Baños clausurados (8): Parte 2 final

1
483
T. Lectura: 9 min.

En ese momento entró Beatriz, venía totalmente desnuda. Sus tetas grandes bamboleaban con cada paso que daba.

—¡Que hermosa orgia! Quiero todo, quiero sentirme una puta. ¡Ahhhh que hija de puta tenés las tres pijas para vos sola! Presta alguna.

Todos la miraron a la cara y por un segundo dejaron de hacer lo que estaban haciendo. Marta dejó el monster dildo y en silencio abrió un cajón y sacó el bozal.

—Parece que no entendiste tu lugar acá.

Le tendió el bozal y sin decir nada, Beatriz comprendió que no era una orgia solamente. Todos respondían a ella, la gerenta.

Se puso el bozal y cuando volvió a levantar la vista Marta le tendía el antifaz ciego. También se lo puso. Quedó parada sin moverse intentando escuchar e intuir lo que pasaba a su al rededor.

Suspiros, respiraciones fuertes, sonidos guturales de dolor y placer, pero ninguna palabra. Nadie decía nada y así pasó mucho tiempo lo que para ella fue eterno. Era mejor haberse quedado afuera que estar ahí adentro sin ver ni hablar. Sentía el sexo en el ambiente, agudizó todos los otros sentidos y notó que su vulva se estaba mojando. Sintió que una gota caía y rodaba por sus piernas, se reconoció excitada y recordó en las palabras de su marido “confía”.

Marta volvió a su master dildo el que estaba untando con un gel lubricante y mientras miraba como se la cogían a Emma. La joven hacía su mayor esfuerzo por recibir dos vergas dentro suyo y le excitaba verla, recordaba cuando ella misma se había entregado a tres hombres para probarse que era capaz de tomarlos a los tres juntos.

El monster dildo tenía por lo menos de largo 40 cm y en la parte más ancha unos 12 cm y en la punta que también se engrosaba llegaría a 9 o 10 cm. Era una bestialidad y se le sumaba una ventosa que lo adhería al piso firmemente dados los movimientos que la propia Marta hacía buscando penetrarse profundamente.

Emma ya gozaba plenamente de los tres hombres y llegaba su primer orgasmo, acabó gritando y dominando ella los movimientos. Empujaba hacia adelante y hacia atrás con fuerza cuando sintió que estaba por llegar el orgasmo, se olvidó de la pija de Ricardo no pudo sostener la atención de los tres y acabó.

Gritó sin decir nada.

—¡Ahhhh!

Beatriz se estremeció y separó sus piernas para frotarse el clítoris. No sabía si estaba permitido pero ella lo necesitaba. Cuando pasó el grito de Emma, Beatriz separó abiertamente sus piernas y se metió dos dedos en la concha.

—Parece que nuestra nueva incorporación sigue sin entender.

No pudo contestar y notó como le tomaban las muñecas y los tobillos y le ponían esposas. Evidentemente estaban atadas entre si porque no podía acercar sus manos a su cuerpo. Una vez más había sido castigada. Ahora no solo no podía ver ni hablar, sino que tampoco se podía mover y tocarse.

—Emma es momento de devolver un poco del placer que sentiste. Chupale la concha a la nueva. Carlos es momento que me regales un poco de tu leche.

Carlos se incorporó y sabía lo que tenía que hacer no era la primera vez que lo llamaban a la oficina para eso. Solamente tenía que masturbarse frente a Marta y acabarle en la cara y las tetas mientras ella se masturbaba con algunos de sus juguetes.

Mientras que intentaba apretar los movimientos y llegar rápidamente a la eyaculación, Emma con las piernas todavía temblando y un escozor en su cola y vulva se arrodilló frente a Beatriz y empezó a pasarle la lengua despacio. El clítoris de la mujer de Ricardo se asomaba desde de sus pliegues y ardía de caliente. Esto a Emma le encanto.

Tadeo que estuvo a punto de acabar dos veces dentro del culo de Emma se recostó en una de las puntas del sofá de tres cuerpos. En la otra punta Ricardo lo miraba con cara de lujuria.

—Tadeo no dejes que la pija de Ricardo caiga.

Esa frase lo destruyó, él no quería tener mucha interacción con Ricardo. No tenía problema que Ricardo saciara sus deseos con su verga pero no le agradaba tomar la iniciativa. ¿Qué esperaba Marta que se la chupara? No estaba dispuesta a eso.

Ricardo notó las dudas en su cara y se acercó despacio. Cruzó las piernas con las de Tadeo pegando los testículos entre si, por ende las vergas apuntaban juntas hacia arriba. La gran diferencia era que la de Tadeo al ser curva se separaba de la mitad para adelante.

Ricardo empezó a frotar pene con pene y lo calentaba muchísimo sentir el contacto de esa verga durísima y caliente con la suya. Decidió entonces pajearlas juntas.

—Ahhhh

—Si Carlos lléname de leche hermosa.

—Ahhhh (acababa copiosamente sobre la gerenta)

Emma dejó lo que estaba haciendo para mirar como le pintaba la cara y los pechos de semen. Sobre el látex negro corría toda la acabada que había sido abundante.

—Ricardo vení a tomar la leche que sobra y Tadeo acabame vos ahora.

Marta saltaba y se movía sobre su enorme pene de caballo mientras de a uno le íbamos tirando la leche.

Llegó el turno de Tadeo y fue muy rápido, su excitación era muy grande.

—¡Sí! Ahhh (los primeros chorros de semen salieron con fuerza y golpearon en la cara de Marta, en el pelo de Ricardo y cayeron por sus pechos

—Así, así, así… ahhh me encanta que me bañes de leche, cuanto semen tenías guardado.

Volvió al sofá a descansar un segundo junto con Carlos.

—Ahora te toca a vos Ricardo.

Este le susurró algo al oído y Marta accedió con un movimiento de cabeza.

—Emma deja a Beatriz y agarra un dildo del cajón. Es momento de estimular a Ricardo para que me llene de leche. Si lo haces bien vas a poder probar su leche también.

Emma se incorporó y tomó un dildo que le puso lubricante en la punta, Ricardo se estaba estimulando manualmente y su pene estaba muy rojo y grande. Cuando Emma lo penetró con el pene de goma Ricardo empezó a eyacular de forma automática. Su pene no paraba de escupir un semen blancuzco tirando a crema y muy espeso. Hacía mucho tiempo que no vaciaba sus testículos, el olor era muy intenso y esto a Emma la volvió loca.

La penetración fue muy rápida igual que la eyaculación pero la cantidad de leche y sus características le activaron el morbo y el fetiche por los fluidos. Se volvió loca y se tiró a chuparle el traje de látex y las tetas a Marta.

Estaba en la gloria y no paraba de chupar y saborear, la leche se escurría rápidamente y caía en la concha de Marta y hasta ahí fue la lengua de Emma. Con los movimientos de la gerenta aparecía de vez en cuando parte del dildo que estaba completamente dentro de ella y traía muchísimo flujo, ese néctar buscaba Emma. Se volvió loca, quería más, estaba dispuesta en esa locura a que la orinaran si hubiera podido pedirlo.

Marta se paró despacio y se sacó el dildo, liberando el juguete a que Emma lo saboree.

Se acercó a Beatriz a la que fue liberando de sus limitaciones, salvo de las barras de las muñecas y los tobillos.

La miró a los ojos, esperando a que se habituara nuevamente a la luz.

—Por fin entendiste. Ahora te vamos a dar la bienvenida como corresponde. Te vamos a coger entre todos.

Un segundo de silencio, en el que Beatriz no respondió, se limitó a guardar silencio.

Había entendido y Marta ante el silencio se regocijó por el logro.

—Ricardo y Carlos bajen las cadenas del techo y ajústenlas a las barra de piernas y brazos de Beatriz.

En ese momento todos miraron arriba, no habían reparado en los apliques que estaban en el techo junto con unas cadenas. Parecían decoraciones junto con las otras cadenas que sostenían luces. Pero estaban bien fijas al techo.

La ataron a Beatriz que se había tirado al piso boca arriba en el piso, como Marta le había indicado que lo hiciera.

Poco a poco la fueron alzando para llegar a la altura de las cinturas de los tres hombres. Marta se acercó a Beatriz, se agachó para hablarle al oído y le susurro:

—No hagas fuerza para mantenerte erguida, no es necesario. Deja caer tu cabeza y no tenses tus brazos y piernas. Ahora nos perteneces. Vamos a disfrutar contigo y tú también lo vas a hacer si no te resistes. Ellos se van a turnar para disfrutar igual que nosotras, me encantan tus tetas y sobre todo tus pezones voy a sentarme sobre mi dildo y mientras ellos te penetran voy a mamar tus tetas.

Mientras Marta le hablaba al oído Tadeo se acomodó entre la barra que mantenía las piernas de Beatriz separadas y su cuerpo, la penetró analmente despacio. Beatriz suspiro y apretó los dientes en clara muestra que estaba sintiendo que la penetraban. Tadeo estaba excitado y su juventud le exigía aprovechar al máximo la situación.

El arnés colgante no permitía que dos personas pudieran penetrarla al mismo tiempo a Beatriz, eso implicaba dos cosas, la primera que podían elegir si las penetraciones eran anales o vaginales y la segunda que la sesión de sexo iba a durar mucho más tiempo.

La última incorporación a la oficina había entendido finalmente cómo debía comportarse pero sobre todo aceptar lo que le tocaba en cada momento. Mientras la alzaban del piso Beatriz tensó sus músculos y tenía la cabeza erguida, en un intento vacío de dominar la situación. Mientras Marta le hablaba al oído fue poco a poco aceptando su situación y aflojando sus músculos. Lo último que dejó caer a su propio peso fue la cabeza y en ese momento sintió que la penetraban analmente. Tensó sus piernas pero el tamaño del pene de Tadeo si bien era largo no era una complicación comparado con los juguetes que ella utilizaba habitualmente.

Tadeo estaba sacado y excitado quería acabarle adentro a esa mujer que se entregaba. Empezó a penetrarla con más fuerza, más profundo y más rápido.

Marta le hizo señas a Emma señalando un consolador que estaba sobre su mesa. Emma agotada por los orgasmos que había tenido le acercó el dildo a Marta. Ella se lo mostró y le dijo:

—Emma es muy buena cogiendo aunque no lo creas… y este será el juguete que va a usar contigo. Se que estás acostumbrada a la doble penetración, pero esta vez además deja tu cabeza hacia atrás porque Carlos te va a coger esa boquita.

Beatriz le mostró una sonrisa de satisfacción a Marta y dejó caer su cabeza hacia atrás esperando que Carlos hiciera su tarea. Su mayor deseo era participar de un gangbang y entregarse a la mayor cantidad de vergas que pudiera absorber… y lo estaba consiguiendo. Liberó todo su cuerpo y dejó que las ataduras la sostuvieran. Recordó las palabras de su marido “confía”, “cuanta verdad Ricardo” pensó, la frase de Ricardo cayó en su mente como un dictamen sin apelaciones “ella siempre sabe cómo hacerme disfrutar”.

Tadeo estaba ensañado con ese ano cuando Emma se acercó a él con un dildo. Primero lo miró a los ojos sonriendo, ella estaba feliz con ese muchacho, le tomó la cara con una mano y besó de forma grosera. Sus lenguas se encontraron y la baba caía de las comisuras de sus labios, ella separó sus bocas y con su lengua juntó esa baba. Los fluídos eran su perdición. Con toda su boca llena de la baba de los dos, la dejó caer en la punta del glande del pene de goma que traía en la mano. Sin demoras lo acercó a la vulva de Beatriz y la penetró mientras abría sus labios vaginales con la otra mano.

—Emma siento como el consolador llega al fondo de ella y choca con mi pija (se lo dijo al oído y susurrando) cómo cuando lo hicimos contigo.

Esto la volvió a excitar, ella lo había sentido internamente y era hermoso.

Carlos tomó con las dos manos la cabeza de Beatriz desde los costados a la altura de las orejas y la mandíbula. Ella abría su boca y dominaba el reflejo de las arcadas, él le cogía la boca y notaba como se le engrosaba la garganta cuando iba muy profundo. “Que puta aguantadora” pensaba mientras disfrutaba de su boca y veía como sus compañeros le propinaban una doble penetración y ella se dejaba hacer.

En determinado momento sus piernas empezaron a temblar y se tensó su abdomen, arcada y un grito gutural a media vos, demostraban que estaba acabando por primera vez.

Eso impulso una oleada de placer que nació desde el vientre de Tadeo y se proyectaba a su pene como una oleada de eyaculación que no quiso contener, así que siguió dándole por el culo hasta que no le quedó más leche por dejarle.

Se retiró de su lugar y fue al sofá. Emma se agachó y fue directo a lamer el culo de Beatriz que dejaba escapar la leche de Tadeo y soltó el dildo. Si Carlos no se hubiera movido rápido a ubicar el lugar de Tadeo el consolador le hubiera pegado en la cabeza a Emma porque ya se estaba por salir del todo de la vulva.

Emma miró hacia arriba y voy como Carlos le pasaba el pene de goma y le dijo: “yo le voy a coger esa conchita, vos encárgate del culo”

Beatriz forcejeó un poco cuando Carlos intentó penetrarla, estaba muy sensible y el orgasmo había sido muy intenso. Marta no soltaba su pezón y lo sentía que estaba muy hinchado, Carlos ya estaba dentro de ella y sin respiro había empezado a cogerla, Emma por su parte desde el piso sentada buscaba meterle el dildo por el culo pero era más grueso que la verga de Tadeo así que le fue más difícil… por eso y porque ella apretaba el culo para tener por lo menos un poco de descanso en ese orificio. No lo pudo sostener más y estaba otra vez penetrada doblemente y otra vez a gozar.

Ricardo se acercó a la cara de su mujer y le dijo: “nunca pensé que pudiéramos disfrutar así del sexo juntos, gracias por ser tan puta como yo”

Después de decir eso, empezó a masturbarse furiosamente y le acabó en la cara. La eyaculación no fue cuantiosa pero si fuerte y muy caliente. No era tan espesa y corría rápido por la cara de su mujer al piso.

Se agachó y le pasó la lengua por la cara para saborear su propio semen. Esto lo enloquecía y excitaba muchísimo.

Carlos no iba a durar en acabar y Emma lo sabía. Salió de abajo de Beatriz y sacó elidido de su culo. Escupió la verga de Carlos mientras entraba y salía de la concha de Beatriz. Carlos la miró y entre las gotas de sudor que corrían por su rostro se veía la cara de depravado sexual a punto de acabar.

—Esta concha no es como la tuya, la tuya es más rica Emma. Cuando quieras te la vuelvo a llenar de leche.

—Ok, pero prefiero que me des la leche en la boca o la cara.

Esa declaración por parte de la joven angelical fue demasiado para Carlos que sacó del todo su verga y apretándola con la mano apuntó a esa concha totalmente abierta y dilatada y eyaculó con fuerza y pasión.

Emma se abalanzó a comer esa concha toda llena de leche, fue tan rápida en hacerlo que la última escupida de semen pegó en la mejilla de la pelirroja. Sus piernas le temblaban y los abdominales estaban un poco acalambrados. Fue difícil de salir entre las cadenas y el cuerpo de Beatriz que colgaba desbastado de placer.

Emma lamió y saboreó todo lo que pudo, los flujos y jugos de la mujer de Ricardo y la leche de Carlos. Era un manjar para ella.

Carlos se sentó en el sofá entre Ricardo y Tadeo, los tres agotados.

Marta dejó de chupar el pezón de Beatriz que estaba enorme e irritado, considerablemente más grande que el otro.

Se paró y observo su oficina: los tres hombres agotados en el sofá, Beatriz extasiada colgada sin moverse del arnés en el medio de la habitación y Emma en el piso acostada boca arriba debajo de Beatriz recibía en su cara las gotas que caían de su vulva tras recorrer su ano.

—Una vez cada 15 días tendremos una reunión de equipo como esta. En los días previos les iré informando como deben prepararse. Quedan liberados para disfrutar entre ustedes fuera de la oficina. Aquí la que manda soy yo.

Gracias por leer hasta aquí espero tus comentarios y valoraciones.

Loading

1 COMENTARIO

  1. ***No se admiten datos personales en los comentarios***
    Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
    Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.

    Administración de CuentoRelatos

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí