Julia, la farmacéutica (14): Con el mayordomo en su habitación

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-Después de haber chupado la verga al mayordomo y dejar que él se corriera en mi boca y en mi cara, le dije que me merecía un castigo por ser una chica tan mala.

-Sí, eso ya me lo contó el otro día, Julia.

-Creí que eso a él le gustaría, al tratarse de un viejo verde cabronazo.

-Ya.

-Y quería que quedara satisfecho conmigo y dejara en paz a la joven criada.

-Sí, sí. Lo entiendo.

Por suerte, la farmacéutica, por quien estoy completamente obsesionado, pocos días después me puede continuar explicando sus días de vacaciones en un palacete, lejos de su marido y simulando ser la novia del sobrino del dueño, un hombre muy rico. Por ese servicio, el más especial que ha realizado, ella ha cobrado una muy importante cantidad de dinero. Y también su jefe, el farmacéutico don Boscos, quién se lleva un buen porcentaje.

-¿Así que ya le conté que con el mayordomo…? Bueno, no sé dónde me quedé el otro día.

“Yo le dije “Gaspar, ya vio usted que soy una niña mala. Creo que me merezco un castigo.”

-Señora… yo no… -él contestó.

-¡Señora, no! ¡Juli. Su niña mala. ¡Castígueme duro, Gaspar!

“Me puso en su regazo, me subió la falda hasta la cintura, primero empezó a acariciarme las nalgas y poco a poco me fue dando palmadas en el trasero. A cada nalgada, yo emitía un gemido. Sabía que eso le gustaría.

-¡Hum! ¡Ay! He engañado a mi novio con usted. ¿Ha visto que llevo un tapón de marrana en el culo, señor? ¡Soy una chica muy mala! – le decía simulando arrepentimiento, con voz muy coqueta. ¡Si él hubiera sabido que en realidad soy una mujer casada y con hijos!

-Sí, muy mala. ¡Te mereces más castigo, cerda!

-Su putita, señor, sí. ¡Ay si mi novio se enterara que estoy con el mayordomo y que se la he estado mamando un buen rato!

-¡No debe enterarse, guarra! ¡Eres muy puerca! ¡Espera un momento, verás como trato yo a las fulanas!

-Sí, señor. ¡Ay! ¿Pero qué me hará usted?

“Él se levanta y saca un atizador de madera del armario. Yo, sumisa, vuelvo a tumbarme en su regazo y me da con eso en el culo. Mis gemidos ahora son sinceros. Aunque no me pega con dureza sino más como un juego, me duele bastante, pero dejo que me dé algunos golpes más porque sé que eso debe excitarle. Y sí, porque noto que, otra vez en los calzoncillos, su pene empieza a crecer y a endurecerse. No me da muy fuerte, pero las nalgas me escuecen cada vez más. A cada chasquido del atizador, un gemido más alto, muy sexy. Oigo la voz de Bárbara que se inquieta fuera de la habitación:

-Señora, ¿todo bien? ¿Quiere que avise a su novio?

-¡Bárbara! ¿Qué haces tú aquí? ¡Vete ahora mismo! – le grita el mayordomo.

-¡Gaspar, no trate así a la chica!

-Sí, perdone, señora.

-Estoy bien, niña. ¡No te preocupes!

-¿Seguro? Es que… oigo que…

-Bárbara, tranquila, el señor Gaspar está siendo muy amable conmigo – le guiño un ojo mientras él sostiene el atizador en alto.

-Ah, señora, si es así… yo… es que…

-¡Bárbara, ve a trabajar ahora mismo!

-Sí, señor. Ya voy.

-Vete, no pasa nada, de verdad – la tranquilizo yo y oímos sus pasos que se alejan.

-¿Señora, puedo seguir con…? – pregunta el mayordomo.

-¡Sí, que soy muy mala!

-¡Pues… toma, cerda!

-¡Hmmm!

-¡Toma!

-¡Ay! ¡Me hace daño! Por favor, mayordomo, métame un dedo en el coño mientras me atiza. ¡No, mejor dos! Así no sentiré tanto el dolor.

-¡Qué guarra que eres! – no sé cuantos dedos me introduce en mi chichi empapado y juega con ellos dentro de mí.

“El mayordomo vuelve a darme con el atizador y yo siento una mezcla de dolor, de humillación, pero también de gusto y de excitación. Temo que con mi abundante flujo manche su pantalón.

-Basta, señor, ya basta, ¡es que tiene usted mucha fuerza!

-¡Perdone, señora!

-De señora nada. Su fulana. ¡Venga, túmbese en la cama y bájese esos calzoncillos!

“Me hace caso y veo que su verga está algo más que morcillona. Me quito la blusita y le ofrezco mis pechos, aun con el sostén, para que me los magree y también me los chupe. Él se abalanza sobre mis tetas y yo suspiro y gimo de placer mientras me las acaricia, me las besa, me las lame, babea en ellas, las mama. Bajo mi mano y noto que su polla crece. Me quito el sostén y le masajeo el miembro con mis tetas llenas de sus babas mientras le digo cosas guarras y él a mí más. Cuando ya está totalmente empinada, me siento en su verga y me la introduzco poco a poco en el chocho.

-Verá, Gaspar, que tengo el coño muy caliente y mojado. ¡Tengo ganas de que me folle con su polla grandota! ¡Métamela hasta el fondo!

“Cabalgo sobre el mayordomo y su polla, entrando y saliendo, dentro y fuera, para volver a penetrarme y penetrarme. Él me agarra las tetas a ratos y en otros las nalgas, que me escuecen. No puedo ni quiero evitar correrme encima de él, lo que hace que se atreva a volver a llamarme guarra y puerca, y más cuando empiezo a encadenar orgasmo tras orgasmo, acompañados de gemidos, suspiros y chillidos de placer.

-¡No grites, puta! ¡Que nos van a oír!

-¡Calle y siga follando mi coño! Ay, uh, oh, me encanta. ¡Que buen amante es usted, cabrón!

-¡Es que nos van a descubrir! ¡Su novio…!

-Me da igual ¡Es un cornudo! Él se lo ha ganado. Si no, ¿por qué no ha querido pasar la tarde en mi cama! Venga, fólleme, más duro, y cuando quiera, córrase dentro de mí.

-Hace muchos años que no podía volver a empalmarme al poco de haberme corrido.

-¡Pues hoy sí, campeón! ¡Eso es que no has estado con una mujer como yo!

-Sí, sí, eres la tía más buena con la nunca he follado. ¡Y la más puta!

-¡Fólleme duro, Gaspar! ¡Y juegue con el tapón en mi culo, por favor!

“Después de no sé cuántos de mis orgasmos, él empieza a suspirar más intensamente y a gemir y noto que me llena la vagina con su lefa caliente mientras me va gritando una retahíla de palabras soeces.

“Cuando su pene ya es más una pollita que una polla, me tumbo a su lado y lo abrazo. Le beso el pecho, reposo mi cabeza en él y acerco su mano a mi clítoris. No es tanto que él me masturbe, sino que soy yo que guio su mano y la muevo para que me dé mucho placer. Y consigo correrme un par de veces más.

-Realmente eres una guarra, hija.

-Pues ya ve que sí, señor.

-Yo… ahora, por favor, váyase, debo ir a trabajar.

-No, todavía es temprano. No me iré hasta que usted pruebe mi culo.

-¡Señora!

-¡Juli! ¡Su puta Juli!

-Yo ya no valgo para nada, Juli.

-Verá como sí. ¿Es que no desea darme por culo?

-Seguro que sí, pero es que estoy agotado. Y mi polla, más.

“Veo que todavía tengo una hora hasta que deba ir a prepararme para la cena. Así que dejo que el mayordomo descanse unos quince minutos. Quiero dejarle exhausto para que no olvide esta tarde y nunca más moleste a Bárbara. Y, además, reconozco que me lo paso muy bien con él. Me da morbo. Es bastante feo, bastante mayor y muy cabrón, pero me pone. Incluso llego a pensar que no sabe lo que se pierde la criada. Y el tonto de Pancracio, mi novio de pega.

“Después de un cuarto de hora en que dejo que duerma, me siento encima de él y froto su miembro con mi vulva, que rezuma de semen y flujo. Agarro su mano derecha y hago que me meta un dedo en el chichi. Y hago lo mismo son su mano izquierda para que juegue con el tapón anal en mi culo. Aunque poco a poco su miembro se endurece algo, no consigo que se empine. Él está medio dormido y se deja hacer.

-¡Quiero que me la meta por el culo, va!

-¡Qué más quisiera, niña, pero no puedo!

-Mire, abra los ojos – levanto mi culo y me saco el tapón para que vea, por un instante, mi ano muy abierto – Le gusta mi culo, ¿no? ¡Va, vamos a intentarlo!

“Después de muchos intentos, consigo que su polla entre algo en mi ano, pero, aunque con mis esfínteres le doy mucho placer, no llega ponerse muy dura ni tampoco consejo que se corra. Pero bueno, la cuestión es que él cree que ha dado por culo a la futura sobrina del señor de la casa, novia del sobrino, y seguro que eso le dará mala conciencia y temor a que yo lo contara. Me visto y antes de irme, le hago volver a prometer que nunca más molestará a la joven criada.

-Como me entere de que no cumple su palabra, se lo diré todo a mi novio y a mi tío y aténgase a las consecuencias.

-No, de verdad, señora, le estoy muy agradecido.

-Y yo también, la verdad. Mire, por poco que pueda, intentaré en algún momento volver a su habitación. ¿Le parece bien?

-Claro que sí, señora.

-Aquí soy Juli, su putita.

-No, por favor, no diga eso. Siento haberla insultado, Juli.

-Tranquilo, la verdad es que he sido guarra y me merezco todo lo que me ha llamado.

-Señora… yo…

-Venga, adiós, machote – le doy un besito en los labios y le acaricio el paquete.

“Ya en mi habitación, me dispongo a prepararme para la cena. No sé si lavarme, pero luego pienso que las bolas chinas me entrarán mejor con el coño empapado, así que me quito la ropa, me tumbo boca arriba en la cama, separo las piernas y me voy metiendo una bola en la vagina, una en el ano, otra en la vagina y otra en el ano y así hasta poder introducirme cinco en cada agujero. Por suerte, mi flujo no cesa y consigo meterme una sexta en el chichi. Me unto bien el ano para meterme otra en el culo, pero no hay manera. Entonces, Bárbara llama a la puerta y me dice si puede entrar y le digo que sí. Me ve desnuda, espatarrada y con las bolas chinas y se asombra.

-Oh, perdone, señora, no debía entrar…

-Tranquila, te dije que podías pasar.

-Pero usted… eso es… son…

-Bolas chinas, hija.

-Y se ha metido una en la vagina y otra en… en…

-En el culo, Bárbara. Pero no solo una, no. Ya tengo seis en el chirri y cinco en el ano.

-Oh ¿de verdad?

-Sí, hija. Son las instrucciones que me ha dado mi novio y mi tío.

-¿Y no le duele?

-No, no, la verdad es que no.

-Si es así… ¿Y cómo le fue con el señor Gaspar?

-Bien, bien, no te preocupes. Me ha prometido que nunca más te va a molestar.

-¿A sí?

-Sí, y que te va a tratar con amabilidad.

-¿Y usted cree que va a cumplirá con su palabra?

-Más le vale. ¡Por la cuenta que le trae!

-¡Oh, qué bien, señora! ¡Muchas gracias! -se abalanza sobre mí y me abraza y me da besos en la mejilla.

-Vale, ya vale, hija. Mira, si quieres mostrar tu agradecimiento, a ver si me ayudas a introducirme otra bola en el culo. A ver, hmmm, no puedo separar más las piernas, tú aprieta.

-¿Le hago daño, señora?

-No, no te preocupes, aprieta, aprieta.

-Es que no entra, señora, debe tener el culo muy lleno.

-Sí, sí. ¡Y el coño!

-Ya. A ver… no… no puedo… es que choca con las que hay dentro.

-Bueno, está bien. Mis órdenes eran meterme cinco en cada agujero, así que… A ver, quizá me podría introducir otra en el coño. Inténtalo, Bárbara, ya ves que lo tengo muy mojado.

-Sí, es cierto… y, perdone que le diga, eso parece…

-Semen, sí, hija. Pero no preguntes.

-¿Es que el mayordomo…?

-A ver, ciertamente, él no iba a dejar de molestarte así como así. Yo debía… darle algo.

-¡Oh, señora, usted dejo que la follara por mí! ¡Es usted muy buena persona! -vuelve a abrazarme y aprieta su cuerpo al mío.

-No te creas. La verdad es que… incluso me lo pasé bien con el señor Gaspar.

-¿A sí?

-Sí, sí. ¡Y creo que tú también podrías disfrutar con él!

-¡Ay, no, qué asco!

-Debo decirte que tiene una buena polla…

-Me da igual.

-Y que se ha corrido dos veces.

-¿Dos veces? ¿A su edad?

-Ya ves. Pero bueno, la verdad es que tuve que trabajármelo. Pero sí, eyaculo dos veces, una en mi boca y otra en mi vagina. No pudo resistírseme.

-Es que usted es muy guapa. Muy sexy.

-Bueno, gracias, pero sobre todo, es que me gusta el sexo y sentir placer.

-¿Y su novio?

-Él no debe enterarse, claro – aunque pienso que quizá le daría igual.

-No, no, yo no diré nada a nadie. Espero que el mayordomo no lo cuente. ¿Señora, puedo pedirle un favor?

-Sí, a ver, dime. ¡Pero aprieta, aprieta la bola, que casi está dentro!

-Querría pedirle si… usted… esta noche… si me prestaría el conjunto de colegiala. Y mañana se lo devuelvo.

-No me importaría, pero es que, mira, está manchado, de mi flujo y de esperma, mira, ¿ves?

-Casi no se nota.

-Y la blusita y el sostén están llenos de babas del mayordomo.

-Me haría ilusión ponérmelo hoy.

-Por mí sí. ¿Es que quieres dar una sorpresa a tu novio? A tu follamigo, vaya.

-No, no. Es que… a ver… esta noche voy a cenar con Iván.

-Iván… Iván… ¿y ese quién es?

-Ya le hablé de él, es el novio de Sonia, una muy buena amiga.

-Ah, sí, ese es el que te gusta, ¿no?

-Sí, la verdad. Pero…

-Claro, tiene novia. Pero me dijiste que tú, con él…

-Nos hemos enrollado algunas veces, la verdad. Pero nunca hemos follado. Aunque me gustaría, no se lo niego.

-Ya.

-A ver, alguna vez se la he chupado y se ha corrido en mi boca y en mi cara, eso sí. Y él me ha masturbado con los dedos.

-Entiendo.

-Y hoy… es que su novia pasa unos días fuera, por trabajo, y bueno, le dije que sí quería, podríamos ir a cenar juntos, para que no esté solo.

-Y tú te quieres presentar vestida de niña sexy, ¿no es eso?

-Bueno, no, no me atrevería a ir así por la calle. Pero como él está solo en el piso, si me invita a subir para tomar algo y eso… me pondría su disfraz de colegiala.

-¡Y así folláis seguro!

-¡No, señora, yo nunca haría eso a Sonia!

-Ya, bueno, no sé, tú misma. Si no te importa que la falda y la blusita estén algo manchadas…

-No, casi no se nota, él seguro que no se da cuenta.

-A ver… uy, es que huele a… a sexo.

-De verdad, señora, no se preocupe.

-Pero no te va a quedar bien. Yo tengo un par o tres de tallas más que tú.

-Me acortaré algo la falda.

-Pero la blusita… a ver, se te ve un buen pecho, pero yo lo tengo más grande.

-Sus tetas son muy bonitas. señora. ¿Puedo?

-¿Puedes qué?

-¿Darles un par de besos y unos chupetones?

-¿Es que te gustaría?

-Sí, a ver, hmmm – se pone encima de mí y me besa, lame y chupa las tetas.

-Vale, vale, ya está, Bárbara.

-Perdone, señora.

-No pasa nada. Pero es que se hace tarde. Debo vestirme.

-Sí, sí. Ya me voy. Por cierto… ¿me puedo llevar el plug también?

-Es tuyo, ya sabes que te lo regalé. Pero, lo he tenido insertado en mi culo y estará…

-No pasa nada, no me importa. Usted me demostró confianza cuando esta tarde me lo quité de mi ano y se lo introduzco usted directamente y ahora me lo vuelvo a poner yo.

-Ay, no sé.

-Me hace ilusión.

-¿Y vas a presentarte ante… como se llame… como una colegiala y un tapón en el culo?

-Sí, creo que le gustará.

-No lo dudo. ¡Te va a follar seguro!

-¡Señora, que no es eso!

-O te la va a meter por el culo, cuando te saques el plug y vea tu ano tan abierto.

-No, si no me lo pienso quitar ante él. Solo le dejaré ver el brillante y ya está.

-Ya. Va, me debo vestir. Mañana me cuentas cómo te ha ido la cena y eso.

-¡Sí, muchas gracias por todo! – me da un abrazo y no sé cuántos besos y se lleva el disfraz de niña mala y el plug.

-Oye, te puedes quedar esa ropa, te la regalo.

-¡Oh, muchas gracias, de verdad!

“Cuando nos encontramos con Pancracio me dijo que estaba muy guapa y elegante con el traje chaqueta. Me preguntó si me había podido introducir las bolas chinas y le dije que estuviera tranquilo, que tenía siete en la vagina y cinco en el culo. Él me dijo que eso complacería mucho a su tío.

-Bueno, don carpintero, y así terminó el viernes. Venga, váyase, que llevamos un buen rato hablando.

-Sí, pero ¿qué más pasó?

-No, bueno, nada muy especial. Lo que fue una pasada es lo que sucedió el sábado.

-¡Ah!

-El viernes cenamos los tres solos. Tanto el tío como su sobrino fueron muy amables conmigo. Luego los tres fuimos a mi habitación y allí jugaron con las bolas chinas sacándolas y metiéndolas de mis agujeros. En un momento dado, consiguieron meterme diez en la vagina. Me felicitaron y las sacaron de golpe y yo me corrí tanto que les lancé esquirt y les manché la ropa. Ellos no se desvistieron ni nada.

Se ve que solo querían que yo sintiera placer porque todavía estaban sin fuerzas y no tenían deseo por lo que había pasado en las dos últimas noches. De hecho, yo también estaba completamente vestida excepto que no llevaba bragas. En el culo solo pudieron meterme siete y porque en ese momento no tenía ninguna en el coño. Bueno, me lo pasé bien y tuve varios orgasmos, pero no fue nada comparado con lo del sábado.

-¿Pues que pasó el sábado?

-Ahora no puedo decírselo. Pero otro día, sí. Es tarde.

-¡Ardo en deseos de que me lo cuente!

-Ya verá que vale la pena. Adiós, don carpintero.

-¡Adiós, mi farmacéutica favorita!

Nos damos un par de besos y me voy a casa a pajearme pensando en Julia con el mayordomo, en Julia con las bolas chinas e imaginando no sé qué cosas que debió de hacer el sábado.

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