Al día siguiente. Tiempos combinados.
Muy intensa en su sexo, está mojada y así se lo hace saber a Roque. Este gime y le pide que se desnude, ella con un movimiento sutil y sin dejar de acariciarse, se queda completamente desnuda ante él. Comienza a jadear… mientras desea verlo desnudo. Roque se despoja de toda su ropa, su pene erecto salta como un resorte al bajar su bóxer. Ella lo mira, desea de repente, masajear sus nalgas, acariciar sus testículos…
Roque siente las yemas de sus dedos en su culito, sus manos manejando expertas sus huevos… agarra su polla vigorosamente. De repente, algo húmedo en su glande le hace gemir de placer. Ella chupa, lame su glande con esmero, mete en su boca su polla y su lengua la recorre de arriba a abajo, de abajo a arriba… Roque jadea, agita vigorosamente su miembro, abre los ojos, observa cómo ella acaricia su clítoris, lo mueve con maestría, está muy excitada, mete sus dedos y los mueve con placer.
Ambos gimen al unísono, Roque se arquea, nota como su polla palpita, grita mientras su semen se esparce por aquella habitación sin punto fijo. Ella al verlo se abandona al placer, todo su cuerpo late, jadea, grita y disfruta de su orgasmo, mientras Roque mira ansioso. Ambos se miran, ella empieza de nuevo su ciclo de deseo, quiere que Roque la toque, la acaricie, la coma, quiere sentirle dentro, follar con él, acompasar sus movimientos con los suyos, sus jadeos, sus orgasmos…
Vuelve a tocarse con ansía, con deseo contenido y sudorosa mete sus dedos dentro de ella, los mueve, su respiración se acelera cada vez más al ver como él la mira con deseo. Gime de nuevo. El boquiabierto, excitado, ve su squirt y tiene de nuevo una erección. Tras esto, deciden verse en persona esa misma tarde…
Allí, tumbados en la cama, abrazados, sintiendo la fusión de sus cuerpos desnudos, esperaron, sin dejar de acariciarse y susurrándose cosas al oído, la llegada de la cena. Envuelto en un esponjoso albornoz blanco, con las iniciales del hotel bordadas en hilo dorado, Roque abrió la puerta al camarero que traía la cena, y presuroso, le dio las gracias con una buena propina. Con una amplia sonrisa descorchó una botella de cava y sirvió dos copas. Ambos brindaron con ojos de deseo. Roque cogió el paño cubre-botellas y haciendo un gesto juguetón de petición de silencio, le tapó los ojos acercando sus labios a uno de sus oídos pidiéndole que se tumbara.
Su aroma, el roce de sus labios, esa bocanada de aire en su oído, hizo que el deseo volviese a apoderarse de ella. Su sexo se excitó de tal manera que notó una gran tensión fruto de su clítoris erecto; se sintió empapada de flujo y soltando un gemido, le suplicó que no parara.
Roque, destapó una apetecible ensalada y sujetando con su boca un brote de canónigo verde, comenzó a acariciarla, deslizando aquellas hojas por su cuello, sus orejas, sus hombros, brazos, por su abdomen, por sus redondas y grandes tetas. Pasó delicadamente ese brote por sus pezones, que chocaban con sus labios y recibían ansiosos su aliento.
Ella, sin poder ver lo que estaba pasando, pedía más entre jadeos. Roque acarició el pubis de aquella hermosa mujer, soltó aquella hoja que había mantenido en su boca todo ese tiempo y comenzó a comer su coño con ansía; a chupar su clítoris erecto mientras ella gritaba de placer. Mientras su cabeza se perdía entre sus muslos, su boca paladeaba sus jugos y su lengua succionaba lamiendo su vulva, una oleada de calor entre sus piernas la invadía, una tensión intensa la poseía fruto del placer que sentía, y así, sin poder ni querer contenerlo más, todo su cuerpo comenzó a temblar de placer, mientras su sexo latía sin control entre gemidos.
En ese momento, Roque, con una erección descomunal (tenía su polla a punto de explotar con el glande violáceo, húmedo de excitación y lleno de fluidos deseosos de salir) le destapó los ojos y la besó. Ella lo besaba con intensidad, intentando reponerse del clímax que acababa de experimentar, y con un pequeño mordisquito en sus labios le susurró que ahora le tocaba a ella jugar.
Le ofreció una copa de cava y ambos bebieron de la misma copa entre besos. Ella comenzó a acariciar con su dedo índice la cara de Roque, sus ojos, perfilando con su dedo sus labios, su cuello, su pecho… el tacto del dedo de aquella mujer suave, sedoso, caliente provocó una intensa excitación en Roque.
Su polla estaba dura, erecta, hinchada, y sentía una tensión tan intensa que deseaba expulsar ese semen, gritar como un loco, correrse encima de ella. Mientras… ella besaba y lamía su torso desnudo, su ombligo y respiraba agitada, deseosa de probar cada poro de su piel. Su boca rozó el glande de Roque, rosado, hinchado, húmedo y comenzó a comerle la polla. Su lengua se movía con rapidez y recorría toda su longitud, cada vez más rápido y con más intensidad. Con sus manos masajeaba sus testículos con maestría.
Roque notaba cómo le invadía una sensación de pérdida de control, de dejarse ir, de no poder contenerlo más… y entre jadeos… un fuerte gemido fue seguido de oleadas de semen que salía sin parar. Entretanto, ella mordisqueaba y chupaba sus huevos mientras la polla seguía expulsando líquido sin control. Tras esto, ella excitadísima, se colocó encima de él y comenzó a frotar su chocho con la polla aún erecta de Roque, quien notaba cómo latía su orgasmo encima de su polla.
Ambos se besaron apasionadamente, con la respiración entrecortada…, y así abrazados, desnudos piel con piel, en una habitación de hotel a las afueras de la Ciudad Condal, donde las horas parecían minutos, se quedaron profundamente dormidos.
Los dos recogieron sus cosas y bajaron en el ascensor al garaje. Sin duda, había sido una tarde-noche maravillosa. Ella abrió el maletero de su monovolumen para guardar su bolsa.
Llegaba el momento de la despedida.
Roque la agarra de la cintura y la besa. Lo que empezó siendo un beso de despedida se transforma en un beso intenso, apasionado. Sellados boca con boca comparten caricias con sus lenguas, recorren sus labios sin poder evitarlo y la excitación de nuevo los domina. Roque mete sus manos por debajo de la camiseta de ella, y desabrochando el sujetador acaricia sus tetas, tira de sus pezones. Ella gime y toca su culo presionándolo hacia su sexo, acaricia su pecho, su espalda suave, saborea el perfume en su cuello, lamiéndolo, chupando sus orejas, su barbilla recién afeitada, iniciando así un camino de lujuria sin retorno.
Apoyados en el monovolumen blanco, se calientan el uno al otro, se acarician por debajo de la ropa, que ambos desabrochan con rapidez. Ella abre su coche y sienta a Roque en el asiento trasero, desabrochando sus vaqueros. Su polla salta como un resorte, y ella se pone muy cachonda. Está completamente mojada y Roque suelta un gemido al meter su mano y bajar su braguita. Acaricia su vulva, llena de fluidos, caliente… y ambos sentados en el asiento trasero se abandonan al deseo.
Las caricias de Roque en su clítoris hacen que ella se ponga a punto del orgasmo. Ella agarra sus manos, las entrelaza con las suyas y se pone a horcajadas sobre él, metiendo su tranca mientras jadea. Su vagina abraza esa polla erecta, hinchada, llena de fluidos deseosos de salir. Se mueve con soltura, cabalga entre gemidos cada vez más intensos, mientras su chocho se pone tenso con esa polla tiesa, suave, dentro de ella. Entra y sale a ritmo de jadeos y Roque se pone a mil sin dejar de mirar cómo las tetas de aquella bella mujer se mueven en su cara, intentando aguantar su corrida.
Ella jadea mientras aumenta el ritmo. Él chupa sus pezones erectos y nota los espasmos de ella en su polla. Roque no aguanta más y con un intenso gruñido de placer eyacula dentro de ella. Oleadas de semen se vierten sin control. Los orgasmos se fusionan y potencian, sus gemidos suenan al unísono. Ella se abraza a él; sus sexos palpitan unidos, encajados. Así permanecen unos minutos, deseando prolongar el momento.
Tras volver a vestirse, Roque la besa y le susurra al oído: “te espero a la salida del trabajo”.
Ella sonríe, lo ve alejarse en su moto y se siente plenamente feliz.
Roque se pasó todo el día pensando en ella. No podía evitarlo y deseaba que llegara pronto la hora de ir a buscarla al trabajo con su moto.
Allí estaba, por fin, esperando que ella saliera para llevarla a su apartamento e invitarla a cenar (era un estupendo cocinero y ya lo tenía todo preparado para ella). Cuando la vio salir con sus vaqueros pitillo, su americana y camisa abotonada agarrando su portafolios, se empalmó inmediatamente. ¡Estaba muy guapa!
A ella le encantaba el aire motero de Roque, y cuando le ofreció un casco para subir a su moto le dieron ganas de besarlo apasionadamente, pero contuvo el impulso como pudo.
Tras aparcar la moto en el garaje de la urbanización, Roque abrió la puerta del ascensor invitándola a entrar. Ella sonriendo entró en el amplio, luminoso y reluciente ascensor. Roque pulsó el botón del noveno piso y las puertas se cerraron.
Allí estaban, ella tan atractiva, si cabe, o más que el primer día, mirándose al espejo y colocándose discretamente el pelo, cuando Roque sin poder evitarlo, le recolocó un mechón de pelo besándola en el cuello. Ella levantó la mirada y se vio reflejada en el espejo mientras Roque la besaba y eso la excitó muchísimo, tanto que no pudo evitar llevar sus manos al paquete de Roque, notando su tremenda erección. Empezó a acariciar esa polla erecta, mientras sus propios fluidos invadían su sexo.
Roque miró la imagen en el espejo, reflejo de pasión contenida desbordándose por segundos, y apretó el botón de parada del ascensor mientras desabotonaba la camisa ejecutiva de ella. Asimismo, ella desabrochó el pantalón de Roque, notando la punta de su polla completamente mojada. Él, jadeante, baja los pantalones de ella y mete la mano en sus bragas, escuchando un intenso gemido que hace que casi le duela su propia erección. Roque la acaricia con deseo, su respiración se acelera notando ese coño mojado, resbaladizo.
Ambos ven en el espejo sus ojos de deseo, de follar y darse placer. Se aceleran; ella abre sus piernas para que Roque la penetre por detrás. Baja su bóxer; emerge su polla, hinchada y brillante: está completamente dura. Roque no aguanta más y la penetra despacio por detrás. Ella se inclina hacia adelante soltando un gemido y moviéndose deseosa de placer. Hacerlo en el ascensor les pone a ambos muy cachondos. Roque se mueve rápido sin poder evitarlo y ella se acaricia por delante gimiendo sin control. Él para de repente, pues no aguanta la corrida.
Ella nota el primer espasmo de esa polla erecta dentro de ella y se mueve, provocando que Roque se desborde tras un gutural e intenso gemido de placer. Ella mira al espejo aumentando su incandescencia sexual hasta el límite: su cuerpo vibra, late sin control, explosiona y se deja ir, completamente abandonada al placer de ese orgasmo, mientras Roque sigue soltando oleadas de su leche en su interior.
Al rato, ambos intentan reponerse de aquel placer y poner en marcha el ascensor antes de que algún vecino llame al servicio técnico.
Continuará.
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Intenso
Excitante
Me gusta leerte
Me llevas a imaginar ser participe de esos episodios de placer…