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La dulce Julia, buena esposa y madre (III - final)

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Un mensaje de Julia. Ahora no, hacía ni 10 minutos que estuvimos en el baño. Me quedé mirando el móvil. Mi mente estaba volando entre lo que acababa de pasar con Julia, y los mensajes de Cindy.

Me la había vuelto a follar. Algo que pensé, nunca sucedería otra vez. Pensé que había sido cosa de una vez para ella, en un momento en el que estaba a punto de explotar y lo necesitaba, su única infidelidad, su único secreto ‘indesvelable’ que mantendría oculto por siempre.

Entraba en territorio inesperado e inexplorado. Cuando fantaseaba con Julia al principio, solo me imaginaba lo inmediato, follarme a esa mujer que me volvía loco. Pero ahora era real, y había un después. Que iba a hacer? Empezar una relación con una mujer casada madre de dos niñas? Me dio terror solo imaginarlo. Qué coño estaba haciendo.

Interrumpí mis pensamientos, y abrí el mensaje de Julia. Lo había retirado. No sé qué me había escrito, fuese lo que fuese, se había arrepentido, y borrado antes de que pudiese leerlo. Quizá era lo mejor. Tenía que despejarme,

Volví a casa, no intenté contactar con Cindy en todo el día. Julia escribió al final del día, un simple hola, lo leí, pero no quise contestar. No podía, no quería seguir adelante.

Al día siguiente, por la mañana, llamé a Cindy, pero no contestó. Fui al área de Finanzas con la excusa de necesitar cierta información para un proyecto, y al no verla en su sitio, pregunté casualmente por ella a Rodrigo, el director financiero que siempre tenía ese aire de listillo. Después de vacilarme que solo había venido para verla (lo cual era verdad), me dijo que había llamado mala. Fui por la tarde a su casa, ya que seguía sin cogerme el teléfono. No solía perseguir así a las mujeres, pero necesitaba a Cindy. Necesitaba una distracción en mi mente. Tenía que quitarme a Julia de la cabeza.

Me abrió la puerta, tenía cara de muerta. La había roto el corazón, probablemente el primero que lo hacía. En su sencilla forma de ver las cosas, tendría que haberla perdonado inmediatamente, tendría que haberla llamado inmediatamente, tendría que haberme puesto a sus pies. Ella la había cagado, pero la culpa era mía. Esto iba a llevar tiempo…

Quise dar espacio a Cindy los días siguientes, pero la verdad es que me subía por las paredes. No podía dejar de pensar en Julia. Debía escribirla? La llamo?

Y por qué coño Cindy no me escribe? La llamé para quedar el viernes. Me rechazó, necesitaba tiempo. La semana siguiente solo pude convencerla de quedar un rato para ir al cine. Pero ahí quedó todo. No quería volver a verme fuera de la oficina. Noté un cambio enorme. No me podia creer que el simple hecho de no llamarla aquel día para aceptar su perdón, hubiese desencadenado esto. No lograré entenderlas nunca.

No era el único que estaba en un momento de mierda. Luis empezó a sufrir un bajón enorme, que todos notamos en el departamento. Yo me hacía una ligera idea de por qué, pero no quería entrar demasiado a preguntarle. Inicialmente me entró pánico de que Julia le hubiese contado todo, pero si hubiese sido así, ya me hubiese confrontado. O directamente ya me hubiese partido la cara.

Finalmente, tras una semana de depresión, nos confesó que Julia y él se estaban tomando un tiempo. Llevaban unos meses con alguna dificultad, pero en las últimas semanas las cosas se habían acelerado de forma rápida. Seguían viviendo juntos, pero Luis estaba durmiendo en el sofá.

Según oí esto, me entró un escalofrío en el cuerpo. Qué estaba haciendo Julia? Tenía que llamarla inmediatamente. Salí fuera del edificio.

La llamé, pero no daba tono. Probé otra vez, pero igual. La mandé un mensaje. No llegaba. Esperé un rato, seguía sin llegar.

Me había bloqueado. Habían pasado 3 semanas, y yo había evitado contactarla de cualquier modo.

En cuestión de poco tiempo, había pasado de tener a Julia, mi amor platónico, y Cindy, un cañón de mujer, a no tener a ninguna. De la cima al suelo en tiempo record. Qué gilipollas.

Tenía que verla. Me fui pronto de la oficina, con la excusa de hacer unos trámites en la embajada. Fui directo a su trabajo. No estaba pensando con claridad. Estaba actuando por impulsos. Normalmente soy una persona cabal, analítica, fría, pero esta situación me estaba volviendo loco. No tenía un plan, simplemente esperar a Julia, abordarla, y hablar con ella.

Esperé en un café enfrente de la salida de su oficina, una hora, hasta que la vi salir. Mi corazón se aceleró. Tenía una cara cansada, no parecía que hubiese dormido mucho últimamente. Dudé si ir hacia ella, pero no había otra, tenía que saber qué estaba sucediendo con ella. Y necesitaba hablarla, realmente lo necesitaba.

La seguí. Iba mirándola fijamente. Llevaba unos pantalones elegantes de oficina, que le hacían muy buen culo. Me encantaba su culo. Esperé a que se alejase de la salida de su edificio, y entonces la alcancé:

—Julia

Se dio la vuelta. Su cara cambió en cuanto me reconoció:

—Vete a la mierda, no quiero saber nada de ti

—Lo siento Julia, siento no haberte llamado antes. Perdóname por favor

—Perdonarte? Te crees que soy una puta a la que te puedes follar y ya está, todos contentos? Tengo marido, tengo 2 hijas, sabes lo que he hecho, lo que me he arriesgado por ti? Y desapareces sin más?

—Lo siento Julia, me entró miedo, no pensaba con claridad

—Me da igual, quiero que desaparezcas, quédate con la puta esa de tu oficina, no te quiero volver a ver

—No estoy ya con ella. Julia por favor, solo quiero hablar contigo tranquilamente. Luis nos ha dicho que os estáis tomando un tiempo. No sé cuál es tu intención pero no hagas una locura. Hablemos tranquilamente

Según decía esto me acerqué para cogerla del brazo. Antes de que lo hiciese, lo retiró y me echó una mirada gélida, a la vez que me dijo:

—Como me toques me pongo aquí mismo a gritar

De repente ese ligero acento canario ya no me pareció tan sexy.

El fin de semana fue uno de los peores que puedo recordar. Encerrado en casa, tirado en la cama.

Luis y yo parecíamos 2 muertos vivientes. Todo el departamento lo veía. Yo me distancié de él. Por primera vez, me sentía culpable de lo que le estaba pasando.

No fue una sorpresa que nos insistiesen tanto en ir a la fiesta de antes de Navidad de la empresa que se celebraba en un mes. Se celebraba en un hotel cercano a la oficina. Estábamos invitados todos, con acompañante. Luis iría solo, y obviamente yo también. Quizá debería no haber ido.

Para hacerlo corto. Empecé fuerte con las bebidas. Estando ya medio borracho, salí a la calle un rato, di una vuelta a la manzana, y en un callejón vi a Cindy, liándose con el idiota de Rodrigo. Así que por este imbécil me había dejado. Cabrona ella, idiota yo, por haber confiado en ella.

En mi estado, tanto físico como mental, reaccioné de la peor manera. Fui directo a ellos, y le pegué un puñetazo a Rodrigo. Aunque en las películas parezca fácil, en la realidad me jodí bien la mano. Rodrigo, que estaba sobrio, me pegó otro puñetazo, rompiéndome la ceja. Caí, borracho como iba, y me golpeé la cabeza.

No sé cuál sería la consecuencia para Rodrigo. Siendo director financiero y no habiendo empezado la pelea, entiendo que poca. Pero para mí fue clara. Despido inmediato. Y 3 noches en el hospital con una contusión en la cabeza, y una mano y ceja rota. A los 3 días debía volver a casa, pero alguien debía al menos visitarme al principio, ya que solo vendría una enfermera el primer día. Cuando me pidieron un contacto, en Londres, solo se me ocurrió uno: Julia.

Era martes pronto por la mañana, segundo día de estar en casa. Estaba tirado en la cama. Estaba reflexionando sobre la situación. La pelea no iba a ser algo fácil de ocultar en mi expediente. Estaba hecho una mierda, mi vida se había ido al carajo. Estaba absorto en estos pensamientos cuando sonó el timbre. Me levanté, y me mareé. Esperé a que se pasase, mientras el timbre sonó de nuevo. Finalmente llegué a la puerta, la abrí. El corazón me dio un vuelco. Era Julia.

No había recibido noticia del hospital sobre si Julia había rechazado ayudarme. Y en todo caso, si viniese, esperaba que primero llamase al timbre de abajo. Aparentemente un vecino salía cuando ella llegó, y pudo pasar.

Estaba radiante. Estaba guapísima. Y se la notaba cansada. Debajo del abrigo, llevaba un jersey azul oscuro con una camisa. El jersey era ajustado, por lo que se marcaba muy bien el contorno de sus tetas y su cintura. Llevaba una bonita falda blanca que quedaba por encima de las rodillas. Dijo un frío hola, y pasó dentro. Me quedé mirando según avanzaba. La falda flotaba ligeramente según caminaba con el movimiento de sus caderas. Me encantaba su elegancia, su figura. Julia me volvía loco. Ojalá la hubiese conocido antes.

—Voy a tumbarme en la cama, todavía me mareo un poco cuando estoy de pie —dije

Julia me miró y asintió. Me siguió a la habitación, y me preguntó si quería algo. Me trajo un vaso de agua.

—Cómo te sientes? —preguntó

—Bien, dentro de lo que cabe —me quedé mirándola y la pregunté— Por qué has venido?

—Les diste mi contacto al hospital. Me llamaron para que venga a asegurarme que todo va bien —contestó

—Gracias… pero por qué has venido? —repliqué

Se quedó mirándome. No era odio, ni dolor. Era simplemente tristeza.

—Tú fuiste a ayudarme una vez cuando lo necesitaba. Supongo que te debo una

—Sí… pero por qué has venido —volví a insistir

—… Cállate —dijo esta vez, mirándome ahora con más intensidad

Nos quedamos un momento callados. Julia entonces dijo.

—Si estás bien, y no necesitas nada, entonces me voy ya, tengo que ir al trabajo

—No quieres quedarte a desayunar? Después de haberme visitado, qué menos que ofrecerte desayuno —dije sonriéndola

—No gracias —respondió con una tímida sonrisa.

—Tenía que intentarlo —la sonreí— Solo te pidieron que me visitaras? No te dijeron nada más?

—Déjame mirarte un momento la ceja y la mano —dijo tras unos segundos dudando en silencio

Fue al baño, mojo una pequeña toalla, volvió y me limpió con cuidado el corte de la ceja.

—Vaya lío hemos montado… —dije para romper el silencio

Me miró levemente a los ojos y asintió.

—Qué vas a hacer ahora? —preguntó tras unos segundos. Parece ser que se había también enterado del despido.

—Estoy siguiendo un curso online para tocar la trompeta —bromeé. La simple presencia de Julia me alegraba el ánimo.

Julia soltó una risa espontánea, que cortó rápidamente. Seguía pasando con delicadeza la toalla, su mano empezaba a estar algo temblorosa. Terminó y pasó a chequear mi mano. Cogió los dedos uno a uno con cuidado, que estaban libres de la cédula, los movió ligeramente y me preguntó si me dolían.

—También te pidieron que analizaras la mano? —pregunté

—No —respondió con una media sonrisa, con un punto de tristeza

—Entonces te quedas a desayunar, verdad? —dije

Julia sonrió tímidamente, mirándome con cariño. Alargué la mano izquierda (la sana), la cogí de la mano y la arrastré para tumbarse junto a mi. Julia no se opuso. Se tumbó frente a mí, su cara a escasos centímetros de la mía.

—Qué vamos a hacer —dijo, más una reflexión que una pregunta

—No lo sé —respondí

La acaricié el pelo. Me encantaba cómo olía. La besé. Con delicadeza. Me encantaban sus labios. Nos besamos, suavemente, sin brusquedades. Yo saboreaba sus labios, lentamente, de vez en cuando mordiéndolos ligeramente, con cariño. Ella me agarraba del brazo, o me acariciaba la cara. Pasamos un tiempo así, besándonos, despacio. Mirándonos. Con cuidado, empezó a girarme para ponerme boca arriba. Se tumbó encima mío, sin dejar de besarme. Se incorporó, quedando a horcajadas sobre mí, y me quitó la camiseta con delicadeza. Yo, con una mano, le intenté quitar el jersey, aunque ella se lo acabó quitando sola cuando terminó de quitarme la camiseta. Llevaba una camisa de rayas azul y blancas, ajustada a su pequeña cintura, y que marcaba perfectamente el volumen de sus tetas.

Empecé a desabrochar los botones desde abajo con mi mano libre, poco a poco, mientras ella empezaba a jugar con el cordón del pantalón corto deportivo que yo llevaba puesto. Logré desabrochar todos los botones, y su camisa quedó ligeramente abierta, enseñando un bonito sujetador de lencería color rojo, que guardaba sus preciosas tetas.

Julia se volvió a tumbar sobre mí, me besó suavemente en los labios, y comenzó a bajar lentamente, besándome con cariño por el pecho, abdomen, hasta llegar al pantalón. Al llegar, empezó a acariciarme la polla por encima del pantalón, dándola pequeños mordiscos. Poco después, cogió del elástico del pantalón, y con cuidado tiró hacia abajo, dejando mi polla ya casi erecta libre.

Empezó a jugar con ella, despacio, primero la lamió, poco a poco, besándola de vez en cuando. Lamía lentamente con la lengua, desde la punta hasta la base, una y otra vez. Con una mano la sujetaba, mientras que con la otra me acariciaba la pierna, abdomen, y subía la mano hasta mi pecho. Finalmente, levantó ligeramente la cabeza, abrió la boca, y se metió la polla dentro, poco a poco. Empezó a chupar lentamente. La imagen desde mi posición era increíble. Veía la cabeza de Julia, subiendo y bajando, despacio. Su pelo se deslizaba casi ocultándome su cara. Veía mi polla aparecer y desaparecer en su boca. Y algo más allá, veía sus preciosas tetas, colgando, bajando y subiendo al ritmo de la mamada, sujetas por el bonito sujetador rojo. Pedían a gritos ser liberadas. Julia era un ángel caído del cielo, viviendo en la tierra, y me había elegido a mí. Finalmente su corazón había ganado la batalla, ya no había duda.

Extendí la mano para quitarla la camisa. Luego pasé a desabrochar el sujetador. La mano libre era mi mano mala, por lo que no pude desabrocharlo. Julia, sin interrumpir la mamada, con mi polla dentro de su boca, echó sus manos a la espalda, y lo desabrochó. Se quitó el sujetador ella sola y lo tiró al suelo. Ahora podía ver claramente sus tetas colgando, subiendo y bajando siguiendo los movimientos de la cabeza de Julia. Alargué la mano para tocarlas. Acaricié sus pezones, cogí sus tetas con mi mano. Me maldije por no tener disponible la otra mano.

Julia entonces dejó de chupar, se incorporó en la cama, se quitó la falda, quedándose solo con un tanga blanco. La pedí con una sonrisa que girase sobre sí. Me sonrió llamándome cerdo, pero comenzó a girarse. Cuando quedó de espaldas, pude observar cómo le quedaba el tanga. Impresionante. Culo perfecto, parecía mentira que fuese madre de 2 niñas. Se quedó un momento parada, y desde mi posición podía ver la silueta de su teta izquierda. Su bonita espalda desnuda, melena morena hasta los hombros, su culo perfecto, natural, solo adornado con un pequeño tanga blanco. Solo esta imagen haría correrse inmediatamente a muchos hombres.

—Ya estás satisfecho? —Dijo girándose levemente, dejándome ver el pezón de su teta izquierda

—No, todavía llevas el tanga puesto —dije

—Qué cerdo eres —dijo otra vez, sonriendo

Sin girarse, puso sus manos sobre los extremos del tanga, y despacio, empezó a tirar hacia abajo, inclinándose ligeramente hacia delante. El tanga fue saliendo poco a poco de entre sus glúteos, bajando hasta las rodillas. Se lo quitó finalmente y se dio la vuelta. Tenía el coño con un poco de pelo, no mucho, quizá de una semana sin depilarse. Estaba muy sexy. Bromeando, dije mirándola a su coño.

—Qué cerda eres

—Por qué? Es solo de una semana —dijo medio ofendida, medio indignada

—Es broma —contesté

—A ver si esto te parece gracioso —dijo

Se movió rápidamente hacia mi, y poniéndose de rodillas con cada pierna a un lado de mi cadera, cogió mi polla con la mano, y se la metió dentro poco a poco. Abrió la boca y cerró los ojos de placer según lo hacía. Volvió a abrir los ojos para mirarme fijamente. Empezó a subir lentamente, y bajar, sin dejar de mirarme a los ojos, en silencio. Tenía una mano apoyada por detrás en mi pierna, la otra por delante en mi abdomen. Subía y bajaba poco a poco, mirándome intensamente. Yo veía cómo mi polla salía y entraba en su coño. Aceleró ligeramente el ritmo, volvió a cerrar los ojos y empezó a suspirar con cada estocada.

Echó hacia atrás el brazo que estaba sobre mi abdomen, y lo apoyó en mi muslo. Arqueó su espalda y echó su cabeza ligeramente hacia atrás. Yo tenía mi mano en su cadera. Julia subía y bajaba, los suspiros se convirtieron en gemidos, mi polla entraba y salía ya con facilidad, su coño estaba lubricando con abundancia. Seguía de rodillas, con sus manos apoyadas detrás en mis muslos, acelerando el ritmo, su cabeza echada hacia atrás, mi polla enterrándose profundamente en su coño. Pasó apoyarse con ambas manos en mi pecho, inclinándose hacia adelante. Levanté la mano, hasta su boca, y metí el dedo índice en ella.

Julia empezó a chupar sensualmente el dedo mientras seguía cabalgándome con los ojos cerrados, gimiendo. Estuvimos unos minutos en esta posición, en los que Julia se metía la polla hasta el fondo, y se volvía a levantar, mezclando miradas con sus bonitos ojos negros hacia mí apoyándose en mi pecho con las manos, momento durante el cual se movía a mayor ritmo, con momentos en los que se dejaba ir, arqueaba la espalda, volvía a echar la cabeza hacia atrás, cerraba los ojos y apoyaba sus manos por detrás en mis piernas, follándome a un ritmo más lento.

Finalmente, cansada, dejó esta posición y se tumbó boca abajo a mi derecha, mirándome, yo siguiendo de espaldas en la cama.

—Ahora te toca a ti —dijo con una sonrisa algo cansada

Me incorporé y con cuidado de no lastimarme mi mano derecha, me tumbé sobre su cuerpo, apoyando mi antebrazo derecho en la cama. Tenía su increíble culo delante de mi. No era un culo duro de gimnasio, era simplemente un culo perfecto, natural, genético. No me pude resistir. Con la otra mano, cogí mi polla, y empecé a jugar con ella sobre su culo, haciendo círculos. Ella sonreía. En un momento, empecé a apuntar más hacia el centro, y con delicadeza, puse mi polla en la entrada de su culo. Julia dio un pequeño salto y girando la cabeza para mirarme, dijo con una pequeña sonrisa entre curiosa y sorprendida:

—Qué estás haciendo?

—Solo estoy jugando —sonreí de vuelta

—Pero no estarás teniendo ciertas ideas no? No lo he hecho nunca por ahí —respondió

—Bueno, siempre me gusta probar cosas nuevas —dije

—Lo has hecho alguna vez? —me preguntó

—Hmmm… quizá alguna —dije con aire interesante

La cara de Julia cambió ligeramente, frunciendo el ceño

—Con la puta esa de tu oficina, no? —dijo directamente

No dije nada, solo abrí los ojos aún más, apretando los labios en señal de falsa inocencia. Se quedó un momento mirando al infinito. Sus celos eran su punto débil. Ella no podía ser menos… y estaba muy caliente. Eso también ayudó.

—Bueno, quizá, si tienes mucho cuidado, podemos probar —dijo finalmente— y si digo que pares, paras.

—Tranquila, te trataré bien, tengo justo lo que necesitamos —respondí

No me podía creer lo que estaba a punto de pasar. Me dio un subidón. Me incliné y cogí del cajón de la mesilla de noche, un gel lubricante que usaba para ocasiones especiales. Julia se había girado sobre su costado derecho, dándome la espalda. Me tumbé junto a ella, en posición de cuchara. Cubrí mi polla con gel, y me acerqué a ella. Julia respiraba fuertemente, pero no decía nada.

Coloqué la polla entre sus glúteos, dando ella un pequeño salto. Poco a poco, empecé a empujar. Yo también respiraba a un ritmo acelerado, mi corazón latiendo fuertemente. Hacía casi 3 años que había visto a Julia por primera vez, entrando en la casa del compañero de trabajo, detrás de Luis. Si me hubiesen pedido apostar en aquel momento a que me acabaría no solo follando a la mujer de Luis, sino además dándola por el culo, ahora mismo estaría en bancarrota.

Poco a poco, con cuidado, conseguí meter la punta dentro. Julia por fin dijo algo, me pidió que fuese despacio.

Yo apretaba mi pecho contra su espalda, me gustaba la sensación, mientras con la mano izquierda la rodeaba la cintura y la apoyaba en su tripa. Podía notar cómo su pecho bajaba y subía de forma acelerada, mientras me agarraba con fuerza la mano que tenía sobre su tripa. Mis piernas se entrelazaban con las suyas.

A este punto, a Cindy ya le había metido la polla hasta los huevos, sin piedad… ni gel lubricante.

Pero con Julia tenía que ir con cuidado. Seguí empujando con la pelvis, introduciendo mi polla en su culo, centímetro a centímetro. Paraba de vez en cuando oía que Julia emitía algún sonido de incomodidad. Tras casi un minuto, conseguí tocar su culo con mi pelvis. Mi polla estaba completamente dentro. Lo más difícil ya había pasado. Empecé a sacarla lentamente, dejando dentro solo la punta. Pregunté a Julia qué tal iba, solo asintió con la cabeza nerviosamente, dándome un apretón en la mano.

Su corazón latía revolucionado. Volví a empezar a empujar la polla adentro, con cuidado, pero esta vez con algo más de ritmo. La sensación era bestial. Su culo apretaba mi polla fuertemente, no iba a necesitar muchas metidas para correrme. Mi pelvis volvió a juntarse con su culo, para volver a sacarla con cuidado. Ahora, moví mi mano y pasé a agarrarle su teta izquierda, jugando con su pezón, que estaba grande y puntiagudo de excitación.

Empecé a meterla por tercera vez, mientras jugaba con su teta. El gel lubricante estaba funcionando de maravilla. Esta vez, Julia giró su cabeza lo más que pudo hacia mí, para besarme. Acerqué la mía hacia ella y la besé con pasión, mezclando nuestras lenguas, mientras yo seguía empujando hasta que mi polla estuvo completamente dentro de su culo. Dejé de jugar con su teta y bajé la mano, buscando su clítoris, que estaba empapado. Empecé a acariciarlo mientras sacaba la polla de su culo y seguíamos besándonos. Mantuve el ritmo, ahora con su culo ya hecho al tamaño de mi polla.

Mezclaba besos en su boca y en su cuello. Mientras tanto seguía estimulando su clítoris constantemente. Julia estaba perdida, gemía fuertemente de gusto, doble o triplemente estimulada. Mi polla estaba a punto de estallar. Entró y salió un par de veces más del culo de Julia. Entonces tuve la conocida sensación de estar a punto de correrme. El bajo vientre empezó a calentarse, y sentí un cosquilleo en los huevos. Mi polla salió del culo de Julia y noté el cosquilleo en la base. Volví a meterla dentro, y la sensación se trasladó al resto de la polla, sintiendo también cómo se calentaba.

Sentí una convulsión y un chorro de semen salir despedido, dentro del culo de Julia. Como regalo del destino, Julia también se corrió en ese mismo momento gritando fuertemente, apretando mi mano que seguía en su clítoris, y cerrando los glúteos, encerrando con fuerza mi polla. Yo ya estaba eyaculando, por lo que no podía parar. Mis movimientos pélvicos se aceleraron, eyaculando en el culo de Julia con cada arremetida. Por la mano, llevaba casi una semana sin pajearme, y me corrí abundantemente.

Terminamos de corrernos, y nos quedamos tumbados, en la misma posición de cuchara, derrotados, ambos suspirando, mi mano en su tripa, su mano suavemente puesta encima de la mía, mi pecho pegado a su espalda, mi cara apoyada en su cabeza.

No sé qué iba pasar a partir de ahora. No sé cómo lo íbamos a afrontar. No sé cómo lo íbamos a explicar. Lo que sé es que no iba a volver a dejarla sola. Pasase lo que pasase, lo haríamos juntos.

Sin darse la vuelta, sin mirarme, allí tumbada, relajada, Julia dijo con un susurro: Te quiero.

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