Cuñada culona (5): María mi mujer vuelve

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La semana pasó y mi mujer María volvía a casa de su viaje de trabajo. Carol y yo hablamos y decidimos ser discretos para no herir a María. Aprovechamos el tiempo para echar un polvo completo en mi habitación. Agotando hasta el último minuto. Cuando llego María su actitud hacia mí era más fría de la habitual.

Dejó su maleta y fue a asearse al baño. Salió duchada con un albornoz rosa yo estaba en la cama y al verla me empalme. Se quitó el albornoz y vi que en el cuello, tenía unos chupetones. Me alarme. Le pregunté ¿esos morados del cuello? Ella se quedó paralizada. Tengo que contarte algo no era un viaje de trabajo, fue de placer. Llevo tiempo en una relación con mi jefe.

Yo me quedé de piedra. De cornear a ser cornudo. A ti te sigo queriendo pero necesito aventuras y mi jefe me da eso. ¿qué vamos a hacer? ¿Nos separamos? Dije yo. De momento quiero empezar una relación abierta, dijo María. Vamos a seguir conviviendo pero podemos salir con otra gente. A mí me gustó la idea, pero no quería dar a entender que estaba entusiasmado.

María propuso dormir juntos y cuando uno trajera una pareja a follar, el otro iría a la habitación de invitados. Yo le dije si lo quieres así, aceptó. Vale, pues hoy duermes donde la habitación de invitados que viene Sergio, mi jefe a cenar. Cene temprano y Carol me acompaño. Le conté lo sucedido y se sorprendió de la situación, pero no le disgusto. Así podíamos seguir con nuestros encuentros.

María llegó con Sergio un poco azaroso por encontrarme yo allí. Nos saludamos y le dije no te preocupes Sergio somos de mente abierta, civilizados y sin prejuicios. Seguro que María te tratara muy bien. María sonrió y dijo seguro que sí. Os dejo para que estéis cómodos. Fui a la habitación de invitados y me puse a ver el móvil. Me quedé dormido y me levanté al baño. En la habitación principal se escuchaban ruidos y risas. María estaba pasándolo bien.

Saber que mi mujer está follando con otro me la puso dura. Al estar todo oscuro, abrí furtivamente la puerta y vi a María en posición de perrito y a Sergio dándole con fuerza. Era raro ver gozar así a mi mujer, me gustó lo que veía. Saqué mi verga y empecé a pajearme y a disfrutar del espectáculo. Cerré la puerta y los dejé gozar, con mi rabo duro, abrí la habitación de Carol. Ella dormía, me acosté a su lado.

Empecé a darle besos en el cuello y le acerque el rabo a su culito, y empecé a empujar. Ella se despertó. ¿Qué haces? Es muy tarde. Cuñis, mañana tengo que madrugar. Me tuve que ir a mi cuarto con la calentura. Al poco rato, escuché ruidos. Parece que María se estaba despidiendo de Sergio. Se cerró la puerta de la calle, me levanté y me encontré con María. ¿Se fue tu jefe? Si, tiene mujer y tiene que dormir en casa, me dijo algo disgustada. Antes te vi en la puerta, ¿Te gustó lo que viste? Me dijo cogiéndome mi paquete. ¡Ya palpó que sí! Hummm…

Pasa a la habitación que te voy a aliviar. Se sentó en la cama y me bajó el calzoncillo. Mi rabo se tensó aún más y empezó en un vaivén que cesó cuando María lo cogió y se lo metió en la boca, su mano acariciaba mis huevos. Estaba bien salivada y mi rabo se tensó más. Empecé a bombear su boquita, ella a chupar con ganas, ¡María sabía hacer! Se tumbo de espalda y me dijo, ahora te toca a ti, bombearme.

Puso su culito en pompa y la espalda apoyada sobre la cama. Dame fuerte soy tu perrita. Me excite aún más, cuando vi salir de su coño restos de semen de Sergio. Apunte mi rabo y adentro. Ella empezó a gemir y me decía: si, si, castigame, soy una chica mala, dame duro mi cornudo. Chupe mi dedo gordo y cuando lo tenía bien salivada, lo acerque a la entrada de su culito.

Lo apoye en su ano y fui moviéndolo arriba y abajo. Ella gemía como loca, hasta que le metí el dedo gordo dentro de su ano. Se tenso dio un grito, y yo empecé a excitarla, llamándola golfa, zorra, ¿te gusta follar? goza puta le decía mientras metía y sacaba mi dedo de su culito y le metía polla hasta el fondo. Ella decía si, si… ahhh dame fuerte cornudo, hazme llegar, saqué mi rabo como un tizón, le di la vuelta y me subí encima de ella, quería notar sus tetas, me ponía mucho que hubiese estado otro rabo dentro de ella y otra boca chupara sus pezones. Dime qué yo si se follar, dímelo zorra.

Ella entra jadeos si, si, sí. Disfruta de un hombre de verdad. Mientras empujaba, ella movía sus caderas abandonada al placer. Empezó a dar espasmos involuntarios y echando su cabeza hacia atrás y abriendo su boca, se corrió con un sí, sí, sí, agg. Yo me abandone también a mi placer y mi rabo empezó a soltar todo su líquido vital, pero horror me traicionó el subconsciente, le dije si, si, Carol que bien follas.

Al acabar la revolcada. Me di cuenta de mi error al cambiar el nombre. Los dos exhaustos, sudados, María con restos de semen de dos hombres, me dijo ¿por qué has dicho Carol cuando llegaste? Yo la quedé mirando y le dije te tengo que contar algo María, yo también te he sido infiel.

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