La prima Sofia: Doble deseo

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Sofía miró a Alex sin soltar mi verga, que seguía apretando con firmeza. Con una sonrisa llena de lujuria, se acercó lentamente hacia nosotros. Yo me quedé completamente estático, sin saber cómo reaccionar.

Cuando Alex se detuvo a un lado de ella, Sofía extendió la otra mano y comenzó a masajearle el falo por encima de los jeans. Alex no perdió el tiempo y fue directo a sus pechos, apretándolos con ambas manos. Sofía se lamió los labios lentamente, visiblemente excitada al tener dos vergas duras a su merced.

El calor me invadió por completo. Me quité la camisa poco a poco mientras Alex recorría todo el cuerpo de Sofía con las manos. Ella empezaba a reaccionar a cada caricia, soltando suaves gemidos y moviéndose con deseo.

Sofía sacó mi verga del pantalón con urgencia y, casi al mismo tiempo, liberó la de Alex. Comenzó a masturbarnos a los dos con ganas, alternando las manos con movimientos firmes y rápidos. Alex tiró del sostén negro y liberó sus tetas grandes. Sofía dejó caer el brasier al suelo y, casi al instante, yo le arranqué la tanga ya empapada, tirándolo a un lado.

La cargué en brazos sin esfuerzo.

—¿Esto es lo que querías? —le pregunté con voz ronca.

Sofía soltó una risa traviesa y satisfecha, rodeándome el cuello con los brazos.

—Vamos a tener mucha diversión esta noche… —respondió con esa voz juguetona y peligrosa que tanto me encendía.

Volvimos a entrar a la sala. Alex se adelantó sin decir una palabra y nos marcó el camino hacia su habitación. Entramos y bajé a Sofía en el centro de la habitación. Sin perder tiempo, ella se puso de rodillas frente a nosotros dos.

Tomó mi verga primero y se la metió a la boca con avidez, chupándola con ganas mientras me miraba desde abajo. Después de unos segundos intensos, la sacó y pasó a la verga de Alex, metiéndosela hasta donde podía. Me quité el resto de la ropa rápidamente y me uní a ellos. Sofía alternaba entre las dos vergas como una experta: chupaba una con profundo entusiasmo mientras masturbaba la otra con la mano llena de saliva. Cambiaba constantemente, dejando hilos gruesos de saliva colgando de su barbilla y de nuestras vergas. Gemía alrededor de la que tenía en la boca, claramente disfrutando su rol de puta entre dos hombres.

—Qué rica mamada… Bebé —gruñó Alex, agarrándola del cabello.

Sofía sacó la verga de Alex de su boca con un sonido húmedo y nos miró a ambos, con los labios hinchados y brillantes de saliva.

—¿Les gusta? —preguntó con voz entrecortada y llena de deseo—. Quiero que me usen… quiero que me cojan los dos.

Sofía continuó chupándome el pene con avidez mientras masturbaba a Alex con la otra mano. Nos lanzaba miradas cargadas de pura lujuria, como si estuviera completamente perdida en su placer. Nosotros solo podíamos mirar cómo intercalaba entre nuestras vergas gruesas, alternando con hambre.

Cuando pasó a la verga de Alex, él la tomó firmemente de la cabeza con ambas manos y empezó a empujarla hacia abajo, follándole la garganta con embestidas profundas. Sofía emitía sonidos húmedos y ahogados, pero no dejaba de masturbarme con fuerza. La saliva le corría abundantemente por la barbilla y caía sobre sus tetas grandes, brillando bajo la luz tenue de la habitación. Las arcadas eran cada vez más fuertes, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero su expresión era de total perversión.

Sofía nos miraba como retándonos, desafiándonos a meterle todo hasta el fondo de la garganta. Nos escupía, nos masturbaba con las manos resbalosas y nos volvía a engullir alternadamente. Nos chupaba los huevos con devoción, lamiendo y succionando mientras gemía alrededor de la verga que tenía en la boca. Alex y yo solo podíamos gruñir y gemir de placer.

De pronto, Sofía sacó la verga de Alex de su boca con un sonido húmedo y nos miró desde abajo, todavía de rodillas, con los labios hinchados y cubiertos de saliva.

—Quiero tener sus vergas grandes y gruesas dentro de mí… —dijo con voz ronca y desesperada—. Las dos.

No aguanté más. La levanté en brazos, me tiré sobre la cama y la jalé encima de mí. Mi verga entró en su coño empapado sin ningún esfuerzo, deslizándose hasta el fondo.

—¡Ahhh, qué rico! —gimió Sofía fuerte, echando la cabeza hacia atrás.

Alex caminó hacia la cama y se subió de rodillas a un lado. Sofía ya lo esperaba con la boca bien abierta, sacando la lengua. Mientras empezaba a mover las caderas frenéticamente sobre mí, cabalgándome con fuerza, Alex le metió la verga en la boca.

Sofía gemía más fuerte ahora, el sonido amortiguado por la verga de Alex. Movía las caderas con desesperación, follándome con todo su cuerpo. Yo le masajeaba el culo con ambas manos, se lo abría, le daba nalgadas fuertes que resonaban en la habitación y la jalaba hacia abajo para que me sintiera más profundo.

—¡Así, primo! ¡Cógete a tu prima mientras tu amigo me folla la boca! —logró decir entre arcadas y gemidos, antes de que Alex volviera a empujarle la verga hasta la garganta.

El sonido húmedo de su coño tragándose mi verga, combinado con los gemidos ahogados de Sofía y las nalgadas, llenaba toda la habitación.

—No pares… —gruñía Alex, empujando su verga más profundo en la boca de Sofía.

Ver a mi prima mamando otra verga mientras yo se la metía en su húmedo coño me excitaba como nunca. La agarré fuerte de las caderas y empecé a embestirla más duro desde abajo, clavándosela hasta el fondo con cada golpe.

—¡Sí, así! ¡Métemela hasta el fondo! —gritó Sofía tras sacarse la verga de Alex de la boca por un segundo, con la voz entrecortada.

Inmediatamente volvió a chupársela a Alex, tragándosela con ganas mientras yo seguía follándola sin piedad. La abracé por la cintura, sujetándome de mis muñecas para tener más control, y empecé a bombearla más rápido y profundo. Los fluidos de Sofía chorreaban por mi verga y mis huevos, facilitando cada embestida brutal.

—¡Ayyy, sí! ¡Sí, sí, sí, sí! —gritaba Sofía entre arcadas, masturbando a Alex con la mano.

Poco después, su cuerpo se tensó violentamente. Su coño se apretó alrededor de mi verga como un puño caliente y húmedo. Sofía tuvo su primer orgasmo del trío: fuerte, intenso, sacudiéndola entera mientras gemía ahogada alrededor de la verga de Alex.

Al verla tan vulnerable y convulsionando de placer, Alex perdió el control y empezó a follarla más duro en la boca, sujetándola de la cabeza y metiéndosela hasta la garganta. Sofía lo recibió sin problema, con los ojos llorosos y el cuerpo temblando por el orgasmo, tragando y gimiendo al mismo tiempo. Yo no dejé de embestirla ni un segundo, prolongando su orgasmo mientras sentía cómo su coño palpitaba y chorreaba alrededor de mi verga.

—Puta… qué puta tan rica eres —gruñó Alex, sin sacar su verga de su boca.

Sofía, todavía temblando y con la cara llena de saliva y lágrimas de placer, sacó la verga de Alex un momento para tomar aire y nos miró a los dos con una sonrisa pervertida:

—Más… quiero más de los dos… No se detengan…

Sofía se levantó lentamente, sacándose mi verga de su coño con un gemido largo. Se acercó a mí y me dio un beso profundo, húmedo y cargado de saliva. Sabía a ella y a Alex, pero en el calor del momento no me importó en absoluto. Sin decir nada más, bajó directo a mi verga y comenzó a chuparla con devoción, lamiendo y succionando como si fuera lo único que existiera.

—Creo que es turno de Alex… —dijo Sofía con una risita traviesa, mirándome con ojos brillantes.

Me levanté de la cama y Alex se tiró en mi lugar.

—Oh mierda… —murmuró Alex sin poder quitarle los ojos de encima a Sofía, quien ya se estaba posicionando sobre él.

Sofía se sentó lentamente sobre la verga de Alex, dejando escapar un gemido largo y profundo:

—Dios… —jadeó mientras empezaba a dar sentones fuertes, cabalgándolo con ganas.

Yo me quedé parado a un costado, masturbándome con la saliva que Sofía me había dejado. Empecé a darle nalgadas firmes a su culo redondo, dejando la marca roja de mi mano en su piel.

—¡Sí, sí, sí, así! —gemía Sofía con cada embestida.

De pronto se dejó caer completamente sobre la verga de Alex, arqueó la espalda y se abrió el culo con ambas manos, mirándome directamente mientras apretaba mi verga en mi mano. Su sonrisa era pura perversión.

—Está muy profundo… —gimió, moviendo las caderas en círculos.

Me miró con la boca abierta, invitándome claramente. Me subí a la cama de rodillas y Sofía buscó mi verga con desesperación, metiéndosela hasta la garganta de un solo movimiento.

—Esto es tan bueno… —logró decir entre arcadas, separándose apenas un segundo antes de volver a engullirla con avidez.

Alex le decía palabras obscenas mientras la follaba desde abajo con fuerza:

—Qué puta tan rica eres, Sofía… trágate la verga de tu primo mientras yo te destrozo el coño.

Sus embestidas se aceleraron y Sofía gritaba alrededor de mi verga, vibrando con cada golpe.

—¡Puta madre… esto es delicioso! —gritó Sofía, separándose de mi verga un instante para tomar aire, antes de volver a metérsela con más ganas.

Se saco mi verga de la boca, se recostó sobre el pecho de Alex, quien seguía cogiéndola con fuerza. Entonces me miró directamente y, entre gemidos, preguntó:

—Primo… ¿te gusta ver cómo me cogen?

Me acerqué más, la tomé firmemente del cabello y le susurré mirándola a los ojos, mientras seguía masturbándome frente a su cara:

—Me encanta que seas tan puta… —Eso la calentó.

—¡Ohhh, sííí! —Sofía soltó un grito gutural cuando llegó su segundo orgasmo. Su cuerpo se tensó violentamente, su coño se apretó alrededor de la verga de Alex y tembló sin control.

Sofía se mordía los labios con fuerza, todavía temblando por su segundo orgasmo. No pude resistirme más y la atraje hacia mí para besarla con urgencia. Ella me respondió con la misma pasión, metiendo su lengua en mi boca mientras Alex nos observaba desde abajo con mirada hambrienta.

Volvimos a cambiar de posición. Sofía se colocó en el centro de la cama y buscó mi verga con desesperación, engulléndola hasta el fondo mientras miraba a Alex con ojos llenos de lujuria.

—Mmm… me encanta tener la verga de mi primo en la garganta mientras su amigo me mira como si quisiera comerme —dijo con voz ronca y lasciva, sacándola apenas un segundo antes de volver a tragarla.

Alex tomó a Sofía del cabello con fuerza y la hundió sobre mi verga.

—Ohhh… —gemí sin poder contenerme cuando mi verga llegó directo a su garganta.

Sofía no opuso resistencia, pero cuando intentó sacar la cabeza para tomar aire, la mano firme de Alex en su nuca se lo impidió.

—¿Te gusta, zorra? —le gruñó Alex casi con furia.

—Mmmjum… —respondió Sofía con los ojos llorosos y la boca llena de mi verga.

Alex le dio un último empujón, clavando mi verga aún más profundo. La saliva de Sofía comenzó a inundar mi verga y mis huevos. Yo solo gruñí de puro placer.

—Me encantas, putita —le dijo Alex pegado a su oído, antes de soltarle el cabello.

Sofía se levantó como un resorte, me dio la espalda y se montó sobre mí. Comenzó a jugar con mi verga entre sus labios vaginales, tan húmedos y resbalosos que recorrían con facilidad.

—Mmmmm… delicioso —gimió Sofía mientras recorría toda mi longitud con su coño una y otra vez, hasta que el mismo movimiento y mi verga tiesa hicieron que se incrustara completamente dentro de ella.

—¡Sí, así! —gimió fuerte y empezó a cabalgarme con energía.

Alex nos miraba desde un costado de la cama. Se acercó y comenzó a chuparle las tetas con avidez, mordiendo y succionando sus pezones duros. Sofía echó la cabeza hacia atrás y gimió aún más fuerte.

La tomé firmemente de la cintura y empecé a bombearla desde abajo con más fuerza.

—¡Sí, así… cógeme! —sollozó Sofía, completamente entregada.

Su vagina comenzó a apretarse alrededor de mi verga. Quité una mano de su cintura y la dirigí a su clítoris, masajeándolo en círculos rápidos. Sofía se retorció de placer y, casi inmediatamente, llegó su tercer orgasmo.

Se tiró sobre mi pecho, convulsionando y gimiendo sin control mientras yo no dejaba de masajearle el clítoris, prolongando su placer. Alex observaba la escena con la verga en la mano, masturbándose lentamente, claramente listo para más.

Sofía se sacó mi verga empapada en sus jugos con un gemido largo y se tiró sobre mí. Sin decir nada, me limpió la verga con la boca, lamiendo y chupando cada centímetro de sus propios fluidos. Alex se acercó y comenzó a alternar mamadas entre mi verga y la suya, pasando de una a otra con hambre.

—Quiero algo más rico… —murmuró Sofía con voz ronca.

Se levantó y volvió a la misma posición de antes: de espaldas a mí, encima de mi regazo. Comenzó a jugar con mi verga entre sus labios vaginales, mojándose cada vez más, hasta que mi verga quedó completamente empapada. Alex se acercó por delante y apretó sus tetas con fuerza, pellizcando sus pezones.

Sofía gemía cada vez más alto y se mojaba tanto que sus jugos chorreaban por mi verga. Levantó un poco la cadera y, esta vez, dirigió mi verga directamente a la entrada de su ano.

—¡Ahhhh, no mames… qué rico! —sollozó Sofía mientras mi verga gruesa se abría camino lentamente en su culo apretado.

Empezó a hacer movimientos lentos y circulares para acostumbrarse al intruso, respirando agitada. Volteó a ver a Alex, quien la miraba atónito y completamente excitado. Eso pareció encenderla aún más.

—¿Te gusta lo que ves? —le preguntó Sofía con esa cara llena de lujuria, sin dejar de hundirse poco a poco en mi verga.

Alex solo asintió, sobando los muslos de Sofía, subiendo por su abdomen y apretando sus tetas mientras con la otra mano se masturbaba su verga dura.

Sofía gemía cada vez más fuerte, hundiéndose más rápido y profundo en mi verga. Se dejó caer completamente sobre mi pecho, abrió las piernas al máximo y yo la tomé firmemente de las nalgas, abriéndoselas mientras seguía follándola por el ano.

—¿Qué te parece cómo mi primito me abre el ano? —dijo Sofía aguantando mis embestidas, con voz entrecortada—. ¿Te gusta ver cómo me rompen el culo.—Finalizó con una sonrisa perversa, disfrutando la expresión de Alex.

Alex recorría con las manos el cuerpo sudado de Sofía: desde sus pantorrillas, pasando por sus muslos, su monte de Venus y su abdomen, hasta llegar de nuevo a sus tetas.

—¡Métemela en la vagina! —le soltó Sofía a Alex con una cara llena de pura lujuria, casi suplicando.

Alex no necesitó que se lo repitiera. Se colocó entre las piernas abiertas de Sofía, miró su coño empapado y su ano ya estirado alrededor de mi verga, y escupió sobre su verga para lubricarla mejor.

—Así que quieres las dos vergas al mismo tiempo, ¿eh, puta? —gruñó Alex, frotando la cabeza de su verga contra la entrada del coño de Sofía.

—¡Sí! ¡Por favor! —suplicó Sofía con voz desesperada, moviendo las caderas con impaciencia—. Métemela… quiero sentir las dos vergas gruesas abriéndome al mismo tiempo. ¡Quiero que me rompan!

Alex empujó lentamente. Sentí cómo su verga entraba en el coño de Sofía, presionando contra la mía a través de la delgada pared que separaba su ano de su vagina. Sofía soltó un grito largo y gutural cuando las dos vergas la llenaron completamente.

—¡Ahhhh! ¡Me están partiendo! —sollozó de placer, con los ojos en blanco y la boca abierta.

Yo seguía follándola por el ano con movimientos firmes, mientras Alex empezaba a bombear su coño con fuerza. Las dos vergas entraban y salían al mismo tiempo, creando una fricción brutal que hacía que Sofía se retorciera entre nosotros.

—¡Más! ¡Más fuerte! —suplicó Sofía, completamente perdida en la lujuria—. ¡Quiero que me destrocen el coño y el culo! ¡Soy su puta… su zorra! ¡Fóllenme más duro!

Alex aceleró el ritmo, embistiendo su coño con golpes secos y profundos. Yo la sujetaba de las nalgas, abriéndoselas al máximo para que sintiera cada centímetro de las dos vergas dentro de ella.

Sofía temblaba sin control, sus gemidos se convirtieron en gritos ahogados:

—¡No paren! ¡Me están llenando tanto! ¡Siento las dos vergas rozándose dentro de mí! ¡Ahhh, voy a correrme otra vez!

Su cuerpo se contrajo violentamente. Sofía llegó a su cuarto orgasmo con un grito desgarrador, su coño y su ano apretándonos las vergas con fuerza mientras convulsionaba entre nosotros dos. Sus jugos chorreaban por todas partes, mojándonos a los tres.

Sofía se sacó nuestras vergas de un tirón, respirando agitada. Escupió sobre la mía y empezó a masturbarme con fuerza. Alex se tendió a un lado mío sobre la cama y Sofía se metió su verga a la boca con avidez, alternando entre las dos. Tenía una cara de satisfacción pura: sonreía con los ojos brillantes, golpeándose la cara con nuestras vergas y sacando la lengua como una verdadera zorra. Procedió a hacernos garganta profunda a ambos, alternadamente, ensalivando nuestras vergas hasta que chorros de saliva le caían por la barbilla, recorriendo hasta los huevos.

Alex se quedó tumbado en la cama, con la verga dura y brillante de saliva. Sofía se subió encima de él y se hundió lentamente, tragándose su verga gruesa con el coño hasta el fondo.

—Mierda… qué apretada estás —gruñó Alex, agarrándola fuerte de las caderas.

Yo me coloqué detrás. Sofía se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el pecho de Alex y arqueando la espalda, ofreciéndome su culo. Escupí sobre mi verga y sobre su ano ya dilatado, y presioné la cabeza contra su entrada trasera.

—Despacio… —suplicó Sofía con voz temblorosa, pero empujando hacia atrás al mismo tiempo.

Empujé poco a poco. Su ano se abrió alrededor de mi verga gruesa, centímetro a centímetro. Sofía soltó un gemido largo y ronco cuando las dos vergas la llenaron completamente al mismo tiempo.

—¡Ahhhh, Dios! ¡Me están partiendo en dos! —gritó, con la voz quebrada de placer—. ¡Siento las dos vergas gruesas palpitando dentro de mí!

Empecé a moverme lentamente, sincronizándome con las embestidas de Alex. Cada vez que él entraba en su coño, yo salía un poco de su ano, y viceversa. La fricción era brutal. Sofía temblaba entre nosotros, completamente llena, con el cuerpo sudado y los gemidos cada vez más altos.

—¡Más! ¡Fóllenme más duro! —suplicó desesperada—. ¡Quiero sentir cómo me destrozan el coño y el culo al mismo tiempo! ¡Soy su puta… métanme todo!

Aceleramos el ritmo. Alex la follaba desde abajo con golpes fuertes y profundos, mientras yo la penetraba por atrás con embestidas firmes. Las dos vergas entraban y salían de ella al mismo tiempo, creando una presión intensa que hacía que Sofía se retorciera y gritara sin control.

—¡No paren! ¡Me están llenando tanto! ¡Siento sus vergas rozándose dentro de mí! —gemía—. ¡Quiero que me rompan… que me usen como una zorra!

Su cuerpo empezó a contraerse violentamente. Llegó a su quinto orgasmo con un grito desgarrador, su coño y su ano apretándonos las vergas con fuerza espasmódica mientras convulsionaba entre nosotros dos. Sus jugos chorreaban por todas partes, mojando mi verga, los huevos de Alex y las sábanas.

En ese preciso momento, Alex gruñó como un animal y se clavó hasta el fondo en su coño.

—¡Me voy a correr! —rugió.

Con fuertes embestidas, Alex explotó dentro de ella, llenando el coño de Sofía con chorros gruesos y calientes de semen mientras ella seguía convulsionando en su quinto orgasmo. Sofía gritó aún más fuerte al sentir cómo la llenaba, su cuerpo temblando sin control.

—¡Sí… lléname! ¡Lléname el coño, Alex! —sollozó de placer, apretando las paredes internas alrededor de las dos vergas.

Yo seguí follándola por el ano unos segundos más, prolongando su orgasmo, hasta que finalmente me salí con cuidado, me puse de pie al lado de la cama y Sofía se arrodilló frente a mí, mirándome con esa sonrisa perversa.

—Quiero tu leche en mi cara, primito… —suplicó.

Me masturbé rápido mientras ella sacaba la lengua. Con un gruñido profundo, exploté sobre su rostro: chorros gruesos de semen le cubrieron las mejillas, los labios y la lengua. Sofía gimió de gusto, recogiendo lo que podía con los dedos y metiéndoselo a la boca.

Nos recostamos un momento, exhaustos y satisfechos. El ambiente en el departamento de Alex cambió drásticamente después del frenesí. El silencio solo era interrumpido por el sonido del agua en la ducha y el roce de la ropa al vestirse. La habitación aún conservaba ese aroma penetrante a sexo y sudor, una mezcla de los tres que parecía flotar en el aire como una marca invisible.

Alex, con el torso todavía desnudo y el cabello revuelto, se apoyó en el marco de la puerta mientras nos veía terminar de arreglarnos.

—Vaya noche, hermanos… —soltó Alex con una sonrisa ladeada y la voz todavía un poco rota por el esfuerzo—. No sé cómo van a entrar a esa casa con esas caras de haber visto el cielo.

—Tú solo asegúrate de contar “como es el cielo” —le contesté mientras me ajustaba el cinturón—. Si mi tía sospecha algo, estamos muertos.

Alex soltó una carcajada corta y caminó hacia nosotros cuando llegamos a la puerta principal. Me dio un apretón de manos firme, dándome una palmada en el hombro que se sintió como el sello de un pacto.

—Cuídala en el camino, primito. —me dijo con un guiño.

Luego, se giró hacia Sofía. Ella lo miró con los ojos todavía brillantes, ese brillo post-orgásmico que no se le quitaba con nada. Alex la rodeó con sus brazos en un abrazo posesivo y prolongado. Sofía hundió la cara en su cuello un segundo, inhalando su aroma por última vez.

Él se inclinó y le susurró algo al oído, tan bajo que apenas fue un soplo. Sofía cerró los ojos y un escalofrío recorrió su espalda mientras una sonrisa pícara se dibujaba en sus labios.

—No voy a poder sacarme de la cabeza cómo temblabas hoy… espero que esto sea solo el principio, porque ya me urge repetir contigo. —le susurró Alex, mordisqueándole apenas el lóbulo de la oreja.

Sofía se separó de él con un suspiro, mordiéndose el labio inferior, y me miró a mí como buscando mi reacción. Salimos al pasillo y el sonido de la puerta cerrándose detrás de nosotros marcó el final del acto, pero el inicio de la tensión que nos esperaría al llegar a casa.

Al llegar a casa todavía era temprano. Entramos sigilosamente, tratando de no hacer ruido, pero mi tía Rebeca estaba sentada en la sala. Al vernos entrar, frunció el ceño.

—¿Dónde se supone que estaban ustedes dos? —preguntó con tono serio, notando perfectamente el cabello mojado de Sofía, sus labios hinchados y el aspecto general de cansancio.

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