Nos despertamos alrededor del mediodía, abrazados y visiblemente padeciendo los estragos de haber hecho el amor tan apasionadamente, además de una ligera resaca propia de la gran fiesta del día anterior. Yo desperté primero, sin saber si lo que había sucedido hace unas horas había sido un sueño o algo real… pero Anahí ahí estaba frente a mi: desnuda, hermosa y yo solo podía saber que era un hombre muy afortunado.
Estuve aproximadamente media hora contemplando a Anahí mientras ella continuaba aún dormida sin imaginarme que eso terminaría haciendo que me comenzara a enamorar de ella. La chica dominante que había demostrado ser ahora parecía frágil, vulnerable y sumamente encantadora.
Tal vez Anahí sintió mi mirada encima de ella porque poco a poco empezó a abrir sus ojos que, en cuanto se abrieron miraron los míos y con una voz encantadora me dijo “buenos días mi amor”.
Yo respondí diciendo “buenos días preciosa” y me acerqué a ella para darle un beso, que ella respondió con ternura.
—¿Qué hora es?, no me di cuenta del momento en que nos quedamos dormidos —dijo ella.
—No lo sé amor, pero lo que sí sé es que nuestra noche fue magnífica —le contesté.
—No dejas de sorprenderme, chico guapo. Pero yo también sé que te quiero solo para mi —me dijo.
Al terminar de decir esas palabras volvimos a besarnos mientras yo le decía lo hermosa que era y que estaba feliz de que se hubiera aparecido en mi vida. Seguimos conversando y de pronto llegó una notificación a su teléfono. Ella lo revisó y con risa me dijo
—Amor, me escribió Joanna. Me preguntó si llegué bien a mi casa y si estamos bien.
—Jajaja, más que bien —le dije.— Dile que no se preocupe y que necesitamos tener otra fiesta tan increíble.
—Vale amor, así le digo. ¿Aunque sí aguantarías otra noche como la que tuvimos? —me preguntó con una voz pícara y traviesa.
—Sí mi amor, si por mi fuera, creo que no me desagradaría que todas nuestras noches fueran así —le contesté.
—Ay amor, nunca me había sentido como tú me hiciste sentir, pero creo que ya es hora de que nos levantemos, porque ya es mediodía y hoy tengo cosas importantes que hacer, además de que ya tengo mucha hambre —dijo Anahí.
—Claro amor, también yo debo regresar a casa y arreglar unos asuntos pendientes que dejé ayer y también me gustaría almorzar algo —le dije.
—Déjame preparar nuestro desayuno —me dijo.
—Eso me encantaría amor, veamos si eres tan buena en la cocina así como lo eres en la cama —le contesté.
—Jajaja, amor, no digas eso porque vuelven a darme ganas de hacer mío a Netito —dijo ella.
—Jaja, ¿A Netito? —le pregunté.
—Sí, ya decidí que así llamaré a tu colita. Si tú eres Ernesto, Netito es una parte de ti que me gusta mucho —respondió.
Ambos reímos y nos levantamos para meternos a la ducha. Yo seguía pensando con mucha risa y curiosidad en cómo Anahí había decidido bautizar así a mi ano hasta que repentinamente me dijo:
—Amor, corre al baño, porque Netito está llorando —exclamó con mucha risa.— Creo que me excedí mucho anoche.
Y sí era así. Al levantarme sentí cómo terminó de salir el semen de mi chica de mi interior, cosa que ella notó de inmediato y se burló de esa forma.
—Jajaja, vale amor, voy que corro —contesté.
—Prepara la regadera y empieza a bañarte amor, yo en un momento más te alcanzo, mientras me desmaquillo y busco unas toallas —me dijo.
Yo me dirigí a la regadera y era como la de cualquier otra chica: tratamientos para el cabello, mil jabones para la piel y para el cuerpo, cremas depiladoras… todo lo que una mujer usualmente utiliza para cuidar de ella misma. Tomé un jabón al azar y empecé a limpiar mi cuerpo.
En unos minutos llegó ella y comenzamos a bañarnos juntos. Esa escena era demasiado romántica. Verla enjuagar su piel, el shampoo en su cabello y el paso del estropajo por todo su cuerpo. Cuando empezó a limpiar su pene se me hizo súper sexy por ver su cara tan hermosa con unas manos suaves y delicadas sosteniendo su pene limpiándolo con especial cuidado y detalle. No soporté más y le dije.
—Amor, déjame encargarme yo de tu pene.
Ella accedió y con mi mano jabonosa comencé a acariciar su flácido y hermoso pene que comenzaba a despertarse.
—Amor, solo que tenemos prisa —me dijo.
—Espera amor, me voy a arrepentir todo el día si no hago esto —le contesté.
Quité todo el jabón de su pene, me arrodillé frente a ella y antes de meterlo a mi boca le dije:
—Es para que quede mucho más limpio.
Ella rio y poco a poco comencé a saborear el pene de mi chica. El agua caía sobre nosotros, yo volteaba a verla y ella me miraba también a mí, mientras me sostenía de la nuca empujándome a su pene y acariciando mi cabello mojado. Yo también acariciaba sus glúteos, piernas y espalda. Al cabo de unos minutos ella gimió y se corrió en mi boca, ya con menos intensidad, pero sí la suficiente para distinguir su delicioso sabor nuevamente. Me levanté, la besé en sus labios y le dije:
—Ahora tú.
Parecía que ella se estaba conteniendo porque me vio a los ojos con una mirada lujuriosa y solo alcanzó a decir:
—Está bien amor, pero sostenme mi cabello.
Así lo hice y ella comenzó a succionar con fuerza mi pene. Igual que en el auto lo hacía como una experta, estimulando con su lengua cada parte de mi miembro ya totalmente erecto. No aguanté más y terminé en su boca.
Nos besamos apasionadamente, terminamos de bañarnos y salimos a vestirnos.
Mientras nos arreglábamos ella me dijo:
—Guapo, no puedo creer que todo el tiempo quieras hacerme el amor, o bueno, creo que más bien no estoy acostumbrada, pero es muy lindo.
—No es nada amor, es así porque eres especial para mi.
Finalmente me abrazó, me besó y terminó de arreglarse. Yo tuve que ponerme mi ropa del día anterior y ella se puso unos jeans y una blusa verde de tirantes. Fuimos a la cocina y me pidió esperar sentado en la mesa. Preparó un almuerzo delicioso que acompañó con café y jugo de naranja. Mientras comíamos platicábamos sobre cosas del día anterior y cuando terminamos me preguntó:
—¿Cuándo podemos volvernos a ver? Lo que pasó entre nosotros fue único y me encantaría seguir descubriendo más de ti.
—Cuando tú quieras amor, creo que entre nosotros podría pasar algo muy hermoso —le contesté.
—¿Sabes? no se lo he dicho a nadie, pero siempre me había imaginado despertar junto a mi hombre y prepararle su desayuno para cuando él se fuera a trabajar… hoy has cumplido en gran medida ese sueño y creo que eres alguien especial —me respondió mientras una lágrima resbalaba por su mejilla.
Yo la besé y le dije que no se preocupara, que yo estaría aquí disponible para ella. Intercambiamos nuestros números de teléfono y me despedí.
Esa semana fue particularmente larga, pero al iniciar y terminar el día, sabía que tendría un mensaje de ella en mi celular. Desde un simple ¿cómo estás? hasta un “te extraño” me daban energía para continuar con mi día a día.
Cuando llegó el fin de semana y volvimos a vernos nuestro reencuentro parecía más bien una cita de novios que ya llevaban meses saliendo juntos y la flama del amor se encendió en nosotros. Aprovechábamos para vernos cada que así fuera posible, aunque fuera para tomar un café y el sexo se tornaba cada vez más romántico sin dejar de ser salvaje a veces yo penetrándola a ella o ella a mi e incluso uno después del otro. Yo era feliz por tener una chica tan hermosa, femenina y tierna a mi lado.
En una ocasión, después de ir a un bar fuimos a mi departamento a continuar de pasar la noche y mientras yo estaba sentado en el sofá ella comenzó a desvestirse enfrente de mí, me desabrochó la camisa, el pantalón y puso mi cinturón alrededor de mi cuello para llevarme a la cama. Nos besamos apasionadamente y me hizo un oral espectacular. Se preparó para que yo la penetrara y hasta el día de hoy creo que ha sido una de las noches más especiales de toda mi vida. Ella de espaldas levantando su cadera hacia mí, su cintura que parecía pedir a gritos que la sostuviera con fuerza, su piel suave y brillante, y su cara que yo alcanzaba a ver de perfil mirándome con cariño y mucha pasión. Esa, sin duda fue una noche inolvidable.
Lamentablemente todo llega a su final. Un día mientras yo revisaba mi correo electrónico recibí un mensaje que decía “Tu postulación ha sido aceptada”. No recordaba que algunos meses atrás, me había postulado a un máster de dos años en una universidad extranjera pagado por la empresa donde yo trabajaba en el que finalmente había sido aceptado.
Le dije a Anahí que si quería ella podía acompañarme, puesto que yo seguiría trabajando en línea mientras estudiaba y con eso alcanzaba bien para rentar un departamento y vivir juntos. Al inicio ella aceptó, pero me dijo que no renunciara a mis sueños en caso de que no pudiera venir conmigo y que sin importar lo que pasara, siguiera adelante.
Yo no tuve ningún problema para conseguir mi documentación migratoria, sin embargo ella sí, especialmente debido a que su trabajo era de ventas informales y no tenía forma de demostrar por qué pasaría dos años en el otro país. La última vez que nos vimos fue cuando me despedí de ella para tomar un taxi rumbo al aeropuerto y ella me regaló un llavero con una foto suya para que nunca la olvidara.
Seguíamos enviándonos mensajes a diario que cada vez empezaron a ser menos, debido a la dificultad de que nuestros horarios ya no coincidían o porque a causa de la presión de trabajar y estudiar, en ocasiones no me daba la vida ni siquiera para mí. Todo concluyó un día que yo me dirigía a la habitación que había alquilado después de clases y recibí un mensaje de Anahí en el que me dio a entender que lo nuestro no podía continuar porque ella ya había conocido a alguien más.
Con madurez nos despedimos agradeciéndonos mutuamente por los buenos momentos vividos, borré su número y días después arrojé el llavero que me había obsequiado a un río cercano para después dirigirme a una cervecería donde ya me estaban esperando unos amigos que había conocido en el tiempo que llevaba en ese país. Con el paso de los días conseguí una novia y volví a ser feliz, pero aún guardo el recuerdo del día en que una hermosa chica de vestido azul y cabello negro apareció en mi vida para hacerme suyo aunque fuera solamente por unos meses.
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