Anahí me hizo suyo (2)

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Luego de haber saboreado la deliciosa lechita de Anahí, le propuse que ahora fuera ella quien estuviera dentro de mí.

—¿Cómo amor? ¿Estás diciendo que ahora me quieres dentro de ti?—me preguntó.

—Si tú quieres, entonces sí —le respondí.

—Pero espera amor, hace mucho que no hago de activa y no sé si mi pene pueda con otro round —decía mientras reía.

—Si quieres esperemos un poco, al fin y al cabo tenemos toda la noche solo para nosotros —le dije.

Esas palabras parecen haber agradado a Anahí, quien me levanto y me dio un beso con su lengua traviesa mientras jugaba con la mía. Nos acostamos en la cama, completamente desnudos, ella recargada en mi brazo con su pene ya flácido sobre mi entrepierna.

—¡Eso estuvo delicioso! —me decía mientras secaba su frente luego de tan desenfrenados minutos de pasión.

—Sí, jajaja. Hace mucho que no disfrutaba así. Me preocupaba no haberlo hecho bien —le dije.

—Para nada, hasta parece que ya tenías experiencia con los penes femeninos —me dijo.

Por un momento me puse reflexivo recordando a Regina, mi ex novia trans con quien tuve una breve pero muy intensa relación apenas hacía unos meses. Creo que Anahí lo notó y me preguntó por qué había cambiado mi semblante.

—¿Dije algo malo? En mi cabeza sonó simpático decirte que parecía que ya habías estado antes con una chica trans, pero no esperaba que te entristecieras —me dijo Anahí entre en broma y extrañeza.

—No, descuida, no es nada malo —le contesté.— Es que la última vez que había hecho algo así fue con mi ex, que coincidentemente también es una chica trans.

—Ya decía yo que parecía que alguien te había enseñado a mamar pene de chica… Te veías muy ansioso de tener el mío en tu boca —dijo con algo de risa.

Ahí me abrí completamente con Anahí. Le platiqué cómo había sido mi relación con Regina y su inminente desaparición de mi vida, cosa que nuestra amiga común, Joanna sabía y por lo cual me hacía completo sentido que hubiera hecho todo lo que hizo para que Anahí y yo termináramos juntos en su fiesta.

Ahí también me platicó que ella conocía a Joanna desde que eran prácticamente niños, pero que tras la separación de sus padres, Anahí siendo aún un chico se había mudado a casa de su madre a otra ciudad y que su reencuentro se produjo años después cuando Anahí, de vuelta en la Ciudad de México, empezó sus estudios universitarios y estaba dispuesta a hacer su transición.

También me dijo que Joanna había sido una gran amiga puesto que estuvo con ella cuando empezó a tomar sus hormonas recién cumplidos los 18 años y que le ayudó a darle la noticia a sus padres.

—Wow, ¿entonces se puede decir que Joanna es como si fuera tu hermana? —le pregunté.

—Más que eso. No sé qué haría sin ella, ya que me ha acompañado en los momentos más difíciles pero también en otros muy felices. Conocerte a ti, por ejemplo, es algo que también le agradezco mucho a ella —me respondió.

—¡Qué curioso! yo conocí a Joanna cuando ambos íbamos en la prepa y cuando acabamos la escuela nos perdimos la pista un buen tiempo. Casualmente nos reencontramos porque hace apenas como tres o cuatro años le escribí para preguntarle si en su trabajo estaban contratando jajaja y fue así que recordamos lo unidos que éramos mientras estábamos en la preparatoria —añadí— Yo también estuve en momentos difíciles con ella, porque recuerdo que fui la primera persona a quien ella le confesó que era lesbiana y preparamos todo para contárselo también a sus papás. Recuerdo que en las fiestas a las que íbamos juntos a veces ella lloraba porque no sabía cómo ligar con otras chicas y con el tiempo terminamos haciendo competencias para ver quién lograba besarse con más mujeres cuando salíamos de antro o íbamos a fiestas juntos.

—¡Esas sí que son amigas! No como las niñas a las que ella considera amigas pero que solo están buscando cómo echarte a perder el día… Vi que ya conociste a una, esa tal Dianita que es más prejuiciosa y anticuada que nadie y varias veces ya me ha espantado a mis ligues diciéndole que soy trans. Sí es bonita, tiene buen cuerpo y lo que quieras, pero cuando se da cuenta que otros hombres me ponen más atención a mí que a ella, les dice que soy trans y logra alejarlos.

—Yo no sabía eso —le dije.— Pero sí me di cuenta que se puso un poco celosa cuando notó que yo no te quitaba los ojos de encima, jajaja.

—Es que las mujeres trans somos muy adictivas. Cuando los hombres nos prueban ya no quieren volver a estar con otra chica biológica jamás —me dijo.

—En eso sí que tienes razón. Creo que después de mi primera experiencia ya nunca ha sido nada igual —rematé.

—¿Qué es lo que más te gusta de las chicas como yo? —me dijo mordiéndose los labios mientras noté que su pene empezaba a despertar de nuevo.

—Es que ustedes son únicas, lo mejor de los dos mundos. Yo no sabía que se podía sentir tan delicioso ver la carita tan dulce de una mujer como tú mientras siento cómo su pene se abre paso entre mis entrañas —le dije mientras empezaba a acariciar la cabecita de su pene todavía un poquito pegajosa por mi saliva y con algo de líquido preseminal que empezaba a salir.

Ella también empezó a estimular mi pene con una de sus manos, mientras la otra se acercaba peligrosamente hacia mi ano y con su dedo índice empezaba a hacer círculos alrededor de él.

—¿Sabes?—me dijo. —Creo que es algo muy masculino que a un hombre le gusten las mujeres trans. Siempre he pensado que a los hombres les gustan las mujeres normales por biología, porque es el ciclo natural… Pero cuando ustedes como hombres nos buscan a nosotras y deciden quedarse es porque de verdad sienten algo: amor, pasión o deseo sin ningún tipo de impulso biológico —remató.

—No lo había pensado así amor, pero desde que te vi, supe que quería algo más que solo estar contigo en esa fiesta —le dije mientras empezaba a sostenerla de su nuca acercándola a mi boca para darle un beso.

Y ahí estaba yo. Completamente desnudo, sosteniéndola por el cuello con una mano mientras con la otra le acariciaba su pene que se ponía cada vez más erecto. Ella hacía lo mismo, pero con una mano masturbando mi pene y la otra introduciendo primero uno, luego dos y al final tres de sus dedos en mi ano.

Dejé de besarla para decirle:

—Amor, creo que ya estoy listo para que me hagas ahora tuyo.

—Sí amor, ya desde hace rato le traigo ganas a esa colita tuya— respondió ella.

No sé cómo me acomodé porque volví a bajarme hacia su pecho para lamer sus pezones levantaditos por un par de minutos mientras le masturbaba su pene y ella seguía introduciendo sus dedos en mi ano. Terminé otra vez saboreando su rico pene que cada vez chorreaba más líquido preseminal calientito cuyo sabor aún no puedo terminar de sacar de mi cabeza. No sé si es mi imaginación, pero tanto su semen como su líquido preseminal tenían un sabor muy distinto al de Regina…

Es como si ambas tuvieran un sabor y textura diferentes: mientras que el de Regina era más líquido y según mi memoria un poco dulce, el de Anahí era un poco más espeso y ligeramente salado aunque sin ser desagradable. Es más, creo que en ese momento podría decir que me gustaba más el sabor del semen de Anahí que el de Regina; no sé si por despecho, calentura o simplemente no recordaba bien el sabor de Regina. En fin… mujeres.

Al cabo de un rato, el pene de Anahí ya estaba completamente firme. Sus venas se veían gruesas y se sentía ligeramente cómo punzaban mientras lo apretaba con mi boca. La cabeza de su pene estaba lisita, sumamente suave, de color rosa y su prepucio prácticamente liso también.

—Amor, creo que ya estoy lista. Mira nada más cómo me tienes —me dijo Anahí.

—Yo también amor, métemelo todo ¡ya! —le dije.

En ese momento, Anahí sacó sus dedos de mi ano y me dijo que me volteara, no sin antes pedirme que dejara su pene completamente ensalivado. Me volteé y sentí cómo empezó a juguetear con su rico pene en mi entrada. Escupió hacia mi ano para más lubricación y poco a poco me empezó a penetrar.

Como ya tenía varias semanas que no tenía un pene dentro de mi, al inicio sentí dolor que poco a poco fue dando paso al placer. Parece que Anahí lo sabía porque empezó a introducirlo de forma lenta y suave, hasta que de pronto, cuando ya tenía toda la cabeza dentro, lo metió de golpe haciéndome sentir un placer inmenso.

—Ay amor, no me esperaba eso —le dije mientras todavía me recuperaba de sentir su embestida.

Ella simplemente rio con lujuria diciéndome:

—Jajaja. Tú dijiste que querías tenerme dentro y no lo iba a hacer como tú quisieras, sino a mi manera. Hoy vas a probar una verga que no olvidarás nunca putit… Ah, que a ti no te gusta que te digan putita ¿verdad? pues hoy sí lo eres y vas a disfrutarlo —remató.

Anahí me sostuvo de la cintura y me hizo totalmente suyo. Su pene entraba y salía con fuerza, sin piedad y nada parecido a como yo estaba acostumbrado. Mientras bombeaba sentía como entraba hasta el fondo de mi, empujando todo a su paso, generando la sensación de que me revolvía todo hasta el abdomen.

Por momentos bajaba la intensidad, pero parecía que se daba cuenta y volvía a taladrarme con demasiada fuerza.

Yo no lo disfrutaba, lo gozaba por completo. Mis brazos que al inicio me sostenían se cansaron y no me di cuenta cuando mi cara terminó completamente apoyada sobre su almohada, que olía a ella y eso aumentaba más mi placer.

Después de unos minutos ella debió cansarse porque me dijo:

—Amor, cambiemos de posición porque aunque me gusta mucho tu colita de puta, esta posición me cansa un poco.

—Sí amor, creo que a mí también me vendría bien un cambio. Ya no aguanto las piernas —le dije.

Anahí sacó rápido su pene, lo me hizo sentir un gran vacío momentáneo, se puso boca arriba recostada sobre la cama y yo me senté sobre su regazo, volviendo a tenerla dentro de mí. Esta ocasión ya no se sintió dolor y desde el inicio todo fue placer. Ella se movía en círculos y yo simplemente me dejaba llevar.

Por iniciativa mía le dije que cambiáramos de movimiento, me encorvé acercando mi cara a su pecho suyo para que su pene ahora pudiera entrar y salir mientras yo lo apretaba y soltaba con mi ano, lo cual le gustó porque gemía haciendo evidente su placer. Yo gozaba por sentir su delicioso y jugoso pene en mi ano mientras con mis ojos se perdían en sus senos casi perfectos.

—Ay mi putita, digo, mi amor. Eres todo un experto, nunca me habría imaginado que lo pudieras hacer tan rico.

—Es que me encantas mi amor, y ya quiero tener tu lechita dentro de mi —le dije.

—No sé si pueda, ya te la tomaste toda hace ratito —dijo con picardía.

—Pues yo no sé, pero no quiero que acabe la noche sin volverte a dejar deslechadita —finalicé.

—Okey amor, entonces vuelve a sentarte bien y cabálgame hasta que termine —me dijo.

Yo hice caso y volví a sentarme, viéndola a los ojos con mucha pasión y empecé a cabalgarla desenfrenadamente. Veía como ella gemía de placer y de la nada me tomó por la cintura moviéndome fuertemente.

—Amor, estoy a punto…

—Sí mi amor —le dije. Dame toda tu lechita de mujer.

Y en un par de movimientos más, sentí cómo me empezó a inundar con su semen. Se empujaba hacia mí con cada chorro que salía y cuando estuvo por terminar, levantó su pelvis, lo que me hizo sentirla hasta lo más profundo de mí. Ella respiraba con cansancio y sus ojos apenas podían mantenerse abiertos, pero me sentía satisfecho por haber hecho un buen trabajo.

Lentamente me fui levantando y sentí cómo su pene salía de mí. Cuando por fin salió por completo, estábamos completamente mojados. Nuestros cuerpos sudaban, mi ano dejaba salir un poco de su semen y sus piernas estaban rojas y húmedas. Nos secamos con sus sábanas y me disponía a ir al baño pero ella me detuvo, me abrazó y me besó acariciando mi espalda y mi cabeza mientras sentía como su intensidad empezaba a escurrir por mis glúteos.

Nuestros ojos se cerraban poco a poco, mientras estábamos abrazados y mi nariz se deleitaba con su aroma y unos leves toques de lo que quedaba de su perfume. Nos quedamos dormidos mientras el sol comenzaba a asomarse por la ventana y empezaba a escucharse el ruido de una ciudad que empieza a despertar.

Continuará…

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