María: 19 años, 1m 54cm de estatura, cabello lacio negro a la altura de los hombros, trasero pequeño, busto grande, para ser exactos sus medidas, en aquellos años eran 95-63-89, y las recuerdo bien porque son las que se usaron para mandar hacer el uniforme de trabajo, aún conservo la nota.
Era 2011, en ese entonces tenía 25 años, me acababan de ascender en el trabajo, nuevo cargo, nuevas responsabilidades, más trabajo, por lo que de inmediato solicité por internet aspirantes al puesto de asistente personal, alguien que me llevara la agenda, atendiera mis llamadas y me asistiera en las juntas con los clientes o socios, en menos de tres días mi correo electrónico ya contaba con varias solicitudes, comencé las entrevistas a la semana de haber publicitado el anuncio, fue así que llegó a mí, María.
Nos adaptamos rápidamente, creamos una estrategia de trabajo, ajustamos agenda, horarios, en fin, todo se hizo relativamente rápido, María era seria, incluso, en ocasiones, hasta cortante en su manera de tratar a las personas, trataba de no crear algún vínculo, pese a eso, desempeñaba muy bien su trabajo, pasaron alrededor de tres meses, cuando un día. camino a una junta, inesperadamente surgió una charla:
—Y ¿tienes novia? – preguntó María
—A qué viene esa pregunta. – contesté
—A que te la pasas trabajando y nunca he visto que salgas con alguien
—Me estas espiando acaso
—No, pero recuerda que llevo tu agenda, conozco todas tus actividades
—Cierto, pues no, no tengo novia
—¿novio?
—Ja, menos, no soy de esos
—Una nunca sabe, es mejor preguntar, para asegurar
—Pues no, no hay nada aún, y tú, ¿tienes novio o novia?
—No, tampoco, solo estoy enfocada en el trabajo y en el examen de la Uni
—Ah ya veo, échale ganas y verás como sí entras a la universidad
—Eso espero…
Hasta ahí llegó la conversación, fue un ligero avance para lo discreta y seca que solía ser María, llegamos a la junta, todo salió de maravilla, al salir, la invité a comer algo, como obsesiva que siempre fue, revisó con detenimiento la agenda, y aceptó.
—Tenemos cuarenta minutos
—Ay ya María relájate un poco, celebremos que la junta salió estupenda
—Está bien, solo porque me lo pides, pero no me pagas por no hacer nada
Mientras comíamos afuera de un zaguán, recibí una llamada, era mi cita de la siguiente hora, habló para cancelar debido a una emergencia que se suscitó, le dije que no había problema, que llamara más tarde para que mi asistente le reagendara su cita y colgué.
—Era el señor Fernández, que le salió una emergencia y no va poder asistir a la cita.
—Irresponsable, lo voy a quitar de la agenda del día y cuando llame, le daré cita en dos meses, por cancelar.
—Dos meses, no te parece un poco exagerado
—Tal vez, pero así aprenderá a no cancelar sus citas a tan solo una hora
—Está bien, no te diré como hacer tu trabajo, ahora a comer con calma, no hay prisa, total, ya cancelaron
—Y ahora que haré en estas dos horas
—Ya se te va ocurrir algo María, no puedes estarte quieta
—Eso es verdad
La plática siguió y siguió, la comida ya se había terminado, sin embargo, con tiempo libre extra, decidimos pedir un par de tragos para la digestión, unos cuantos tragos después, sucedió lo impensado, entre comentarios subidos de tono, bromas de doble sentido, risas, y más, la cordura de ambos se perdió y terminamos dándonos un beso, corto, silencioso, pero intenso, aquello fue mágico, pues ambos descubrimos que nuestros cuerpos se deseaban. Ordené la cuenta, pagué y nos subimos al auto lo más rápido que pudimos, lo puse en marcha y me dirigí al motel más cercano.
Al llegar, continuamos el manoseo y los besos, comenzamos a desnudarnos rápidamente, esta de sobra mencionar que María lucía espectacular, nunca hubiera imaginado el cuerpo que ocultaba su uniforme de trabajo, espectacular, tría consigo un brasier de encaje negro que hacía resaltar su gran busto, a juego con su pantaleta, de esas que son a media nalga, igual de color negro y de encaje, que hermosa postal veían mis ojos, la tome entre mis brazos y la besé desbordadamente.
María correspondió, al mismo tiempo ambos utilizábamos nuestras manos para tocar al otro, primero la espalda, posteriormente la espalda y finalmente las nalgas, descendí mi cabeza hasta sus pechos, los besé, los lamí, María empezó a emitir ligeros quejidos, pero se dejaba hacer, desabroché el sostén y lo dejé caer al suelo mientras continuaba besando sus pechos, la tomé de su trasero y me la colgué llevándola hasta la cama de la habitación.
Ya recostados, seguimos besándonos apasionadamente, me coloqué encima de ella, con mi mano izquierda sujetaba su pecho y lo amasaba delicadamente, mientras que con mi mano derecha ingresaba lentamente al interior de su panti para sentir los pequeños y rosados labios vaginales, al lograr meter mi mano, poco a poco fui quitándole su prenda hasta dejarla totalmente desnuda debajo de mí, que pechos, que cintura, que piernas, que hermosa mujer, pequeña de estatura pero con muy buenas formas, bajé mi cabeza hasta la entrada de su sexo, inhalé su olor, ulteriormente procedí a darle pequeños besos y unas ligeras lamidas alrededor de los labios, María exhalaba suaves gemidos y de manera inconsciente tomó mi cabeza entre sus manos y la apretaba.
—Uy que rico se siente eso, nadie me había sentido sentir esto, siga jefe, siga. – decía entre gemidos María
Proseguí el recorrido de mi lengua, alrededor de su vagina, primero el contorno, después adentro, metía y sacaba constantemente mi lengua, posteriormente, le proporcionaba lamidas de izquierda a derecha, de arriba abajo y de forma espiral, sentía como enloquecía con cada movimiento lingual, en este punto, mi pene se encontraba ya duro como cañón militar, estuve así por algunos minutos, cuando comencé a sentir la humedad de su sexo, fue ahí que retiré mi cabeza de entre sus piernas, y me coloque frente a frente.
Podía sentir el roce de mi verga con lo húmedo de sus labios vaginales, coloqué la punta de mi miembro justo en la entrada de su monte de venus, y rápidamente, sin dejarla articular palabra, la besé e introduje mi mástil carnoso hasta el fondo, sentí como topó hasta el fondo, y como en ese instante, María arqueó la espalda, había entrado de una, sin problema, Dios que bien se sentía, pude notar, que María era de pelvis estrecho, sentía como mi verga se adhería a su intimidad, inicié el mete-saca lentamente, para que su cuerpo y ella se acostumbraran al invasor.
—Oh Dios, que bien se siente… —exclamó María
—Te gusta María, hacía tiempo que estaba esperando este momento
—Ay, uh, ahh, en serio, y porque no me dijo antes, habría aceptado sin problema
—Oh, es que… oh, honestamente pensé que me rechazarías y te molestarías
—Ahhh, que rico, no, para nada, se hubiera animado… ohhh sí, así, así, que rico
Seguí con las embestidas, poco a poco aumentaba el ritmo, y los gemidos de ambos aumentaban, por los movimientos pélvicos, deduje que María ya tenía experiencia en esto del sexo, sin embargo, desconocía si tenía mucho o poco tiempo de no hacerlo, si tenía pareja formal o no, si tenía algún amiguito con derecho por ahí, no me importaba nada, yo únicamente gozaba el momento, tenía empalada a mi asistente María y se sentía muy bien.
—Ay que rico, tenía rato que no me cogían así. – mencionó María mientras recibía mis embestidas
—¿Ah sí? Seré curioso ¿Cuánto tenías sin coger María?
—Ohhh, ahh, uy que rico, no pare, no pare… como seis meses
—Tanto, apoco te exploto tanto que ni tiempo de coger te da
—Ja, no, para nada, ay que rico, así, así, ahh…
En ese momento, había aumentado la intensidad de las penetraciones, al mismo tiempo que sujetaba sus nalgas y las acercaba hacia mía, la penetración se hizo más profunda y sus gemidos mayores, seguí la penetración, disfrutaba ver como se gemía, como se retorcía sobre el colchón, ver como apretaba con sus manos la sabana y como giraba de un lado a otro la cabeza mientras gemía, era algo único y me encantaba.
—Te gusta María, te gusta cómo te la meto
—Me encanta… métemela más
—Lo que quieras cariño
Continué, por un par de minutos con las embestidas, se sentía como mis huevos rebotaban en sus nalgas, mi pito entraba hasta lo mas profundo de su ser, estaba extasiada proseguí penetrándola hasta que sus chorros inundaron su hoyito y ensuciaron mi verga, ahí en ese instante, decidí que era momento de cambiar de postura, le saque de una mi pito de su vagina, la giré y la coloqué a cuatro patas, posición canina, una vez acomodada, le dejé caer todo mi miembro en una sola embestida, que maravillosa sensación, como mencioné unas líneas antes, su vagina era estrecha, sentí como apretaba cada parte de mi verga al entrar, María dio un gran grito de placer, y posteriormente entre gemidos dijo:
—Ay que rico, así, así métemela toda precioso, me encantas
Nunca supe si fue parte de la circunstancia de ese momento, o si fue intencional, pero jamás me habría dicho “precioso”, ni siquiera entre juegos, en ese momento no le di importancia, de hecho, me prendió más el hecho de que me llamara así, coloqué mis manos sobre sus caderas e inicié el vaivén, al inicio de manera suave, después de unos minutos de manera más agresiva, a María parecía encantarle, gemía, suspiraba y gimoteaba, en ocasiones solo balbuceaba, no se le entendía lo que salía de su boca, pero sin duda lo estaba gozando igual que yo.
—Ah, si, ah, así, así precioso, así dame más duro, ay que rico, oh
—Te gusta, te gusta cómo te cojo María…
—Si precioso, me encanta… ah, no… ay… no me digas María precioso, dime perrita
—Que… estás loca…
—No precioso, dime perrita, soy tu perra, ahora mismo aquí y para siempre, ahh
Al cliente lo que pida, dicen por ahí, un tanto extrañado, decidí hacerle caso
—Te gusta perrita, te gusta cómo te cojo
—Si precioso, me encanta, dame más, así, más duro… ah que rico
—Quieres mas, eh… entonces pídelo perra, si tanto lo quieres ruega por el
—Dame mas precioso, dame mas, te lo suplico métemela hasta dentro…
—Si eso quieres… eso te doy perra
—Oh si precioso, así, más, más, cógeme, así, así, que rico…
—Ay María, oh sí, así perrita, que rico te mueves, oh, sí, me vengo, me vengo perra, sí, sí, me vengo… ahh.
Mi grado de excitación llegó al máximo, esas palabras y esas acciones por parte de María me habían dejado absorto, continué embistiéndola lo más que pude, saca y meta mi pito de su vagina como poseído, veía rebotar mis huevos sobre su pelvis, los gritos y gemidos aumentaron, hasta que llegó lo inevitable, un hormigueo recorrió mi cuerpo y empecé a sentir, un ligero calambre en mi falo, la corrida era evidente e impostergable, apreté las nalgas de María y de inmediato los espasmos propios del orgasmo recorrieron mi cuerpo, sentí cómo salían disparados chorros y chorros de semen inundando la intimidad de mi, todavía, asistente.
—Oh dios, que acaba de pasar, que rico estuvo eso. – exclamó María entre jadeos
—Acabo de cogerme a mi asistente. – eso pasó le dije
—No, no, no, mi jefe me acaba de dar la cogida de mi vida, eso pasó. – afirmó María
—Creo que estas exagerando no es para tanto, pero si ha estado delicioso. – confirmé
—No, de verdad, ha estado riquísimo, no me habían hecho sentir lo que sentí
—Honestamente, estas buenísima María, y te mueves muy rico
—Gracias, creo que con usted puedo aprender a moverme mejor
—No creo que te convenga, me harías explotar muy pronto
—Ya veremos como nos las arreglamos jefe.
—Creo que tendré que subirte el sueldo
—No es necesario, lo tomaré como un bono personal
—Entonces, si prefieres, pasaras de asistente personal a amante de cabecera
—No tengo problema con ese jefe, habrá que modificar la agenda
Nos tendimos sobre la cama, sudados, exhaustos, con el aliento agitado, nos miramos a los ojos y ahí entendimos, que nada volvería a ser igual, nos dimos un tierno beso y nos quedamos dormidos.
Esta historia es cien por ciento real, los nombres de los protagonistas han sido cambiados intencionalmente para no afectar la privacidad de los involucrados.
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