a un ritmo veloz hasta que una de sus manos se fue hacia mi panocha y empezó a dedearme al tiempo que me culeaba haciéndome gritar y explotar en un orgasmo doloroso y terrible al tiempo que él ya no aguantando más se vino en mi culo, en el interior de mi recto, ahora lleno de su leche, todo fue terrible, me entregue por el culo y el me gozo, al terminar me saco su verga y su leche con mi sangre confundidos gotearon, me limpió el culito y me lo besó, me agradeció lo rica que había sido con él y me enterneció, lo bese y recostados en el sofá empezamos a besarnos y a acariciarnos como dos amantes, me decía que le encantaba, que desde siempre me había deseado y que nunca pensó ni en sueños que pudiera tenerme sin embargo esto había sido para él lo máximo, yo le comenté lo mío, y le dije que mi marido ya no me cogía como antes, él se ofreció a ser mi amante por más tiempo y yo lo acepte, así que ya puestos de acuerdo nos bañamos, comimos algo pues ya eran cerca de las cuatro de la tarde, como si fuera mi marido le prepare de comer, comimos y vimos televisión un rato, pero al poco tiempo me empezó a acariciar las piernas y me saco los senos nuevamente y allí en la sala volvió a chuparme el coño, me puso de a perrito y me trabo de nuevo haciéndome gozar más y más, hasta que ya no pude resistir y le dije

    –Culéame de nuevo mi amor, lléname el culo de tu leche, claro que lo hizo, me agarró por las nalgas y así de perrito, me la metió y me bombeo como antes, solo que ahora ya más dilatada del culo no me dolió tanto, más bien si me dolió mucho pero se me adaptó el culo más rápido y lo disfrute enormidades, hasta que me vacié otra vez por la estimulación de sus dedos en mi coño y vaciándome contraje mi culito al máximo para provocar que de nuevo me llenara el recto de su leche.

    Ya cerca de las 6 de la tarde se vistió, lo acompañe al portón de mi casa, nos despedimos en un prolongado beso (un vecino que siempre rondaba mi casa me vio despedirme de él, siempre ha querido culearme) delicioso y me hizo la promesa de volverme a visitar cuando mi marido saliera nuevamente, de allí en adelante seria mi amante y claro que yo estaba dispuesta a entregármele todas las veces que él quisiera, después de ser suya, quería que me siguiera cogiendo muchas veces, en eso estábamos poniéndonos de acuerdo para la próxima culeada cuando a lo lejos se vieron las luces de un automóvil, sin saber quién era me volvió a besar y se marchó, mientras yo entraba a casa, solo que en minutos llego mi marido, una vez más con aliento alcohólico, todo paso muy rápido, entró a casa y sin decirme nada me tomo por la cintura

    -Y regresé mamita!

    Me dijo muy cachondo, al voltear mi cara me di cuenta que traía labial en el cuello y con mucho coraje lo separe de mí.

    -Por lo menos límpiate el cuello que lo traes todo pintarrajeado!

    Le dije molesta…

    -Se ve que no te lleno la puta con la que andas verdad? Él se desconcertó, se fue al baño y se limpió, regreso a mi lado, yo sentada en la sala, le reclame y el solo me pido perdón, solo que era tanto mi coraje que no aguante más... y comenzamos a culear en la sala, acostados en el sofá, le costó darme su leche. Cuando terminamos me fui al baño a lavarme mi panocha, cuando salí mi marido estaba dormido en la cama donde hacía unas horas había disfrutado de una rica verga y una buena culeada. Estaba acomodando las cosas de la sala cuando suena el timbre del portón y era mi vecino que me había visto despedirme del chofer, me dijo que quería hablar conmigo y ponernos de acuerdo o se lo iba a contar a mi marido, le dije:

    -Que quiere de mí.

    -Quiero culearte también.

    -Ahora no puedo.

    -Si no se deja le hablo a su marido y le cuento de la visita que tuvo el día de hoy, yo los observe desde la calle cuando entró el chofer y la beso, le subió el vestido para acariciarle las nalgas y le mamó las ricas tetas, y los observé cuando se metieron al cuarto a culear en la cama, yo escuché los gemidos de Uds. Estuvieron culeando desde las 2 hasta las 6.

    -Está bien, lo dejo que me culee solo una vez, no le cuente a mi marido y yo no le cuento a su esposa.

    -Está bien, cuándo lo hacemos?

    -Ya, en este momento, pase adelante, vamos a culear en la sala, mi marido está dormido, no podemos gritar ni gemir porque se puede despertar y nos encuentra culeando y va a ser un gran problema.

    -Está bien, sin hacer ruido.

    Lo paso a la sala y él me toma por la cintura y me atrae hacia él, me besa, me saca las tetas y me da una buena mamada, cuando hace esto siento donde su verga se pone erecta y la siento muy grande, creo que va a ser difícil no hacer ruido, me sube el vestido y mi culo desnudo queda a merced de sus manos, me acaricia las nalgas y un dedo lo baja hasta mi panochita que me hace suspirar, se me humedece y su dedo comienza a cogerme, me le muevo como si me estuviera metiendo la verga y esto lo hace excitarse más y le crece más su verga. Le meto la mano en el pantalón y logro agarrar una gran verga y la mido y no me alcanza en la mano, es un verdadero garrote de más de 22 cm. De imaginármela adentro se me contrae la vagina, pienso en lo que me va a meter en mi panochita, le bajo el pantalón y se lo quito, queda solo en bóxer, se lo bajo y sale aquel gran animalote con la cabeza rosada que me golpea la mano, lo beso pero no puedo metérmelo en mi boca, me preocupa mucho el tamaño.

    -Tu esposa aguanta todo esto adentro.

    -Sí, ya se acostumbró, al principio solo le podía meter la mitad, pero poco a poco se acostumbró a ella y ahora se la meto toda. Tiene un mes de estar donde la mamá porque está enferma, está en la capital, o sea que yo he pasado un mes sin poder culear, no lo he podido hacer ni pagando una puta porque donde ve el tamaño me dicen que no, que es temprano cuando yo llego a culear con ellas y después quedan adoloridas y no pueden seguir culeando durante el resto del día, espero que su vagina esté dilatada de la culeada que le dio el chofer, porque él se ve que tiene grande la verga y yo no tenga problemas al meterle la mía.

    -Probemos si me entra la cabeza, si esta pasa lo dejo que me siga bombeando, sino hago ruidos para que se despierte mi marido y Ud. se tenga que ir.

    -Está bien, comencemos en la mesa del comedor, Ud. se acuesta y queda a la altura de mi verga.

    -Está bien.

    Me acuesto en la mesa de espaldas, levanto mis piernas a la altura de sus hombros, el coge su verga y me la acomoda en la entrada de mi vagina, la cabeza comienza a separarme los labios y poco a poco me la hunde, esta comienza a resbalarse ricamente con la mezcla de mis jugos vaginales y el semen de los dos hombres que me cogieron anteriormente (el chofer y mi marido) siento que mi vagina se expande al máximo, me duele, se lo hago saber y me la saca un poco, comienza con un rico meta y saca hasta la mitad, conforme pasa el tiempo me la va metiendo poquito a poco cada vez más, en un tiro me da un envión y me la mete toda, yo suspiro y tengo mi primer orgasmo culeando con él, siento donde me tiene bien penetrada, logro ver mi vagina y parece que los labios le están dando un gran beso, estamos culeando por más de quince minutos, con su gran verga ensartada me da vuelta en la mesa y quedo de espaldas hacia él y apoyo mis manos en la mesa para sostenerme y el me comience a bombear mi vagina, siento más rico porque ya se resbala más suavemente, sus estocadas me están haciendo disfrutar de nuevo, es otra buena culeada la que me están dando, lo escucho bufar como un toro embravecido, me hunde toda su verga y siento como expande toda mi vagina la cual ya se adaptó a su gran verga

    -Mi amor, que buena vagina tienes, se adapta perfectamente al tamaño de mi verga, otras mujeres le es difícil lograrlo y no puedo terminar de culearmelas y quedo con todas las gana. Ud. es la mujer perfecta para mi verga ahora que mi mujer no está. Que iba a sospechar yo que mi vecina podía culear perfectamente conmigo hasta que la vi ahora alborotándose con el chofer, esperé que él se fuera y duraron mucho tiempo culeando, me iba a esperar para venir mañana, cuando llegó su marido yo venía para acá a hablar con Ud., me tuve que quedar esperando que estuviera sola cuando vi era que su marido se la estaba culeando también, no cerró bien la puerta y yo los pude observar desde la calle su vagina aguanta muy bien las vergas grandes.

    -Para que iba a esperar si ahora me puede culear todo el tiempo que quiera, mi marido ya se durmió.

    -Mañana vengo otra vez a culear con Ud. Haydée. Se adapta perfectamente a mi verga y eso lo voy a tener presente para no ir a buscar putas si la tengo a Ud. a la par de mi casa.

    -Venga otra vez mañana y culeamos con más calma para disfrutar de su verga.

    El comienza su bombeo más apresuradamente en mi vagina, me agarra de mis tetas, se apoya firmemente para hundirme toda su verga y logro observar que él se está poniendo con los ojos en blanco y siento donde viene el gran chorro de leche y me llena toda mi vagina, es tanto que se me riega y termina en la mesa dejando un charco de leche, me la deja ensartada y sigue moviéndose hasta que esta se pone flácida y me la saca terminando de regarse su leche en mis piernas hasta mis pies, me pongo mi vestido y el sus pantalones, me da las gracias porque le aguante su verga y no hice ruido, le digo que venga el día siguiente a las 10 para que hablemos y podamos culear tranquilos en la cama a como se debe.

    Al día siguiente es domingo y mi marido está durmiendo, eran las 8 a.m. cuando llega el vecino,

    -Hola Haydée, disculpe que venga temprano, pero necesito que culeemos otra vez, tenía varias semanas de no hacerlo y ahora que Ud. me ha dado esta oportunidad no la voy a desaprovechar.

    -Está bien, culeemos otra vez, ya mi vagina se está amoldando a su verga y me duele poco donde me penetra, no hagamos ruido para que no se despierte mi marido.

    Yo tengo puesta mi bata de levantarme sin nada por dentro como de costumbre cuando estoy sola sin mis hijos, lo hago pasar y me arrincona en el garaje, me saca las tetas y me da una buena mamada, me arroya el vestido y me deja descubierta la vagina y me coloca su verga bien erecta sobre ella, me la masajea con el pantalón puesto, se me pone bien mojada y de sus caricias me hace tener el primer orgasmo del día, él se saca su verga y me la hunde poco a poco,

    -Culeemos aquí de pie, ayer no lo hicimos en esta posición.

    -Está bien, métamela poco a poco porque me siento cansada.

    Estamos culeando de pie, de las cogidas del día anterior me siento cansada para hacerlo en esta posición, escuchamos donde pasan los vecinos por la calle, ellos no saben que yo estoy en el garaje culeando con el vecino, estamos bien escondidos, después de cinco minutos lo paso al cuarto del fondo de mi casa que es para las visitas, ya ahí me desnudo y él se queda observando detenidamente mi cuerpo, me acaricia las tetas y me las vuelve a mamar, me acuesta al borde de la cama y se inclina a darme una buena mamada de vagina, me chupa el clítoris y me hace tener mi segundo orgasmo, le pido que me hunda de nuevo su verga, lo cual hace sin pensarlo dos veces, esta me penetra bien rico, ya mi vagina está adaptándose a ella, me tiene bien penetrada cuando mi marido me llama a nuestra habitación.

    -Haydée, donde estás, necesito desayunar, tengo que salir.

    No puedo contestarle inmediatamente porque estoy jadeando de la cogida que me están dando, paramos nuestros movimientos y logro contestarle,

    -Ya voy, Gerardo, estoy acomodando unas cosas en el cuarto de visitas, está muy desordenado.

    El vecino se queda con su verga toda metida en mi vagina, le digo a mi marido que ya llego al cuarto, que estoy ocupada, claro, ocupada mi vagina con una gran verga adentro, seguimos culeando y al momento mi vecino me da una de sus buenas descargas de semen, me saca la verga y me limpio mi vagina para ir a la habitación con mi marido y mi vecino pueda salir de la casa, mi marido me pregunta que está haciendo y le digo que estaba acomodando unas cosas en el cuarto de visitas, pero no le dije que lo que había acomodado era una gran verga en mi vagina y me había dado de tomar su leche, al momento salgo y me asomo por el cuarto y todavía no había salido el vecino, me toma por la cintura y me jala hacia la cama, me pone de perrito y nuevamente me hunde su gran verga durante diez minutos y me da otra buena ración de su leche, se está descargando la que tenía retenida por un mes, escucho que mi marido sale a comprar algo para su desayuno y mi vecino vuelve nuevamente a la carga para bombearme la vagina por 20 minutos más y nuevamente me descarga su leche, ya rendida me quedo acostada en la cama, él se viste y se marcha, llega mi marido y me encuentra acostada y me da una culeada y me pregunta que porque siente un poco floja la verga dentro de mi vagina y siente que se le resbala más la verga, tengo más lubricada la vagina, y le digo que son ideas de él, lo que él no sabe es que la tengo inundada de semen del vecino, me sigue con el meta y saca de su verga hasta que el me da una buena descarga de semen, sería la tercera que recibo en la mañana, en dos días me he comportado como una verdadera puta, culeando a gusto.

    En la tarde me quedo sola, me acuesto solo con mi bata, no me he puesto ropa interior porque me siento cansada, las piernas y mi vagina un poco adoloridas, suena el teléfono, es Abraham:

    -Hola Haydée, que estás haciendo, vi que salió tu marido, si quieres puedo llegar para que culeemos otra vez en tu casa o vamos a otro lado.

    -Estoy cansada, pero para no perder el tiempo ahora que estoy sola puedes venir y nos damos una buena culeada.

    -Está bien, ya llego.

    Suena el timbre y salgo para abrir la puerta, es Abraham, lo paso adelante, en la sala va a la carga y me besa, mete las manos por debajo de la bata y me toca y acaricia mis desnudas nalgas, me aprieta sobre su verga, está ya se está poniendo dura, me recuesta a la pared en una esquina de la sala, arrolla la bata hasta mi cintura quedando a su disposición toda mi panocha, se inclina y me comienza a dar una buena mamada, me introduce su lengua en mi vagina y comienzo a gemir y retorcerme de gusto, tengo mi primer orgasmo en su boca, me mama ricamente el clítoris, se pone de pie y saca su gran verga y me la coloca a la entrada de mi vagina sujetando otra vez su verga como una lanza, y me la enterró con un solo movimiento. Sentí la cabeza y el tronco deslizarse dentro de mí hasta hacer tope en el útero.

    Sólo sus pelotas quedaron afuera. Lancé otro bramido. Abraham me sujetó por las caderas, me clavó los dientes en las tetas y empezó a empujar con toda su potencia, metiéndome y sacándome su pedazo de carne dura sin piedad. A cada empellón se me escapaba un grito. Me estaba culeando sin piedad, la sentía llegar a fondo, salirse casi por completo y clavarse otra vez. Tuve la fantasía de que me llenaría de leche y me dejaría preñada.

    Abraham suavizó un poco sus empujones para no venirse. Yo para entonces tenía una cadena de orgasmos ininterrumpida, mis jugos me llegaban hasta los muslos y escuchaba el chas, chas, chas, de su verga clavándose en mi concha inundada.

    Hubiera querido tirarlo al piso y montarlo, cabalgar sobre él con todas mis fuerzas, pero justo en ese momento lanzó su densa descarga dentro de mí. Lo hizo dando un alarido, clavándome su verga bien adentro. Sentí toda su leche caliente inundándome y volví a tener un orgasmo. Le digo que vayamos a mi dormitorio, que culeemos en la cama nuevamente, lo paso a mi recámara, se desnuda, esta vez yo voy a la carga y le agarro su pene y comienzo a mamarlo hasta ponerlo bien erecto nuevamente, lo hago suavemente para que no me descargue el semen en mi boca, lo quiero dentro de mi vagina, me le monto sobre su verga, la coloco en la entrada de mi vagina y me siento suavemente, hasta que la introduzco toda, siento que me separa completamente los pliegues de mi vagina y comienzo a cabalgar sobre ella suavemente y cada vez aumento el paso, el para ayudarme me toma por las nalgas y me ayuda a subir y bajar de su verga, al verme el vaivén de mis hermosas tetas se endereza un poco y me las atrapa con su boca y me les da una buena mamada lo cual lo estamos disfrutando al máximo, cambiamos de posición, me acuesto sobre mi espalda y abro bien las piernas para que el me introduzca toda su verga, él se coloca mis piernas a la altura de sus hombros y queda a toda su disposición mi vagina, acomoda la verga a la entrada y suavemente me la introduce, como estamos bien lubricados esta se resbala ricamente, comienza el vaivén suavemente del mete y saca, al poco tiempo el comienza a apurar el paso, estamos en esta posición cuando escuchamos que mi marido llegó en su motocicleta, Abraham me tiene bien penetrada a punto de darme su semen, me está bombeando mi vagina, no podemos parar para que el salga rápidamente de mi cuarto, el apura el paso para descargarme su semen, escuchamos cuando abre el portón del garaje, Abraham me comienza a disparar su semen cuando escucho a mi marido en la sala de la casa.

    Me llama:

    -Haydée, estas dormida.

    No le puedo contestar porque estoy sintiendo la rica sensación del caliente semen recorriéndome las entrañas de mi vagina, estoy suspirando y no puedo hablar porque va a sospechar que estoy culeando. Nuevamente me llama:

    -Haydée, que estás haciendo.

    Abraham ya me descargó su semen y me tiene metida la verga en mi vagina sin moverse y le contesto a mi marido:

    -Ya voy, Gerardo, estoy acomodando la ropa que lavó la señora ayer.

    -Está bien, aquí te espero en la sala, voy a ver televisión, tal vez me preparas algo de comer.

    -Está bien, cuando me desocupe salgo. Claro, podía salir cuando me desocuparan mi vagina.

    Abraham se pone su ropa rápidamente, no puede salir porque mi marido está en la sala. Le digo:

    -Abraham, escóndase bajo la cama, cuando traiga a mi marido a la cama para entretenerlo Ud. sale, yo le dejo la puerta abierta.

    -Está bien, Haydée, después la llamo para que culeemos en otro lugar que no sea su casa cuando su marido esté cerca, no nos dimos cuenta del tiempo que estuvimos culeando.

    -Está bien, me llama para ponernos de acuerdo.

    Me limpio rápidamente las piernas y mi vagina del semen de Abraham, él se esconde bajo la cama, salgo a la sala y está mi marido viendo televisión, voy a la cocina y le traigo un fresco y un bocadillo, me le siento en las piernas y lo comienzo a acariciar.

    -Gerardo, quiero culear, vamos a la cama.

    El me mete la mano bajo mi bata y me toca mi monte de venus y me recorre con un dedo mi raja.

    -No traes nada debajo como siempre cuando estamos solos en la casa, me excitas Haydée, vamos a la cama.

    Me lo llevo al cuarto, él se desnuda y se acuesta boca arriba con su verga bien erecta, yo me quito mi bata y me acuesto sobre el para acomodar su verga en mi vagina y no vea hacia la puerta para que salga Abraham, siento una mano que me acaricia las nalgas, no es la de mi marido, es Abraham, me lleva su mano hasta la entrada de mi vagina y me acaricia el clítoris, lo dejo hacerlo para que mi marido no sospeche, quita su mano y yo me acomodo la verga de mi marido y me la hunde toda, comienzo a subir y bajar en ella cuando siento que me pellizcan una nalga y logro observar donde sale Abraham de mi cuarto, estoy cansada de las cogidas que me he dado en el día, apuro el paso y logro que mi marido me dé su semen rápidamente, él se queda dormido y yo salgo para el baño, estoy duchada cuando suena el teléfono, es Abraham:

    -Que rica se ve tu vagina cuando se está devorando una verga, gracias por dejarme observarte, te debo otra buena culeada.

    -Yo lo llamo cuando esté sola, yo también quiero darme otra buena culeada.

    En la noche Gerardo se fue en su moto y nuevamente me dejó sola, llaman a la puerta, es el vecino.

    -Haydée, se fue su marido, déjeme pasar nuevamente.

    -Ahora no, estoy cansada, hoy tuve que culear con Ud., me echo tres polvos, con Abraham que dio dos y con mi marido uno para que pudiera salir Abraham.

    -Déjeme entrar yo se la meto y nos damos solo un polvo.

    -Pase rápido, porque puede regresar mi marido, le voy a hacer el favor de dejarme culear porque ha estado un mes sin hacerlo y su verga me da mucho placer, disfruto de la cogida que me da.

    Lo dejo pasar y de una vez va al ataque, me mama las tetas y con sus manos me acaricia la vagina, se saca su gran verga, me acuesta en la mesa, me abre las piernas y me hunde su gran animalote, se desliza porque mi vagina ha pasado todo el día mojada, me bombea rápidamente sintiendo donde me separa los pliegues mi vagina, me dispara su semen, me inunda toda, se retira, se sube los pantalones, cuando me bajo de la mesa llega mi marido, salgo rápidamente a limpiarme los hilos de semen en mis piernas, el vecino se sienta a terminar de bajarse la erección, saluda a mi marido y se retira. Nos acostamos mi marido y yo a tratar de dormir porque me espera un nuevo día y no sé si voy a descansar o pasar culeando, le toco la verga a mi marido y la tiene llena de semen, seguro salió a culearse a la querida, lo dejo dormir, de todos modos yo he pasado culeando el fin de semana sin salir de la casa, culeando como una puta.

    • Valorar relato
    • (29)
    • Compartir en redes