Al esposo de Estefanía le gusta ver cómo la penetro (5)

1
7571
T. Lectura: 6 min.

Estefanía me citó en su casa a las siete de la noche. Los días comenzaban a acortarse así que a esa hora ya había anochecido. La verdad es que a pesar de todas las garantías que Estefanía me dio respecto a la ausencia de su esposo, yo estaba un poco nervioso. Me quedaba claro que la complicidad entre ellos era muy especial y transparente a la hora del sexo. Alguna vez Estefanía me contó de cómo se conocieron y había sido precisamente en un intercambio de pareja. Ambos habían llegado con personas diferentes y decidieron hacer el cambio. Desde ese día se enamoraron y al poco tiempo decidieron estar juntos para seguir disfrutando de una relación abierta.

También, como ya he mencionado, no les gustaba usar protección cuando las personas adicionales les inspiraban confianza y en consecuencia Estefanía había estado embarazada dos veces con una alta probabilidad de que el bebé no fuera de su marido. La idea me excitaba, ¿podría yo tener la oportunidad de preñar a Estefanía? Quizá si seguía demostrando que de verdad la amaba y que estaba dispuesto a sobrellevar la situación de que fuera una mujer casada en una relación abierta, me permitiría finalmente inseminarla. Si ya había dejado a una pareja para estar con su actual esposo, ¿qué le impedía dejarlo a él para irse conmigo?

Yo estaba dispuesto a darle todo lo que necesitaba: llevarla a vivir a un mejor barrio, comprarle todo lo que quería y hasta sacarla de trabajar de la tienda departamental a la que debía ir diario a vender ropa para dama. Hasta estaba dispuesto a entrar en la misma dinámica abierta para que siguiera viendo al que sería su exmarido, siempre y cuando supiera que su lugar estaba a mi lado y que yo también tuviera la oportunidad de coger con otras mujeres.

En todo eso pensaba mientras esperaba oculto tras un árbol a que Estefanía abriera la puerta. Sentí nervios de que los vecinos me vieran, ¿sabían ellos que Estefanía era toda una puta? ¿Habría metido a otros hombres a su propia casa ante la ausencia de su marido? No tenía idea y no me pareció apropiado preguntar.

—Hola guapo, ¿por qué tan misterioso? Pasa —dijo cuando me vio esperando junto al árbol y no junto al portón.

—¿Segura que tu marido no está? —pregunté después de darle un tímido beso a forma de saludo —mi nerviosismo estaba a flor de piel.

—Ay sí, mi amor, tú no te preocupes, tenemos la casa para nosotros solos. Sígueme, vamos al cuarto.

Su casa no era nada lujosa pero tenía cuadros y adornos interesantes. Ella era muy artística y disfrutaba de coleccionar arte alternativo.

Su cuarto olía a recién lavado, me dio gusto de que Estefanía tuviera la decencia de haber cambiado las sábanas en las que dormía y cogía con su marido. La sencillez del resto de la casa también estaba presente en la habitación: una cama matrimonial, un clóset mediano, persianas de calidad media y un pequeño sillón individual en una esquina. Nada del otro mundo. De verdad podía ofrecerle algo mucho mejor a Estefanía.

—¿Tienes copas? Traje vino —expliqué antes de que ella pudiera sentarse junto a mí en la cama.

—Cierto, guapo, sí, deja bajo por ellas. Ponte cómodo.

Después de la primera copa de vino pude relajarme y me quité los zapatos. Comencé a besar a Estefanía mientras le quitaba la ropa. Una vez que estuvimos desnudos la acosté en la cama y me arrodillé entre sus piernas para comerle el coñito. Extrañaba el sabor de sus fluidos y me esforcé como nunca. Ella gemía bajito, haciéndome saber que disfrutaba.

—Te extrañé mucho guapo, nadie hace sexo oral como tú.

La confesión me excitó.

—¿Ni siquiera tu marido? —pregunté lleno de ego.

—Ni siquiera él, papi, sigue, sigue —ordenó.

Reanudé mi tarea con bríos renovados hasta que se vino en mi cara, haciendo un squirt brutal que incluso me cayó en los ojos. Me limpié rápido con la palma de la mano y subí hacia ella. Le di un beso profundo -me había dicho las primeras veces que le excitaba el propio olor de sus fluidos- y restregué mi verga erecta contra su inundada vagina, esperando la señal de aprobación. Con ella quería hacerlo todo bien, no como con Jimena que no se merecía la menor consideración; Estefanía era mi diosa.

—Métela, mi amor, no necesitamos condón. Hoy se puede todo —me dijo con guiño.

De un empujón se la clavé hasta el fondo y me quedé inmóvil un momento, disfrutando la sensación de la vagina al natural de Estefanía apretando mi verga con sus paredes. En definitiva era más placentera que la de Jimena, en quien pensé y me arrepentí enseguida de haber desperdiciado leche invaluable que pude haber utilizado para preñar a mi amada Estefanía.

La posición que adoptó Estefanía era para disfrutar por completo de mis movimientos. Abrió bien las piernas para permitirme un movimiento libre y extendió los brazos hacia atrás, aferrándose a las orillas de la cama. Mi desesperación por amarla hacía que mis embestidas fueran salvajes, animales y estaba seguro de que eyacularía pronto. No me importó, si Estefanía decía la verdad, tendríamos toda la noche para nosotros y aunque no me dejara dormir ahí, podría salir de madrugada, contrario a cuando visitábamos el hotel y teníamos un límite de tiempo.

—Ay, Estefanía, te extrañé tanto, mi amor, me voy a venir adentro de ti, ¿quieres mi lechita, princesa? —dije mientras lamía la cara de mi musa, mi verdadero amor.

—Dámela toda, papi, desléchate en mi coño que para eso es —pidió.

Estaba a menos de un minuto de vaciarme, loco de placer, cuando escuché que se abrió la puerta del cuarto.

Estefanía intentó contenerme rodeándome con sus piernas y brazos, pero fue incapaz. Volteé hacia la puerta y vi a su marido de pie, observándonos. Estaba desnudo y masajeaba su verga, evidentemente excitado ante la visión de otro hombre a punto de eyacular en la vagina de su esposa.

—¿Qué chingados está pasando aquí? —grité y me separé de Estefanía y me puse de pie, en posición defensiva —Tranquilo, hermano, ella me dijo que no estarías en casa.

La pareja intercambió una mirada cómplice y yo me sentí traicionado.

—No te preocupes, carnal, de verdad, tuvimos que mentirte porque no estábamos seguros de que aceptarías algo así. Pero seguro la princesa ya te ha contado que tengo un fetiche muy fuerte por ver cómo otros se la cogen, y pensamos que después de varios meses mandándome videos y viéndose, igual era el momento de armar algo los tres.

No pude pensar en nada más excepto en que había llamado “princesa” a mi Estefanía. La situación era atípica. En más de una ocasión durante mi juventud había sido descubierto por los novios de mujeres infieles en pleno acto y su reacción siempre había sido violenta. El comportamiento del marido de Estefanía, sin embargo, era de lo más calmado y también era evidente su excitación. Estaba desnudo y tenía la verga erecta; de verdad disfrutaba del espectáculo de Estefanía siendo penetrada sin condón por otro hombre.

Nos quedamos en silencio unos segundos hasta que Estefanía puso su mano en mi mejilla y guio mi cara hasta sus diminutas tetas.

—Bésalas, papito y sígueme cogiendo como sólo tú sabes —pidió sin darle importancia a su marido.

Al moverme dentro del coño de mi amada me sorprendió gratamente que la sorpresa inicial no había menguado mi erección. Continué moviéndome dentro de ella no sin antes ver de reojo hacia atrás. Pude distinguir al marido de Estefanía sentado en el sillón individual masturbándose.

Con Estefanía cogí de misionero y luego ella se montó en mi verga un buen rato. Cuando cogimos de perrito -la posición que yo prefería pues incrementaba las posibilidades de embarazo- Estefanía se aseguró que apuntáramos en dirección de su marido para que ellos pudieran establecer contacto visual mientras él se seguía masturbando como un desquiciado. Después de unos minutos se puso de pie y caminó hacia nosotros, acariciando las tetitas y el rostro de Estefanía con la mano que tenía libre.

—¿Te gusta cómo me cogen, papi? —preguntó Estefanía entre jadeos a su marido.

Su única respuesta fue un gruñido de placer.

La verdad yo no podía creer que mi actitud fuera tan relajada, pero ya estaba ahí, adentro de Estefanía, y la sensación de poder acceder a un desprotegido coño ajeno, era intoxicante.

—Ahora mismo me está cogiendo al natural otro hombre, y su verga me está estirando las paredes de mi coño, lo voy a dejar que eyacule adentro de mí, mi amor, ¿cómo ves? —Estefanía le decía al cornudo de su marido con una voz de viciosa que me excitaba a mí también. De repente, el marido se acercó a la cara de Estefanía y ella se metió toda la verga a su boca y comenzó a mamarla con pasión.

Yo estaba cada vez más cerca del orgasmo y saber que podía llenarle el coño de semen a Estefanía sin ninguna consecuencia me llevó al límite del placer. Empecé a soltar espesos chorros de leche en su coño de putita infiel y se los hice saber con gruñidos exagerados.

Al marido cornudo el conocimiento de aquello también lo hizo explotar en la boca de Estefanía como unos meses atrás había hecho yo. Ambos nos vaciamos en las distintas cavidades de la mujer de nuestros sueños, aunque me sentí afortunado de ser yo quien le llenara la vagina de leche. Ninguno de los dos dejó de bombear hasta que vaciamos nuestras bolas y nos sentimos satisfechos.

Una vez que se disipó el placer de la eyaculación, me sentí incómodo pero no quise demostrarlo. Salí de Estefanía -mi semen escurría de su coñito apretado-, y me quedé viendo cómo ella le limpiaba toda la verga a su marido con la lengua. Sin decir palabra, los tres nos acostamos en la cama con Estefanía en medio y nos quedamos así un rato hasta que ella comenzó a acariciar nuestras vergas con cada mano.

No quise ser desplazado como segundo hombre así que rápidamente comencé a masturbarla y besarle los pechos. Su marido sólo disfrutaba de las caricias de Estefanía mientras veía que una vez más era otro hombre quien la complacía. Se acercó a nuestros miembros y comenzó a mamarlos por turnos. Para ese momento yo ya había perdido toda inhibición y me dedicaba sólo a disfrutar.

Entendí pronto que se trataba de una competencia, quien eyaculara en la boca de Estefanía perdería, y el ganador tendría el privilegio de volver a penetrarla. No estaba dispuesto a ser derrotado así que me concentré al máximo aunque fue muy difícil, una de las especialidades de Estefanía era el sexo oral. Cuando estaba a punto de soltar la segunda descarga de semen, escuché que su marido gruñía de placer. Había perdido. Dejé que Estefanía volviera a tragarse el semen y se concentrara sólo en mí; de un movimiento la acosté bocarriba y me hundí en ella con su marido a escasos centímetros de nosotros.

Estaba loco de placer, bombeando a mi Estefanía para llenarla de mi segunda venida. Cogimos sin decir palabra, jadeando, gimiendo y unidos en un abrazo de verdadero amor, todo en presencia de su cornudo esposo. Al final volví a rellenarle el coñito pero le dejé la verga adentro hasta que perdí firmeza, besándola en todo el cuerpo, incluido la boca, ya me daba igual que se la hubiera chupado a su esposo.

Cuando salí de ella, lleno de urgencia su esposo la penetró también. No quise ver cómo ellos cogían así que me vestí en silencio y salí de la habitación.

—Nos vemos pronto —dije mientras cruzaba la puerta.

—Hmmm —fue lo único que escuché.

Todo el camino de regreso fui con los ojos cerrados, descansando y meditando en lo que acababa de ocurrir.

Al llegar a casa tenía dos mensajes, uno de Estefanía y otro de la puta pesada de Jimena. El primero me hizo sonreír: “nos encantó todo, eres muy alivianado y disfrutamos sin inhibiciones, por cierto, hiciste feliz a mi marido, le encanta eyacular en mí cuando otro hombre ya lo ha hecho. Nos vemos pronto, guapo”.

El segundo fue mucho más difícil de asimilar: “no me ha bajado, búscame, probablemente es tuyo”.

Estaba muy cansado y no respondí ninguno de los mensajes hasta el día siguiente.

Muchas gracias por leer, pronto contaré otras sesiones de sexo con Jimena y Estefanía.

Loading

1 COMENTARIO

  1. ***No se admiten datos personales en los comentarios***
    Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
    Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.

    Administración de CuentoRelatos

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí