La exhibicionista anónima

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T. Lectura: 5 min.

La mujer era una adicta al fetichismo del látex sin control, y le encantaba conservar su anonimato. El látex no era un fetiche para ella, lo adoraba casi como una religión, ella pasaba días enteros encerrada en su traje negro brillante, durmiendo, comiendo y corriéndose dentro de él. Aquella tarde había decidido llevar su depravación al siguiente nivel.

Se había puesto su catsuit favorito, un traje de látex negro de 1 mm de grosor que se pegaba a su cuerpo como una segunda piel viva, la cremallera principal bajaba desde el cuello hasta el coño, y otra más pequeña justo en la entrepierna para poder masturbarse sin quitárselo sus piernas y manos tambien se enfundaban en dicho material. Sus tetas quedaban perfectamente marcadas, con los pezones erectos clavándose contra el material brillante.

El látex le apretaba tanto el coño que los labios hinchados se notaban como si estuviera completamente desnuda. Con sus manos enfundadas, se ajustó la máscara integral de látex negro que estaba unida al traje mediante un grueso collar de acero con un candado pesado. Solo ella sabía dónde estaba la llave de dicho candado, abrió la cremallera más pequeña y la escondió dentro de su propio ano, metida profundamente con un plug de acero que llevaba puesto desde hacía horas.

Nadie podía quitársela. Estaba literalmente encerrada en su propia perversión. El traje lo completaba unas botas altas hasta la rodilla, de látex negro reforzado, con plataforma gruesa con una suela militar pesada que le daba un aspecto dominante y amenazante mientras caminaba. La mujer conforme su plan en un lugar determinado salió a la calle vestida así, con dos trenzas gruesas y largas cayendo por su espalda. El sol hacía que el látex brillara obscenamente.

Cada paso hacía que el material se frotara contra su clítoris hinchado y su ano lleno con la llave y el plug. Ya estaba chorreando. Caminó, hasta detenerse justo al lado de la furgoneta policial. Apoyó una mano en la cadera, separó las piernas y empezó a tocarse delante de todos. Primero, se acarició las tetas por encima del látex, pellizcándose los pezones con fuerza hasta gemir. Luego bajó la mano hasta su coño y presionó dos dedos contra el material, frotando en círculos rápidos.

El látex estaba ya empapado de sus jugos.—Dios… me encanta que me miren… —susurró dentro de la máscara. Bajó la cremallera de la entrepierna con un sonido metálico. Su coño quedó al aire, completamente depilado, hinchado, rojo y brillando de corrida. Metió tres dedos de golpe y empezó a follarse a sí misma sin piedad, metiendo y sacando los dedos con fuerza y se frotaba el clítoris hinchado como una loca.

El sonido era asquerosamente húmedo. Sus jugos fluían en sus manos enguantadas. La gente se detenía. Algunos grababan con el móvil. La enmascarada gemía cada vez más alto, moviendo las caderas como una puta en celo. Se corrió por primera vez en menos de dos minutos.

Un chorro potente de squirt salió disparado de su coño y salpicó el suelo y la rueda de la furgoneta policial.— ¡Me corrooo, joder! ¡Mirad cómo me corro como una cerda!- grito a la gente que se aglomeraba, pero no paró. Siguió follándose con cuatro dedos, metiéndoselos hasta el fondo. El plug en su culo se movía con cada embestida, recordándole que la llave de su libertad estaba literalmente dentro de su propio ano.

Dos policías salieron de la furgoneta. Uno joven y otro mayor. El joven se quedó paralizado mirando cómo aquella mujer encapuchada se masturbaba salvajemente delante de ellos.—Señorita, esto es exhibición indecente. ¡Deténgase ahora mismo! —gritó el mayor. La mujer los miró con ojos vidriosos de placer. Sonrió bajo la máscara y, en vez de parar, se dio la vuelta, apoyó las manos en la furgoneta y sacó el culo hacia ellos.

Bajó más la cremallera y metió los dedos en su coño desde atrás, follándose con fuerza mientras movía el culo en círculos.—Venid… ¿queréis probarlo? —jadeó.

El policía mayor empezó a acercarse con las esposas en la mano, mientras la mujer por la excitación de la situación sintió que un orgasmo se acercaba como un tren de carga. Frotaba su clítoris hinchado con furia, metiendo los dedos tan profundo que casi se tocaba el plug a través de la pared, grito — ¡Me voy a correr otra vez! ¡Delante de vosotros, cabrones! – Su cuerpo se convulsionó violentamente y un chorro de líquido salió disparado entre sus piernas, salpicando las botas del policía que ya casi la alcanzaba. La enmascarada gritó dentro de la máscara, las piernas temblando, el látex brillando cubierto de sus fluidos.

En ese preciso momento, cuando el policía estaba a punto de agarrarla del brazo, ella vio su oportunidad. Como había planeado justo a su lado había una alcantarilla con la tapa entreabierta. Con un movimiento rápido y desesperado, se lanzó hacia ella. El policía intentó sujetarla, pero solo logró rozar el látex resbaladizo de su culo.

La mujer se deslizo por el agujero y cerro la tapa herméticamente por dentro, después por una escala bajo varios metros hasta llegar a un túnel subterráneo húmedo y oscuro. Arriba se oían gritos y sirenas, sabia tendría varios minutos de ventaja antes de que abrieran dicha tapa. Abajo, La mujer, todavía temblando del orgasmo y la excitación de su reciente aventura, camino por el alcantarillado con una sonrisa de pura satisfacción por un camino que ya había planificado.

El látex estaba completamente cubierto de su propia corrida y del agua sucia del subsuelo. Se apoyó contra la pared, metió la mano en su coño otra vez y siguió masturbándose mientras huía y se corrió nuevamente en la oscuridad, temblando todavía por el orgasmo que acababa de tener, la mujer se arrastró por el túnel oscuro y húmedo del alcantarillado. El látex negro brillaba cubierto de sus propios jugos y del agua sucia que corría por el suelo. Sus botas pesadas chapoteaban con cada paso.

El plug seguía dentro de su culo, pero ya no le importaba. Solo quería más. Después de caminar unos minutos por el pasadizo estrecho, llegó a una zona más amplia donde el agua se acumulaba en un pequeño charco. Allí, apoyado contra la pared, encontró el bolso grande de látex negro brillante, que había preparado, perfectamente escondido y cerrado con cremallera. Lo abrió con dedos ansiosos.

Dentro había un tesoro perverso, su máscara de gas completa de látex negro con lentes grandes y un filtro respiratorio. Un enorme dildo negro de 25 cm con ventosa, unas pesadas pinzas para pezones unidas por una cadena y Un frasco de lubricante. Sonrió bajo su máscara cerrada con candado. Esto era el paraíso. Se arrodilló en el suelo húmedo y se puso la máscara de gas sobre la cabeza.

El látex se ajustó perfectamente encima de su máscara original, creando dos capas. El filtro respiratorio hacía que cada respiración sonara ronca y obscena. Se apoyó contra la pared, abrió las piernas y clavó el enorme dildo en el suelo con la ventosa. Se colocó encima y se empaló de golpe, dejando que los 25 cm la abrieran por completo.

—Fuuuck… —gruñó dentro de las dos máscaras. Empezó a cabalgarlo con furia. Sus tetas rebotaban dentro del látex, los pezones dolorosamente duros. Se colocó las pinzas en ambos pezones y tiró de la cadena con cada bajada. El dolor y el placer se mezclaban mientras su coño tragaba el dildo una y otra vez, haciendo ruidos húmedos y fuertes que resonaban en el túnel .Se corrió en la alcantarilla a los pocos minutos, gritando dentro de la máscara de gas. No paró.

Su plan era pasar varias horas masturbándose mientras pasaba el día es la cuales se folló a si misma apoyada contra la pared, Se corrió varias veces, perdiendo la cuenta entre gemidos ahogados, temblores y chorros que empapaban aún más su traje de látex. En un momento, con el dildo todavía dentro de su coño, lo acomodo entero y lo cerró dentro de su traje y caminó tambaleándose por el túnel, follándose a sí misma con cada paso.

El látex crujía, cubierto de sudor, jugos y suciedad. Se corrió caminando. Se corrió apoyada contra una tubería. Cuando ya anocheció, exhausta, satisfecha completamente destruida de placer, guardó los juguetes de nuevo en el bolso de látex y siguió avanzando. Encontró una salida diferente, una rejilla que daba a un callejón oscuro detrás de unos contenedores, se sacó la máscara de gases y guardo el bolso en un rincón discreto, después empujó la tapa con cuidado, miró a ambos lados y salió a la noche.

Todavía llevaba el catsuit completo y la máscara cerrada con candado. Se cubrió con una capa larga que había dejado escondida previamente y caminó discretamente por las calles poco iluminadas hasta su apartamento. Una vez dentro, cerró la puerta con llave. Se miró en el espejo, le encanto la imagen una figura completamente negra, brillante, sucia y oliendo a sexo y alcantarilla. Sonrió.

Se saco con dedos temblorosos la llave de su culo, abrió el candado del collar y por fin se liberó de la máscara principal. Se duchó lentamente, dejando que el agua caliente lavara toda la suciedad, los restos de corrida y el olor del subsuelo. Se enjabonó con cuidado el coño y el ano, todavía hinchados y sensibles de tantas horas de abuso.

Después se vistió completamente normal, unos vaqueros, camiseta holgada, zapatillas. Era una mujer anónima más. Se sentó en el sofá, encendió la televisión y cambió de canal hasta encontrar las noticias locales.«…escándalo en el centro de la ciudad. Una mujer vestida completamente de látex negro se masturbó de forma explícita frente a una patrulla policial. Varios testigos grabaron el momento. La mujer eyaculó visiblemente y logró escapar por una alcantarilla.

La policía la busca por exhibicionismo agravado…» En la pantalla aparecían vídeos borrosos pero reconocibles, era ella follándose con los dedos, corriéndose a chorros delante de la furgoneta, su culo moviéndose mientras escapaba. Los presentadores hablaban escandalizados.

En redes sociales ya era viral. La mujer anónima se recostó en el sofá, metió la mano dentro de sus vaqueros y, sin poder evitarlo, empezó a tocarse suavemente por encima de las bragas mientras veía las imágenes de su propia depravación. Una sonrisa lenta y satisfecha se dibujó en sus labios. Sabía que quizás en el futuro próximo planearía otra salida similar.

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