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Con Ian, mi hijastro

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Como no se había animado a entrar al cuarto quise provocarlo un poco más, saliendo de la cocina desnuda

Hace más de un año tengo una relación sentimental bastante seria, con un hombre un poco mayor a mi (tengo 26 años). Sebastián tiene 43 años, es un hombre muy atlético, bien parecido, varonil, serio, inteligente y detallista, tiene un hijo de 23 años, Ian, producto de una relación que finalizó estrepitosamente.

Es prácticamente una copia de su padre, físicamente hablando y en cuanto a mujeres se trata, desde que Sebastián me lo presento reconocí ese brillo en los ojos; el mismo que tenía Sebas cuando lo conocí. Al principio pensé que solo eran ideas mías, que me lo estaba imaginando pero cuando me fui a vivir con su padre lo confirmé.

Ellos nunca vivieron juntos como tal, pero Ian siempre tenía una habitación disponible en casa de Sebas, podía ir las veces que quisiera y quedarse cuantos días quisiera, naturalmente esto nunca me molesto para nada, lo que si me incomodaba eran ciertas aptitudes de él, por ejemplo, cuando estoy en la cocina él siempre llega y se pega a mi con la excusa de que está buscando algo y le estorbo, otras veces sale del baño y pasa por la sala a su cuarto desnudo diciendo que se le olvidó la toalla, también, siempre, cuando se despierta recorre toda la casa en un bóxer transparente con el que se le nota una tremenda erección.

Mentiría si digo que no me gustaba lo que veía pero me mostraba indiferente por respeto a Sebastián. Era un viernes, mi novio viajó a visitar a sus papás, regresaría el domingo por la tarde, solo que eso no era verdad; el en realidad iba a visitar a una prima mía, ya se imaginarán que tipo de visita, de esto me enteré de pura casualidad; simplemente vi su teléfono en el momento que le llegó un mensaje algo raro y así descubrí una muy informativa conversación.

Nunca he sido alguien de lágrimas, soy más alguien de emparejar las cosas, de estar a mano y ya que él estaba cogiendo con un familiar mío, yo iba a coger con un familiar suyo...

Ian los viernes llega alrededor de las 3 pm, ese día a esa hora me desnude y deje la puerta abierta, cuando escuche que abría la puerta de la entrada, empecé a masturbarme y a gemir lo más alto que pude, viendo por el espejo que se encuentra frente a la puerta de mi habitación me di cuenta que, como esperaba, el de había asomado, me puse en cuatro y así me penetraba con mi dildo para darle un mejor espectáculo, después de un rato de acabar ya él se había ido.

Como no se había animado a entrar al cuarto quise provocarlo un poco más, salí a la cocina, desnuda, él estaba sentado en la sala, al verme simplemente se quedó boquiabierto…

-No sabía que estaba aquí -le dije con total tranquilidad.

-Lle... llegue hace un rato.

Se paró y fue tras de mí, seguí caminando hasta la nevera, la abrí y me agaché con las piernas bien abiertas, como si estuviera buscando alguna cosa. Meneando un poco el trasero le pregunté:

-¿Quieres algo?

-Mmmm sí.

-¿Qué? -Le pregunté siguiendo en la misma posición.

-Tú culo -dijo mientras me agarraba de la cintura y restregaba su verga dura aún con la ropa puesta.

Me solté y poniendo mi abdomen en el mesón le dije:

-Aquí tienes, todo tuyo.

Ian se agachó y metió su cara entre mis nalgas, su lengua se movía de manera exquisita, masajeaba mi culo, lo dilataba, su lengua puntiaguda entraba y salía de mi hoyo, me dio vuelta, chupo mis tetas y al tiempo metió dos dedos en mi coño, bajo sus pantalones solo lo justo para sacar su verga, bastante parecida a la de su papá, por cierto, la metió con desespero.

-¿Te gusta, mami?

-Si hijito, me encanta tenerte dentro.

Volvió a ponerme en la posición anterior, pero esta vez me la metió por el culo, presionando mi cara sobre el mesón aumentó sus embestidas.

-Mi... ma... má tiene un cu... lo muy rico...

-Es to to... do tuyo hi... jo.

Ahora en el suelo de la cocina y en cuatro él acabó en mi culo y dándome vuelta me comió el coño tan rico que me corrí en pocos minutos.

-Si te portas bien, tal vez mami te vuelva a amamantar…

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