Ana, esposa amante

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Soy Ana. Estoy casada con Roberto desde hace algo más de diez años. Quiero a mi marido con locura, como el primer día, más que ayer, menos que mañana, como se suele decir. Nunca he sido infiel a mi marido y, la verdad, nunca antes había pensado en serlo. Hasta hoy.

En la cama, mi marido es un buen amante. Nos besamos, nos acariciamos, hacemos el amor con ternura, con cariño. A veces delicadamente, a veces con fuerza. Una vez o dos al mes. Y ese es el problema. Ese es mi problema. Hasta hoy.

Al principio, al cabo de un par de años de casados, me compraba ropa sexy para animar a mi esposo, pero poco a poco, él ha ido perdiendo interés en hacerme el amor y de poco me sirven mis braguitas de encaje, mi sostén de fantasía, mis falditas cortas, mis disfraces sexy o mis ligueros. Casi siempre me siento transparente ante Roberto. Excepto una vez al mes, en qué hacemos el amor y tengo mi orgasmo reglamentario. Una vez al mes. Hasta hoy.

Hace unos años me compré un consolador. Temí que mi esposo se ofendiera o se enfadara, pero la verdad es que le pareció bien. Incluso me dio la impresión que se sintió algo liberado. Y lo cierto es que el consolador me ha venido muy bien durante este tiempo y me ha dado mucho placer. Es de color rosa, poco más largo de un palmo, grueso como un plátano de buen tamaño. Lo he utilizado casi a diario. En algunas ocasiones, más de una vez. Yo antes, ni de soltera ni de casada, nunca me había masturbado. Pero ahora, con mi consolador, me doy placer muy a menudo y me he sentido satisfecha. Hasta hoy.

Cuando juego con mi consolador, suelo pensar en Roberto. Que me acaricia, que me penetra, que me folla apasionadamente. Y yo me corro con los ojos cerrados, imaginándomelo encima de mí, debajo de mí, detrás… Siempre él, siempre él haciéndome el amor. Como en nuestros primeros años. Siempre pensando en él. Hasta hoy.

Porque hoy pensé en Álvaro. Nuestro vecino. Y mi orgasmo, mientras pensaba en Álvaro y me acariciaba con el dildo y me penetraba con él, fue el mejor que he tenido en mi vida. Siempre encontré que nuestro vecino era muy guapo, muy atractivo, muy sexy. Pero nunca pensé en él como posible amante. Hasta hoy.

Esta mañana mi marido se fue al trabajo como cada día. Se despidió con un beso. En la puerta vi a Álvaro que entraba en su piso. Nos saludamos amablemente. Es muy educado. Y, al masturbarme, no pude evitar imaginarme que estaba con él. Y el placer fue inmenso. Desde ese momento no puedo quitarme a Álvaro de la cabeza. Pienso en él y noto que humedezco las braguitas. Al mediodía, he vuelto a coger el consolador y he vuelto a correrme pensando en Álvaro. Pero ni así me puedo quitar a mi vecino de mi pensamiento, de mi deseo.

He decidido ir a ver a Álvaro. Cualquier excusa me servirá. Quizá que nos falta sal para la cena. No tengo la intención de hacer nada con él, sólo verle, a ver si me pasa la tontería, hablar de cualquier cosa. Quizá me invite a tomar algo. Suele ser muy amable. Una vez, sólo una, Roberto y yo fuimos a su piso y nos invitaron a tomar vino. En ese momento, todavía vivía con su esposa, Carla. En varios momentos descubrí a Álvaro mirándome, aunque apartaba la vista al verse descubierto. Lo cierto es que pensé que yo le gustaba.

Otro día, ellos dos pasaron un rato en nuestro piso. E igualmente me di cuenta de que Álvaro me miraba disimuladamente. Pero yo, enamorada como estaba y como estoy de Roberto, nunca pensé tener nada con Álvaro. Luego se separaron con Carla y creo que después ya se divorciaron. Desde entonces, él vive sólo.

-Álvaro, hola, mira que… bueno, pues que… ¡no te lo vas a creer!

-¿Qué? ¡Hola, Ana! Pero pasa, pasa, mujer. ¿Qué ocurre?

-No, bueno, no hace falta que pase… es solo que… aunque si insistes…

-Claro que sí, no te quedes en la puerta. Ven, siéntate, aquí, en el sofá. ¿Quieres tomar algo?

-¿Eh? Yo… bueno, no. Es que… parece una broma, pero, es que no tengo sal. Y había pensado…

-¿Sal? ¡Ja, ja, ja! ¿Qué te preste algo de sal? Sí, mujer, ¡toda la que quieras! Espera, voy a la cocina y te la traigo.

-¡Gracias, eres muy amable!

Instintivamente desabroché un botón de mi batita rosa y me la subí un poco para mostrar mejor mis muslos. Al volver Álvaro noto que se da cuenta y no puede evitar mirarme con unos ojos como platos.

-Hace calor, ¿verdad, Álvaro?

-Sí, demasiado. ¡Pero bueno, tan elevadas temperaturas también tienen sus cosas buenas! – dice pícaramente mirando descaradamente mis piernas.

-Oh, Álvaro, ¿lo dices por… porque sólo llevo esta batita? Bueno, claro, así iba por casa y, como nada más he venido un momento a pedirte sal, pues claro, no me iba a vestir para venir. – lo cierto es que me puse esta bata a propósito, así como el tanga blanco de encaje, y además, me quité el sostén antes de salir.

-Claro, Ana, hay confianza, somos vecinos y eso. Toma, bebe este vino, a ver qué te parece.

-Oh, bueno, gracias, pero sólo probarlo. Nunca bebo y enseguida se me sube a la cabeza. Hmm, ¡Qué rico! Ay, tengo mucho calor. No te importa que me desabroche un botón de la batita, ¿verdad?

-¿Eh? ¿Otro? No, claro que no ¡je, je, je! Al contrario.

-¡Ay, qué pícaro eres! ¡No mires tanto mi escote! – digo yo tomando mis pechos y subiéndolos hasta casi mostrar mis aureolas.

-Ana, ¿cómo no voy a mirar? ¡Veo que no llevas sostén!

-Ya, en casa no suelo usarlo – mentira – La verdad es que no los necesito, ¿verdad?

-Bueno, yo no sé, parecería que no.

-¿No me crees? Pues mira, hay confianza – y me desabrocho dos botones más y saco mis pechos de la bata. – Qué, ¿qué te parece?

-¡Oh, pues que tienes unas tetas espléndidas!

-¡A que sí!

-Perfectas.

-Así con la bata casi completamente desabrochada estoy más fresquita.

-Mujer, ya para un par de botones que te quedan, ya podrías…

-¿Desabrocharlos todos? Bueno, es buena idea, ¡sí! – y me abro la bata completamente enseñando la barriguita i las braguitas a mi vecino.

-¡Oh, qué bragas tan bonitas!

-Son muy pequeñas, ¿verdad?¡Es un tanga, mira! – me doy la vuelta, me subo la batita y enseño el culo a Álvaro para que vea que, por detrás, el tanga es sólo un hilo dental que no tapa nada.

-¡Hmmm, estás buenísima!

-¡Hombre, gracias! ¡Qué amable!

-Oh, ¡y qué bien hueles! – se alegra mi vecino con la nariz pegada a mi culo, oliendo el perfume que me puse por todo el cuerpo antes de salir.

-¿Sabes? Si no te importa, me quito la bata, ¡así estaré más fresquita!

-No, no me importa, ¡no! ¡Al contrario! – y me quedo en bragas ante mi vecino.

-¡Oh, mira! ¡Con el calor, tengo el tanga totalmente empapado!

-Vaya, pues sí.

-Oh, espera, no, no es sudor, no. Mira, huele. – recojo algo de mi flujo y lo acerco a la cara de mi vecino. -¡Pruébalo

-¡Hmm, que bien sabe! No es sudor, no, tienes razón.

-Me saco las bragas, si no te molesta, ¡que no quiero mojarlas!

-Sí, mira, ¡ya te las quito yo! ¡Hum!

Me baja las braguitas, las huele, enseguida acerca su mano a mi sexo húmedo, recoge más flujo, se lo lleva a la boca, lo saborea, se alegra del gusto, se pone en cuclillas, empieza a lamerme la vulva, introduce su lengua en mi vagina, lame mi clítoris, yo me corro en su cara que empapo completamente, él se bebe todo mi orgasmo, me penetra con todos los dedos de su mano derecha menos el pulgar, me vuelvo a correr, pero no me quedo satisfecha todavía y abro mis labios vaginales para que mi vecino admire mi sexo sonrosado y húmedo e introduzca casi por completo su mano en él y yo me vuelvo a correr y suspiro, gimo, y grito, y le pido más y más.

Y él no para de acariciarme la vagina y yo tengo orgasmo tras orgasmo, pero no es suficiente, y él me mete un dedo de la otra mano en el ano, y luego dos, y enseguida tres y hasta cuatro, y él se saca su verga del pantalón, me sorprende que sea tan larga, me da la vuelta, me agacho para darle una vista perfecta de mi sexo y de mi ano y él escoge penetrar mi vagina y yo le respondo con un orgasmo y él me acaricia hábilmente mi clítoris y yo, con su pene caliente y largo dentro de mí, expulso una gran cantidad de squirt, mi primera vez en la vida, no sabía ni qué era eso, y me siento morir de placer.

Y él sigue follándome y acariciando mi clítoris, y saca su verga de mi vagina y la mete hasta el fondo, y la mueve dentro de mí, ambos llenos de placer, y yo le pido más y más y él saca su pene e intenta penetrar mi ano, pero no puede ya que por allí soy virgen y le digo que nunca me han dado por detrás pero que si quiere le dejo que él me estrene el culo y Álvaro dice que tengo el agujero muy pequeño y yo le digo que me lo abra, que me parta en dos si quiere y al decir eso me excito tanto que vuelvo a tener un orgasmo y otra eyaculación vaginal, siento casi morir de placer.

Y él me escupe el agujerito y toma mi squirt, lo saborea y humedece mi culo con él, y vuelve a coger más squirt para mi culo, y él está tan caliente y tiene el pene tan duro que me penetra con fuerza y consigue entrar hasta la mitad dentro de mi culo, y lo saca y vuelve a penetrarme, ahora me lo mete casi todo entero, y yo grito de dolor y de placer, y él me besa la nuca y me toma la cintura y me acerca más a él, y agarra mis caderas para metérmela más a dentro, y yo empiezo a contraer y a dilatar mi esfínter, rítmicamente, para dar más placer a mi vecino y aunque me duela, también siento mucho placer, y más cuando coge mis tetas con fuerza y las acaricia y masajea como si el mundo se acabara y bombea mi culo con fuerza y yo me corro hasta que él me llena el culo con su semen mientras yo lo muevo para que su placer sea el más intenso.

Y cuando saca su pene de mi ano yo recojo su leche de él y la saboreo y miro a mi vecino con cara de placer, de vicio y de inocente a un tiempo y él me besa, me introduce su lengua hasta el fondo de mi garganta, me abraza, pega su pecho a los míos, acompaña mi respiración con su abrazo, baja sus manos hasta mis nalgas, me introduce el dedo medio de cada mano en el culo, yo lo siento muy sensible y gimo y él acerca esos dedos a mi boca y yo los chupo y él me vuelve a penetrar mi ano con ellos y los mueve dentro de mis entrañas y luego introduce de nuevo su verga milagrosamente dura y erecta en mi ano y yo le respondo con un gemido que se convierte en un grito de placer cuando experimento un nuevo orgasmo y le lanzo un chorro de squirt caliente a su barriga.

Y él me lo agradece moviendo su pene en mi culo y diciéndome que siempre se había imaginado follándome, incluso cuando estaba con Carla, pero que nunca pensó que sintiera tanto placer, y que qué suerte tener una vecina tan atractiva y caliente y que jamás había pensado que tuviera un culo tan rico y yo ante esas palabras y con su pene tan caliente en mi ano no ceso de tener orgasmos y de abrazarme y besar a Álvaro hasta que él me tumba en el sofá, todavía con su verga en mi culo y me dice que qué placer darme por culo y me empieza a masajear las tetas y a chupar los pezones y mete una mano casi entera en mi vagina mientras con la otra me acaricia locamente el clítoris y yo no ceso de regarle con mi recién descubierto squirt abundante y caliente hasta que me vuelve a llenar el culo con su semen hirviendo y yo se lo agradezco con más y más orgasmos.

-Álvaro, la sal, pues no me la llevo, no la necesito la verdad. Eso sí, gracias por tu lechecita rica. Y por favor, no digas nada de eso a mi marido. Le quiero mucho y no deseo darle ningún disgusto, pobre. Si te portas bien, esta no será la última vez que te visito -le digo mientras me pongo la batita, más que nada por si hubiera algún vecino en la escalera. Las braguitas se las dejo a mi vecino para que tenga algo de mí.

-Mira, Ana, si tú me vas visitando de vez en cuando, no temas que le diga nada a Roberto.

-De acuerdo, volveré más pronto que tarde.

-Sí, sí, por favor, que ya empiezo a añorar tu culo.

-Ay, por favor, ¡no exageres! Aunque la verdad, yo ya echo en falta tu polla, hmm, ¡que larga y rica está!

-Oye, pues mira, no te marches. Yo ya vuelvo a estar a punto. ¡Te puedo volver a dar por culo ahora mismo!

-Ya me gustaría, ya, pero son las ocho y mi marido está a punto de llegar. Y no quiere que me pille aquí, y menos así con la batita, sin bragas ni sostén. Ni disgustarle por nada. Le quiero mucho. ¡Adiós, guapo!

-¡Adiós, tía buena!

-¡Adiós, semental!

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