Nuevos relatos publicados: 12

¡Préñame, papá, préñame!

  • 14
  • 62.954
  • 9,44 (27 Val.)
  • 4

Este relato como muchos de mis relatos se desarrolla en mi aldea natal, una aldea de menos de cien vecinos donde todos nos conocíamos. Los protagonistas son un padre muy necesitado y su hija, que estaba aún más necesitada que el padre. Él se llamaba Venancio Carlos León y ella Elvira María Antonia.

León era un cuarentón alto, moreno, fuerte, bien parecido y dueño de una zapatería.

Elvira tenía 26 años, se había quedado viuda casi dos años atrás y su padre le pasaba un sueldo mensual por ayudarlo en casa.

Elvira volvía de la tienda de comprar huevos un domingo otoñal en el que sol y lluvia se iban turnando. La lluvia la cogió a medio camino entre la tienda y la casa de su padre. Llegó corriendo a casa con sus largos cabellos rubios mojados y la ropa pegada al cuerpo. Al no llevar sujetador en su vieja blusa de seda negra se le marcaban los gordos pezones de unas tetas grandes con forma de papaya. Puso la huevera y el aceite sobre la mesa, acercó el culo a la cocina de hierro, cocina que calentaba toda la casa, y le dijo a su padre:

-Cuando escampe tengo que ir a mi casa a cambiarme de ropa.

León, que estaba en la cocina sentado en una silla fumando un cigarrillo y tomando unos vinos, le miró para las tetas y le dijo:

-Tienes unas tetas muy ricas, hija.

Elvira se percató de que se le marcaban en la blusa los pezones y las tetas y se puso colorada.

-Nunca me habías hablado así, papá.

-Nunca antes había visto tus tetas, hija.

Elvira bajó la cabeza.

-Deja de mirarme para los pechos.

-Tienen imán para mis ojos.

Tapó las tetas cerrando la chaqueta de lana negra que llevaba desabotonada.

-Deja de decir tonterías.

-¿Te las había follado tu marido?

-No debiste beber de mañana, papá. No eres tú el que habla, es el vino.

Hizo cómo si no la hubiera escuchado y siguió a su bola.

-El agua de la lluvia te debió meter las bragas por el corte del coño -se relamió-. Así mojado...

-¡Deja de decir burradas!

-Es que estás muy rica, hija.

No mentía. Elvira era una ricura de mujer, rubia, de ojos marrones, ni gorda ni flaca, con piernas bien hechas, culo precioso y las tetas cómo ya he dicho.

-Me voy a mi casa aunque sea lloviendo y ya no vuelvo para hacerte la tortilla.

León se apresuró a pedirle disculpas a su hija.

-Perdona, no te digo más burradas. Si quieres puedes secarte con una toalla y coger ropa de tu hermana Eva en el armario de su habitación.

Eva, la otra hija de León y su mujer lo habían abandonado. Las malas lenguas decían que madrastra e hija se entendían en la cama. Elvira le preguntó:

-¿No vas a espiarme mientras me desnudo?

-Yo no espío a nadie.

-Júralo.

-Te lo juro.

-Voy a mirar si me vale algo.

Estaba Elvira desnuda secando la cabeza con una toalla cuando entró su padre en la habitación. Al verlo tapó tetas y coño con la toalla.

-¡Me mentiste, papá!

León caminando hacia ella, le dijo:

-No te mentí, no te estoy espiando, te estoy mirando.

-¡Vete!

León cogió otra toalla en un cajón.

-Estoy muy solo.

Elvira estaba muy enfadada.

-¡Cómprate un perro!

Fue a su lado. Elvira arrimó la espalda a la pared de la habitación.

-¡No me toques!

-Solo quiero secarte la espalda.

-No quiero que me toques, papá.

-No te voy a tocar con las manos, trocito de cielo.

-No soy ningún trocito de cielo.

-Tienes razón, no eres un trocito, eres todo un cielo.

Se puso entre su espalda y la pared, la agarró por la cintura y le arrimó cebolleta. A Elvira no le quedó otra que decirle:

-Sécame por detrás, pero quítame las manos de encima.

León le secó la espalda, las nalgas, las piernas... Cuando la besó en las nalgas se lo recriminó.

-¡No hagas eso, papá!

-Eres tan sensual...

Le pasó la lengua por el ojete. A Elvira se le escapó un: "Uyyy". León le preguntó:

-¿Te gusta?

No le contestó a la pregunta.

-Eres un marrano.

Le metió y sacó la lengua en el ojete unas cuantas veces. Si León la pudiese ver, vería cómo cada vez que la punta de la lengua entraba en el ojete las pupilas de los ojos de Elvira se escondían bajo sus párpados y dejaban sus ojos en blanco. Pensando que no le iba a hacer caso y que iba a seguir follándole el culo con la lengua, le dijo:

-No sigas, papá, no sigas.

Se arrepintió de habérselo dicho, ya que León se levantó, la besó en el cuello y le dijo:

-Tienes un cuerpo maravilloso. ¿Quieres que te seque el coño?

Ya no se arriesgó a decirle que no.

-Diga lo que diga vas a hacer lo que te dé la gana.

Se agachó delante de ella, apartó la toalla para un lado y le dio media docena de lamidas de abajo a arriba en el coño, un coño mojado y con vello rubio. Elvira mordió la toalla y después, abriendo un poquito las piernas, le dijo:

-Eres un vicioso.

Le dio unas cuantas lamidas más. Elvira volvió a morder la toalla y abrió más las piernas.

-Y un abusón.

Ahora fueron más de una docena las lamidas de coño. La toalla ya estaba sujeta solo por sus dientes.

-Y tú la cosita más rica que he probado.

La voz de Elvira ya era de mimosa.

-Mentiroso.

Le dio unas cuantas lamidas más y la toalla cayó sobre la cabeza de León, Elvira comenzó a gemir, León le dijo:

-Me encanta oírte gemir.

Elvira dijo en bajito:

-Si sigues lamiendo mi coño me corro, papá.

León siguió lamiendo el coño y Elvira exclamó:

-¡Me corro, papá, me corro!

Las piernas de Elvira comenzaron a temblar. De su coño salió un chorrito de jugos y después la boca de León se fue llenando de jugos agridulces y viscosos.

Al acabar de correrse Elvira, el cabronazo se levantó y le mamó sus deliciosas tetas, después la cogió en brazos y la puso en la cama de su hija otra hija. Elvira, le dijo:

-No, por favor.

El por favor lo frenó en seco, le dijo:

-No seré yo quien te fuerce, pero...

-¿Pero qué?

-Pero si me dejaras hacer una paja mirando para ti, así desnuda...

Le extrañó que se pudiese correr así.

-¡¿Te correrías sin tocarme?!

-Sí.

-¿Estoy tan buena como para que eso ocurra?

-Estás más que buena, hija, pero si me excitaras me correría mejor. Te doy 500 pesetas si haces lo que yo te diga.

-No soy una puta.

-Es una propina no es un pago.

Se dejó convencer por dos razones, una porque seguía con ganas, y dos porque necesitaba el dinero. Se sentó sobre la cama al estilo indio y le dijo:

-Saca la polla e índica lo que quieres que haga.

León sacó la polla, una polla de lo más normal y meneándola le dijo:

-Tócate las tetas.

Elvira empezó a ganarse la propina. León mirando cómo se magreaba las tetas, le dijo:

-Haz tú también una paja a ver si nos corremos juntos.

Elvira quiso quitar más tajada de la situación.

-Para que haga eso la propina tiene que ser más grande, papá.

-¿Cuánto más?

-Mil pesetas más.

La tonta le había pedido una miseria, pues León con el calentón que tenía le hubiese dado hasta la zapatería.

-Vale.

León vio cómo Elvira se echaba boca arriba sobre la cama, cómo flexionaba las rodillas, cómo se abría de piernas y cómo con la yema del dedo medio de la mano derecha comenzaba a acariciar el capuchón del clítoris por un lado y por el otro. Mirando para el coño abierto de su hija y meneando la polla, le dijo:

-Jamás vi algo tan bello como tú, hija.

Elvira ya no se cortaba.

-Ni yo un padre tan cabrón cómo tú.

Al rato León se acercó a su hija, frotó su polla en el coño y se corrió en la entrada. Elvira, que ya estaba cachonda, sintiendo la leche calentita en su coño se puso tan perra que echó una mano a una teta, se frotó a mil por hora y se corrió cómo una cerdita.

León después de correrse y sintiendo cómo se apagaban los gemidos de Elvira, se echó en la cama, le levantó las nalgas con las dos manos y le lamió el coño lleno de leche y de jugos. Elvira no tardó en decir:

-¡Me voy a correr otra vez!

León dejó de lamer. Su lengua entró en el ojete, salió y se metió en el coño, salió del coño y se metió en el ojete... Elvira frotó el clítoris a mil por hora y se volvió a correr, diciendo:

-¡Bebe, papá, bebe!

Se estremeció y se corrió cómo se había corrido antes, soltando un chorrito de jugos que fue a parar en la cara de su padre. Después su coño echó fuera los jugos viscosos, jugos que bajaron por su lengua cómo un pequeño torrente y acabaron dentro de su boca.

Elvira al acabar de correrse le preguntó:

-¿De verdad que soy la cosita más rica que probaste, papá?

-Sí, y la más deliciosa.

-Me haces sentir muy especial.

-Eso es porque lo eres.

Después de ponerse un vestido marrón, unos calcetines y unos zapatos, puso su ropa a secar y luego hizo la tortilla de patatas. Comieron y bebieron... Cuando se iba para su casa le preguntó León:

-¿Cuánto por un polvo, Elvira?

-Mi coño no tiene precio, papá.

-De tu coño ya bebí, hija.

-Adiós, papá.

-¡¿No vas a volver?!

-No. Me buscaré un trabajo.

-Me voy a sentir muy solo.

-Cómprate un perro.

Esa misma noche Elvira se masturbó y lo hizo pensando en su padre, pero se masturbó de modo diferente a como lo hacía siempre. Se puso de lado, humedeció un dedo con la lengua, metió la punta dentro de culo, acarició el clítoris, después metió dos dedos dentro del coño e imaginó que le vendaba los ojos, que lo ataba a la cama, le hacía cochinadas, lo montaba, se clavaba la polla en el culo y en el coño y lo follaba a su aire... Cuando se corrió lo hizo cómo era costumbre en ella, soltando un chorrito de jugos al que siguió una pequeña cascada de jugos.

La hostia fue que esa fantasía la obsesionó, y tras varias deliciosas masturbaciones decidió follar a su padre hasta dejarlo seco tal y como lo había dejado en sus últimas pajas.

Eran algo más de las doce de la mañana cuando llegó a la casa de su padre. Venía vestida con un jersey, una blusa, una falda y unos zapatos, todo de color negro y en la cabeza llevaba una pañoleta a juego. León estaba echando leña la cocina de hierro cuando oyó a sus espaldas la voz de su hija.

-Hola, papá.

Se giró y le dijo:

-Has vuelto.

-Por si necesitas que te haga algo.

-Te eché de menos.

-¿No te compraste el perro?

León ya se lanzó al barro.

-No necesito un perro, lo que necesito es echar un polvo.

-Vete a putas

-Pon tú un precio.

-Yo no soy una puta.

-Por eso te pagaría lo que qué quisieras. ¿Tiene un precio tu coño?

Elvira no se anduvo con más rodeos. Venía a lo que venía, y si su padre le allanaba el camino, pues mejor, y si encima le pagaba, mejor que mejor.

-No venía a por eso -mintió-, pero sí, mi coño tendría un precio, el precio sería de 5000 pesetas, pero si voy a ser puta por un día el polvo no me lo echarías tú, te lo echaría yo a ti. Yo sería la abusona esta vez. Yo mandaría y tú obedecerías. La primera orden que te daría es que no hablases, pero para nada, ni para llamarme puta ni para llamarme hija, si estás de acuerdo asiente con la cabeza.

León asintió con la cabeza.

-¿Tienes cordel?

Le señaló un cajón con un dedo.

-Veo que lo pillaste.

Cogió el cordel y le dijo:

-Tira para tu habitación.

Al estar León al lado de la cama le dijo:

-Desnúdate.

Cuando lo vio desnudo fue a su lado, se quitó la pañoleta, le vendó los ojos y le dijo:

-Échate sobre la cama.

Se echó, lo ató de pies y manos a las patas de la cama y después se desnudó ella. Lo último que quitó fueron las bragas negras mojadas, subió a la cama y se las puso en la nariz.

-Huele.

León olió las bragas profundamente, después le puso la parte mojada en los labios.

-Lame.

Le pasó un pezón por el meato de la polla empalmada, el pezón se pringó de aguadilla, después se lo puso entre los labios.

-Muerde, chupa y lame.

León mordió suavemente, lamió y chupó, después cuando le dio toda la teta volvió a morder suavemente, a lamer y a chupar. Pasó el otro pezón por el meato. Creyó que se lo iba a llevar a los labios, pero lo que le puso en la boca fue el clítoris.

-Lame y chupa.

Lamió y chupó, después le puso en la boca el ojete.

-Lame y folla.

Le lamió y le folló el ojete con la lengua.

-Sigue, sigue que me corro.

León sintió cómo chapoteaban los dedos dentro del coño de su hija, sintió sus gemidos y después sintió cómo le caía una corrida en la cara.

Elvira después de correrse y con la respiración acelerada le puso el coño en la boca. León lamió el coño hasta que le volvió a poner el ojete... Acabó lamiendo ojete y coño hasta que Elvira comenzó a correrse. Corriéndose le dijo lo mismo que le había dicho en su última paja:

-Traga, papá, traga.

León tragó todos sus jugos calentitos mientras su hija se convulsionaba con el placer que sentía.

Elvira después de correrse le puso la punta de la lengua entre los labios. León quiso chupársela, pero la retiró. Se dio la vuelta e hizo un 69... Le puso el coño en la boca y le lamió y chupó el glande, glande que no paraba de echar aguadilla. León no le comió el coño, se lo folló con la lengua. Elvira se puso perra de nuevo y más que se iba a poner cuando le lamió y le chupó el clítoris.

-Vas a hacer que me corra, papá.

Se lo siguió lamiendo y chupando y Elvira se corrió de nuevo jadeando cómo una zorra.

Todo iba saliendo mucho mejor que en su última paja, pero ahora tocaba la prueba de fuego, meter en el culo, ya que no era lo mismo meter un dedo que meter una polla. Volvió a darse la vuelta, puso el ojete sobre la polla e intentó meterla. Logró meter la punta, pero le debió dar no sé qué meter toda la cabeza, ya que le dijo:-Desvírgame el culo, papá.

León empujó y la cabeza entró por el ojete. A Elvira sintió cómo le escocía el culo. Jamás se había sentido tan llena.

No le gustó. No era cómo había imaginado, lo que sí le gustó era algo que imaginara y que estaba pasando, y pasaba que su padre le llenaba el culo de leche.

Al acabar de correrse León, Elvira sacó la polla del culo y la metió en el coño. Al follarlo la polla comenzó a ponerse flácida. León le dijo:

-Cierra las piernas con la polla dentro verás cómo se pone dura otra vez.

-¡Te dije que no hablaras!

Le había dicho que no hablara, pero cerró las piernas. Sintió que la polla le llenaba el coño. Lo besó por vez primera, la polla se le puso dura y ya no paró de comerle la boca hasta que se corrió. Temblando sobre él, le dijo:

-Préñame, papá, préñame.

León se corrió dentro del coño de su hija.

Después lo soltó e hizo de comer. ¿Qué si quedó preñada? Tú decides, sí tú, la persona que está leyendo esto.

Por cierto, gracias por leerme, ah, y no comentes que es pecado…

Quique.

(9,44)