Catherine: Aventuras de una prostituta en el lejano Oeste
Cuando se cerró la puerta, Catherine le miró. Estaba flacucho y tenía la piel pálida, su pene erecto contrastaba con el conjunto. Suspiró, aquel joven había pagado y quien sabe, quizás era la primera vez que podía disfrutar de algo. Se fue hacia él y lo abrazó, la cara del muchacho cayó sobre sus pechos. Ella aprovechó que est...