Queridos lectores luego de contarles todo el inicio como putifina de Maca, mi intención era relatarles algo de Sara/Sam y también acerca de la hermosa reunión de inauguración de la ampliación de nuestra casa de campo. Y planeaba acelerar el relato de todo lo ocurrido a partir de febrero hasta el actual mes de agosto.
Pero no siempre las cosas ocurren como se planean.
Y en finales de julio y primera mitad de agosto, ha ocurrido algo que debo contarles ¡Ya! Sin demoras. Es que estoy muy muy contenta y orgullosa de lo que ha ocurrido. Es algo que ha ocurrido y que también involucra más que de costumbre a mi Tommy, por lo cual mi orgullo por su comportamiento es mayor. Pero paso a relatarles, no los haré esperar.
A fines de julio, Tommy recibió una llamada de nuestro amigo Raúl, de Punta del Este, el que conocimos en enero a través de nuestra ya amiga íntima la modelo y conductora argentina YY.
En principio Tommy se extrañó de que Raúl lo llamara a él y no a mí. Pero en la conversación, luego de los saludos de rigor y de algo de conversación “social” Raúl pasó al núcleo del tema.
—Sabes Tom, tengo que proponerles algo por cuenta de un amigo. Sabés que soy bastante libertino, lo han experimentado en mi casa y en vuestro apartamento en enero, y un amigo de siempre me ha pedido algo muy especial.
—Mmm contame Raúl…
—Este amigo, que vive aquí cerca de Punta del Este, en una granja marítima, desea hace tiempo algo muy especial, y ese es el motivo de llamarte a vos y no a Sofi.
Lo que él desea es una experiencia completa, paga obviamente, de entrega de esposa por parte de un marido real. Y obviamente pensé en ustedes. Ya que muchas veces participas en los encuentros, podrías hacer una buena entrega. Por otro lado, no es nada fácil que un marido real entregue a su esposa, y creo que tú y ustedes son de recomendar para ese juego.
—¿Y cuán de confianza y cuan solvente es tu amigo? ¿Dónde se haría?
—Totalmente de confianza en todo sentido, y muy muy solvente en lo económico. Si algún día conoces su granja contra el mar quedarás maravillado, y sobre donde se haría, puede trasladarse a Montevideo por un par de días. Y por supuesto le dije que se prepare con sus análisis de sangre en el laboratorio que es de confianza de ustedes.
—Te agradezco mucho Raúl, sos siempre un gran amigo. Te imaginas que debo hablarlo con Sofía, aunque seguramente acepte. ¿Podrías decirle que me llame a partir de mañana? Muy temprano o al fin del día. Te agradezco todo, ¡siempre en la diversión!
—Nos vemos en cualquier momento Tommy.
Todo eso me lo contó mi Tommy, y yo solamente lo he puesto en forma de relato, al igual que haré con otras partes de esto, que mi amor me relata cuidadosamente, a veces mientras me coge suavemente.
Por supuesto hablamos del tema, decidimos hacer valer la participación especial y obligada de Tom y nos gustó la idea, una variante sobre lo usual, algo que nunca hemos hecho aunque en lo usual siempre me gusta hacer pequeñas travesuras o cosas nuevas con mis amigos. Pensamos que estaría muy bueno teatralizar una real entrega, de un marido que desea ver coger a su esposa.
El señor Tito, lo llamaré así, no esperó nada, al otro día a las 7 y 30 ya llamó a Tommy.
Se presentaron, Tito estuvo de acuerdo tener una primera entrevista con Tommy para conocerse y acordar todo, y convinieron hacerlo al día siguiente en un almuerzo breve.
Ese mismo día, en un momento de relax al terminar el trabajo del día, Tom puso más o menos al corriente a Sam, quien estuvo muy interesado, con vistas a posible posterior entrega de Sara o algo así, je je.
El almuerzo fue relativamente breve y cerca de la oficina de Tom, para disturbar lo menos posible su trabajo. Y paso a relatarles lo que mi amor me contó, que no fue todo, para que mi comportamiento fuera más natural y actuará como un poco “sorprendida”.
En cinco minutos ya habían convenido el arancel, sin problemas, tal como lo pensó Raúl al hablar con Tommy. Una suma más que adecuada, muy alta, acorde a lo especial del pedido, que como siempre, además del nuevo rol de Tom, incluía como con todos los amigos, coger hasta que Tito estuviera satisfecho. Se reunieron un miércoles y fijaron el encuentro y “la entrega” para el sábado a mediodía. Lo convenido era que todo se actuaría como entre desconocidos.
Tommy me dijo que “ya te he informado todo lo necesario”, y el sábados vas a jugar a ser una esposa sexy y un poco insatisfecha a la par que curiosa, que un marido entrega por primera vez a un tercero. Se supone que seré un marido obsesionado con su trabajo que por ello está desatendiendo a su esposa, que vive deseosa e insatisfecha. Y ahí quedé yo, pensando mi rol y acerca de mi outfit u outfits para la ocasión.
El jueves llegó la transferencia de los honorarios… excepcionales honorarios, por ese valor podría hacer hasta de Blancanieves o de bruja ja ja. Nos encantó el desprendimiento de Tito, transfiriendo dos días antes, y comentándole a Raúl que su almuerzo con Tommy había dado excelentes resultados.
Lo único por hacer fue limpiar mi agenda atendiendo sin descuidar a tantos amigos como pude, y pensar y pensar en el tema. Tommy oía mis ideas pero no comentaba ja ja.
Y finalmente, llegó el sábado. Incluso temprano estuvo Sam en casa para una descarga matutina e informarse de novedades. Ya había puesto al corriente a Sara, la cual lo digo desde ya, se está comportando como putifina muy selectiva, incluso a veces no cobra, para mayor morbo.
Tuve que elegir ropa para el almuerzo, tratando de aparentar esposa un tanto provocativa por sentirse curiosa y un poco mal atendida.
Me decidí por un exterior sencillo pero atrayente (modestia aparte ja ja), y una lencería de lo mejor.
Zapatos de suela roja, negros, taco de 12 cm; medias, liguero y tanga negros, liguero como casi siempre alto, a la cintura, con largas tiras de sujeción de las medias, mini tanga hilo negra bien baja, apenas al nivel de mi landing strip, pero con el hilo relativamente grueso, pues he descubierto que si el hilo de la tanga es un poquito grueso, separa apenas los glúteos y eso mejora mucho la vista trasera del trasero ja ja.
Y arriba, un sostén media copa negro, sin breteles, simplemente prendido a la espalda, que permite un suave balanceo de las tetas al caminar.
Dudé mucho acerca de si llevar palazzo, falda o vestido. Finalmente me decidí por falda negra plisada bien arriba de la rodilla, pero nada exagerada, y camisa turquesa con cuello jabot, ribeteado de negro para conjuntar con la falda.
El plan era que el interesado se presentaría a nosotros, recién llegados a almorzar, y se identificaría como un amigo de Raúl, de pasada por Montevideo, y a quien Raúl le dijo que si estaba solo y aburrido, podría almorzar con nosotros que solemos frecuentar el restaurante “XX”.
Llegamos y al pasar lo vimos a la puerta del restaurante. No perdió tiempo y preguntó:
—¿Tommy? —Sí, Tito, supongo, me habló Raúl. —Sí, exactamente, un gusto. —Gusto de conocerte, ella es mi esposa Sofía. —Un gusto y una sorpresa ,Tito, Tommy no me dijo que nos encontraríamos con alguien. —Olvidé decírtelo amor, me avisó Raúl ayer que Tito estaría solo y aburrido aquí. Y ya pasamos al restaurante, yo, fingiendo cierta contrariedad.
Para abreviar, diré que al quitarme el abrigo me lucí (o al menos traté de lucirme) un poco, pero luego me senté seriamente. Durante la conversación fui fingiendo que pasaba de contrariada por el encuentro “que no me había sido avisado” a levemente divertida por algunos chistes y anécdotas de Tito. En fin, todos representando nuestro papel. Tanto fue así que Tommy se separó dos veces de la mesa para hacer dos “llamadas de trabajo”, las cuales yo aproveché para comentarle a Tito que “Tommy siempre me hace lo mismo desde que ascendió en el trabajo, parece que pensara más en el trabajo que en mí”. A lo cual recibí comentarios acerca de que me entendía, y que a veces el trabajo absorbe totalmente a las personas.
Cuando volvió , de la supuesta segunda llamada, fingiendo contrariedad le pregunté: “¿terminaste por hoy? Y me respondió que “no estoy seguro”. Ja ja ja…
A lo cual dije que “Bueno, al menos nuestro invitado sorpresa me ha hecho ameno el almuerzo, y podríamos invitarlo a café en el estudio, está más cerca que casa”.
Pagamos, es decir pagó Tito como agradecimiento por recibirme en su almuerzo e invitarlo a café a mi oficina. Ya le habíamos contado todo de quienes somos y de mi Asesoría Económica, y nada más, aunque ya sabía el resto y había pago, todos fingíamos normalidad.
Llegamos al local de la asesoría, dejamos los abrigos y le hicimos un pequeño “tour” por las dos plantas, mostrándole el sector de oficina y el sector privado, tanto en planta baja como en planta alta. Al subir la escalera, se imaginan, subí adelante (es lo que manda el protocolo, la dama sube adelante y baja detrás del o los caballeros), moviendo levemente las caderas.
Fui a hacer café y me demoré deliberadamente, lo habíamos convenido con Tommy, para que ellos conversaran.
Según Tommy, hablaron de lo buena que es la sede de mi Asesoría, que mezcla oficina y casa (en caso de ser necesario), de lo hermosa que es la suite del piso alto, y parece ser que Tito, totalmente en su papel, le dijo a mi marido que no se explica cómo me tiene descuidada por el trabajo, “me lo contó Sofía cuando hiciste las dos llamadas telefónicas en el restaurante, te juro que miraba esas piernas, y no me explico cómo puedes desatenderla, dicho sea con el mayor respeto”. “Es que el estrés es mucho, y no siempre el físico responde, aunque la mente desee. Ella a veces exige y no puedo responder físicamente, te juro que me desespera y he llegado a tener ideas desesperadas”. “Ideas desesperadas, ¿cómo cuáles?, por favor no pienses locuras”
“En cierto sentido es una locura, he pensado hasta en que alguien complemente sus deseos sexuales, que le complemente lo que falta de lo que puedo darle”.
Más o menos según Tommy en ese momento aparecí yo con el café, lo serví y Tommy volvió a excusarse para hacer una vez más una llamada de trabajo, y pidió que no dejáramos enfriar nuestros cafés pues demoraría unos cinco o diez minutos.
Comenzamos a beberlos, y Tito, mirando mis piernas, que estaban con la falda un poquitín subida, dijo : —Justamente, con respeto, le comentaba a Tommy acerca de las hermosas piernas que tienes, y ahora agregó que te quedan muy bien esas medias negras, y el contraste con el rojo de la suela de tus zapatos (yo estaba de piernas cruzadas y se veía la suela roja de mis zapatos franceses, ya saben…).
—Ohhh ¡cuánta gentileza! Te agradezco lo que dices, pero, lamentablemente, ya sabes, no todo va perfecto en su rendimiento, lo comprendo y lo soporto como mejor puedo.
—Incluso a veces tiene ideas extrañas, desubicadas, ha llegado a hacerme propuestas muy extrañas, que he rechazado, aunque reconozco que cada vez mis rechazos son menos enfáticos… Crucé mis piernas hacia el otro lado, logrando que la falda se subiera un poquito más por el movimiento, y en ese momento regresó Tommy.
—Bien, espero que fuera la última llamada de hoy, siempre necesitan más datos o coordinar más cosas.
—Le decía a Sofía mientras tomábamos el café que me encanta toda esta propiedad y en especial como han unido oficinas y una especie de segunda vivienda.
—¿Y le dijiste también a Sofi como admiraste sus piernas en la escalera?
—No podía dejar de decírselo, y ella supo entender que era solamente un respetuoso comentario.
—Por cierto, son una hermosa piernas, dijo Tommy, y me levantó la falda hasta mostrar el puño de las medias y el broche que sujetaba el tirante del liguero a la media.
—¡Pero Tomy! Exclamé. ¡¿Como me hacés eso?! Pero no bajé la falda.
—Es que le conté a Tito acerca de mi idea, y no dijo nada en contra, digamos que no opinó.
—¡Tú y tu idea loca! Siempre te vengo diciendo que no…
—Cada vez menos convencida de tu negativa…
—Es que… bueno…¡cada vez me satisfaces menos! Es la verdad.
—Lo sé, me duele, y quiero lo mejor para ti, por eso te he propuesto compartirte.
—¿Y lo reiteras aquí y ahora? justo frente a Tito, prácticamente un desconocido…
—Ya ves que no se ha negado… sé que es un hombre de confianza, y mejor entregarte a él.
—¿Ahhh sí? ¿Y qué te imaginas? Aunque la verdad me da vergüenza pensar en que me satisfaga un desconocido.
—Pienso que es lo mejor hasta que pase mi estrés, y quiero que seas feliz, que te sientas plena. ¿Lo harías Tito?
Y Tito respondió abriendo los brazos, las palmas de las manos extendidas, como diciendo “ No lo sé”.
—¿Sabés qué? Te voy a satisfacer, porque veo que no sos capaz de reaccionar por ti mismo, ¡a ver si verme con otro te despierta y volvés a ser el que amo! Mirá como se ha puesto el pobre Tito oyendo tus delirios acerca de entregarme. Lo dije porque había visto que de alguna manera, oyendo nuestra “reyerta”, fingida por cierto, Tito había desarrollado una hermosa notoria erección.
—Amor, lo haré por ti, y espero poder resistir algo que nunca pensé que ocurriría. Por favor, Tito, decime que estás dispuesto a hacerlo.
—Sofía es demasiado hermosa, lo haría con gusto, aunque no la he visto en plenitud, pero la imagino.
—Lo haré por ti, por nuestro amor, pero tendrás un castigo en la forma de entregarme, ahora, desvestirme para que Tito pueda ver el cuerpo que no logra excitarte como antes…
Me paré y fui hacia Tommy, fingiendo enojo.
—¿Pero cuál será el castigo? —¡Ya lo verás! Ahora desnudame, para comenzar de una vez.
Me paré y lo mismo hizo Tommy, Tito seguía sentado. Tommy me desprendió la falda y la dejó caer. Luego fue la camisa la que Tommy desprendió y dejó caer; por supuesto, los zapatos puestos.
—Mi Dios, dijo Tito, (y no vean ni sombra de falta de respeto en esa expresión, fue solamente expresión de alegría). Me cuesta pensar que me la vayas a entregar.
—En minutos me estarás cogiendo, dije, para satisfacción y descanso de mi marido. Pero no me has visto de espaldas. Tommy captó la sugerencia y me hizo girar. Luego me diría que la expresión de Tito era de amplia sonrisa al ver mi culo, las dos partes apenas separadas por el hilo grueso de la tanga, los glúteos duros y altos, aún visible algo de la. Arca de bronceado veraniego (y caribeño, por algo que ya les contaré). Tommy me volvió a poner de frente a Tito. “Mirá estos pelitos dijo”, ajándome apenas el frente la tanga.
—Es maravillosa, acotó Tito.
Y yo agregué: Quiero que pagues tu castigo, Tommy, subamos los tres a la suite. Y sin esperarlos giré y me dirigí a la escalera. Subí, sin mirarlos, moviendo ahora sí descaradamente el culo, sabiendo el espectáculo que les brindaba.
Llegamos a la suite, me incliné a abrir la cama agachándome de modo que se me abriera un poco la raya del trasero.
—Querido Tito, supongo que puedo llamarte así ya que mi marido me entregará a ti en nuestra propia cama, te pido que te desvistas y nosotros ya volvemos. E hice señas a Tommy de acompañarme a la zona de vestidor y baño de la suite. Era hora de que “pagara su decisión de entregarme”. Y lo divertido es que mi maridito no sabía que era la sorpresa.
Pues nada menos que entregarme vestida de novia. Y eso sí que no se lo esperaba.
Desde que Raúl conversó con Tommy, y sabiendo que nada se haría en casa, yo había traído a la oficina el vestido de novia, con sus manchas de semen de mis machos elegidos. Me coloqué lencería de novia, no la original pero sí idéntica, medias y liguero blanco, tanga y corpiño media copa blancos, tiara y largo velo cayendo en cola por el piso, y el propio vestido, que Tommy abotonó en mi espalda, para desabotonarlo minutos después en la entrega.
Hice que Tommy prepara para hacer sonar en el ambiente la Marcha Nupcial, la más característica de las conocidas, Tommy fue primero al dormitorio, cabizbajo, y dijo a Tito, que me esperaba desnudo:
—Ella ha elegido castigarme por entregarla y por no ser capaz de complacerla tanto como desea… mira como me obliga a entregártela… y comenzó a sonar la música nupcial y entré yo vestida de novia. Si Tito se sorprendió al verme, no fue menos mi sorpresa al ver lo que tiene entre las piernas (se los detallaré después).
—Ahora sí, puedes desvestirme para quien me dará satisfacción completa, dije. Pero antes desfilé delante de Tito mientras lo calentaba diciéndole: —Mi marido va a entregarme como si fuera noche de bodas, quiero que recuerde la época en que me satisfacía y por eso acepté que me entregue en mi auténtico vestido de novia, el cual aún conservo con las manchas de leche.
Tommy me fue desvistiendo lentamente, mientras desabotonaba el vestido, luego me lo quitó y se lo pasó a Tito para que lo sostuviera, luego me quitó el soutien y la tanga, con lo cual Tito apreció mi total desnudez por primera vez.
—Fíjate la mujer que te entrego, esposa y profesional universitaria, hermosa y deseosa de mejor sexo del que puedo darle ahora, ayúdame a recuperarla mientras yo recobro mi potencial total.
Caminé desnuda, solamente con mi tiara y velo varias veces por delante de Tito.
—Quiero que me guíes al comienzo como forma de entrega sin límites, dije . Entonces Tommy me quitó la tiara y el velo, me acarició toda y dijo: “Eres suya hasta que yo vuelva a merecerte” y tomó mi rostro entre sus manos, me besó y me hizo arrodillar frente a Tito hasta que, arrodillada, mi boca quedó frente a su verga, ¡y que verga!
No me lo esperaba, pensaba en un señor de cincuenta años largos, de físico mediano, y lo es, pero, ¡qué hermoso miembro viril! por llamarlo así. Miembro y pubis, afeitados, huevos sin depilar… y la verga, la más grande que haya tenido enfrente, (bueno, la más grande es la de Charles, el franco-africano chofer de Paul en París, esa es enorme, pero la de Tito supera a la de Vic y a la de mi “novio” Fred. La de Tito es gruesa, muy gruesa, igual de gruesa de cabeza a tronco, larga, muy larga, cabeza tapara por el prepucio que forma un orificio circular en la punta. Impresionada, miré a Tommy, que me dijo: “Seguro eso te satisface”.
Atiné a darle un beso en la punta, ya la tenía dura, con una mano corrí la piel hacia atrás y respondió bien dejando libre la cabeza, rosada, un forma de cono.
Besarla y tratar de metérmela en la boca fue instintivo. Pero que entrara, me dio trabajo. Con la cabeza dentro, me dediqué a jugar con la lengua, luego me la saqué de la boca, le di varios besos al tronco y me puse de pie.
Aún no me había tocado las tetas, se las refregué en su pecho a modo de llamado, mientras también restregaba mi pubis en su pija. Sus manos tomaron mis nalgas y atrajeron todavía más mi cuerpo contra el suyo. Y pasó a ser él quien me pasaba la verga por fuera de la concha y por la zona del clítoris.
Las manos fueron a mis tetas, y yo le devolví las caricias siendo yo quien acariciaba sus. Algas y hasta llegué a su esfínter con un dedo. Entonces sí, mis pezones disfrutaban sus pellizcos, mis senos sus caricias y mi lengua la suya.
Sentado, Tommy nos miraba. Tito me empujó a la cama, caí a ella perpendicular, con las piernas hacia el piso, entreabiertas, esperando lo que deseaba en ese momento. Y se concretó. Me abrió más las piernas y fue directo a lamerme la raja, que lo esperaba gustosamente. Me la salivó, metió un dedo hasta tocar mi zona arrugas dentro de la vagina, algo que me enloquece, y moviendo el dedo suavemente. Esa zona, comenzó a lamerme el clítoris, que ya estaba excitado de cuando me restregaba la pija.
—Así, así, siii, así…fue más gemido que palabras.
—Si amor, goza con él, ¿ves que hago bien en entregarte?
—Se nota que le falta todo, mimos y pija dijo Tito.
—Metémela, dije otra vez gimiendo. —¡Hacela acabar!. Dijo mi amor…
Tito me tomó en sus brazos, me levantó y puso todo mi cuerpo sobre la cama. Yo estaba realmente caliente. Era evidente su idea de tenerme en misionero. Pero deseando aumentar el juego, Tito se dirigió a Tommy: “deberías entregarme su concha bien húmeda” dijo señalando misionero entrepierna. Mi marido obedeció prestamente, y me dio un par de lengüetazos bien profundos, apartándose hacia mi costado, al costado de mi pecho.
—Ahhh que bien, tu marido quiere ver como logro que acabes como seguro hace tiempo no acabas.
—No resisto más, dame pija por favor.
Y vaya si me dio pija, primero, golpecitos suaves en el clítoris, luego vaivén entre los labios vaginales, preparándome para el misil que iba a meterme. Levanté las piernas y las iba a cruzar sobre su cuello, pero Tommy me agarró de los pies los llevó casi hasta mi pecho, las piernas bien abiertas hacia ambos lados del cuerpo. Esa posición hizo que mi concha, ya un lago, quedara totalmente expuesta y abierta al ataque de Tito. Apoyó la cabeza de su verga en mi raja, se aseguró que estuviera bien ubicada, y empujó, fuerte, bien seguro de lo que hacía.
No lo habíamos libertado con Tommy, lo juro, me salió un grito espontáneo y gozoso: ¡Ahhh sííí! Cero dolor, todo placer, mi acogida (nunca mejor dicho) a aquella hermosa verga fue todo goce.
—Tommy seguía sosteniendo mis piernas y Tito comenzó su vaivén que me volvió loca. Creo que sentía cada centímetro de pija entrando o saliendo en mí, sentía el pliegue de la piel del prepucio raspando las paredes de mi cueva amorosa… y me vine, acabé y vaya si acabé, acabé como esa pija merecía y mi calentura hizo que todo el cuerpo temblara y ellos lo percibieron.
—¿Ves? Así tenés que volver a cogerla, hacerla temblar y acabar.
—Así era y quiero que vuelva a ser, si la dejas bien cogida seguro me va a exigir menos y yo voy a recuperar mi nivel. Seguí, seguí, acabale, mirá como está jadeando ( y era cierto, mi respiración era entrecortada y emitía ruidos más que palabras).
Tito sacaba y metía la verga como si fuera un taladro.
Yo estaba con la concha bañada, dilatada, gozaba y él sin miramientos sacaba totalmente y volvía a meterme su tronco como un animal.
Y llegó el momento. Cuando sintió que acababa se frenó y pasó a un vaivén mínimo con la verga a fondo en mi cuerpo. Sentía sus chorros, pude contar cuatro. Tommy soltó mis piernas y apoyé mis pies en la cama, las rodillas flexionadas, la respiración entrecortada, y la pija dentro de mí. Dura al principio se fue ablandando y yo iba recuperando mi respiración.
Continúa en parte 2.
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