La amiga de mi hija, el día después

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T. Lectura: 9 min.

Si aún no habéis leído la primera parte, os invito a hacerlo antes de empezar con esta segunda.

Esa mañana me dieron las 11 h aun durmiendo, cosa muy extraña en mí, ya que normalmente me levantaba antes de las 7h.

A mí mujer no le extrañó, sabía que había tenido que ir de madrugada a por las chicas y después me había costado conciliar el sueño de nuevo.

Las chicas aún no se habían levantado y el resto de la familia ya estaba disfrutando de la playa junto a mi mujer que también bajó después de hacerse un café conmigo.

Me duché muy rápido y me fui a comprar las cosas necesarias para hacer la comida y rellenar la nevera de las necesidades básicas que teníamos para para siete personas.

Una vez acabada la compra y con destino al apartamento, mi siguiente parada fue en la farmacia que había en el pueblo para comprar lubricante y condones. No podéis ni imaginar la mala pasada que mi cuerpo me proporciono, reaccionando a lo que mi mente ya imaginaba de lo que podía pasar con aquella compra. Esa compra la dejé en la guantera del coche camuflada con una bolsa del supermercado y la documentación del coche.

Una vez descargada la compra y rellena la nevera, me dispuse a tomarme una cerveza en la terraza del apartamento que tenía una visión directa y perfecta a la piscina. Desde allí, saboreando el frescor de la cerveza, pude contemplar de nuevo aquel maravilloso cuerpo celestial de mi compañera sexual nocturna y revivir mentalmente lo sucedido la noche anterior.

Está vez, Espe, llevaba un conjunto que era hermano del que utilizó el día anterior pero de color azul.

Mientras me tomaba la segunda cerveza y ya caliente como una chimenea por la visión de aquel monumento al que no le quitaba ojo, Espe, con la excusa de ir al baño, se dirigió al apartamento pasando muy cerca de mí. No dejó de mirarme a los ojos durante el trayecto y yo tampoco aparte la mirada en ningún momento. Al pasar a mi lado, me lanzó un beso solo gesticulando con los labios que me hizo estremecer.

Sin pensar y de forma totalmente irracional, sin pensar que no era ni el momento ni el lugar, me levanté y la seguí al baño. La cogí por detrás llevando mi boca a su cuello para besarlo y lamer esa piel tan deliciosa, lleve mis manos a sus pechos por debajo del bañador para coger estos libres de obstáculos y empujé con mi polla ya erecta en su trasero.

Espe se retorcía de placer moviendo su trasero para notar mi pene rozando en su precioso culo. Baje una de mis manos por su estómago hasta llegar a su bañador tanga y metí la mano para acariciar su clítoris y vulva. Qué suavidad de zona y que humedad producía la muy golfa. Yo me moría de ardor por completar aquella situación pero, de repente, oímos las voces de mi hija y Vero que llegaban al apartamento. Me salí del baño y me metí en la habitación. Espe cerró el baño y se recompuso.

Me puse un bañador no sin antes oler y relamer mis dedos impregnados de la esencia de Espe. Cuando salí de la habitación, estaban hablando y bebiendo agua fresca.

-¿Ya habéis salido de la piscina? -Pregunté cómo si no lo supiese… Voy a refrescar un ratito antes de hacer la comida.

Esa fue la primera de varias situaciones de estrés sexual que sucedieron antes de llegar a la noche de desenfreno.

Durante la comida, a un lado tenía a mi mujer y al otro, casualmente, estaba Espe que no dejó de rozarme con la pierna durante toda la comida, con el brazo y la mano con movimientos disimulados de acomodarse en su asiento o para coger algo de la mesa.

Me ponía a mil con todos esos toquecitos y ella lo sabía perfectamente. Lo prohibido y arriesgado es mucho más excitante que alguna otras situaciones más íntimas.

Luego de comer, todos nos fuimos a la piscina y estuvimos un buen rato de conversación de cosas muy vagas e intrascendentes sobre la familia y los estudios. Algún toquecito y roce por la inestabilidad de nuestros cuerpos en el agua pero nada más.

Llegó la noche y el mismo ritual del día anterior. Después de la cena, las chicas se arreglan y a la discoteca.

A eso de las 3 h mensaje para recogerlas pero, está vez cuando les aviso de que estoy fuera, Vero le coge el teléfono a mi hija y me dice que aparque y me tome algo con ellas que están muy bien y se arrepienten de haberme avisado tan pronto para recogerlas.

No me lo pienso y entro para tomar una copa con ellas. Al entrar en la discoteca se me acercan las tres para darme un beso y agradecerme que entrará para esperar.

Ya en la barra me pido un gin-tonic y Vero se acerca para decirme que ellas invitaban. Me extrañó que me cogiera de la cintura y se acercara tanto para decírmelo al oído. Note como sus pechos se apretaban contra mi espalda y su tono de voz era muy sensual.

Allí estaba yo con la bebida en la mano cerca de la barra mientras Espe y Vero bailaban de forma muy sensual a pocos metros de mí. Mi hija, por su parte, estaba bastante más alejada con un par de chavales en una conversación muy alegre.

Espe y Vero me invitaban a bailar con ellas pero yo reclinaba la invitación para que no se notará la excitación que me provocaba arrimarme a Espe. De todas formas mirando el baile y como se arrimaban una a la otra con roces sensuales y eróticos, empecé a fijarme en Vero, a la cual no le había prestado ninguna atención hasta ese momento.

Vero llevaba un vestido corto blanco que dejaban entrever unos pechos menos firmes que los de Espe pero más grandes. Con los movimientos del baile, se podía ver parte de sus nalgas, algo más contundentes que las de su amiga pero igual de firmes, y un pequeño tanga de hilo que desaparecía entre ellas. Por su parte, Vero, llevaba un vestido rojo muy ajustado y un pelín más largo que el de su compañera. Vamos que las dos eran un espectáculo.

Dejé mi vaso ya vacío de la bebida en la barra y me acerque a las chicas para decirles que ya estaba cansado y que avisarán a mi hija para marchar. La verdad es que necesitaba averiguar si la noche acababa como la anterior ya que no podía aguantar aquella tensión en mis pantalones y mente.

Espe fue la que se dirigió a mi hija para advertirle de que nos íbamos y Vero se quedó junto a mí. En el mismo momento en que se marchó Espe, se acercó a mí y me susurro al oído:

-Yo quiero mi parte está noche.

Me quedé a cuadros, no quería entender lo que me estaba insinuando. ¿Sabía lo que había y estaba sucediendo entre Espe y yo? ¿Se lo habría contado su amiga?

No conteste pero mi polla si que reaccionó y empezó a tomar vida en forma de latidos por que dura ya estaba…

Espe volvió y me dijo que mi hija quería quedarse un rato más con aquellos chicos y que nos fuésemos sin ella. Yo las invite a que se quedaran con la esperanza de que no quisiesen, o al menos Espe, y así fue.

Nos subimos al coche pero está vez las dos amigas se subieron detrás y yo me quedé con las ganas de contemplar un espectáculo como el de la noche anterior.

Durante el trayecto pude ver por el espejo interior del coche como Vero le hablaba todo el rato al oído a Espe y como a está le cambiaba el semblante de su rostro.

Al llegar al apartamento y cuando íbamos a bajar del auto, Espe me dice que quieren bajar a la playa pero que les da miedo ir solas. Caballero de mi les digo que las acompaño. Tuve la intuición de que algo iba a pasar ya que, el comentario de Vero y la conversación en el coche de las dos, me estaban perturbando de manera exagerada. Así que cuando bajaron del coche me entretuve un momento para bajar y saqué los condones y el lubricante de la guantera y los deposite en el bolso que llevaba.

La playa estaba a escasos 50 m del apartamento y de donde aparcamos así que en un minuto estábamos allí.

Es una playa muy bien adaptada, con entradores de madera casi hasta la orilla y tumbonas repartidas a lo largo de esta para uso y disfrute de los visitantes.

-Me apetece bañarme, dijo Vero.

Y sin esperar ninguna contestación, se quitó el vestido deslizándolo hacia arriba dejando sus pechos al aire y quedándose solo con el tanga. Depósito la ropa en una hamaca y acto seguido se quitó el tanga para dejarlo sobre la ropa.

Con la boca abierta me quedé sorprendido de la situación, con los ojos puestos en ese otro monumento de mujer que había pasado desapercibido a mis miradas por el calentón con Espe. La polla me seguía dando brincos y empezaba a notar ya el dolor de tenerla tanto tiempo empalmada y aprisionada.

Espe se quedó mirándome y sin mediar palabras empezó a desnudarse como la había hecho su amiga unos instantes antes. Está no tuvo que quitarse nada más por la ausencia de ropa interior que yo ya intuía que no llevaba. Creo que es una constante en ella y ya lo había podido comprobar.

-¿Vienes? Me dijo Espe bajo la mirada de su amiga desde el agua y la mía embobado.

Me despojé de la camisa y los pantalones dirigiéndome al agua. Estaban una frente a la otra mirándome como me acercaba dejando que el agua les acariciara la piel hasta los muslos.

Fue Vero quien tomó la iniciativa, Espe parecía cohibida por la presencia e iniciativa de esta. Me agarro de la cintura y me acerco a ella dándome un largo y apasionado morreo con lengua al que yo sucumbí y correspondí. Aproveché el momento para bajar mis manos por su espalda y manosear esas nalgas tan preciosas.

Cuando acabó el beso, soltó una mano de mi cintura y la acercó a la de Espe atrayéndola hacia nosotros. Junto nuestras tres caras, mientras yo soltaba una de mis manos de sus nalgas y la llevaba a la de Espe, y con voz ardiente nos dijo:

-Me he fijado todo el día en vosotros y anoche, a pesar de mi estado, me desperté un par de veces y vi que Espe no estaba y luego escuché como te duchabas antes de ir a la cama. Me vais a contar que paso ayer y que teníais previsto para hoy. Quiero formar parte y, como te dije, quiero mi parte.

No hizo falta que le contáramos nada, directamente me puse a masajear el ano de las dos con pequeñas y diminutas introducciones en sus respectivos anos. Las dos soltaban pequeños sonidos de placer que ahogaban mientras se besaban con intensidad. Cuando dejaron de besarse, Espe se acercó a su oído y le dijo algo que no pude oír. Acto seguido se giraron las dos hacia las hamacas y me cogieron cada una de una mano dirigiéndonos los tres hacia ellas.

Una vez en las hamacas, me tumbaron boca arriba con la hamaca completamente en horizontal. Vero se sentó sobre mi cara con las piernas apoyadas en el suelo, una a cada lado, y ofreciéndome todo su coño para mamárselo, de espaldas a su compañera. No lo tenía depilado como Espe pero si cuidado y recortado de manera que solo tenía una pequeña tira de bello por el pubis y todo lo demás sin un pelo que dificultara la comida de coño y ano.

Se balanceaba hacia delante y hacia atrás apretando cada vez más contra mi boca que chupaba desde su clítoris hasta su ano. Por su parte Espe se arrodilló en la parte baja de la hamaca que yo dejaba libre al tener las piernas abiertas y apoyadas en el suelo. Empezó a darme una mamada muy diferente a la del día anterior, notaba cómo la estaba empapando de saliva sin apretar mucho. No quería quitar ni una gota de lubricación para lo que venía. Era lo que intuía por qué con Vero sobre mi cara no tenía visión de Espe.

Al rato de estar en esta posición, note que Espe se retiraba de mi polla y se giraba para dejarse caer sobre ella. Cómo pude, con las manos masajeando las tetas de Vero, la alce un poco y pude decir que está vez sí había traído condones y lubricante. Note una pequeña risa en Espe y empecé a notar una presión de su ano contra mi polla.

-De momento no van a hacer falta, decía Espe mientras se dejaba caer.

Tardo unos par de minutos en engullir por completo mi polla. La iba introduciendo muy poco a poco en cada subida y bajada que hacía abriéndose las nalgas con sus manos. La sensación era extrema al notar esa estrechez y calidez que abrazaba mi polla.

Durante los siguientes instantes, casi llego a desentenderme de la follada anal que estaba disfrutando por qué, Vero empezó a gemir con fuerza arqueando su espalda y convulsionando de placer con la llegada de un orgasmo que le provocó un squirt que lleno mi cara de su abundante líquido. Siguió frotándose pero de manera más lenta y suave mientras yo me relamía y le presionaba el ano más intensamente con mi lengua. Aprovechaba que la bajada de velocidad me permitía más tiempo en el.

Estaba que explotaba y Espe ya me follaba como si de la vagina se tratara masajeándose el clítoris al mismo tiempo que subía y bajaba. Reventé, no pude aguantar y rellene su ano de semen. Estoy seguro que esto es lo que le aceleró la llegada de su orgasmo. Notaba cómo si esfínter apretaba y aflojaba con cada espasmos de ella hasta que paro.

Estuvimos un rato inmóviles recuperándonos y rehaciéndonos.

Pasado esos momentos de más estrés, ambas se levantaron de sus posiciones y se intercambiaron. Esta vez se colocaron encarándose una a la otra en vez de darse la espalda.

Espe empezó a frotar se suave manjar sobre mi boca y lengua sin llegar ni mucho menos al ano, supongo que lo tendría hirviendo. Vero, por su parte, se sentó en mis piernas, por debajo de la altura del pene y empezó a masajeármelo para que recuperara la completa firmeza, cosa que no tardo en absoluto.

Cuando estaba con el mástil a cien de nuevo, Vero se inclinó hacia la hamaca donde estaban nuestras pertenencias y abriendo mi bolso dijo:

-Ahora si que te van a hacer falta los condones…

Abrió el bolso, sacó la caja de condones y abrió uno colocándomelo de una forma muy aplicada en la polla. Después de unos pequeños ajustes de sube y baja con las manos aguantando de la base el condón y dándole un pequeño alivio a la punta, se la introdujo de una vez, despacio pero sin pausa. Una vez insertada, empezó con movimientos circulares alternados con sube y baja.

Enfrentadas como estaban, empezaron a abrazarse y besarse emitiendo gemidos que ahogaban entre sus bocas entrelazadas. Yo mientras tanto con una mano apretaba, con pequeños movimientos, la parte superior del clítoris que tenía en la boca de Espe, y con la otra le masajeaba un pecho sin llegar perfectamente.

En poco tiempo, las dos tuvieron sendos orgasmos que las dejo rendidas y abrazadas.

Yo no pude llegar a correrme, me faltaron algunas envestidas más. Cuando Vero se levantó, mi mano fue directa a mi polla y empecé a pajearme quitándome el condón. Las dos se reclinaron sobre el miembro esperando la llegada del líquido espeso y sagrado que acabará por cerrar el círculo de pasión y deseo.

Fue Espe la que al notar que empezaba a cambiar mi respiración y mis movimientos, se abalanzó sobre la polla metiéndosela en la boca y siguiendo con su mano los movimientos y ritmo que yo me estaba proporcionándome. En cuestión de segundos, eyacule de nuevo en su preciosa boca que no aparto hasta que dejó el sable completamente limpio. Vero había estado acariciando con una mano la espalda de su amiga y con la otra guiándola en los sube y baja.

Tremendo final que me dejó extenuado y sin posibilidad de movimiento. Las dos se levantaron de su posición y aproximaron, Vero primero y Espe después, sus bocas a la mía para darme un morreo que supongo era el disparo que marcaba el final de aquel sueño.

Nos vestimos y nos fuimos al apartamento. Ya eran las 5:30 h de la madrugada y no quise acostarme ya que no quería limpiar mi cuerpo del olor y sabor a sexo que desprendía, quería seguir saboreando…

Me volví al banco donde había estado la noche anterior. Allí fumando y asimilando lo ocurrido, pude intuir la llegada de mi hija.

Al día siguiente, sobre mediodía, mi hija y yo acercamos a sus amigas a la estación de autobuses para que marcharan.

Un simple:

-“Hasta la próxima”, y se acabó…

Espero que el próximo verano vuelvan a visitarnos en vacaciones.

Si ocurre, ya os contaré.

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