El chico de la fiesta camino a casa

1
3646
T. Lectura: 3 min.

Relato inspirado en la historia de una amiga.

No sabes la adrenalina que me da recordarte esto, porque fue una de esas locuras de juventud que nunca se olvidan. Estaba en una fiesta y, entre la música y la gente, crucé la mirada con un chavo guapísimo. Estuvimos coqueteando a la distancia toda la noche, sonriéndonos de lejos, pero como cada quien iba con su grupo de amigos, ninguno se atrevió a acercarse. Se sintió como un juego que se iba a quedar a medias.

La sorpresa vino después. Ya iba de regreso a mi casa y, justo al salir de la estación del metro, me lo encontré de frente. Fue una coincidencia increíble. Nos quedamos congelados un segundo, mirándonos fijamente a los ojos, y la tensión acumulada de toda la noche explotó. Sin decir una sola palabra, nos acercamos y nos empezamos a besar ahí mismo, en medio de la calle, con una desesperación que me aceleró el corazón por completo.

Empezamos a caminar juntos hacia el rumbo de nuestras casas, descubriendo entre risas y plática que vivíamos por la misma zona. Pero la conversación apenas importaba; cada pocos pasos nos deteníamos para volver a besarnos, cada vez con más ganas y más calor. La caminata nos llevó por una calle solitaria, de esas que tienen pequeños parques con bancas y juegos para niños, completamente vacía a esa hora de la noche.

Ya no pudimos aguantar más. Él me guio hacia una de las bancas y se sentó, jalándome de las caderas para que yo me acomodara a horcajadas sobre sus piernas. Sentir la dureza de su miembro presionando directamente contra mi intimidad, incluso a través de la ropa, me dejó sin aliento. El roce continuo mientras nos besábamos era tan húmedo e intenso que el deseo me cegó por completo. En un movimiento rápido, él sacó un condón de su bolsillo, se lo puso y levantó con cuidado la tela de mi vestido. Me guio despacio hacia abajo hasta que me penetró por completo de un solo golpe.

Me quedé sentada sobre él, moviéndome lentamente en esa banca, usando la caída de mi vestido para tapar la acción por si alguien pasaba. La mezcla del frío de la noche, el peligro de que nos descubrieran en pleno parque y el calor absoluto de tenerlo dentro de mí hizo que esa experiencia fuera una de las cosas más salvajes y ardientes que he vivido…

Esa noche llevaba un vestido corto de seda negra, de tirantes, que se ajustaba al cuerpo pero tenía una caída ligera que hacía muy fácil levantarlo. Abajo llevaba una tanga de encaje rojo muy delgada, que para ese momento ya estaba completamente empapada por la excitación de haber estado besándonos todo el camino. Cuando él deslizó sus manos por mis muslos, subiendo la seda del vestido, apartó el encaje hacia un lado con un solo movimiento de sus dedos, dejándome expuesta al aire frío de la noche justo antes de penetrarme.

El contraste de su piel caliente y la dureza de su miembro entrando en mí me sacó un gemido que tuve que ahogar contra su cuello. Me quedé completamente sentada a horcajadas sobre él, usando la tela negra de mi vestido para cubrir la unión de nuestros cuerpos, cayendo como una cortina sobre sus muslos. Cada vez que me elevaba y me dejaba caer despacio, la seda rozaba mis piernas, aumentando el morbo de lo que estábamos haciendo a la vista de cualquiera. El peligro de que alguien cruzara por el parque o un auto iluminara la banca con sus luces nos tenía al límite.

“Muévete así, no pares… estás apretadísima”, me siseó al oído con la voz completamente rota, mientras sus manos apretaban mis caderas para guiar el ritmo, hundiéndome con más fuerza contra él. Su respiración agitada me pegaba en la oreja, y escuchar lo mucho que estaba disfrutando tenerme ahí arriba me hizo perder el control. Me incliné hacia adelante, mordiéndole el hombro para no gritar, mientras aceleraba el movimiento, frotando mi clítoris directamente contra la base de su miembro en cada bajada. “Si pasa alguien, no me voy a quitar”, le respondí al oído, completamente ida por la adrenalina.

El riesgo y la intensidad física nos llevaron al límite en un par de minutos. Sentí cómo mis músculos internos se contraían con una fuerza salvaje, atrapándolo por completo mientras un orgasmo violento me sacudía el cuerpo. Justo en ese segundo, él soltó un gruñido ahogado, me sostuvo firme contra su pelvis y se vino dentro del condón, llenándome mientras ambos temblábamos abrazados en esa banca solitaria, con mi vestido aun cubriendo el secreto de lo que acababa de pasar.

Loading

1 COMENTARIO

  1. ***No se admiten datos personales en los comentarios***
    Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
    Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.

    Administración de CuentoRelatos

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí