Pasaron los días y con ello varias semanas, un sábado Martha y yo acordamos ir a un motel con jacuzi y pasar una tarde ahí. Así lo hicimos, nos tomamos algunas cervezas, nos relajamos y cogimos un rato. En eso estábamos cuando de casualidad reviso el teléfono y me encuentro con mensajes que Mario nos había mandado, en ellos nos invitaba a una reunión en casa de sus papás. Le contesté que no había visto los mensajes a tiempo y que ya se nos hacía muy tarde para ir y que tal vez la reunión ya estuviera por acabar.
Le comenté a Martha y ella coincidió conmigo, aun así Mario insistió y quedamos que al irnos a nuestra casa pasaríamos y si todavía estaba la reunión llegaríamos. Y eso hicimos, cuando nos retiramos del motel ya iban a dar las nueve de la noche (la reunión con Mario había sido de cuatro de la tarde a ocho de la noche), así que como la casa de los papás de Mario nos quedaba en el camino a nuestra casa, pasamos y al llegar vimos dos carros afuera, así que decidimos llegar aunque fuera solo para saludar y retirarnos pronto.
Al entrar, la reunión era en el patio de la casa, estaban otras dos parejas amigas también de nosotros, pero ya se estaban despidiendo, así que en unos pocos minutos se fueron y solo quedamos nosotros y Mario, quien insistió en que nos quedáramos un poco más. Todavía quedaba algo para cenar y algo de cerveza, y como nosotros no habíamos cenado, quedamos que después de cenar nos retiraríamos.
Pues, después de cenar se nos hizo descortés irnos tan rápido, así que nos quedamos a tomarnos una cerveza, según nosotros, porque empezamos a platicar y después de cenar y tomarnos la primer cerveza, estábamos tan a gusto que decidimos quedarnos y acompañar a Mario otro rato, así que cuando nos dimos cuenta ya iban a ser las diez de la noche y estábamos tomándonos la tercer cerveza, más las que nos habíamos tomado en el motel y Mario también ya estaba algo tomado.
Y eso fue lo que ayudó a que la plática fluyera muy agradablemente. En una ocasión que Mario fue al baño, Martha me dice “que te parece si nos tomamos otra cerveza y nos vamos” a lo que yo le contesto “si, está bien, porque si nos quedamos más va a pasar lo de la vez pasada y ahora no estamos en la calle” ella suelta la carcajada y en eso llega Mario preguntando “¿de qué se ríen?” “de nada, de nada, pero después de esta cerveza nos tenemos que ir” a lo que Mario le contesta “a no… todavía quedan y nos las tenemos que acabar” Martha voltea a verme y yo solo me río y le contesto “como tú quieras”.
Quizás el comentario de que nos teníamos que ir, fue el detonante para romper el hielo, porque Mario acercó su silla y Martha quedó sentada en medio de los dos, pero ya las sillas pegando una con otra, por lo que el contacto de su cuerpo con el de ella era inevitable. Y de manera similar a la vez anterior, los roces de su mano se empezaron a dar al igual que algunos abrazos y esos roces rápidamente evolucionaron a caricias sobre el cuerpo de Martha, que en esta ocasión llevaba un vestido minifalda pegado al cuerpo que la hacía ver super atractiva y mostraba mucho de su cuerpo.
En eso estábamos cuando Martha se levanta para ir al baño, y en su ausencia Mario me pregunta si podremos hacer algo de lo que hicimos la vez pasada, a lo que yo le contesto “no sé, eso depende de ella, lo que si te puedo decir es que a los dos nos excitó lo que pasó aquella vez”. Mario iba a contestarme algo pero ella llegó y ahí se truncó la plática.
Quizás mi respuesta hizo que Mario se animara más porque después que ella regresó del baño, empezó a acariciarle las piernas y a abrazarla, ella al principio mostró cierta resistencia pero rápidamente desistió y se dejó hacer, incluso se acercaba a ella y la besaba donde podía. Yo veía lo que pasaba y más me excitaba viendo la forma en que estaban tocando a mi esposa, entonces yo también empecé a participar.
De reojo ella ve sobre la mesa un micrófono, se levanta y nos dice, “ahora hay que ponernos a cantar”. Nos levantamos y Mario, con una aplicación de su teléfono, pone música y empezamos a turnarnos para cantar con el micrófono, como tipo karaoke. Me dieron ganas de ir al baño y al regresar los dos estaban cantando y bailando, me senté y les dije “sigan ustedes mientras yo me tomo otra cerveza”.
Estaban bailando, pero más que baile era cachondeo, ella se ponía de espaldas a él, quien la abrazaba y le acercaba el micrófono con una mano y con la otra recorría todo su cuerpo, a lo que ella más le repegaba el trasero, se despegaban y de nuevo él repetía el movimiento. Como ya mencioné ella traía un vestido minifalda pegado al cuerpo y con el baile y los movimientos que estaba haciendo, poco a poco se le fue subiendo, de repente se daba cuenta y se lo acomodaba, aunque su esfuerzo era infructuoso porque rápidamente se le volvía a subir.
Yo llevaba media cerveza, aun así me levanté y al bailar un poco con ellos, lo que le dije fue “estas batallando mucho con el vestido”, “si, me lo tengo que estar bajando” me contestó, entonces producto de la excitación que yo experimentaba le dije “quítatelo y te pones mi camiseta”, ella volteó a verme y al principio me dijo que estaba loco pero no opuso resistencia cuando se lo empecé a subir hasta sacárselo por arriba de su cabeza. Ella quedó únicamente con el calzón, porque no traía brasier, y le di mi camiseta.
Mientras esto pasaba, Mario se mantuvo al margen y solo nos observó. Ya cuando ella se puso mi camiseta, le quedó justo debajo de las nalgas, pero como estaba más ancha que el vestido y era de tela más delgada le permitía moverse con mayor libertad. Yo me senté de nuevo y ellos continuaron cantando y bailando, solo que ahora Mario al colocarse a espaldas de ella, empezó a meter su mano por debajo de la camiseta acariciándole libremente los senos, paseando sus manos incluso hasta las piernas y besándole la nuca y las orejas.
Ella también estaba muy excitada, por eso cuando Mario intentó quitarle la camiseta ella hasta le ayudó levantando sus brazos, quedando de nuevo únicamente en calzón. Hubo un receso en la música, Mario se sentó para usar su teléfono y que continuara la música, por lo que se sentó un momento, al igual que ella, que al acercarse a mí me dijo “esto está llegando muy lejos, ya nos tenemos que ir” y yo le contesté “como tú quieras, por mí no hay problema, igual podemos estar un poco más”, “está bien, yo te hago una seña” me contestó.
Era evidente que Mario estaba bastante tomado, y nosotros también, pero nos la estábamos pasando muy bien. En eso él le dice a Martha, “vamos a seguir cantando, siéntate conmigo” y ella le contesta “pero no quepo en la silla”, “pues siéntate arriba de mi” le dice él, y lo siguiente que ocurrió fue que Martha, así semidesnuda como andaba, con solo calzón, se levantó y se sentó arriba de Mario, ella empezó a cantar mientras él la acariciaba descarada y lujuriosamente.
Tomaba sus pechos y pellizcaba sus pezones, emitiendo ella ligeros gemidos que interrumpían por momentos la canción, también con su otra mano le acariciaba la entrepierna y ahí ella interrumpía la canción por completo y gemía fuertemente, ya sin ningún recato, de la misma manera Mario movía el trasero de Martha y era evidente que le restregaba su miembro.
Yo solo veía, estaba extasiado viendo lo excitada que estaba Martha. En eso Mario le dice “muévete un poco para desabrocharme el pantalón” y ahí fue cuando ella tuvo un momento de lucidez y se levanta diciéndole que no, y que ya nos teníamos que ir. Voltea conmigo y me dice “no puedo andar así, dame mi vestido para ponérmelo”, pero no le hice caso y en lugar del vestido me quito la camiseta interior y se la doy “mejor ponte esta” le digo, quedando yo desnudo de la cintura para arriba.
Cuando Martha va al baño, Mario se disculpa conmigo y me dice que no quiso hacerla enojar, yo le contesto que no se preocupe, que no está enojada y que no la presione si ella no quiere. Mientras le decía eso, yo mismo me escuchaba y no sabía cómo explicarme lo que le estaba diciendo, pues le estaba aconsejando cómo seducir a mi esposa.
Al regresar ella del baño, lucía realmente sexy y provocativa. La camiseta le llegaba a la cintura y como era de manga sacada, apenas le alcanzaban a cubrir los pezones, dejando al descubierto gran parte de sus atributos, el calzón que traía era muy pequeño y por detrás era tipo tanga, por lo que quedaban todas sus nalgas libres, mostrándonos un espectáculo impresionante.
Mario estaba embelesado ante tanta belleza y tal vez ella lo notó, porque le pidió a Mario que siguiera poniendo música para cantar y bailar. Tal vez, al sentirse el centro de atención y deseada por los dos hombres que tenía frente a ella, por un momento se le olvidó que me acababa de decir que ya nos teníamos que ir y al contrario, ella se estaba desenvolviendo de una manera más desinhibida.
Continuamos cantando un rato más y ahora fue mi turno para ir al baño, al regresar vi que de nuevo Mario le estaba metiendo mano y ella no oponía ninguna resistencia, pero por más que él arremetía con sus caricias ella no quería dejar de cantar, pero la camiseta poco le duró, porque él rápidamente se la quitó quedando de nuevo únicamente en calzón, solo que ahora parecía no importarle.
Después de un rato así, ella dijo “ya está bueno de tanto cantar” y Mario adelantándose a que ella se quisiera ir le dice “entonces vamos a bailar”, ella voltea a verme y me hace una seña indicando el reloj, a lo que yo le respondo, “no te preocupes, no es tan tarde”. Me acerco a ella y empezamos a bailar. Sentía la excitación que ella tenía, y después de una canción le pedí a Mario que siguiera bailando con ella. Ella trata de decirme algo, pero yo solo le hago la seña que está bien y le digo “no es tan tarde, podemos estar un poquito más”. Ya no pudo contestarme porque Mario la jaló hacia él y empezaron a bailar. Después de bailar algunas canciones, lo que estaba viendo no era bailar, eran besos, caricias y tocamientos al ritmo de la música.
Al terminar una canción Martha se separa de Mario y dice “tengo que ir al baño”, cuando ella se va Mario me pregunta “¿qué hago?” a lo que yo solo me reí y le respondí “hasta donde ella quiera”. Entonces me dice “voy a preparar la recámara” y se va para adentro de la casa. Por un momento no entendí lo que me había dicho y quedé inmóvil tratando de comprender lo que estaba pasando… O a punto de pasar.
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