Me llamo Antonio. Si, Antonio el albañil. Si leíste mi vivencia con Ivanka la masajista ya sabes algo más de mí. Estoy soltero y vivo con mis padres. Nunca he tenido suerte con las mujeres. Y mira que me gustan. Blancas, negras, orientales, gordas, flacas… todas.
Pero parece que yo a ellas, no las atraigo. Me suelo consolar yo mismo viendo porno o leyendo relatos y de vez en cuando voy a algún piso o club de carretera a desfogarme. Siempre suelo ir de domingo, están menos concurridos y hay más chicas libres. Los casados están cumpliendo con sus familias y los solos somos los amos de la pista. Pero aquel día era un jueves.
Ese día amanecí con el pene revoltoso. Ni el duro trabajo de albañil consiguieron bajarme la calentura. Decidí ir a un club del extrarradio. Aparqué el coche en el discreto aparcamiento cubierto de arbustos para camuflar los coches y me dispuse a entrar. Me había duchado y aseado, lavado bien mi arma que estaba palote y me puse mi colonia favorita. Los neones rojos empezaban a alumbrar la noche.
Abrí la puerta y respire ese olor a aire acondicionado. El portero me miró de arriba abajo y me saludo con la cabeza. Entre y se escuchaba la voz de Elvis Crespo y una sala repleta de chicas con ropa ligera y clientes en los reservados. Camine hacia la barra y me senté. El camarero vino rápidamente y me preguntó que me servía.
Pedí una cerveza y me puse a la caza. Mis ojos se acostumbraron a la penumbra del sitio y a las luces intermitentes de colores. Me fijé que las chicas llevaban un lazo azul y otras un lazo rojo. Le pregunté al camarero. El tipo, muy comunicativo me dijo que los jueves era el día de chicas y chicas con sorpresa.
Me guiño un ojo y fue a servir a otro cliente. No tardo en acercarse una chica, era alta como de 1.75, buenas tetas, no mucha cadera, pero unas piernas para perderse en ellas. De cara era bonita unos ojos negros grandes y algo achinados, unos labios rojos carmesí y un pelo castaño rizado. Su piel era morenita. La verdad estaba muy buena.
Hola guapo ¿puedo sentarme contigo? Su voz sonaba muy sensual con un acento caribeño. Yo un poco tartamudeando, le dije que si. Se presentó, me dijo que se llamaba Rebeca, le di dos besos y le dije mi nombre, yo, yo Antonio. Cruzo sus piernas y que piernas tenía la chica. Mi cipote se paró y ya se notaba mi bulto en el pantalón. La invite a una copa y yo pedí otra cerveza.
Me habló de ella, era de Colombia de una ciudad llamada Barranquilla, llevaba en España poco tiempo. Me explico lo de las cintas, me dijo que ella tenía una cinta azul porque era transexual. Yo me quedé un poco de piedra. Rebeca lo noto y me dijo, si te molesta me voy. Yo le dije que no pasaba nada, que yo era de mente abierta y tenía curiosidad.
Después de pedir otra copa, empezó el magreo. La conversación subió de tono y Rebeca me empezó a besar y cogerme el paquete. Yo le tocaba las tetas, lógicamente operadas pero bien puestas y subía y bajaba por sus suaves piernas mis manos de albañil. Rebeca me dijo al oído, ¿subimos a la habitación papi?
Yo estaba muy caliente y le dije que si. Pasamos al vestíbulo donde pague la transacción en un mostrador. Rebeca subió delante de mi las escaleras mostrándome sus piernas y algo más, porque la minifalda era de infarto. Abrió una puerta y entramos en una habitación. Me dijo que por higiene me duchara. Me quité la ropa y me duche. Ella mientras tanto salió de la habitación y me dijo, ahora vengo amor, voy por condones.
Salí de la ducha, me seque, y me senté en la cama. Ella entró como un torbellino. Me beso intensamente explorando mi boca con su lengua. Con su mano cogió mi rabo y empezó a pajearme. Estás bien dotado mi amor. Tienes una pija muy linda. Tengo ganas que me la metas. Se empezó a desnudar, se quitó la minifalda, dejo a la vista unas bragas rojas.
Se notaba el bulto de su paquete, era prominente. Desabrochó un corpiño y las tetas quedaron al aire. Yo abalance mis manos hacia sus pechos. Los acaricie y Rebeca se mordió los labios y de su boca salió en gemido. Vi como el bulto escondido en sus bragas rojas iba en aumento. La cogí y pose sobre la cama. Me subí encima y empecé a besarla. Era raro sentir otro rabo.
Le bajé las bragas y el pene de Rebeca salió despedido. Era grande y moreno. La piel se había retirado, estaba circuncidado. Yo me incorpore para verlo bien. Ella me dijo, te gusta mi cosito mientras con la mano cogía mi cipote. Yo le cogí con mi mano su aparato y empecé a hacerle una paja. Rebeca puso la cabeza hacia atrás y los ojos en blanco por el placer que sentía.
Gruñía de gozo y me decía, si papi hazme gozar. Saco un tarro de vaselina de la mesita y se unto su ano. Metía primero un dedo, después dos y después tres. Cogió un condón. Lo saco de su empaque lo puso en su boca y con una destreza increíble lo coloco en mi rabo y empezó a chupármela. Me dijo hazme tuya mi cielo, rompeme mi culito. Tenía mi espada en ristre y me dispuse a entrar en mi primer culo.
Con la mano apunté y la primera embestida dio en los huevos de Rebeca. Ella me dijo, más abajo cariño. Acerque mi capullo a la entrada de su culo y empuje. Para mí sorpresa fue entrado gradualmente casi sin esfuerzo. Dentro, mi pene se sentía apretadito. Rebeca dio un grito como de dolor. Yo pare un momento y ella me dijo, sigue mi amorcito, dame placer.
Yo estaba súper caliente y empecé a bombear su ano y tocarle las tetas. Después de un rato me dijo, cambiemos de postura mi galán. Se puso en perrito y se la volví a meter. Me fijé que su ano se abría y cerraba y me dio mucho morbo. Ella empezó a moverse atrás y adelante ayudando a mis embestidas.
A la vez Rebeca se pajeaba. Yo estaba ya que explotaba. Entre gruñidos de placer le dije, ¡me corro, me corro, ahhh! La leche salió catapultada llenando el capuchón del condón. Rebeca en ese momento empezó a correrse llenando de semen toda la cama con un grito de placer que escucharon hasta en la pista de baile.
Me retire de dentro de ella, me saqué el condón y me tumbe a su lado. Gracias Papi, he disfrutado mucho contigo. Y yo también. Fueron nuevas sensaciones que nunca olvidaré y repetiré seguro. Me quedé con el teléfono de Rebeca para algún otro encuentro de amor transexual.
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