Dejaré que metas a mi vagina toda esa vergota, pero a mi gusto

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Nuestro segundo encuentro ocurrió a mediados de primavera. Por teléfono me dijo que por la noche pasara por ella a la agencia donde trabajaba como publicista. Y así fue, ella ya me esperaba. Esa noche portaba un vestido beige corset floral de una sola pieza de tirantes delgados que resaltaba las curvas de su delgada cintura, sus enormes pechos, sus caderas medianas; su cabello color café miel rizado hacia juego con la prenda.

Mientras recorrimos algunas calles de la ciudad, comentamos nuestras actividades del día que muy eran afines, ella publicista y yo fotógrafo.

¿Destapo una cerveza para ti? Le pregunté con una sonrisa recordando lo ocurrido la noche en que hicimos el acto sexual por vez primera, ella con una leve sonrisa asintió.

¡Que loca noche!, ¿verdad? pero fue agradable.

A mí me encantó tu beso, le respondí. Ella rápidamente añade, pero ¿a qué beso te refieres? Nos reímos. Y tomamos un sorbo de cerveza.

De pronto ella acarició mi mano que maniobraba el volante y me dice:

¿Sabes? Siempre he tenido curiosidad por lo que dice la gente. Que las personas con manos grandes tienen el pene grande, y sí, ahora creo que sí es verdad. Tus manos son grandes, igual como tu pene, grande y gruesa. Con solo ver tus manos me excita. Anoche imaginaba que estas manos acariciaban mis pechos, mis nalgas, me sometían y me penetrabas, dijo.

Escuchar eso sentí que un calor se apropió de mi rostro, me ruborice pues, no sé si era porque había pegado a mi timidez o porque despertó mi deseo.

¡Pero no te espantes!, que aún no te he dicho todo. Sé que estás casado ya me lo comento tu comadre. Así que no debería de decirte de cómo deseo que me vayas a penetrar tu verga a mi vagina esta noche, porque sé que tienes ya mucha experiencia de cómo tratar a una mujercita como yo. Así como sé algo de tu vida, te cuento la mía. Soy soltera, pero también tengo pareja, es un hombre de mi edad (unos 19 o 20 años), pero antes de él, he convivido sexualmente con otras dos o tres personas nada más.

Mi actual novio, te diré que es caliente y amoroso, pero tiene un defecto, que no me agrada ni me complace a cabalidad, su pene es delgado y pequeño y no tiene ninguna atención hacia mí, no es nada atrevido para fantasear con el sexo. Cuando chupo su verga y me la introduzco en la boca, pareciera que me queda espacio, en cambio para comer tu verga ocupo dos o tres tantos de mi cavidad oral. Vamos, buscar un lugar solitario como la otra vez, dice.

Busqué salir de la ciudad en busca de un lugar solitario en la periferia, cerca de la carretera, y así fue que llegamos por una brecha a las faldas de un bosque, atravesamos una parcela, había restos de rastrojo y surcos de milpa. La luz de los faros hizo que en la oscuridad aparecieran unos gigantes árboles estaban agrupados como si estuvieran esperándonos.

¡Mira a donde me traes!, ¡atinaste!, vas a cumplir una fantasía, cogerme (tener relación sexual) en medio de esta inmensa oscuridad del bosque. No sabes cuánto me calienta imaginar que mi vagina va ser penetrada por esa enorme verga, igual como acabamos de penetrar la oscuridad en este auto. Deseo con ansias tener toda adentro de mi esa vergota, pero prométeme que me vas a penetrarme como yo te vaya indicando en cada momento, dijo.

Estacionamos el auto, nos acomodamos cada quien en los asientos. Encendí la luz del interior y bebimos lo último de la cerveza, recorrí su asiento hacia atrás para colocar en posición semi plano y más amplia entre el tablero y el asiento, ella se acomodó en “posición secretarial” su espalda recta, pero sin respaldo del asiento apoyada formando un ángulo de de noventa grados con la cadera, cruzó las piernas, le pregunté que le gustaba esa posición, dijo que sentía placer al estimular los muslos y el clítoris con la presión y el ángulo que genera en la zona pélvica.

Lentamente con la sola mano derecha, localice el broche central en la espalda; con el pulgar y el índice, junte los ganchos para liberarlos así desabroche su brasier, mientras que con la otra mano, acaricia sus enormes pechos, sus pezones que estaban bien erectos. Logré despojarla de su prenda que sostenía la belleza de sus senos.

Ella misma completó el cuadro, se desvistió, quedó solo con el diminuto calzón de encaje satín. Mientras se quitaba su calzón, yo le besaba sus pezones, cada vez aumentaba sus suspiros y jadeos. Me entregó su húmedo calzón diciendo que lo guardara con la otra prenda y que le entregara luego. No aguante la tentación de oler, su aroma era cautivador, cálido e intenso con un toque ligeramente ácido, disfrute de sus aromas.

Ella llevó su mano sobre mi pantalón toco la verga, como corroborando de que tanto estaba excitado y si, estaba súper erecto, metió su mano dentro del pantalón y se apoderó de la verga; le ayude a desabrochar mi cinto y baje el zipper, quedó descubierto la verga, en ese momento su labios se apoderaron del glande, muy despacio lo acarició con la lengua, luego jugueteó con su labios y boca parecía estar disfrutando una paleta de caramelo.

El estéreo del auto tocaba la canción “Mujer” en voz de José José. Acaricie sus rizos acomodando para que no impidiera mover su cabeza en la mamada de mi verga. Estaba en la pose de la primera vez, piernas cruzadas, apretaba sus muslos con la fuerza de su deseo y lujuria. Lleve mi mano a la superficie de su vulva, coloque mi palma en medio de sus nalgas, entre el ano y su vagina, sentí el líquido viscoso pegado en su lisa piel y abundante vello, estaba empapada de sus fluidos, en ese momento su boca soltó mi verga y gritó de placer, había llegado a la cúspide, tuvo su primer orgasmo mamando la verga. Su cuerpo quedó inmóvil pegado a mi verga por un momento.

Inmediatamente después, se colocó boca arriba en su asiento y me indico que me subiera a ella.

Vas hacer todo lo que te diga. Me hizo el recordatorio.

Ella abrió sus piernas dejando al descubierto su húmeda vagina. Sin más palabras empecé mi labor, y me hace la primera indicación:

Acaricia la entrada de mi vagina con la cabeza de tu pene, de arriba abajo y de un lado a otro, quiero sentirlo en mis labios vaginales, dijo.

Así pasaron instantes eternos, ella jadeaba y gemía una y otra vez, era un concierto cósmico. Sentía un enorme placer, pero a la vez sufría, deseaba meterme todo, pero me aguantaba, en eso estaba cuando me dijo.

-Mete ahora la pura cabeza de tu verga muy lentamente, dije la pura cabeza.

Me recalcó con voz regañona sin dejar de suspirar con jadeos y gimoteos. Y es que la cabeza de mi pene que mide de tres a cuatro centímetros. Sentí cómo atravesó el “anillo himeneal” de su vagina, (tejido elástico y carnoso que rodea la abertura vaginal). Fue un placer indescriptible cruzar esa línea que ella marcaba, aunque como ella misma me comentó que ya había tenido penetraciones, yo sentí un breve apretón en la entrada. Sin duda su vagina seguía estrecha o de plano mi verga estaba gruesa. Así pasaron otros mil instantes, ella disfrutaba al máximo el placer de las caricias que le estaba dando con mi dura verga.

De pronto, colocó sus manos, entre su vagina y mi verga como para intentar detener que mi pene se metiera del todo, pues el camino era demasiado resbaloso con todo los fluidos de su sexo, la siguiente indicación fue:

Ahora introduce la mitad de tu verga, pero muy lentamente. Luego la sacas y metes, pero lento y suave.

Por los fluidos de su vagina, resbalaba muy deliciosamente, hasta ese momento cumplía cabalmente sus indicaciones. Cada vez que metía la verga a la mitad, ella gemía con locura y pasión, sus manos detenían que mi verga se metiera más de lo que ella deseaba. El placer que experimentaba era infinito, eso me excitaba bastante. Ciertamente lo mojado de su vagina facilitaba el mete-saca; más adentro de su vagina estaba más estrecha o quizá eran sus contracciones que está experimentando. Era super delicioso la sensación de mete-saca la verga, aunque fuera solo la mitad como ella insistió hasta ese momento.

Afuera del auto, el manto de la oscuridad nos cobijaba, el silencio nocturnal solo era interrumpido por el trinar de las aves que habitan el bosque, de repente se escuchó a lo lejos un estruendo, el eco del bosque lo reprodujo en las montañas aledañas.

De pronto, la voz ahogada pero dulce de Yamileth, lanza otra orden:

¡Estoy lista!, exclamó. Ahora quiero toda tu verga, deseo locamente que llegues hasta donde debas llegar, pero como ya te dije, suave, muy suave y lento. Mételo, mételo así así, hasta el fondo sin sacarlo, dijo.

Deseaba ese instante y sensaciones sentía mi verga y se expandía por ingle para luego recorrer mi espalda, donde se convertía en fuego, era el intento placer que se apoderó de mí. Las gotas de sudor empezaron a escurrir en mi frente. Empuje mi cuerpo hacia ella, sus manos iban guiando la penetración más excitante que había experimentado a mis veintinueve años de edad; había experimentado el sexo con varias mujeres en distintas ocasiones en los últimos diez años desde que conocí el acto del sexo.

Así, así, siento que una luz invade todo mi cuerpo, siento burbujas de chispas en mi vientre, dijo en voz jadeante.

Y es que su natural de la excitación ya se había apoderado de ella, pues mi verga ya estaba toda dentro, bueno casi, solo el grosor de sus manos impedía que nuestros ombligos inician el obligado beso. Mi mente en eso estaba cuando sentí que ella retiró sus manos y exclamó en voz aguardentosa (áspera, ronca y profunda).

¡Ay!, lo tengo, es mía, dámelo, dámelo, es enorme, está súper sabrosa, no te muevas aun déjame sentir, deja que beba de mí, que beba en la profundidad de mí. 一Se refería a esos rincones en que la ciencia médica le ha nombrado “órnix vaginal”, (fondo de saco) parte superior de la vagina que rodea al cuello uterino (cérvix).一

En ese momento sentí que el manto oscuro de la noche que cubría nuestros cuerpos desnudos, entrelazados en un nudo sexual, y es que su vagina se había tragado toda mi verga que si alcanza los veinte centímetros o quizá más en su calentura máxima, además recibía el abrazo del “anillo himeneal” (tejido elástico y carnoso que rodea la abertura vaginal).

Así quedaron pegados nuestros sexos, abrazados, besándose en el silencio interno, mi verga era como una pequeña gota sumergida debajo de ese gran lago, su vagina eso ocurría en el interior de ella, mientras que afuera nuestros cuerpos inmóviles se habían quedado abrazados, en realidad no sé cuánto tiempo. El placer era inmenso, los espasmos de su vagina, eran como pequeñas descargas eléctricas en el pubis que se extendían a los testículos y recorrían el pene, estaba al punto de no retorno, cuando de pronto escuche de ella el grito final del placer infinito, el interior del auto se inundó de gemidos, suspiros, jadeos, gruñidos guturales y el grito final.

¡Ya!, ¡muéveme pendejo!, ¡muévete!, perforame con tu vergota, hazme tuya.

Ella había llegado a la cima del placer, era ya la corona de su múltiple orgasmo, era el momento para que yo atrapara la explosión. Empecé a mover mi cuerpo con ritmo. En ese lago de fluidos en su vagina, mi verga me metía y salía una y otra vez. Ella a su vez con ritmo respondía con movimiento de sus caderas, era un choque de vientres, como si estuvieran danzando al son del placer de ambos.

Justo antes de que me alcanzara la explosión, con tierna violencia infinita saque se su vagina mi verga y apunte a su obligó la expulsión de mi espasmódica del esperma, ahí fue el punto del epicentro. El chorro de mi semen se esparció en esa piel suave de su abdomen y en los pechos erectos.

Mi cuerpo sin fuerza cayó encima de ella, volvimos al abrazo, quedamos pegados con los fluidos, así pasaron otros miles de instantes, cuando de pronto una luz, en forma de un flashazo inundó todo el paraje, era un rayo, el sonido del trueno nos hizo que nuestras almas volvieran a nuestros cuerpos.

Nos apresuramos a vestirnos y salir de allí antes de que nos cogiera la tormenta que se avecinaba esa noche. Nuestra noche.

Así fue como cumplí la fantasía a mi amiga, a nuestra despedida en la esquina de su casa, me dio un beso, y lanzó su última indicación:

En la siguiente fantasía te daré permiso para que deposites tu semen en este surco, y se acarició su vulva. Y esta vez yo seré quien te obedezca, como hiciste tú esta vez, dijo y se fue.

P.D. Así que ya anuncie. Será mi próximo relato.

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    Cata Martínez
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