Mi primera infidelidad (5): La despedida

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T. Lectura: 5 min.

Como dice la canción “todo tiene su final, nada dura para siempre”… y mi primera infidelidad llegó al suyo.

A Iván lo aceptaron en la empresa en la que me dijo que había postulado (lean la historia anterior), y le dieron una zonal en una provincia lejos de Lima, por lo que ya no lo vería en un buen tiempo (realmente no tenía idea cuánto tiempo pasaría para volverlo a ver).

Antes de que se vaya definitivamente la secretaria y yo le organizamos una pequeña despedida dentro de la empresa, compramos unos bocaditos, unos vinos y cotillón para alegrar su último día que justo cayó un viernes. Llegó el final de la jornada laboral, arreglamos la sala de reuniones y comenzamos el festín: bromas, risas, música y buena vibra.

Algo de baile con los que se que lanzaban a sacarnos (a la secre y a mí, las dos únicas damas jeje) algunos aprovechaban para pegarse bastante a nosotras aprovechando el ritmo y obviamente Iván hizo un baile aún más atrevido bajando la mano casi hasta tocarme el trasero, metiendo su pierna entre las mías y apachurrándome con fuerza; los demás disfrutando, aplaudiendo y alentando a Iván para que continúe así, tanto la secre como yo lo dejábamos dado que era el agasajado pero a los demás no tanto jeje.

Estuvimos en la oficina casi hasta las 9 pm, hicimos un poco de limpieza y cerramos el local. Iván me dijo para llevarme a mi casa con su característica sonrisa pícara, lo que significaba que quería ir a coger, y como yo también lo deseaba le dije que sí rápidamente y sin dudar. Nos despedimos de los demás, subimos al taxi y fuimos directamente a un hotel de 3 estrellas.

Ni bien entramos al cuarto comenzamos a desnudarnos dejando la ropa tirada en el suelo y nos lanzamos a la cama, me puso boca abajo y me recorrió a besos la espalda bajando lentamente dirigiéndose a mis nalgas en donde se detuvo para mordisquearlas y lamerme suavemente el culo mientras me acariciaba las piernas con sus manos, fue bajando aún más deteniéndose en mi clítoris succionando además mis labios vaginales que ya comenzaban a ponerse húmedos con mis jugos.

Cuando sintió que yo ya estaba bastante húmeda introdujo su delicioso pene bombeando con fuerza y rítmicamente y yo levantaba el trasero y abría mis más mis piernas para que me penetrara hasta el fondo. Cada recorrido de su largo miembro me hacía estremecer de placer y morder la almohada ahogando mis gemidos. Él iba aumentando la velocidad de sus penetraciones a la vez que jadeaba de placer lo que me encendía aún más, y se vino con una fuerte descarga de semen pero le pedí que siga porque yo aún no me venía, le hice seguir por varios minutos golpeando su pelvis contra mis duras nalgas hasta que con un prolongado grito llegué al éxtasis total.

Después fui al baño y me di cuenta que había una tina con hidromasaje, le dije a Iván para relajarnos en ella así que la llenamos encendimos los masajes, tomamos unas cervezas del bar y nos metimos… ¡wow! ¡Qué delicioso sentir esos chorros de agua!

Estuvimos conversando mientras le hacía una suave paja con mis pies y tomábamos las cervezas, cuando su pene estuvo lo suficiente erecto me senté encima de él y comencé a cabalgar mientras sentía que los chorros me masajeaban el culo y las nalgas, él me manoseaba mis duros pezones, los besaba y mordisqueaba suavemente. Luego sus manos recorrieron mi cuerpo lentamente y se detuvieron en mis nalgas, las agarró firmemente y empezó a moverlas para aumentar la velocidad de mis montadas, yo acompañé el movimiento haciendo que el agua salpicara con cada sentón y besando su boca buscando desesperadamente su lengua con la mía.

Mi clítoris recorría todo lo largo de su pene en rápidos movimientos, su grosor aumentaba y yo apretaba mis labios vaginales para sentirlo más profundamente, sentí que se hinchaba una vez más antes de que su líquido caliente me llenara por segunda vez, casi inmediatamente me vine yo también pero seguí cabalgando por unos minutos más para seguir disfrutando su pene dentro mío.

Estuvimos un rato más en el hidromasaje, luego nos secamos y fuimos a la cama a seguir bebiendo y descansar. Comenzamos a hablar de la oficina y me comentó que varios de los chicos se morían por cogerme (lo cual ya me lo imaginaba desde hace mucho) y en varias reuniones de ellos fantaseaban de qué tan caliente sería yo en la cama y de las cosas que me harían, incluso un par de veces el dueño de la empresa participó de esas fantaseadas.

Eso me hizo preguntar preocupada “¿no habrás comentado por ahí que tú y yo cogemos, no?”, y con una carcajada respondió “¡No! ¡Para nada! ¡Ni una sola palabra!”; yo aún inquieta pregunté “¿seguro, no?¿no me mientes, no has contado nada?”, ya sin reírse pero con su sonrisa traviesa dijo “en la oficina claro que no, nada; pero en otros círculos sí” mientras me miraba para ver mi reacción. “¿En qué círculos y qué has contado?” pregunté inmediatamente con preocupación pero me dijo que con sus amigos de la playa, les había contado sobre la pareja liberal argentina por si querían participar en estas fiestas de intercambio de parejas.

Ya más tranquila me puse a pajearle la polla pues quería mamársela, cuando estaba por hacerlo me dijo “¡espera!”, se dio la vuelta quedando su polla enfrente mío y su cabeza frente a mi vagina para hacer un 69. Comenzamos a lamernos y mamarnos casi al mismo tiempo, él abría mi vagina con sus dedos mientras su lengua se introducía jugando con mi clítoris dándole vueltas en una especie de baile delicioso, y yo tenía su glande dentro de mi boca con la punta de mi lengua abriendo con suavidad su pequeño orificio y mi mano acariciando sus huevos.

El preseminal hacía su presencia, humedeciendo el glande y fundiéndose con mi saliva y a la par mis jugos iban fluyendo resbalando por su lengua y mojando sus labios que seguían pegados a mi vagina, la que ya comenzaba a palpitar anunciando una explosión de orgasmo que yo trataba de frenar para seguir disfrutando su rica y dura polla.

Pero cada vez me era más difícil refrenarme, sentía que ya me iba a venir así que me ayudé con la mano pajeándolo fuerte y rápido con su polla aún entre mis labios, ya no aguanté más, mis jugos salieron rápidamente mientras apretaba su cabeza con mis piernas, quería que su polla me penetrara muy profundo así que me incorporé y rápidamente me senté encima él para montarlo, me introduje la polla y empecé con violentos sentones de tan jodidamente caliente que estaba, cada vez más aumentaba la velocidad y gemía descontroladamente, sentí que el sudor me salía de la frente y del cuello recorriendo grandes gotas por mi espalda pero no podía parar.

Tenía la urgente necesidad de llegar a un segundo orgasmo para calmar este fuego interno que me quemaba por dentro. Cambié un poco mi posición, arqueé mi espalda y ahora ya no eran sentones si no que movía mi vagina de adelante para atrás con más velocidad, su duro pene muy dentro mío destrozándome el clítoris de tanto movimiento, hasta que por fin sentí una explosión de placer dentro de mí en un orgasmo increíble y con un grito descargué toda la energía que me quedaba y casi ahí nomás sentí que se me inundaba la vagina con una gran erupción de semen que apaciguó mi fuego interno.

Me dejé caer en la cama toda sudada, satisfecha y cansada a más no poder, tanto que me quedé dormida casi inmediatamente.

Nos despertamos como una hora después, tomamos unas cervezas más y nos cambiamos para que me lleve a mi casa. Nos despedimos con un largo y ardiente beso, prometiéndonos seguir nuestros encuentros a menudo sin saber que eso no ocurriría ya que casi a la semana lo enviaron a la provincia que le asignaron.

Al lunes siguiente la secretaria me preguntó qué tal la despedida, yo inocentemente (y algo extrañada) le respondí “salió bien, ¿no? Todos se divirtieron” entonces ella me dice “no me refiero a esa, sino a la que tuvieron después de esa” me quedé helada con la boca abierta y con cara de asustada…. ¡Iván le había contado nuestra cogida de despedida! La secre lanzó una carcajada diciéndome “tranquila, yo ya sabía que ustedes cogían desde hace tiempo ¿creías que no me iba a dar cuenta? Además también se lo hice confesar a Iván”.

“¿Alguien más lo sabe?” Le pregunté ansiosamente, “no te preocupes querida ¿crees que soy tan mala? nadie más sabe, de lo contrario tendrías a todos los vendedores haciendo turno para cogerte” me respondió.

Suspiré con algo de alivio, pero igual con la firme promesa de no volver a coger con alguien del lugar donde trabaje; pero fue una promesa vacía ya que tampoco se cumplió.

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