“El sábado salimos bastante pronto para pasar la mañana en la playa. Vamos a una muy bonita y cuidada, aunque, claro, está llena de gente. Yo aprovecho para ponerme un bikini que llevaba cuando era muy joven. Hace años que no lo usaba porque me va pequeño y creo que a mi marido no le habría parecido bien. Pero como él no lo va a ver, es una buena ocasión para lucirlo. La verdad es que ahora casi se me ve todo el pecho. Aunque creo que tengo un cuerpo muy bonito, no estoy tan delgada como cuando era adolescente. claro. Tengo el pecho más grande y las caderas más redondeadas. Las braguitas son mínimas y por eso antes de salir me rasuré completamente el pubis.
“Pancracio se admira cuando me quito el vestido y me felicita por mi elección. Y más cuando ve que todos en la playa me miran. Bromea con que le encanta que su novia sea la más exhibicionista. Y es verdad, porque cuando veo a algún mirón descarado, yo, haciéndome la distraída, hago para que me pueda ver algo las aureolas o para que se aparten algo las braguitas y muestre mejor el culo o incluso parte de mis labios vaginales. Entre eso y el sol, estoy muy acalorada, así que no tardo en meterme en el agua. Está bastante fría a pesar de la temperatura del aire, así que se me pone la piel de gallina y noto los pezones muy duros.
No puedo evitar soltar algunos grititos por la impresión del agua fría y trato de que sean muy sensuales. Veo que muchos me miran y me gusta que vean cómo se marcan mis pezones en la tela. El agua solo me llega a las rodillas y me inclino para recogerla y mojarme los hombros, sabiendo que eso dará una vista perfecta de mi escote a quiénes están delante y una visión insuperable de mi culo a los que estén detrás. Así que me recreo en la postura. ¡Si me vieran mi marido o mis hijos!
Ja ve, lector, que Julia, mi farmacéutica favorita, me explica cómo le fue el penúltimo día de sus vacaciones como novia de alquiler de ese Pancracio. Estamos en la farmacia porque, por suerte, el dueño no vendrá en toda la mañana. Así que ella me puede contar su servicio tan especial de hace unos días. Solo interrumpe la narración algún cliente que acude a comprar algo a la farmacia.
-Que yo sepa, don carpintero, hasta la tarde no tengo cita con ningún cliente especial.
-Bueno, si quiere, yo…
-¿Pero es que tiene dinero?
-No, muy poco.
-Pues así, nada. Pero podemos charlar y eso. ¿O es que tiene usted que ir a trabajar?
-¿Eh? No, bueno, esta mañana no iré a la carpintería.
-Ya. Es que así, no me extraña que usted no gane más dinero.
-Pero me apetece que usted me explique… todo de esos días.
-¡Qué morboso es usted!
-No es eso, es solo que…
-Me gusta explicárselo, no se disculpe. Sólo se lo he contado a usted.
-Gracias por la confianza.
-Somos amigos.
-Sí, Julia. Siga, siga. Me decía que estaban ustedes en la playa.
-Sí. Pero no estuvimos mucho tiempo.
-¿A no?
“Pancracio me dijo que volveríamos pronto para estar en el palacete bastante antes del mediodía, que hoy no comeríamos fuera. Así que me baño un rato y luego me voy a las duchas que hay en la playa. Noto escalofríos cuando me ducho. Veo que dos hombres y un chico joven esperan turno y yo me explayo en la ducha y en los ayes y uyes por el agua fría. Me aparto la parte de arriba del sostén casi por completo para enseñar gran parte de los pechos, con los pezones en punta, como si me lavara con el agua, y, disimulando, también hago como que me limpio las nalgas y el sexo, echando hacia un lado las braguitas.
Verme tan sensual excita a los tres espectadores privilegiados porque veo como les crece el paquete en el bañador. Les hago un gesto como felicitándoles por el bulto y ellos se ruborizan, sobre todo el joven. Camino muy coqueta hasta donde está Pancracio, sabiendo que todo el mundo me mira, y me tiendo en la toalla para secarme. Cierro los ojos. Las braguitas son muy pequeñas y separo algo las piernas por si alguien que pase me mira los muslos y así, pueda ver algo más. Noto que mojo las bragas, y no es del agua de la ducha ni del mar.
-Juli, está usted dando todo un espectáculo.
-¿Yo? pero ¿por qué lo dices, cariño?
-Lo sabe muy bien.
-¿Y te importa?
-No, al contrario, la verdad. Aunque esta es una playa muy concurrida por familias y eso.
-Ya, lo sé – y separo algo más las piernas y me quito la parte de arriba del bikini – ¡Querido, bésame! Y mete la mano dentro de mis braguitas, sin que se note, disimulando, por favor.
-Nos vamos a ir pronto, Juli.
-Será solo un momento. Es que estoy muy cachonda. ¡Venga! – le tomo la mano para acercarla a mi sexo, pero él la aparta – Va, y yo te hago una paja.
-Ahora, no. Resérvate para luego en casa.
“Antes de las doce ya estamos de vuelta. Nada más entrar, veo al mayordomo, que nos saluda muy amablemente. Yo le guiño un ojo, pero no sé si se da cuenta. Pancracio me dice que nos vamos a preparar para la comida y que nos encontraremos a la una y media en la puerta de la habitación. Le digo que por qué no entra un rato, que tenemos tiempo para estar juntos y eso, pero dice que no, que se va a duchar y a prepararse.
Antes de entrar en su cuarto, me explica que encontraré instrucciones de cómo debo vestir para el almuerzo. Yo estoy muy caliente y pienso masturbarme en la ducha. Pero al dirigirme a mi habitación, me encuentro con Bárbara. Nos damos un par de besos y le digo que entre y que me cuente cómo le fue anoche.
-Debo bajar enseguida, señora.
-Espera, a ver, ¿qué? ¿Te pusiste mi disfraz de colegiala sexy ante tu novio?
-No es mi novio.
-Ah, es verdad. Bueno, tu amigo.
-En realidad, tampoco. Él es el novio de mi mejor amiga.
-Sí, ya recuerdo. David, ¿verdad?
-¡No! ¡Iván, señora!
-Vale, pues Iván. ¿Y qué? ¿Cómo te fue?
-¡Pues muy bien! Después de cenar hice para que me pidiera subir a su casa. La verdad es que me costó porque él ya se despedía al terminar de comer, pero al final conseguí subir. Le dije que no podía resistir las ganas de mear.
-¡Qué fina!
-Sí, es que no sabía cómo hacerlo. Aunque me insinué y eso, él o no se enteraba o no quería invitarme.
-Ya. Es porque tiene novia, hija.
-Sí, bueno. Una vez arriba, me fui al baño. Desde dentro, le dije que por qué no me preparaba algo para beber, que tenía mucha sed. Y él me dijo que sí, claro. Quería ser amable. Entonces, yo me cambié de ropa y me inserté el tapón que usted me regaló. Ya no me costó nada insertarlo hasta el fondo..
-Entiendo.
-Cuando me vio salir de niña putita, abrió unos ojos como platos.
-No me extraña.
-Yo le dije “¿No te importará que me haya puesto cómoda, verdad, Iván? Hay confianza” y él dijo que no, pero dudaba, “Bárbara, yo… a ver… creo que…” y yo “No pasa nada, tranquilo, es solo que quería enseñarte mi traje de cuando iba al colegio” y me incliné para que me viera casi todo el pecho y él no cesaba de mirar pero balbuceaba “Eres la mejor amiga de Sonia y creo que no…” pero yo le digo “Noto una molestia en el culo, Iván, puedes mirar si es que tengo algo allí?” y me doy la vuelta y me inclino para que vea el brillante”.
-Eres tremenda, hija.
-No, es solo que… Iván me gusta. ¡Y más después de anoche!
-Me imagino.
-Me hizo disfrutar como una loca, señora. Nunca había tenido tantos orgasmos. Me folló por todas partes, parecía un poseso. Estuvimos así toda la noche. Él se corrió tres veces, la primera en mi culo, la segunda en mi vagina y la tercera, ya de madrugada, en mis tetas.
-Vaya, pues sí que…
-Después, cuando me fui por la mañana, me dijo que por favor no le contara nada a Sonia. Y yo le dije que no, claro. ¡Es que es mi mejor amiga! Me confesó que se sentía mal por haberla engañado, pero yo le dije que solo era una noche y que tampoco estaba orgullosa de lo que habíamos hecho, pero que no pasaba nada. Aunque antes de que me fuera, me preguntó que cuándo nos podíamos volver a ver.
-Por fin te han estrenado el culo. ¿Y te gustó?
-No mucho, la verdad. Por suerte, al haber tenido el tapón insertado estos días me habrá ayudado a que no me doliera. Y bueno, cuando me llenó el ano con su lefa, estaba tan excitada que me corrí yo también.
-Sí, a veces pasa. Bueno, va, debo prepararme para bajar.
-Uy, sí, y yo hace rato que tenía que estar trabajando. ¡El señor Gaspar me va a echar una buena bronca!
-¡Pobre de él! ¡Que no se le ocurra!
-Espero que no. Adiós – se despide con dos besitos.
“Yo pienso que esta chica nos iría bien para la farmacia. Para ampliar negocio. Veo las instrucciones para la comida. Acierto al pensar que me dirán que no me ponga bragas. Debo vestir el uniforme de colegiala porque habrá invitados y quieren presumir de novia sexy y provocativa. Eso me preocupa porque el disfraz se lo había dejado a la criada y no me lo ha devuelto. Me desnudo y mientras pienso qué ponerme para que no se enfaden, pero voy al baño y allí encuentro el uniforme. Siento alivio, pero me doy cuenta de que la chica acortó la falda como me dijo. Si ya era muy corta, ahora no me va a tapar nada de nada. Pero supongo que eso no disgustará ni a mi novio de pega ni a su tío.
Y espero que tampoco a los invitados, sean quiénes sean. Lo peor es cuando veo que la blusita está rasgada y manchada. La huelo y, como me imaginaba, es lefa. La falda también está muy manchada, del flujo de la chica y también de esperma. Las medias, también sucias y además muy rotas. No puedo presentarme así a la comida. O quizá sí. No sé. Son tan pervertidos que tal vez eso les gustara. Y a mí, solo de pensarlo, me vuelve a poner cachonda.
“Decido ir a preguntarle a mi novio. Como es a un par de puertas, salgo sin vestirme y llamo a su puerta. En eso que pasa un criado, no le había visto todavía.
-No mires, niño.
-Señora, no, yo, no…
“Pero sí, me mira, claro. Luego supe que se llama Pedrito y que está colado por Bárbara pero que corrió al lavabo para hacerse una paja pensando en mí.
-¿Pero que hace usted así desnuda, Juli?
-Vengo a consultarte una cosa, amor.
“Le cuento lo que pasa y que me diga si es mejor que me vista de otra manera o que me ponga el uniforme manchado y rasgado.
-Debe ir de colegiala, Juli. Igual que cuando vino usted el primer día. Ayer llamé a alguien ¿Recuerda que me guardé la tarjeta que le dio un señor cuando la vio a usted casi desnuda en el coche?
-Sí, él dijo algo así como “Vaya, señora, parece que tiene usted calor”.
-No, ese fue el conductor de un autocar.
-Ah.
-¿Es que usted habría querido que también viniera ese chófer?
-No es eso, cariño.
-Bueno. Nuestro invitado, a quién llamé, es ese hombre de mediana edad que cuando estábamos detenidos en un semáforo le lanzó una tarjeta con su nombre, su teléfono y eso.
-Pero eso era una broma.
-¡Pues no vea lo contento que se puso cuando le llamé y le dije que si quería venir a comer con nosotros!
-¿A sí?
-Sí. Me preguntó si mi esposa vestiría de colegiala y yo le dije que sí. Y va a venir de muy lejos para verla.
-Bueno, si es así… Pero es que está muy… ya te digo… roto… manchado…
-¿Pero que hizo usted con él?
-Mejor que no lo sepas, amor.
-Debe ponérselo esté como esté. Va, que se hace tarde. Vaya a vestirse. Ya no hay tiempo de bañarse.
-Oye, en las instrucciones no ponen nada de qué sostén debo llevar.
-No se ponga ninguno. Con sus tetas, no le hace ninguna falta.
-Gracias, amor.
“Afortunadamente las instrucciones no me indican que deba llevar el plug que regalé a Bárbara. En su lugar, hay un dildo de cuatro palmos, transparente y flexible, que debo introducirme. “Un palmo en la vagina y otro palmo en el ano”. Como estoy muy cachonda me es fácil meterme un palmo en el coño, pero en el culo me cuesta algo más. Estoy por llamar a Anselmo para que me ayude, pero se hace tarde.
“Me maquillo, me visto y me miro al espejo. Parece que venga de una orgía salvaje. Además, la falda ahora es tan corta que incluso se me ve el dildo por abajo. Según quién, me encontraría irresistible. Pero también es cierto que podría dar asco. En fin.
“Bajamos al comedor y me presentan al invitado. Se llama Sebastián. Ha hecho muchos kilómetros para conocerme. Luego supe que, además, él dio mucho dinero a Pancracio, dinero que mi novio de pega se quedó sin decirme nada ni mucho menos compartirlo.
-Juli, por favor, siéntase al lado de nuestro invitado.
-No, sobrino, mejor que tu novia se siente en el regazo de Sebastián, si a él le parece bien.
-Sí, sí, claro, me parece muy bien. Si a su novio no le importa.
-No, al contrario.
-Si ella quiere…
-A Juli le encantará.
-Pes ven, bonita.
“Me siento encima de él. Enseguida noto en mis nalgas que su bragueta crece. Temo mancharle el pantalón con mi flujo. Por suerte, el dildo lo impide un poco. Disfrutamos de la comida así sentados. Él, de vez en cuando, me acaricia las nalgas y me mira para ver si me molesta y yo le hago gestos de que puede continuar. Me desabrocho un par de botones de la blusita para que vea mejor mi escote. A los postres, él ya juega con mi dildo, metiéndolo unos centímetros más a dentro o sacándolo un poco, ahora de la vagina, ahora del culo. Yo le sonrió y suspiro. Temo que me voy a correr de un momento a otro. Me esfuerzo para que no ocurra.
-Vamos a tomar el café en la salita – nos anuncia el tío de mi supuesto novio.
-Juli, puedes continuar en el regazo del señor Sebastián en el sofá.
-Si a él no le importa…
-¡Sí, por favor!
-Pero ahora, Sebastián, es mejor que se quite el pantalón.
-¿Cómo?
-La novia de mi sobrino es una mujer muy caliente y creo que pronto va a tener un orgasmo. Y no quisiera que le manchara el pantalón. Quítese los calzoncillos también.
-¿A ella no le importa?
-A ella le encantará ¿verdad, Juli?
-Quizá… si el señor quiere…
-Sí, sí, por supuesto.
-Verá que mi futura sobrinita es una chica muy traviesa.
-No diga eso, tío – me quejo medio en broma.
-Sí, ya me doy cuenta – exclama el invitado, ya con los calzoncillos fuera y enseñando una verga gruesa y bien parada.
“Él se sienta en el sofá y yo, sin bragas, pero con el dildo, encima de él. Me avergüenza cuando entra el camarero joven a servir el café y me ve sentada sobre Sebastián sin pantalones ni calzoncillos. Pero el chico, muy elegante, hace como que no se fija. Tomamos el café y charlamos, como si nada, pero como es de esperar, al poco noto que me arranca el plug de la vagina y me lo mete más adentro por el culo. No puedo evitar rociar sus piernas y su barriga con mi flujo. Enseguida acerca el glande a mis labios vaginales y yo, sin pensar, separo algo las piernas para que su pene pueda entrar cómodamente en mi coño. Veo que mi falso novio le guiña un ojo en señal de aprobación.
Y Sebastián me la ensarta hasta el fondo. Yo cabalgo sobre él y empiezo un recital de suspiros y gemidos. Ya tengo un primer orgasmo y enseguida no sé cuántos más. Él me agarra por la cintura y acompaña mis movimientos sobre su verga. Pierdo el mundo de vista. El invitado continúa follándome sin correrse. Me rasga la blusita y me magrea los pechos. Después me los mama y yo sigo con mis orgasmos. Oigo que mi tío habla con el mayordomo.
-Gaspar, llame al servicio. Quiero que todos estén presentes.
-Ahora mismo, señor.
-Juli, tú sigue así. Hoy será tu presentación a todos los de la casa.
-¡Oh, no, me da vergüenza!
-Ellos van a ver con quien se va a casar mi sobrino. Alguien que por fin complace nuestros deseos. Nunca me habría imaginado que encontrarías una novia así, Pancracio. Te felicito.
-¡Por favor, que no me vean todos así, hum! – sollozo aun cabalgando sobre el pene del invitado.
-Tranquila, hija, es un orgullo y quiero que todos compartan mi alegría. Había llegado a pensar que tendríamos que pagar a una furcia para que un día pudiéramos satisfacer nuestras pasiones con mi sobrino. Pero tú eres mucho mejor. ¡Y sin cobrar! ¡Por placer! ¡Por guarra! Todos verán como será su futura dueña. Porque tengo claro que vosotros dos, Pancracio y Juli, vais a recibir toda mi herencia. ¡Me hacéis tan feliz!
“Aunque me da reparo un espectáculo así ante los criados, también me da morbo y vuelvo a correrme. Pienso que tampoco será tan grave que me vean porque la verdad es que ya he estado con Anselmo y también con el mayordomo. Van entrando los del servicio. El joven Pedrito tiene los ojos abiertos y se sonroja. Sebastián saca su polla de mi coño y dice que me levante. Me inclina delante de un sofá, me apoyo con los hombros y me sube la faldita hasta la cintura. De golpe, me saca el dildo del culo y sé que el agujero es enorme porque oigo un “oh” de admiración. Entonces, me introduce el consolador en la vagina, no sé cuantos centímetros, pero más de un palmo seguro, quizá dos.
-¿Puedo? – pregunta el invitado.
-Por supuesto. Mi novia es toda suya.
-A ella le gusta que la den por culo – en eso tiene razón mi tío.
“Y sí, Sebastián me atraviesa el ano con su verga. Bombea y bombea, noto como sus testículos chocan contra mi cuerpo a cada embestida, hasta que grita:
-¡Te voy a llenar el culo, niña, te lo voy a llenar!
-¡Sí, por favor! – le respondo.
“Después de pocos minutos, él eyacula en mis entrañas. Cuando al cabo de un rato saca su polla de mi ano, es el turno del señor de la casa. Me agarra las tetas y me folla el culo a fondo.
-¡Me haces muy contento, sobrina! – grita mientras me llena el ano con su esperma caliente.
“Enseguida ocupa su lugar mi novio de pega. Me la endiña de golpe y yo gimo de placer. Presiona el dildo para que me llegue más a fondo y me muero de gusto. Grito como una loca cuando me corro y, a pesar de que el dildo lo impide algo, lanzo squirt para todos lados. Pancracio se corre dentro de mí y me dice que soy un amor y que culo más caliente e irresistible tengo. El semen, mi flujo y mi squirt resbalan por mis muslos.
-Juli es una chica muy caliente. No me imagino una novia mejor para mi sobrino. ¡Y para mí! Como sé que ella aun quiere más, podéis ir pasando todos a darla por culo. Primero tú, Gaspar, si lo deseas, y luego los demás. Es su presentación y todos debéis gozar con ella y hacerla gozar.
“Y sí. Uno a uno, por turnos, me van follando el culo. No sabía que hubiera tanto servicio en la casa. Por lo menos, siete u ocho hombres en total. Las mujeres solo miran, alguna algo incómoda. Cuando le toca al joven Pedrito, apenas acerca su pene a mis nalgas que ya se corre.
-Perdone, señora, yo…
-No te de apuro. Dentro de un rato, lo puedes volver a intentar.
-Muchas gracias, señora.
“El dueño de la casa dice que me tumbe de espaldas sobre el sofá y que separe las piernas. Me arranca el dildo de golpe y no puedo evitar lanzar un chorro de flujo. Me lo inserta en el ano. Me excita saber que la transparencia yel efecto lupa debe de presentar un agujero grande y profundo.
-Mirad que coño tan rosado, abierto y apetecible tiene mi sobrina. Ella quiere que ahora le follemos el chocho. ¿Verdad, hija?
-Si usted lo desea, tío…
-Sí, y tanto. Y sé que tú también. ¡Sebastián, usted es nuestro invitado, haga los honores!
“Y Sebastián, que ya vuelve a estar trempado, se abalanza sobre mí y me la mete de golpe. Yo me corro enseguida. Bombea y bombea. Tarda en llegar al orgasmo, pero al final me inunda la vagina con su semen. Por turnos van follándome y me siento una diosa. Veo con sorpresa, pero con gusto, que cuando Anselmo me está follando, Bárbara, que hasta ese momento solo estaba mirando junto con las otras mujeres del servicio, se acerca y me empieza a besar las mejillas y enseguida los labios y ya en la boca. Toma mis pechos y me los acaricia y lame. Se mete el otro extremo del dildo bajo la falda y empieza a gemir mientras me besa el cuello, hombros, axilas…
“La tarde acaba con una sesión de mamadas. Terminan en mi boca, en mi cara, en mis pechos… Estoy bañada en semen. Bárbara, que ya no se ha separado de mí en todo el rato, mama mis tetas y aprovecha para lamer parte del semen que resbala por mis mejillas por mi barbilla, por mis muslos… mientras se va masturbando con el extremo del dildo que no tengo en mi culo.
-Me has hecho feliz, Pancracio, y tú más, Juli. Me gusta que seas tan… permite que lo diga… tan puta. Ahora vas a la habitación y te preparas para la cena. Tienes instrucciones sobre la cama.
-Tío, estoy cansada, preferiría tumbarme en la cama y dormir – exclamo desnuda, cubierta de lefa, solo con la microfalda y las medias rasgadas.
-Imposible, hija. Es la última noche. No puede ser. Dentro de un par de horas debes estar radiante para la cena.
-Debes hacer caso a mi tío.
-Sí, es solo que…
-Nada, vayamos arriba. Hasta luego, tío.
“Y así terminó la tarde. Deseaba tener una cena tranquila e irme pronto a dormir. No sabía que me esperaba por la noche.”
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