Economista y prosti: Diversión y encuentros (1)

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T. Lectura: 11 min.

Queridos lectores: les relataré algo muy lindo de fin de enero y comienzos de febrero en Punta del Este y en Montevideo. Y luego no habrá relatos hasta noviembre por razón de uno de mis más importantes trabajos. Y por supuesto en noviembre sabrán que ocurrió. (Y sigo postergando la segunda parte de lo ocurrido con Mica).

Cerca de fin de enero, más precisamente el 23, lo recordaré siempre, llevamos a cabo lo planificado con Raúl, acerca de que me gustaría que me pasara a buscar por un conocido Café cerca de la Mansa en Punta del Este, para llevarme a pasear en un coche descapotable, yo abandonaría allí a Tommy. Y por supuesto iría vestida bastante llamativa.

Se previó todo, al menos todo lo posible, Raúl alquiló un alta gama descapotable espectacular e hicimos la reserva del caso para asegurarnos lugar en el Café. Lo ideamos cuando estuve con Raúl (si no lo recuerdan vean “Dos relatos de Punta del Este”).

Lo hicimos sobre las seis de la tarde cuando el sol comienza a debilitarse y toda la Mansa y su Rambla son un mar de colores rumbo a la puesta de sol.

Llegamos con Tommy a la mesa reservada, dentro del salón (también hay mesas en la vereda). Pedimos mesa adentro para que al llegar y al irnos pasáramos por en medio de los clientes, grupos de amigos o parejas.

En realidad en Punta del Este casi ningún outfit llama la atención, pero yo quería que me miraran, así que opté por sandalias rojas con tacos de 12 cm, mini short de jean de cintura baja, con cortes desgarrados en las nalgas, y crop top blanco justo under boobs, que no las mostraba pero casi. Cero soutien para marcar bien las tetas y los pezones, y tanga hilo roja de tirantes altos que sobresalían por encima de mini short. Completé el conjunto con una cadena dorada a la cintura con dos pequeños cascabeles y sombrero blanco de alas bien amplias, y lentes de sol de gran tamaño para dificultar que me fueran a reconocer.

Ya al entrar, puedo asegurar que logré llamar la atención, al pasar por entre las mesas ocupadas, por mi aspecto y por el tintinear de los cascabeles. Nos sentamos, según reservamos, en un rincón y pedimos café y croissants. Pero nos dedicamos a besarnos mucho para llamar la atención. Una media hora después llegó Raúl y estacionó justo enfrente al café, lo vi desde el lugar donde estábamos sentados, me paré, besé a Tommy y le dije hasta luego… salí lentamente hacia la calle, subí al coche y besé apasionadamente a Raúl. Creo que nos vio al menos el 90% de la concurrencia ja ja.

Me contó Tommy que pidió al camarero otro café mientras murmuraba en voz no muy baja:

“Por qué, por qué es así”. Aparentemente el camarero se fue en busca del café, Tommy lo vio hablar mucho con otros empleados, y al traerle el café le dijo algo así como:

“Bueno señor ya volverá”.

Y Tommy: “Es tan puta que creo que un día no vuelve”… y ante ese dictamen, el camarero desapareció.

En una hora y media volvimos, por supuesto ¡post coito! Nuevamente estacionamiento frente al café, y para demorar más, esperé a que Raúl me abriera la puerta del coche para bajar.

Como detalle, una parte de la tanga roja colgaba de uno de los bolsillos de short, y la cadena dorada que había llevado en la cintura, volvió con sus cascabeles, pero ahora en mi cuello. Por supuesto, sombrero y lentes de sol, aunque ya no eran necesarios.

Debo decirles que si a la salida me miraron mucho, ahora casi fue un amontonamiento, sobre todo porque de inmediato Tommy pagó la cuenta y salimos, juntos y besándonos. Se me ocurrió escribir mi número de teléfono de putifina en un papel y lo dejé ‘por descuido’ sobre la mesa que habíamos ocupado.

Fue divertidísimo y fue el origen de cosas muy muy inesperadas en Punta y en Montevideo.

En el origen de todo, mi sombrero de alas caídas y anchas, que junto a los lentes de sol, disimulaban un poco mi identidad, y también contribuyó a todo la popularidad del lugar.

  1. Lo ocurrido en Punta del Este:

Al día siguiente, como siempre de mañana, Tommy se fue a desayunar a zona del puerto con Sam, planificando el inminente regreso a Montevideo y reinicio de actividades de la Compañía, al terminar las vacaciones a fin de enero.

Yo como todos los días, desde temprano a capturar un gazebo al lado de la piscina del edificio y a leer y a tomar sol. Por supuesto un lindo bikini pero nada llamativo, el ambiente es predominantemente familiar.

Desde días atrás veía que estaba solo un caballero, al lado de la piscina, a quien había visto dentro del edificio, una vez que abrí semi desnuda la puerta del apartamento por la llegada de papá, él pasaba por el pasillo y seguramente me vio.

Ocasionalmente nos saludaba a Tommy o a mí, en la zona piscina, con una inclinación de cabeza y le respondíamos igual, lo que es común entre habitantes de un edificio que no se conocen personalmente.

Pero… esta vez se acercó, dijo los “buenos días” de rigor, le respondí igual y nos presentamos por nuestros nombres, digamos que él es Eduardo o Ed, para abreviar.

Me preguntó si estábamos alquilando en el piso “n”, le respondí que sí, me dijo que él también, que le parecía haberme cruzado alguna vez, (lo recordé de cuando le abrí a papá pero no dije nada).

Hablando como vecinos preguntó por mi esposo y respondí que trabajando un rato y yo pregunté por su familia y respondió “como cada verano nuestro, dos semanas en New York comprando prendas de invierno” y nos reímos. Eso me explicó el por qué lo veíamos solo, y por qué había decidido venirse solo a un apartamento alquilado, más manejable y cómodo para un solo.

Conversamos acerca de mi trabajo de economista, del trabajo de Tommy como director en la compañía de Sam, y oh sorpresa, de su actividad como dueño de una empresa de construcciones en Punta del Este.

Había pasado el tiempo y comencé a decir que debía ir a preparar el almuerzo, para después en la tarde volver al gazebo.

Y entonces, dejó al descubierto el verdadero motivo de haberse acercado a conversar:

—Quizás de tarde la vea de sombrero blanco y grandes lentes de sol… ¿O e habrán informado mal?

Un poco desorientada, por un momento no supe qué responder, y me salvó la llegada de Tommy. Aún nerviosa, los presenté, los dejé conversando y me fui a cocinar. Cuando Tommy volvió al apartamento, me dijo que habían hablado de la construcción en Punta, del mercado y de nuestra intención de comprar en este año.

“Y para seguir conversando del tema inmobiliario lo invité a cenar en casa esta noche, porque el pobre está solo. Igual, nos veremos de tarde en la piscina, le dije que la cena sería muy sencilla”.

Le conté a Tommy lo que el vecino me preguntó acerca del sombrero y de los lentes, y lógicamente dedujimos que alguien le habría informado de lo de Raúl y el descapotable, y mi entrada y salida del café.

Rápidamente Tommy decidió hacer una llamada telefónica, y vi que luego hacía otra.

Le pregunté a quien o quienes llamaba, y me respondió sonriendo “estaba ajustando algunos hilos sueltos”, y decidí confiar en él.

Almorzando, la pregunta fue inevitable: “¿Y si insinúa algo que hacemos? Dijo Tommy. Y yo: “Dejemos que hable, si es que el tema reaparece, si vemos que tiene deseos, sería un error negarnos pues podría sembrar rumores en el edificio”.

Y Tommy: “Suponía que dirías algo así, ¿sabes a quien llamé por teléfono? Llamé a nuestro amigo médico de Montevideo, él se comunicó con alguien de aquí a quien llamar si se concreta, ese médico puede venir y hacer análisis rápidos”… “¡Sos un genio amor!” Y lo besé.

Lavando los platos hicimos varios planes alternativos de comportamiento nuestro según como se comportara Ed, y preparamos todo. La picada, elementos para bruschettas, bebidas de varios tipos a temperatura, postre y outfits que ubiqué en diferentes lugares del apartamento para tenerlos disponibles según ocurriera todo.

Sobre las 4 pm Tommy bajó al gazebo, y no demoró en encontrarse con Ed. De inmediato me envió un mensaje y dijo a Ed, “voy a contactar a Sofi a ver por qué demora tanto en bajar”.

Al instante, ya estaba preparada, bajé y me dirigí al gazebo.

¿Se lo imaginaron por adelantado? Sí, el mismo modesto bikini de la mañana, sombrero blanco enorme y lentes de sol oversize. Caminé lentamente hasta el gazebo, y saludé dirigiéndome a los dos: “Hola Ed, hola mi amor”.

Eduardo apenas pudo responder con un ¡hola! Y comenzó a reírse… Momentos después dijo: “¡mi pregunta de la mañana ha sido respondida!” Y yo: “¿pero cómo supiste?” (ya tratándonos de tú y no de usted). “Un amigo me contó de una rubia que había impactado a concurrentes en un café cerca de la Mansa, y por la descripción del cuerpo y la actitud, pensé en ti, por tu forma de vestir desenfadada, que también vi una mañana caminando por el pasillo de los apartamentos”.

“Bueno, sí, un amigo decidió cumplirme el deseo de pasar en un descapotable de alta gama”, dije yo, omitiendo la obvia referencia a cuando me vio abriendo la puerta a mi papá.

“Debe ser un buen amigo”. Dijo. Y yo: “de los mejores”.

“Realmente el sombrero y los lentes resaltan tu elegancia”. “Ja ja… muy gentil, muchas gracias”.

“No te ofendas por lo que he dicho, Tommy”. “En absoluto, es la pura verdad”.

Y la conversación derivó hacia otros temas, entre ellos, su actividad en la construcción, nuestro interés de comprar y si tiene algún apartamento a la venta. Que sí los tiene, en buena ubicación y también en un edificio en construcción de muy próxima inauguración.

El tiempo pasó subimos a nuestros apartamentos y nos citamos a eso de las 9 pm en nuestro lugar.

No sabíamos si pasaría o que no, de modo que decidimos que me vistiera elegante, sexy pero sin mostrar ni provocar, y las circunstancias serían las que nos orientarían. Sin olvidar que soy una señora felizmente casada y enamorada… y también puta fina y cara.

Eduardo llegó unos 10 minutos pasada la hora, tal como indica el protocolo en reuniones no formales. Sencillo y elegante, bien de verano, camisa blanca, pantalón azul, mocasines, muy agradable perfume.

Tommy más o menos similar, y yo opté, de acuerdo con mi marido, por vestido veraniego, apenas encima de la rodilla, levemente ajustado, cuello halter, negro; sandalias negras sin usar medias, y un conjunto de lencería francesa espectacular y original.

Déjenme describirles la lencería.

Me encantó desde que la vi en una vidriera del distrito VIII en París. Todo de encaje color rosa viejo, un encaje sutilísimo, ultra delgad, prácticamente transparente. Corpiño sin copa estructurada, la “copa” toda en el satén rosa viejo del conjunto, todo bordeado de puntilla negra, formada por decenas de pequeñísimas florcitas unidas unas a otras con delicadas costuras artesanales. Solamente se prende con broches a la espalda, sin breteles por encima del hombro, lo cual me permite lucir los hombros descubiertos gracias al cuello halter del vestido.

Portaligas (o liguero, como prefieran llamarle), en el mismo color y material, también ribeteado de florcitas negras.

Se complementa con dos ligas elastizada (sin medias, como ya dije) sujetas por solamente dos tiras frontales (nada baja por detrás) del liguero, el cual se coloca a la altura de la cintura. Las ligas totalmente en ancha puntilla rosa viejo, con bordados arabescos negros.

La tanga por supuesto en el mismo encaje del resto del conjunto pero totalmente te minimalista para que no quede un conjunto recargado. Un pequeño triángulo frontal, del cual parte un hilo rosa desde el perineo hasta emerger en la parte superior de las nalgas y bifurcarse en dos hilos rosa que pasan hacia el frente por la zona de encima de la cadera y su unen al triángulo frontal. Por supuesto, como siempre, me coloco la tanga por encima de los tirantes del portaligas, por ser más práctico ja ja.

Y les cuento algo más, que no es por alabarme, sino que sé que es muy real. Mi Tommy estuvo mientras me vestía, me alabó el corpiño sin breteles, “no es tan jugado como no ponerte nada y es más sexy que corpiño con copa rígida, y la ausencia de breteles deja que se te muevan un poco, muy natural. Y lo mejor, confirmado con los videos y fotos que tomamos, “tu culo es ideal para tangas con hilo, se abre al medio lo justo, y es muy firme, no cae, es diferente de otros que se abren demasiado o son demasiado grandes y se caen al no tener soporte de culotte o algo así”.

Miramos los pequeños reels filmados y varias fotos, una de ellas en pose odalisca, y la verdad, mi culo se separaba lo justo, conservando la forma, ¡me gusté!

Estábamos viviendo en el mismo edificio, la conversación fluyó, las bruschetas estuvieron muy ricas y también resto de la picada, el tiramisú que preparé después de almorzar estuvo realmente te bueno, y los temas de conversación fueron variando. Me interesó mucho, (y también a Tommy), el tema de los apartamentos que Eduardo tiene en venta, sobre todo los de próxima inauguración.

Y llegó mi momento, definitivamente, tuve ganas de coger, y de hacer mi cliente masculino número 68…

—Por cierto Ed, espero no te haya decepcionado la cena ni el hecho de que no vistiera sombrero blanco…

—Ja ja, la cena buenísima y lo del sombrero, bueno, ya en la tarde había apreciado lo bien que te queda.

—¿Qué tal si pasamos al living y preparo café lo tomamos allí? Ambos estuvieron de acuerdo. Dejé que el vestido quedara un poquito subido sobre el muslo.

—Y si no molesta mi pregunta, ¿cómo fue lo del sombrero y los lentes en el café? Mi amigo me contó otros detalles que no quiero mencionar.

—Como te dijimos, Raúl es un gran amigo, le encanta organizar fiestas, fuimos a una de ellas, conocíamos a una modelo argentina también invitada que nos llevó. Surgió amistad con Raúl, y un día entre bromas y tragos decidimos hacer ese juego, pues soy un tanto provocadora, como lo sabe y aprueba Tommy.

—Según mi amigo, parece que el éxito fue total, ¡llamaron la atención de todos los presentes!

—¡Que bueno, ja ja! Tommy y yo a dúo.

—Pero yo no advierto esa faceta tuya provocativa, salvo el día que te vi en la puerta del apartamento, pero era muy temprano y quizás recibiste a alguien en forma imprevista.

—Si, así fue… pero en realidad mi gusto por provocar un poco, surgió en una noche de intimidad, ¿lo recuerdas amor?

—¡Cómo podría olvidarlo! Te hice una pregunta muy especial, y tú me diste no una sino dos respuestas que no esperaba.

—Iré a preparar el café, y tú, mi amor, le cuentas a Eduardo cómo era nuestra relación antes de esa noche de enero de 2024. Y no te aburras con los detalles Ed, tú pediste saber de mi faceta provocadora.

Los dejé, tratando de que al incorporarme del sofá mis tetas se sacudieran un poco.

Tommy me diría luego como le relató a Ed nuestra relación desde la escuela. Nuestro noviazgo desde secundaria, y como llegamos a casarnos y a enero de 2024 siempre fieles el uno al otro.

Volví con los cafés ya servidos, los comenzamos a saborear (italiano, del mejor).

—Hasta ahí todo claro, dijo Ed, pero ¿cuál fue esa pregunta de la que me hablaron?

—Una noche de intimidad, le pregunté a Sofi si tenía alguna curiosidad o deseos de probar algo más en sexo.

—Y creo que mi respuesta lo sorprendió, fui sincera y le dije que me intrigaban dos cosas; como sería estar con otro hombre, y, lo más duro de asimilar… que me intrigaba saber cómo que siente si a una le dan dinero a cambio de sexo… y agregué “aunque creo que moriré sin saber nada de eso”.

—¡Diablos! ¿Y cómo te tomaste esa respuesta Tommy?

—Nos amamos, no lo dudábamos entonces y no lo dudamos ahora, y le dije que por mi parte estaba todo bien. Y un poco en broma agregué que “si vas a ser puta debes ser la mejor y la más cara”.

—Asombroso, dijo Eduardo mientras con un pequeño movimiento en el sofá trató de disimular cierta excitación.

—Yo misma de alguna manera seduje a un caballero, viudo, cliente de la asesoría económica en la cual yo trabajaba en aquel momento. ¡Y me gustó la experiencia! Al poquito tiempo, ideamos una subasta de mis posibles servicios pagos. Desfilé tratando de excitar a los caballeros asistentes. La mejor oferta, genial, coincidió bastante con mis deseos de honorarios, y así empezó todo. Descubrí que todo eso me gustaba, aunque ya no soy tan jovencita como otras, para liberar mi tiempo dejé mi empleo y fundé mi propia asesoría, y todo ha sido un éxito. Te imaginas que un juego, realmente una diversión, como la que te contaron que hicimos en ese café, ya fue algo muy natural.

—¡Increíble, asombroso, no puede ser cierto! exclamó Ed, su cara rojo carmesí, sus manos entrelazadas cubriendo su entrepierna. Y ya más tranquilo…”ahora comprendo lo que pasó en ese café, y creo que esa gente solamente vio una mínima parte de lo que pudo haber visto”.

Tommy tomó la palabra: —¡Obvio que les faltó mucho por ver! En realidad tú has visto más en la piscina, ja ja.

—Ja ja, muy cierto, y aun así creo que pudiera ver cosas mejores.

—¿Has oído amor? Nuestra visita cree que pudiera ver más y mejor.

—Pero, ¿y si se desilusiona? —Si se desilusiona le pediremos que nos guarde el secreto. Creo que tomaremos otro café. Y yo me fui a prepararlo.

—Yo supongo que todo esto es otra broma como la del café, acaso estarán filmando…

Regresé y Tommy dijo: “amor, Ed cree que esto puede ser una broma, o que estemos filmando”. ¿Qué te parece si lo sacamos de dudas? Creo que primero deberíamos saber si a Eduardo le gustaría ver más.

—¡Vaya! Aceptaría ver más, sin dudas, encantado.

—¿Y luego de ver?

—Me encantaría ir a más, pero claro, habría que definir ciertos temas, soy casado, tremendamente cuidadoso de mi salud y mi familia.

—Digamos que deseas ver y luego pensar…

—Ja ja algo así. Dijo, como dudando, pero su entrepierna lo delataba.

Me acerqué a Tommy en el sofá mayor. Ed sorbía su café y Tommy me comenzó a acariciar una pierna a la altura de la rodilla. Comencé a besarlo, cada vez más intensamente, hasta meterle la lengua en la boca. Mi vestido ya había subido hasta que se veían las ligas.

Nos pusimos de pie. Tommy sostenía el vestido a la altura de las ligas y muy lentamente siguió subiéndolo. Lo sentí subir por mis nalgas, y luego percibí su mano en mi cintura, mi culo estaba totalmente a la vista.

Y entonces oí lo que he oído muchas otras veces, cuando Tommy me entrega, o al desfilar para posibles machos… y es algo que me encanta oír: “¡Que divino culo!” —Creo que le estás gustando. Dijo mi marido. —Mucho, acotó Eduardo.

Tommy dejó caer en vestido, y conmigo de espaldas a Ed desprendió el cuello halter del vestido. De a poco bajó el vestido hasta que lo dejó caer al piso, toda mi espalda culo y piernas a la vista. Refregué mi cuerpo contra el suyo y me giré de frente a Ed.

Pudo apreciar la lencería a pleno, el portaligas sujetando las dos ligas, la mínima tanga que por encima del triángulo de encaje dejaba ver algunos vellos de mi landing strip, que por cierto había recortado y emprolijado al vestirme.

Y más hacia arriba, el hermoso corpiño, cuya belleza creo que era igualada por las tetas que retenía. Estuve parada, casi diría en forma mayestática, mirando a nadie, mirando solamente te al frente, durante varios segundos. Luego de varios segundos, Tommy me acarició suavemente los pezones y preguntó a Ed: ¿Te gusta mi esposa? Ahora has visto mucho más.

Ed seguía sentado, las manos cubriendo la entrepierna. —Me enloquece, y seré directo y brutal… ¿Cuánto cobra?

Volví a girar con la tanga aún puesta, (luego Tommy me dijo que el culo me quedó perfectamente abierto, las dos partes firmes, apenas separadas) y en un acto ya característico en mí, me incliné abriendo un poco las piernas. Tommy me quitó la tanga y esfínter y concha quedaron plenamente a la vista de Ed.

Retrocedí dos pasos y quedé al lado de su cara.

—Puedes lamer… dijo Tommy.

Sentí la lengua de Ed deslizarse desde mi vulva al ano, una vez… dos veces… y me alejé.

—Mi arancel es de tres mil, dije.

—¿Tres mil por una hora? Exclamó Eduardo, alarmado.

—Se nota que no me conoces, dije, son tres mil a tu entera satisfacción, algunos han estado toda la noche, otros un día, otros muy ocupados, una o dos horas… no pongo límites.

¿Y cómo coordinaríamos? No tengo efectivo conmigo. No tengo condones, solamente tengo esta sorpresa y mi deseo de cogerte. Y agregó disculpa lo que he dicho, Tommy, pero tu mujer es… incomparable.

Hasta aquí la entrega de hoy, mañana mismo enviaré la segunda parte de este encuentro, y luego, el relato de cómo el juego en el café de la mansa, provocó una nueva aventura, pero ya en Montevideo.

Un beso a todos.

Sofía.

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