Ana, esposa amante (7): Mi cena muy especial como venganza

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Mi marido Roberto me había sido infiel durante años y yo nunca lo supe. Hasta hace poco. Hice que despidiera a Margarita, su secretaria y amante, porque le amenacé que, si no lo hacía, le echaría de casa y le pediría el divorcio. Él la despidió, pero eso no me satisfizo ni me hizo sentir culpable, ya que le dio una muy buena indemnización y parece ser que enseguida encontró un nuevo trabajo.

Por suerte, nadie de la empresa le contó a mi esposo lo que yo había hecho con su secretario y otros de sus empleados. Supongo que hicieron un pacto de silencio por miedo a que él los despidiera. Pero yo no me sentía bien y quería vengarme de mi marido. Pensé que casi hubiera preferido que se hubiera enterado de mi infidelidad con cuatro de sus trabajadores de confianza; pero no se lo podía decir, no querría que les castigara con el despido.

La verdad es que Roberto ha estado estos últimos días muy amable y cariñoso conmigo, pero en la cama, nada de nada. Y yo, dándome placer con los consoladores y así he estado pasándome la calentura. Pero ha ido dando vueltas a mi cabeza qué podía hacer para que Roberto sintiera el disgusto y la vergüenza que me hizo pasar cuando le vi con Margarita haciéndole una mamada y luego me enteré de que llevaba tanto tiempo siéndome infiel. Así que tuve una idea. Una idea muy caliente. Y humillante para Roberto. Una buena lección para él.

—Roberto, ¿qué te parece si invitamos a Álvaro y a Pamela a comer a casa? Así conoceremos mejor a su actual novia.

—Me parece bien, Ana. Como tú desees. Parece una chica muy simpática.

—Y muy guapa ¡no me digas que no!

—Bueno, eso también, aunque no me fijé mucho.

—Ya, seguro.

Luego, algo más tarde, esa misma mañana, envío un mensaje a Álvaro, nuestro vecino: “Hola, Álvaro. Hace bastantes días que no nos vemos. Te invito a ti y a nuestro vecino Nacho a cenar mañana. A las nueve en punto.” Y él me respondió: “Ana, lo siento, pero mañana no puedo. Ya hemos quedado con Pamela que vamos a cenar fuera.” Y yo le contesto: “Tú mismo. Pero o mañana o nunca. Si no vienes, te vas a arrepentir. Búscate cualquier excusa para contar a tu novia. Cocino muy bien y caliente. Te lo prometo. No vas a pasar hambre” y le añado el icono del guiño, el del melocotón y el de la berenjena.

Y él escribe: “Me lo imagino. No querría perdérmelo, vecina cachonda. Intentaré arreglarlo”. Y yo: “Mañana a las nueve en punto. Díselo a Nacho, por favor. Hace mucho que no pasamos un rato juntos con él. También podrá saciar su apetito.”

Ya tengo la mesa parada para cuatro y todo a punto cuando llega mi esposo poco después de las ocho.

—Me voy a duchar y a preparar, Ana. Está todo muy bien.

—Sí, cariño – me da un beso en la mejilla – Yo también voy a prepararme para recibir a los vecinos.

En la habitación, me quito la ropa y me pongo unas braguitas blancas minúsculas, un vestidito de criada negro muy escotado, con delantal blanco, y una faldita muy corta. Dudo de si ponerme sostén o no. Me lo pongo y veo que me queda muy bien, que se me ve por encima del vestido y eso, aparte que me realza aún más mi pecho. Me quito las braguitas, húmedas de solo pensar en lo que me espera, y me pongo unas medias negras de rejilla que me llegan un poco por encima de las rodillas, con sus correspondientes ligas.

—¿Pero, vas a recibir así a nuestros vecinos? ¿Con tu disfraz de criada sexy?

—Pues sí, Roberto. Ya que lo tengo, para algo servirá, ¿no? ¡Ya que tú no me haces ningún caso!

—Mujer… no empieces, por favor.

—Así no vas a dudar de si tu mujer es la más guapa de la cena.

—Ay, no sé, ¡qué pensarán nuestros vecinos!

—Les gustará, Roberto, les gustará.

Llaman a la puerta y mi esposo va a abrir:

—¿Eh? ¡Oh! ¡Hola, Álvaro! ¡Hola, Nacho! ¡Qué sorpresa!

—Ah, sí, Roberto. No te dije que ha habido un cambio de planes y Álvaro viene con nuestro vecino Nacho, en lugar de su novia Pamela. Ella no podía venir hoy ¿verdad, Álvaro?

—¿Eh? ¿Cómo? ¡Ah!, No, no, ella… bueno, está algo indispuesta y… — balbucea sin dejar de mirarme sorprendido en mi disfraz de criada sexy.

—Y por eso invité a nuestro otro vecino preferido, Nacho. No hay ningún problema, ¿no?

—No, no, al contrario. Esto… -mi marido duda —¡Pasad, pasad!

—¡Gracias, Roberto!

—Gracias, vecino.

Yo les recibo con un beso en la mejilla y, disimuladamente, con un pellizco en las nalgas y les susurro: “¡Lo vamos a pasar bien, portaos como hombres!”.

—Antes de la cena, bebemos un poco y tomáis un pequeño aperitivo.

Les sirvo bebidas, inclinándome ante ellos para que vean bien mi escote, y digo:

—Bueno, el aperitivo es esto: ¡mirad bien! Voy a quitar el polvo de este mueble tan bajito.

Me doy la vuelta, les doy la espalda y me inclino para que los tres hombres puedan ver bien mi culo y lo meneo ante ellos, simulando que quito el polvo.

—Pero, Ana, ¿qué haces?

—Tú calla y mira, Roberto ¡Como me vuelvas a molestar, pido el divorcio!

—¡Ana, por favor!

—No hay nada malo en qué haga un pequeño show para los vecinos, ¿verdad?

—No, no, Ana – sonríe Álvaro.

—Al contrario, me gusta, ¡me gusta! – contesta Nacho. — Bueno, si eso no molesta a Roberto.

—¡Ana, eres mi esposa!

—¡Como te vuelva a oír, te vas ahora mismo de casa!

—No, eso no, por favor. Pero…

—¡Pues calla de una vez!

Vuelvo a dar la espalda a los tres hombres y me inclino y digo:

—¡Oh, ahora me acuerdo de que no llevo bragas! Soy una criada despistada, je, je, je. Menos mal que tengo el culo bonito, ¿no? – les digo meneándolo ante ellos.

—¡Muy bonito, Ana! – exclama Álvaro.

—Sí, sí – dice Nacho.

—¡Ay, oh, me pica un poco el ano! —enseño a todos mi agujerito y mi sexo húmedo y sonrosado – ¿Alguno puede rascármelo por favor mientras sigo quitando el polvo?

—¡Yo, yo! – gritan Álvaro y Nacho y acuden enseguida a mi llamada y noto que me abren las nalgas y ya me meten dedos en el ano. Entonces yo les digo que también me pica el chichi y que lo tengo muy mojado. Ellos no se hacen de rogar y me introducen también dedos en la vagina cosa que hace que me excite y gire mi cabeza para que mi marido me vea tan caliente y beso primero la boca de Roberto y luego la de Nacho y las noto sabrosas y con gusto a alcohol.

—¡Te estás pasando, Ana! – dice enfadado mi esposo.

—¡Vuelve a sentarte y calla!

—¡Y vosotros dos, dejad a mi mujer!

—Como no sigáis siendo cariñosos conmigo, nunca más me tendréis, ¡os aviso! Ya que tú Roberto no te portas como un hombre conmigo, deja que ellos lo hagan.

Y en eso que abrazo a Álvaro para que sienta mis pechos y bajo hasta su bragueta muy abultada, le saco el miembro y empiezo a masturbarlo y luego a besarlo y a lamerlo lo que hace que siga creciendo hasta que lo agarro con las dos manos. Lo introduzco en mi boca deseosa y noto que otro glande me acaricia la mejilla y yo abro la boca también para el pene de Nacho y lo junto al de Álvaro. Les hago una mamada conjunta que me excita sobremanera y en cuclillas y chupando las dos vergas me empiezo a masturbar con las dos manos y después dejo de sorber los penes de los vecinos y me voy andando a cuatro patas y moviendo el culo sensualmente a mi habitación.

Vuelvo enseguida andando como una gatita en celo y con los dos consoladores, rosa y verde, en la boca y los dejo en el suelo ante los dos vecinos que los recogen. Yo me relamo. Me siento en el sofá y separo mis labios vaginales para que ellos me penetren conjuntamente con los dildos. Les agarro las vergas muy erectas y las vuelvo a llevar a la boca y me masturban con los consoladores. Empiezo a suspirar y a gemir hasta que grito que siento que me voy y tengo un orgasmo. Chillo de placer mientras me corro.

Después ofrezco los dildos empapados a los dos vecinos para que los saboreen en la boca y dicen que están riquísimos. Les agarro sus penes conjuntamente con ambas manos, los apunto a mi cara y les masturbo hasta que se corren como locos y me lanzan chorros de lefa a los labios, las mejillas, los ojos, la frente, la nariz, el cuello y hasta en el pelo. Cuando ya están escurridos, les guiño un ojo y voy recogiendo el semen y lo saboreo y trago con gusto mirando a mi marido.

—Bueno, ya está, Ana, me has dado una lección. Entiendo. Es tu venganza. Me lo merecía. Pero ahora, vecinos, os pido que os vayáis de mi casa.

—¡Calla, Roberto! También es mi casa.

—Ya sé. ¡Pero vamos a dejarlo!

—No, ya dije que esto es solo el aperitivo. Todavía falta la cena.

—Vale, pues vístete bien, o por lo menos ponte bragas, y vamos a comer.

—Sí, pero el caso es que no llegó todavía la cena.

—¿Qué? ¿Pero es que no preparaste tú la cena? —pregunta mi marido Roberto.

—Pues no. Pedí un servicio de catering y estará a punto de llegar – en ese momento suena el timbre – Oh, mira, ya están ahí. ¡Voy a abrir!

—¡Mujer, no vayas a abrir así, con este vestido tan corto y sin bragas!

—No, no, Roberto, no hace falta. ¡Ahora vas a ver que es mejor que vaya a abrir así! Quiero estar a punto y dispuesta.

—¿Cómo? ¿Dispuesta para qué?

—Pasad, pasad. Hmm, ¡qué guapos! Mira, Roberto, estos son los camareros que van a servir la cena – entran tres jóvenes muy atractivos.

—¿Tres? Pero… ¿Y la cena?

—Bueno, verás, la cena… soy yo. Quien quiera cenar, claro. ¡Supongo que tú no querrás, cornudo picha fría! – digo a Roberto mientras me bajo el escote y muestro el sostén a todos y pido a los tres “camareros” que vengan y me lleven en volandas hasta mis vecinos y estos enseguida me quitan el sostén y me empiezan a sorber mis tetas y a lamerlas y a mordisquearlas.

Uno de los camareros, el más guapo, toma los dildos y me penetra el chocho con ambos. Yo tomo los penes de los vecinos ya algo morcillones y los masturbo hasta que van creciendo en mis manos y las van humedeciendo. Me las lamo y les digo que quiero sus pollas en mi chocho caliente y húmedo, en ese momento lleno con los dildos.

El camarero guapo me saca los consoladores chorreando y me separa las piernas y ofrece mi sexo rezumando a Álvaro y a Nacho. El primero, ya con el pene totalmente erecto, me penetra de golpe y yo experimento un orgasmo al momento y grito mientras oigo que Álvaro dice a Roberto que vaya puta está hecha tu esposa mientras bombea y bombea mi coño y agarro la polla de Nacho e intento que me penetre junto a la de Álvaro.

Pero no lo consigue al tenerla enorme, aunque introduce la punta de su verga y hasta la mitad y yo miro a mi esposo y veo que abre la cremallera de su pantalón y saca su hermoso pene tieso y empieza a masturbarse porque al cabrón le excita ver a su mujer siendo follada conjuntamente por sus dos vecinos y esto me calienta tanto y me abro más para que las dos trancas entren casi completamente en mi vagina.

Siento morir de placer y acaso de dolor, pero más de gusto porque siento un orgasmo bestial y lanzo una cantidad enorme de squirt a gran presión que moja a los falsos camareros y el más guapo no evita decir que qué guarra es la señora. Le digo que se acerque y también a sus dos compañeros y los tres no pueden evitar amorrarse a mis pechos, calientes y enrojecidos, con los pezones a punto de reventar, mientras el guapo me intenta meter el dildo rosa por el culo sin conseguirlo al estar tan llena con los penes de los dos vecinos.

Otro de los camareros, el más alto, me abre las nalgas con fuerza y me escupe un par de veces en mi agujerito trasero mientras el camarero más moreno me encula con el dildo verde que recibo con dolor y gusto. Empieza un mete-saca que junta al bombeo de las pollas de mis dos vecinos en mi coño mientras los camareros me maman y besan las tetas.

Tengo orgasmo tras orgasmo dejando a los cinco hombres bañados de mi squirt y veo que mi marido por fin se acerca y apunta su pene a mi cara y le digo que no se atreva, pero él dispara un chorro caliente de esperma a mi nariz y otro a mi barbilla y otro a mi boca y yo lo trago con gusto mientras digo que no tenía derecho y que es un mal marido y que me ha estado engañando mucho tiempo, pero que su leche es deliciosa y que gracias y él dice que soy una guarra mientras sigue llenando mi cara de su lefa.

Digo a los vecinos que quiero que acaben en mi boca que estoy hambrienta y ellos no se hacen de rogar, ya que sacan sus penes de mi chocho y lanzan su leche deliciosa a mi cara y yo la saboreo y me la llevo a la boca con la lengua y les digo que gracias mientras Álvaro gime y me llama puta y Nacho suspira sin dejar de masturbar su pene para darme todo su semen.

Les digo a los camareros que si quieren pueden cobrar en especie y les guiño un ojo y aprovechan que tengo el coño húmedo y caliente para llenármelo de golpe con dos pollas y el culo con otra lo que hace que me sienta morir, ya que nunca había tenido tres penes dentro de mí, pero el placer me gana y me corro de nuevo.

Les pido que por favor no paren y que me está dando por el culo, vuelve a decir que soy una señora muy guarra y yo le digo que sí y Álvaro me pone el consolador rosa en la boca y yo lo chupo y lo lamo viciosa mirando a mi marido que no puede evitar mirar la escena. Le pido a Nacho que me meta el otro consolador por el culo y él lo junta al rosa en mi boca para que lo humedezca con mi saliva y el semen que aún tengo en ella.

Me abre más el culo para intentar penetrarme con el dildo junto al pene del camarero más guapo que repite que soy una guarra y le digo que no pare de darme por el culo y él no duda en obedecerme y me agarra las tetas con fuerza y me muerde la nuca y el cuello y me besa y se corre en mis entrañas y yo recibo su leche con un orgasmo y del gusto me abro hasta que Nacho consigue introducir una buena parte del consolador y empezar a moverlo en mi ano y yo digo que son unos bestias y que no paren y Álvaro me llama puta y Roberto guarra mientras el primero sigue jugando con el dildo rosa y sus labios y su lengua en mi boca.

Yo les suplico a los camareros que me den su leche y ellos enseguida llenan mi coño y su semen resbala por mis muslos hasta las medias y tengo orgasmo tras orgasmo.

Los camareros me dejan en el suelo y me doy cuenta de que mis vecinos vuelven a estar empalmados y le digo a Roberto que en la cena no puedo dejar a mis vecinos así con hambre verdad y me pongo en cuclillas y tomo sus penes con mi boca mientras con una mano me acaricio el sexo, desde el clítoris hasta el ano, y subo mi faldita hasta la cintura para mostrar el culo a mi marido y él se da cuenta de que mi flujo mezclado con el semen de la vagina y el culo resbala por mis muslos y me dice guarra y yo le contesto, con los dos penes en la boca, que sí y que si fuera un hombre me daría por el culo.

Y él se pica y me encula salvajemente mientras chupo los penes de los vecinos si cesar y me contorneo para que mi esposo tenga placer en mi culo y se corre y me grita guarra.

Yo agarro los testículos a Nacho dice que si le acaricio así los cojones no podrá aguantar y le digo que por favor no aguante y que me llene de leche y él saca su enorme pollón y me ducha las tetas con su semen y le aprieto los huevos para que no le quede nada dentro y enseguida agarro los testículos de Álvaro y se los chupo hasta que se viene también a mis tetas hirviendo y con los pezones apuntando para arriba y recibiendo la ducha blanca y les digo que se sienten en el sofá porque me voy a correr en sus caras y me subo y me abro de piernas y les doy toda mi ambrosía.

Los camareros totalmente empalmados vienen y besan mi espalda, mi cuello y mis nalgas y yo, en agradecimiento, les hago una cubana conjunta y el guapo dice que soy una señora muy puerca y se corren y acabo la cena tomando y saboreando todo el semen de mis tetas y de mi culo.

—Creo que mi marido habrá aprendido la lección y nunca más me será infiel. Pero bueno, no sabemos lo que nos depara el futuro.

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