Carol mi cuñada llegó temprano aquella tarde, se cambió rápido para ir a entrenar al gimnasio. Se puso esos leggins completos que marcaban su cuerpo, sobre todo su gran culo. La vi irse cerrando la puerta y yo me puse a hacer la cena un risotto de setas y camarones. Cuando llego a la hora y media Carol, llego bien sudada. Se metió en el baño a la ducha. Al rato salió y yo furtivamente me cole en el baño. Agarre sus braguitas y las empecé a oler. Qué maravilla, una mezcla de líquidos vaginales, sudor y pipi. Saqué mi pija ya erecta y empecé a pajearme.
De pronto, la puerta del baño se abrió de repente y delante de mí Carol con su toalla rosa atada al cuerpo. Se me caen sus bragas y me jiro hacia ella con mi pene erecto. Ella se me acerca y con su mano me coge el rabo. Me dice, no sabes las ganas que tengo de macho. Desde que deje a mi novio hace un año mi chochito no ha probado pene. Mi rabo con su contacto se puso aún más duro y palpitante. Le deshago el nudo de la toalla y se calló dejando a esa mujercita desnuda para mí. Arrimamos nuestros cuerpos y empecé a darle un beso húmedo y profundo.
Mi pene se apoyaba sobra su barriguita empujando. La abrace sobando su culo. Me dijo vamos a tu cama a follar, quiero que me quites la calentura. Me cogió de la mano y entramos a mi habitación. Me quité la ropa, ella se echó boca arriba y me subí encima. Agache la cabeza y empecé a atacar sus tetas pasaba de una a otra succionando sus pezones, sin darle tregua. Apretaba con mis dedos un pezón mientras mamaba el otro. Baje la mano a su cueva. Que rico, estaba húmeda y caliente. Abrí sus labios vaginales y empecé a frotar arriba y abajo.
Al bajar abría los dedos y al subir los cerraba estrujando su clítoris, ella daba gemidos cada vez más fuertes. Entre gemidos me dijo, meteme la ya cuñis, no aguanto más. Yo obedecí como era algo menuda de estatura me bajé para poder meterse la bien. Entro rápido por la humedad y calentura y que bien se sentía dentro. Empezamos a subir y a bajar en misionero, ella gozaba de verdad, decía si, si sigue follándome, metela hasta dentro. Yo le dije, súbete encima vamos a hacer caballito. Me acosté, ella se subió, la ensarte con mi lanza erecta y empezó a trabajar.
Se movían sus caderas dando pequeños círculos alrededor de mi pene y sus tetas saltaban arriba y abajo como campanas llamando a los fieles. Que polvazo, de pronto ella no aguantó más y empezó a correrse en un orgasmo brutal. Se puso rígida. Gemía y lloraba al alcanzar el éxtasis. A mí aún me faltaba. La dejé que disfrutará del momento y después de un rato dentro de ella aguantándome explotar. Le dije, acabemos con un perrito, quería tener cerca ese culo. Se puso de espaldas en posición, saco su culo, se agachó y yo al ponerme detrás no me resistí a lamerle el chochito.
Que sabor, que rico. Lleno de jugos. Le abrí las nalgas y le lamí la entrada del ano. Se tenso, no se lo esperaba. No se resistió, se abandonó al placer. Objetivo, otro orgasmo. Cuando ya no me pude aguantar, con mi mano cogí mi pene, ya como una espada tizona, lo apunté a su coño y lo metí. La empecé a bombear sentía su culo y mis pelotas rozaban su clítoris. Metí los dedos en mi boca para humedecerlos y empecé a jugar con su ano. Justo cuando en la última embestida mi leche empezó a salir disparada dentro de Carol ella se relajó y mi dedo gordo entró en su ano.
Empezó a gritar de placer y tuvo otro orgasmo. Cuando mi rabo se fue haciendo pequeñito y salió, vi como chorritos de semen se escurrían por las piernas de Carol. Que polvazo más bueno dije yo, ella suspiró y no dijo nada. Nos echamos uno al lado del otro y dormimos abrazados toda la noche.
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