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Llegó mi prima Roxana

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Mi prima apagó el cigarrillo en un cenicero, se levantó del sillón, rodeó mi cuello con sus brazos y me metió un morreo que acabé empalmado. Apretando su coño contra una de mis piernas y estrujando ella sus enormes tetas contra mi pecho

Dedicado a Juan M.

Cuando yo era un niño, mi tía Francisca se fue para Argentina. Se casara por poderes con un hombre de una aldea vecina que había emigrado. Recuerdo la despedida en el puerto de Vigo antes de entrar en aquel inmenso barco. Mis abuelos sabían que no la iban a volver a ver. Fue algo muy triste.

Mi tía tardó en tener hijos pero al final tuvo la parejita. Fidel y Rosana.

Roxana, hace unos meses vino a conocer a su familia materna y paterna.

Estábamos dando cuenta de un churrasco con criollos. Llamaron a la puerta y fui a abrir. Allí estaba mi prima, 36 años, rubia, de ojos marrones, estatura mediana. Vestía una minifalda negra, una camiseta blanca en la que se veía el canalillo de sus enormes tetas, una cazadora negra y un gorrito, y calzaba unas botas negras con tacón de aguja, de esas que suben de las rodillas. Me preguntó:

-¿Sos vos Enrique?

-¿Quién eres?

Sonrió, enseñando sus blancos dientes, y me respondió:

Roxana, la hija de Francisca, la de Argentina.

Le di dos besos en las mejillas.

-Pasa, pasa, prima.

Entró en casa y comió con nosotros...

A mi esposa no le gustó nada por la manera que tenía de vestir y de hablar, y menos después de preguntarle si tenía novio y responderle Roxana que sólo necesitaba un dedo. Mi esposa le llamó mal educada... En fin, que amigas no quedaron. A regañadientes dejó mi mujer que fuese yo quien la llevase a conocer el resto de la familia.

Al día siguiente, a las diez de la mañana, fui a buscarla al hotel en el que se hospedaba para llevarla a ver a los familiares de su padre. Me recibió en la puerta de la habitación de su hotel con una lencería blanca, compuesta por un camisón-picardías de seda, transparente, bajo el que se veía un sostén que apenas sujetaba sus enormes tetas, unas bragas con lazos, el liguero y las medias. Estaba vestida para matar. Aún sin entrar, me dijo:

-Vení temprano.

-Quedamos a las diez.

-¡Ya es tan tarde! ¡Cómo vuela el tiempo! -con un gesto me invitó a entrar en la habitación- ¿Querés chupar algo?

Entré en la habitación y cerró la puerta. Olía de maravilla.

-No, no quiero beber nada. ¿Qué perfume llevas?

-Amor, amor. ¿Seguro que no querés chupar nada?

Quise decirle que quería chuparle el coño, pero me entendió igual, al decirle:

-Veneno. Dame veneno que quiero morir. ¡Quiero morir por vos, mina.

Se sentó en un sofá, cruzó las piernas, sonrió, y me dijo:

-Hablás argentino, pibe.

-Unas palabras. Las aprendí con una argentina.

-¿La segundona?

-Una amiga íntima.

-La otra. ¿Qué palabras sabés?

-Vos, tú. Sos, sois. Con vos, contigo. Pibe, muchacho. Mina, chica. Morfar, comer. Chupar, beber. Busarda, panza. Pucho, cigarrillo...

-¿Tenés uno? Se me acabaron.

Le di un paquete Winston sin abrir y un encendedor.

-Quédatelos.

Se echó a lo largo del sillón. Parecía Jessica Rabbit, pero de carne y hueso.

-¿Qué más palabras argentinas sabés?

-Boludo, tonto. Un cachito, un poquito. Me las pico, me largo. Bondi, autobús. Re bien, muy bien. Plomo, aburrido. Grasa, ordinario. Cabezón, necio. Chorro, ladrón. Cana, policía. Piña, trompada. Guita, plata. Gambas, piernas...

-¿Y no sabés palabras más fuertes?

Era la mía.

-Sé... Coger, follar. Concha, coño. Pija, polla. Acabar, correrse...

-¿Acá le decís correrse a acabar?

-Sí.

No se andaba con medias tintas.

-¿Tenés ganas de coger?

-Tengo. Lo que no tienes tú son pelos en la lengua.

-Dicen mis amigas que me faltan un par de jugadores.

-¿Y estás loca?

-Re loca. Vení.

Fui a su lado. Apagó el cigarrillo en un cenicero, se levantó del sillón, rodeó mi cuello con sus brazos y me metió un morreo que acabé empalmado.

Apretando su coño contra una de mis piernas y estrujando ella sus enormes tetas contra mi pecho, me preguntó:

-¿Tenés tabús al coger?

-¿A qué le llamas tabús?

-A mamar la concha, a meter en el ojete...

-Al contrario, me encantará comer tu culo y tu coño y beber de él cuando acabes.

Empezó a sonsacarme.

-Tu mina debe estar contenta. ¿Sha probó concha?

Le seguí el juego.

-Que yo sepa sólo probó la suya. ¿Te gusta mi mujer?

Me dio un beso largo.

-Cogería con vos y con esha.

Me agarró la verga por encima del pantalón.

-Para ella sería el primer trío.

Me lamió una oreja y susurró:

-Conversa con esha. Estaré acá una semana.

Acabé la conversación.

-Si le hablo de hacer un trío contigo me mata. Olvídala.

Me fue desnudando, al tiempo que me besó todo el cuerpo. Al estar desnudo, se arrodilló y me hizo una mamada espectacular. En mi vida me habían mamado tan bien la verga, ni lamido con tanta dulzura el frenillo y la corona, ni comido con tanta lujuria los cojones y el culo. Tres veces me tuvo a punto y las tres se detuvo para seguir dándome más placer. Tenía experiencia. ¡Follando debía ser una loba!

Era mi turno. La besé y le quité el camisón-picardías. Cando fui a por las enormes tetas, las quitó ella de las copas y dejó el sujetador puesto. Tenía grandes aureolas marrones y gruesos y largos pezones. Se las magreé, se las chupé, se las lamí y se las mamé mientras ella me masturbaba la polla. Le quité las bragas, el liguero y las medias, y vi su gran mata de pelo negro. Ahí supe que mi prima era rubia de bote. ¡Cómo si fuera a cuadros! Estaba para hacer sopas. Me puse en cuclillas y se la comí... Cuando estaba caliente como una perra en celo y se moría por echar por fuera. Le pregunté:

-¿Vamos para tu habitación?

Paso a escribir todo en castellano, para no liarme.

-No, quiero correrme aquí y de pie.

Le metí la lengua dentro del coño y a los pocos segundos, con sus manos en mi cabeza, moviendo la pelvis, con temblor de piernas y gimiendo, se corrió como una fuente. Bebí de ella con sumo placer.

Al acabar, me dijo:

-Toca visita.

Pensé que me iba a dejar con las ganas.

-¿Me vas a dejar con el as de bastos en alto?

Me había vacilado. Sonriendo, me dijo:

-La visita de tu pija a mi culo y a mi concha, primo.

Fui detrás de ella a la habitación Tenía un culo grande y era ancha de espaldas. Su cintura era normalita. Veía sus nalgas ir de un lado al otro: " Pin, pan, pin, pan..." Y mi verga, latía: "Tic, tac, tic, tac..."

En la habitación, frente a una coqueta con espejo, me dijo:

-Vamos a jugar a policías y ladrones. Yo soy la ladrona, tú eres el policía. -se apoyó con las dos manos el la coqueta y abrió las piernas- Cachéame y busca la droga.

Le eché las manos a las tetas y le apreté los pezones.

-¿Dónde escondes la droga?

-Usa tu imaginación.

Le azoté las nalgas.

-¿En el culo o en el coño? ¡No me hagas coger la porra!

-¡Qué miedo!

-¡¡Plas plas plas!!

-¡¿En el culo o en el coño, perra?!

-Huele y come, perro.

-¡Plas, plas, plas!

-¡Aquí la perra eres tú!

-¡Dale más fuerte a la perra!

Después de darle fuerte con las palmas de mis manos en sus nalgas, le lamí en coño. Subí por el periné y le follé el ojete con la punta de mi lengua.

-¡Ahí, ahí, ahí me gusta, sigue, sigue! ¡¡Drógate!!

Le follé el culo con mi lengua hasta que ella acarició su clítoris con tres dedos de la mano derecha. En ese momento acerqué mi verga a su ojete y se la clavé hasta el fondo. Entrara sin dificultad. Le encantaba que le diera por culo. No paraba de gemir. La volví a nalguear casi sin fuerza.

Al rato, cuando le llené el culo de leche, se frotó con más rapidez y sentí caer en el piso de la habitación el jugo de una corrida que hacía que temblase y jadease como una posesa.

Al acabar y quitársela del culo, se dio la vuelta, me besó y me dijo:

-Tus manos estuvieron bien, pero eché de menos el cinto.

-¿No te entiendo?

-Ya lo entenderás. Tenemos unas visitas que hacer.

-Tenemos.

La aldea a la que íbamos quedaba a unos quince minutos en mi Mercedes. Nada más enfilar el camino me sacó la polla y la comenzó a menear y a chupar. Cuando íbamos por una pista forestal, me dijo:

-Sal de la pista y métete en algún ramal.

Cogí un ramal a la izquierda y paré entre unos pinos. Roxana se levantó la minifalda. No llevaba bragas. La metió en el coño y me folló suavemente, después, puso mi polla lubricada con sus jugos en la entrada de su ojete y besándome la clavó hasta el fondo.

Le encantaba el sexo anal. Al rato, me decía:

-No te corras aún.

Me folló con su culo y rozó su clítoris contra mi pantalón... De repente se detuvo, me miró. Cerró los ojos de golpe y exclamó:

-¡¡¡Me corro!!!

Estaba acabando conmigo. Sentí como se estremecía. Su lengua y sus labios apretaron mi lengua, su culo mi polla y su coño puso perdido mi pantalón. La corrida fue increíblemente larga, ya que tuvo un orgasmo anal y tras él otro clitoriano.

Al acabar y ver el estado de mis pantalones, no nos quedó más remedio que volver al hotel. Allí me dijo Roxana:

-Quítate los pantalones que te los voy a lavar. Los ponemos encima de la calefacción y nadie se entera de lo que pasó.

Me quité los pantalones y los calzoncillos, que también estaban empapados. Al rato volvió Roxana a la sala.

-¿Dónde quieres llenarme la concha de leche, en el sillón o en la habitación?

-Donde tú quieras.

-Aquí mismo. Quítate la camisa, el jersey y los zapatos.

Me desnudé totalmente. Roxana también se desnudó, pero se dejó puestos el gorrito y las botas. Vino. Le dio unas chupadas a mi polla, la puso dura y después, besándome la metió en el coño. Me llevó las tetas a la boca. Primero una y después la otra. Me harté de magrear y de comer tetas. Me harté de chupar, lamer y morder pezones. Mientras esto hacía, Roxana, me follaba moviendo el culo alrededor, hacia los lados hacía atrás y hacía delante, una veces lentamente y otras más aprisa. ¡Cómo follaba mi primita!

Más tarde, me estaba besando con una dulzura exquisita, y de repente me dio una bofetada:

Se quedó quieta, y me dijo:

-¡Ataca mi coño con tu verga! ¡¡Dale duro!!

Le di caña de la buena, pero cuanto más le daba más me abofeteaba. A aquel juego también sabía jugar yo. Le largué en el culo con las palmas de mis manos.

Me cogió una mano y se dio con ella en la cara.

-¡Dame!

Sentí que el coño se le abría y se le cerraba apretando mi polla. No iba a tardar en correrse. Le di dos bofetadas en las dos mejillas.

Mi prima, tenía mucho vicio. Jadeando, me dijo:

-¡Más fuerte, dame más fuerte en la cara y en las tetas!

No le hice caso. Le metí un dedo en el culo y la follé al estilo ametralladora.

A punto de desbordar, me dijo:

-¡No te cooorras! No te cooorras, que quiero beber deee. ¡¡¡Aaaa!!!

Tremenda corrida volvió a echar. Su coño apretaba mi polla, su jugo empapaba mis cojones, su cuerpo se sacudía y su boca chupaba mi lengua como si quisiera arrancármela.

Al acabar de correrse y después de recuperar el aliento, se arrodilló delante de mí y me la mamó. Al ratito le llené la boca de leche, leche que se tragó saboreándola como si fuese su bebida favorita.

Los maduros, sin viagra, una vez que nos corremos, debemos esperar un porrón de tiempo para que la polla se vuelva a recuperar, y si nos corremos dos veces, ya no te digo, Así que al secar mi ropa, fui a casa a comer. Iríamos de visita por la tarde.

Me quedara la boca dulce, y a ella el coño deseoso de recibir mi leche dentro, pero esa ya es otra historia en la que hay viagra, cinto, hierba, harina, cachetes y lesbianismo.

Se agradecen los comentarios buenos y malos.

Quique.

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