Un día Elia, la secretaria de mi marido con la que los dos tenemos relaciones especiales, pero la diferencia es que él no lo sabía y yo sí, me llamó para pedirme un favor, al parecer su madre había arrendado una habitación a una chica de color que se encontraba en España estudiando, y Elia quería que yo me hiciera amiga de su madre y la sacará de la casa, para poder estar a solas con ella, me prometió que si lo lograba, me ayudaría a quedar con la huésped de su madre, estaba segura de que a mí también me iba a gustar.
Dado el cariño que tengo por Elia, y la idea de tener sexo con una chica de color, no lo había hecho y sentía curiosidad, acepté, quede con la madre de Elia para ir de compras, un día y a una hora determinada y ella aceptó, cuando la vi en persona me impresionó, al igual que su hija tenía unas tetas impresionantes, después de comprar la invité a tomar algo en mi casa, ella aceptó, por suerte no había nadie más que nosotras, yo me había puesto un vestido rojo, con un cierto escoté y que dejaba ver buena parte de mis piernas, en las que me había colocado unas medias negras, ella llevaba un vestido azul de cuello cerrado, aunque la parte superior era blanca y también llevaba medias negras.
Sentí que la deseaba, la saqué el tema del sexo y, al igual que su hija, vi que era muy abierta, así que la cogí de la mano y la confesé que me gustaban las mujeres, que ella de una manera especial me atraía, ante mi sorpresa al acercar sus labios a los míos ella me correspondió y nos besamos apasionadamente.
Después nos desnudamos rápidamente, aunque nos dejamos las medias con ligeros puestas, una vez desnudas mi mirada no se podía apartar de sus deliciosas tetas, las dos estábamos sentadas, la una junto a la otra, llevé mis manos hacia ellas, le puse una mano sobre ellas y le dime:
–Son preciosas, mi amor.
Después llevé mi lengua hacia sus pezones y me puse a chupárselos, ella sonreía y gemía, ante mi sorpresa sacó también su lengua y se puso a lamerse la teta que yo le acariciaba, me resultaba muy morboso, y me excitó aún más, llevé mi boca hasta la suya y nos volvimos a besar de nuevo.
La hice tumbarse sobre el sofá, y que abriera bien las piernas, pue uno de mis pezones sobre su coño, ella me dijo:
–Mi amor, no me figuraba que esto diera tanto placer.
Ante mi sorpresa se colocó con sus pies en el suelo, mientras doblaba su cuerpo, hasta dejar su cabeza sobre el respaldo del sofá y me pidió:
–Mi amor, quiero comerte el coño.
La idea me pareció sensacional, me puse de rodillas encima de su boca, ella sacó su lengua y se puso a comerme el coño, tenía una lengua muy sabrosa que comenzó a repasar mi agujero de una manera increíblemente placentera, se veía de quien había heredado Elia sus artes amatorias, yo sentía que me moría de gusto, ella paró un momento de comérmele y me dijo:
–Querida, que delicia de coño tienes
Y siguió comiéndomelo, cada una de sus lamidas hacía que yo sintiera más placer hasta que logró que me corriera.
Me pareció que podía ser una buena idea irnos a mi habitación, se lo propuse y ella aceptó, cuando llegamos a mi habitación las dos nos pusimos de rodillas sobre la cama y nos dimos un beso muy apasionado, llevé mi boca hacia uno de sus pezones y me puse a chupárselos.
Pero ella tomó la iniciativa, primero me hizo tumbarme sobre la cama, con las piernas completamente separadas, ella colocó su cabeza entre mis piernas, al lado de mi coño, primero me introdujo un dedo dentro y comenzó a masturbarme, yo me puse a gemir, la muy puta lo hacía muy bien.
Pero al rato sacó su dedo y en su lugar introdujo la lengua y con ella se puso a repasar cada centímetro de mi sexo, lo hacía divinamente, y me daba un grandísimo placer, con lo que me condujo a un increíble orgasmo.
En ese momento fui yo quien la hizo tumbarse sobre la cama, y sacando mi lengua me puse a lamerle su coño, ella se puso a gemir, mientras me decía:
–Mi amor, me estas volviendo loca.
Mi legua comenzó a repasar cada centímetro de su sexo, mientras ella se puso a gemir, de una manera cada vez más intensa, hasta que sentí como una gran cantidad de sus líquidos bajaban por su coño y se depositaban en mi boca.
Después ella me dijo:
–Mi amor, me has hecho pasar una tarde fantástica, me gustaría compensarte, Déjame darte un masajito como compensación.
Me dieron ganas de decirle que no era que me compensara con nada, que en realidad era yo quien debía de recompensarla por el rato tan agradable que me había proporcionado, pero la idea de que ella me masajeara me resultaba excitante. Así que acepté.
Me tumbé sobre el sofá y ella llevó sus manos sobre mi espalda y comenzó a acariciármela, sus manos eran muy buenas para el sexo, y eran también muy buenas para dar masajes. Fueron bajando por mi espalda hasta llegar a mi culo y se puso a masajeármelo, En ese momento una idea brotó de mi mente:
–¿No darás los masajes con final feliz?, le pregunté.
Ella llevó sus dedos hasta mi coño, y los introdujo y me masturbó hasta que me corrí, después las dos nos vestimos y la acompañé hasta la puerta
Después miré mi móvil y vi que su hija me había dejado un video, como estaba sola en casa me dispuse a verlo, la primera imagen que vi era de Elia frente a la cámara, llevaba una blusa blanca escotada y ajustada que marcaba sus deliciosas tetas, detrás de ella se veía la figura difusa de una chica de color, cuando la chica entró y se la pudo ver bien me pareció muy atractiva, entendí que mi amiga la deseara.
La negra tenía puesta una bata de color rojo, propia para andar por casa, y en sus manos dos copas de champan, ofreció una a Elia y las dos brindaron, después la chica llevó una de sus manos hasta el escote de mi amiga y le dijo:
–Menudas tetas tienes, cariño, ¿No te apetece ponerte más cómoda?
La respuesta de Elia fue quitarse primero la blusa y después la falda, quedándose con un precioso conjunto de lencería de color verdoso, Jena, que así se llamaba la otra chica le acarició la cara diciendo:
–Eres bellísima.
Después acerco su boca a la de Elia y se besaron intensamente. Acto seguido la chica pidió a la secretaria de mi marido que se pusiera doblada, sobre la cama, y ella desde atrás comenzó a acariciarle el culo, después le pidió que se desnudara.
Elia lo hizo y se tumbó sobre la cama boca arriba, Jena se quitó la bala y se quedó completamente desnuda, con las piernas dobladas se puso entre las de mi amiga, y llevando sus manos hasta las tetas de esta le dijo:
–Decididamente tus tetas son impresionantes.
Y mientras le decía esto llevó su cabeza hasta las tetas de mi amiga t sacando su lengua de su boca comenzó a lamerlas, pero luego fue bajando con su lengua por el cuerpo de mi amiga, hasta que llegó a sus piernas, tras lamerle un poco una de ellas, se dirigió hasta su coño y dijo:
–Menuda hermosura y se puso a lamérselo.
Elia desde que su amiga había comenzado a lamerla su cuerpo se había puesto a gemir de una manera muy intensa hasta que tuvo un orgasmo muy intenso, después le dijo a su amiga:
–Cariño, ahora me toca a mí.
Jenna se tumbó encima de la cama y Elia llevó su cabeza hasta el delicioso coño de su amiga y sacando su lengua se puso a lamerselo, la chica se puso a gemir, mientras decía:
–Mi amor me vas a volver loca.
Elia seguía comiéndola el coño, hasta que la chica se corrió Jean de puso de medio lado y llevó a mi amiga a hacer lo mismo, y se puso a acariciarla uo de sus muslos, mientras le decía:
–Que bella eres.
Pero no se conformó con esto, sino que se sentó sobre la cama e hizo que mi amiga hiciera lo mismo, llevó sus manos hasta el coño de Elia se puso a acariciárselo, hasta que esta se vino en medio de un orgasmo bestial.
En ese momento las dos se besaron intensamente, después Jenna hizo levantar uno de sus brazos a Elia y le lamió la axila, esta se quedó sorprendida, pero gimió de gusto, después las dos se volvieron a besar y Jenna le dijo a Elia:
–Mi amor, quiero ocuparme de ese coño.
Metió, otra vez, su lengua dentro del coño de su amiga y se puso a comérselo, lia se puso, una vez más, a gemir, de una manera cada vez más intensa, pero de repente paró se puso al lado de su amiga, la beso y le dijo:
–Mi amor, quiero hacerte algo muy especial.
Hizo que Elia alzará sus piernas y ella bajó otra vez hasta la zona de su coño, pero en vez de llevar su lengua hasta ese agujero de su amiga la llevó hasta la zona de su culo y se puso a lamérselo, esta parecía encantada de la decisión de su amiga y se puso a gemir ella siguió atacando el coño de su amiga hasta que la hizo correrse.
En ese momento Elia muró el reloj de la mesilla y dijo:
–Mi amor, creo que me madre no puede tardar en volver.
–Se dieron el último beso, después se vistieron y salieron de la habitación.
Unos días después Elia me llamó me dijo que su amiga tenía curiosidad por hacérselo con una madurita, blanca y que ella consideraba que yo era a mujer adecuada, quedamos a una hora que sabía que no había peligro.
En esta ocasión decidí arriesgar desde el principio y recibirla directamente en lencería, cuando llamó a la puerta vi que ella llevaba un vestido blanco muy corto que dejaba ver la casi totalidad de sus piernas.
Nada más sentarnos en el sofá ella me dijo:
–Nuestra amiga Elia lleva razón, tus tetas son impresionantes.
Y llevó sus de sus manos hacia mis pechos y comenzó a acariciármelos por encima del sujetador, mientras yo llevaba mis manos hacia sus muslos y se los acariciaba, poco después me puse a subirle el vestido, mientras las dos nos besábamos intensamente
Cuando dejamos de besarnos ella se quitó el vestido, no llegaba sujetador, solo un tanga diminuto cubría su cuerpo, sus pechos quedaron al aire, y me dejaron hipnotizada, eras bellísimas, primero llevé una de mis manos hasta ellas y se las acaricié. Llevé mi cara hacia ellas y las acaricié con esa parte de mi cuerpo, le dije:
–Mi amor, que tetas tan divinas tienes.
–Milagros, que bien las chupas, eres divina, me dijo ella entre gemidos.
Yo seguí chupándoselas hasta que ella se corrió. Entonces ella me dijo:
–Mila, ahora me toca a mí dar gustito a esas tetas tan preciosas que tienes.
Me quitó el sujetador, y llevando una de sus manos hacia una de mis tetas, primero me la acarició y sin soltarla acercó su boca a ella y se puso a lamerla, su forma de hacerlo me pareció deliciosa y le dije:
–Que delicia mi amor.
No tardó mucho en pedirme que fuera yo quien se sujetará las tetas y cuando lo hice ella llevó la mano que se había quedado libre hasta mi tanga y la metió dentro de este, hasta llegar a mi coño y se puso a acariciármelo, me resultó increíblemente placentero.
Luego me hizo tumbarme sobre el sofá, cogió sus tetas con ambas manos, se las apretó y las llevó hasta mi boca diciendo:
–Manita, chupa las tetitas de tu nena.
Por supuesto que atendí su petición y llevé mi boca hasta sus pezones y se los chupé, me parecieron deliciosos, pero yo quería que ella experimentara algo parecido, así que la aparté de mí y le pedí que se tumbara sobre el sofá y cuando lo hizo me puse encima de ella, puso mis tetas sobre su boca y le pregunté:
–¿La nena quiere chupar las tetitas de mama?
Ella sin pensarlo abrió su boca y se puso a chupármelas, lo hacía divinamente, pues ella me pidió que se sentara y cuando lo hice ella se puso de rodillas detrás de mí, llevó sus manos hasta mis tetas y me las acarició mientras acercaba su boca a mi cuello, me pidió:
–Mi amor, me muero de ganas por ver cómo te chupas una teta.
Con una de sus manos acercó una de mis tetas a mi boca, saqué mi lengua y me puse a chupármela, mientras ella decía:
–Mami, me encanta.
Después fui yo quien quiso ponerse detrás de ella, la hice sentarse en el sofá y yo lo hice sobre el respaldo, llevé mis manos hasta sus tetas y se las acaricié, y después la besé apasionadamente. Ella me pidió:
–Mi amor, déjame quitarte el tanga.
Y es que, aunque las dos nos habíamos corrido aun continuábamos con los tangas puestos, ella me lo bajó y al quedar mi coño al aire dijo:
–Mi amor, que coño tan delicioso tienes.
Llevó su boca hasta el y se puso a comérmelo, lo hacía divinamente, yo estaba muy caliente, y ella con su lengua hacía que mi calentura aumentara, y no tarde en correrme otra vez.
Ahora me tocaba a mí darle gusto, ella se encontraba de rodillas, en el suelo, mientras yo estaba sentada en el sofá, la atraje hacia mí, primero le quité el tanga, con lo que las dos estábamos completamente desnudas, y mientras ella me acariciaba la cara, yo llevé uno de mis dedos hasta su coño y se lo introduje en el interior de este, y comencé a masturbarla, ella al sentirlo se puso a gemir, mientras me decía:
–Mamita, eres maravillosa, estas volviendo laca a tu nena.
Yo seguía masturbándola hasta que la encontré muy caliente, en ese momento la hice tumbarse sobre el sofá, yo me puse al lado de su coño, y sacando mi lengua me puse a lamérselo, el hecho de que su coño fuera negro, como el chocolate le daba más morbo al asunto y la realidad era que me gustaba, dejé de comérselo para darle un beso apasionado, pero tras este volví a comérselo, me encantaba su sabor.
Después volví a jugar con su coño, tanto con mis manos como con mi lengua, noté como su excitación iba en aumento hasta que se corrió, después me puse encima de ella y nos volvimos a besar de una manera muy intensa. En ese momento ella me pidió:
–Mamita, ¿Hacemos un sesenta y nueve?
La idea me encantó, la pedí que se tumbara en el sofá con las piernas bien abiertas, yo me puse encima de ella, doblando mis piernas para hacer que mi coño quedara sobre su boca, ella interpretó muy bien mis deseos y sacando su lengua se puso a comerme, otra vez, el coño.
Mi cabeza encima de su coño, pero antes de comérmelo tuve un capricho muy especial, llevé mis dedos hasta esa parte de su cuerpo, e introduje dos de ellos en su interior, lo tenía muy húmedo, se lo moví un poco, pero pronto los saqué y los cambé por mi lengua que comenzó a lamer cada centímetro de su coño, que quizás por la sugestión del color de su piel me parecía que sabía a chocolate.
Las dos nos pusimos a lamernos el coño mutuamente, creo que cada intentaba dar el máximo de placer a la otra, sentía como ella lamia mi coño con ansia, y la muy zorra no tardó en provocarme un enorme orgasmo, pero yo no me bajé de encima de ella, sino que seguí comiéndole el coño hasta que también la hice correrse de nuevo.
Después las dos nos vestimos y le acompañé hasta la puerta, las dos sabíamos, que era el principio de algo más duradero.
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