Continuación del relato del taxi, recomienda ir a leerlo si no lo han hecho…
Apenas entramos a la habitación del hotel, el aire se sentía pesado, cargado de ese deseo sucio que traíamos desde el taxi. Andy me aventó contra la cama sin quitarme los jeans, solo bajándome el cierre para sentir mi humedad.
—Estás fuera de control, Adri —me dijo, respirando agitado mientras me besaba el cuello—. El taxista casi choca por tu culpa.
Yo me reí, una risa descarada que me salió del alma. Me sentía poderosa. Lo jalé del cinturón para tenerlo cerca le desabroche y le saque su rica y gruesa verga y como una puta hambrienta le empecé a chupar toda su verga desde su tronco hasta llegar a su cabeza, hincada y mirándolo desde abajo me metía todo su miembro pero no lograba entrar toda y el me empujaba la cabeza y yo arqueaba eso le volvía loco y en un movimiento me levante para susurrarle algo que lo dejó helado:
—Si eso te volvió loco… imagínate qué pasaría si mi mamá nos viera así ahora mismo.
Sentí cómo su cuerpo se tensó, pero no de miedo, sino de un morbo purísimo. Andy se detuvo un segundo, mirándome a los ojos con una chispa de maldad que nunca le había visto. Pero el nombre de mi madre lo puso más cachondo que nunca. Fue entonces cuando soltó la bomba:
—Tu mamá… —repitió él, saboreando las palabras
—Adri… quiero confesarte algo. Tu mamá ya antes se me ha insinuado.
Lejos de enojarme, mi lado más perverso despertó. Me mojé solo de pensarlo. “Qué rico… ¿te imaginas que ella estuviera aquí viéndonos cómo me coges y que quisiera que se lo hicieras también?”, le solté, provocándolo.
Andy se puso duro como una piedra y yo como su puta personal empecé a masturbalo y me confesó que anteriormente ella ya le había enseñado la tanga “por descuido” y que lo había dejado ver sus tetas. Mi mamá tiene unos senos muy grandes —de ahí los heredé yo— y unas caderas prominentes que envidiaría cualquier jovencita. Es alta, con unas nalgas grandes, está bien conservada para sus 53 años y es muy abierta con el sexo, que yo sabía que a ella también le encanta que se la cojan de todas las formas posibles pues ya la había cachado varias veces cogiendo en la casa con hombres que no eran mi papá, le gustaba que se la cogieran en la cocina o sala de ahí que a veces la espiaba.
Andy me lanzó a la cama después de lo que le conté de mi madre, me quitó los jeans y las blusa dejándome en pura lencería, saco mis tetas y chupo los pezones, los mordia y jalaba algo excitante y que para mí era delicioso, me obligó a quedarme en cuatro frente al espejo que estaba en la habitación. Me sentía vulnerable y expuesta, justo como me gusta.
—Mírate en ese espejo, Adri —me ordenó, mientras sus manos grandes recorrían mi espalda hasta llegar a mis nalgas y empezó a manosearme y meterme los dedos—. Mira cómo tiemblas porque sabes que te voy a ser mía de la manera sucia y descarada.
Yo veía mis propias curvas moviéndose al ritmo de sus caricias. Mi respiración estaba tan agitada que empañaba el aire. Solo podía pensar en la cara de mi mamá si supiera que su hija y su yerno estaban perdiendo la cabeza por ella en este preciso instante. El de una forma casi impaciente metió toda su verga en mi intimidad dándome unas embestidas y jalándome el cabello largo, lo hacía de una manera que me mojaba demasiado haciéndome gemir. Fue ahí cuando solté el veneno:
—Cuñado… imagínate que mi mami, en vez de enojarse, entrara ahora mismo, nos viera así y te dijera: “Así, yernito, métele toda la verga a mi hija, que sienta lo que es un hombre de verdad”…
Sentí un cambio inmediato en él. Su miembro, que ya estaba duro, se hinchó de una forma casi dolorosa, pulsando contra mi piel. Con una lujuria que rayaba en la locura, mi cuñado lo sacó de mi feminidad y, sin una gota de duda, buscó mi ano. Lo hundió de un solo tajo, haciéndome arquear la espalda y soltar un grito que se ahogó en las almohadas.
—¡Así, Adri! ¡Así mismo le voy a reventar el culo a mi suegrita! —me rugió al oído, mientras sus embestidas se volvían rítmicas y brutales.
El dolor inicial se transformó en un fuego que me recorría toda la columna. Ver su cara de transfigurada por el morbo de mi mamá me dio un poder absoluto. Lo obligué a acostarse y me monté en él. Me tragué toda su verga por el ano abriéndome yo sola mis nalgas para que entrara toda, moviéndome de arriba para abajo con una desesperación animal, restregando mis pechos contra su pecho sudado, nos besábamos y el me tomo de la cintura para que mis movimientos fueran más intensos.
—Dime la verdad, Andy… ¿Te gusta mi mamá? —le pregunté, clavándole la mirada mientras mis músculos se contraían alrededor de él.
Él soltó un suspiro pesado, rindiéndose ante mi descaro. ¡Eres una puta Adri y si, tú mamá está riquísima como tú!- pero me dijo que él no había hecho nada y se había aguantado por respeto a mi hermana y porque honestamente a quien quería cogerse era a mí.
—¡Qué desperdicio, cuñado! —le dije, aumentando el ritmo de mi cabalgata—. Quiero que nos rompas el culo a las dos. A ella y a mí. Juntas.
Esa promesa fue el detonante. Mi cuñado me sujetó de las caderas con una fuerza que me dejaría marcas al día siguiente y me obligó a moverme más rápido en forma circular y de arriba, abajo, en cada embestida sentía como me entraba toda su verga, haciendo que mi ano se abriera de forma tan rica yo estaba vuelta loca y el lo sabía
—Si eso quiere mi putita, lo haré… —susurró con la voz rota—. Me las voy a coger a las dos, pero primero quiero que te lleves todo mi lechita.
Así que cambiamos de posición yo quedé acostada en la cama y el me levanto los pies y volvió a meter toda su verga por mi ano sentía delicioso como entraba y salía y lo abierta que me estaba dejando yo me movía a su ritmo el ya tan caliente empezó a masajear mi clítoris de una manera que me hacia estremecer.
Sentí cómo su descarga, caliente y abundante, me llenaba por dentro, justo cuando mi cuerpo colapsaba en un orgasmo anal que me dejó sin fuerzas y lo moje todo. Nos quedamos ahí, entrelazados, sabiendo que el trío ya no era un sueño… era el plan para cuando cruzáramos la puerta de nuestra casa. Y sin antes saber que mi cuñado quería que yo sola me cojiera a mi mamá y el también quería hacerlo solo con ella. Después vendría nuestro excitante y rico trío.
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Será posible? Que puta la madre y que puta la hija! Son hermosas cuando liberan el morbo. Me propongo para hacer un dos pa dos. Sería hermoso encontrar una madre y una hija con ganas de cojer juntas.
B.