La primera vez que me hicieron cornudo

1
7816
T. Lectura: 5 min.

Esta historia sucedió antes de casarme con mi mujer, cuando teníamos apenas un año de novios. En aquel entonces yo la descubrí poniéndome el cuerno, pero decidí no decir nada, ahora estoy convencido que fue lo que despertó en mí el morbo por ser cornudo. Años después, cuando mi esposa ya me hizo cornudo abiertamente, me atreví a contarle que supe que me puso el cuerno hace años, y ella me contó su lado de la historia.

Todo sucedió hace ya casi 10 años; Paulina era mi novia en aquel entonces y apenas tenía 27 años, su cuerpo de piel morena era muy delgado, pero sus nalgas estaban bastante paraditas y sus pechos eran una copa C. Su cara bonita de nariz respingada, tan hermosa como siempre. Ella tenía un empleo supervisando locales de una cadena de tiendas, y por la naturaleza de su trabajo a veces le tocaba atender emergencias de noche. En general su horario no era el clásico 8 a 5.

Nosotros vivíamos juntos, y un fin de semana tocó que tenía que atender un entrenamiento que periódicamente tenían cada mes. El entrenamiento se daba en una sala de convenciones de un hotel local. Hasta ahí todo normal.

Esa mañana me desperté y ella ya se había ido, así que tomé prestada su computadora personal para perder el tiempo un rato, y al abrir el navegador de internet encontré su WhatsApp abierto. Obviamente no pude contener la curiosidad. Al entrar vi que tenía mensajes de Octavio, un compañero que ella ya me había mencionado varias veces y que incluso conocí en persona en alguna ocasión, yo sabía que era uno de sus colegas con el que mejor se llevaba. Así que entre a la conversación.

A primera vista nada extraño, tenía mensaje de esa mañana preguntándole si iría al entrenamiento, entre otras cosas, y ella le contestaba que si. Aunque la curiosidad me mataba no tenía la intención de invadir más su privacidad así que me dediqué a lo mío. Sin embargo minutos más tarde empezó a recibir mensajes de él, lo cual me pareció extraño. No podía abrirlos ya que ella se podría dar cuenta que los mensajes estaban vistos. Así que solo veía el premensaje que aparece en la lista de contactos:

Octavio: Ya estoy aquí.

Paulina: ya voy, sigo en la sala

Octavio: ¿Si sabes cómo llegar?

Paulina: mándame el número

Octavio: 1206

En ese momento sentía que la sangre se me iba a los pies, y un escalofrío recorría mi cuerpo. Era obvio lo que estaba pasando, ese era el número de una habitación, y yo no podía hacer nada al respecto. Después nada, no hubo mensajes por un rato. Y de pronto:

Octavio: ¡ya venteee!

Paulina: voooy…que haces?

Octavio: (foto)

Y yo sin poder ver nada, sentía que me moría. El corazón me latía a mil por hora, estaba súper enojado… pero quería ver más. Espere a que Paulina viera la foto, ella le contestó “aaay dios, ahí voy!!”. Después de varios minutos sin mensajes entré a la conversación, y confirmé mis sospechas. Ahí estaba en mi pantalla una foto de la verga de Octavio, grande, bastante grande, con un poco de precum en la punta, una mano en sus huevos. La esperaba en una habitación.

Las siguientes horas las pasé en una especie de montaña rusa de emociones, por supuesto que pensé primero que nada en dejarla, estuve a punto de marcarle, le escribí un mensaje incendiario que nunca mandé, la imaginé burlándose de mí, la imaginé cogiendo con él, la imaginé chupándosela. Sin una explicación razonable en ese momento, extrañamente terminé masturbándome mientras la imaginaba, y ahí fue exactamente cuando cambió todo. Decidí guardar silencio; según yo lo usaría más adelante para ponerle el cuerno también y tener un As bajo la manga para defenderme. Nunca pensé lo que realmente estaba despertando en mí.

Por meses estuve fantaseando, imaginando lo que pasaba entre ellos, a veces teníamos sexo después de que yo sabía que había estado con el, y mi excitación se incrementaba al máximo. Tan solo de pensar que recién había estado con el; olerla, chuparla, besarla, era algo delicioso.

Hace poco platicando con mi esposa, después de una fiesta y ya con unas copas encima, surgió el nombre de Octavio en la conversación, y sabiendo que mi esposa ya con mi permiso se había acostado con otro, me atreví a preguntarle si me ponía el cuerno con el cuando éramos novios (cosa que yo ya sabía), y por fin lo aceptó. Por supuesto que en el camino a casa le pedí que me contara cómo había empezado todo.

Me confesó que desde que empezó a trabajar ahí siempre sintió muy buena química con Octavio, al principio solo como amigos, pero que poco a poco él la fue convenciendo. Todo empezó en una reunión en casa de otro compañero de su departamento, fuera de horas de trabajo, donde habían estado tomando. En un momento se encontraron fuera del baño, hubo un ligero toqueteo entre bromas en lo que se desocupaba el baño, y cuando se desocupó ella entró primero, pero él se metió detrás de ella y ahí se dieron su primer beso. Dice Paulina que solo se besaron y toquetearon un rato pero se puso nerviosa y regresaron a la fiesta.

Después de eso, por un tiempo no pasó nada más, pero la amistad empezó a tornarse más íntima, hasta que empezaron a compartirse fotos subidas de tono. Entonces decidieron planear ese encuentro en la próxima reunión de entrenamiento en el hotel; él reservaría una habitación y se escaparían del entrenamiento para verse ahí.

Después de enviarse los mensajes que yo ya había visto, ella llegó a la habitación. El la esperaba acostado en la cama, casi completamente desnudo, solo con las bragas puestas a medias, con la verga de fuera, tal como se veía en la foto. – Mientras me contaba esto aproveché para pedirle que me enseñara de nuevo la foto que le había mandado ese día. Aún las tenía en la conversación de WhatsApp y muchas otras que se habían compartido.-

Entró en la habitación con los nervios a tope, pero sentía como su vagina estaba mojada desde que caminaba hacia el cuarto. La adrenalina y la emoción la tenían así. Se sentó en la cama, platicaron un poco, y con su mano empezó a acariciar el pene de Octavio, entonces dejaron de platicar y gemían los dos un poco. Paulina no se atrevía a más, pero Octavio se levantó de la cama, parado sobre el colchón se acercó a ella, la tomó del cabello por detrás de la cabeza y la jaló hacia su verga introduciéndola toda en su boca. – Yo sabía que esto había sido el detonante final, a ella siempre le ha gustado ser dominada –

Ella empezó a mamarlo tan rico en intensamente como pudo, lo tocaba todo con sus manos, y el solo gemía disfrutando. Después él se paró frente a ella con sus piernas abiertas, tomó sus huevos con su mano y los frotó por toda su cara, volvió a agarrarla del cabello y metió su verga hasta el fondo de su boca una y otra vez. Al cabo de un rato Octavio se detuvo, la volteó y la empezó a coger de perrito. Tenían poco tiempo, pero alcanzaron a coger tres veces esa tarde, aunque Paulina no pudo darme muchos más detalles porque ya no recordaba más; sólo recuerda que lo hicieron de perrito, después ella arriba de él, y una más en la regadera.

A estas alturas de la plática con mi esposa ya estábamos en casa, en la cama, y yo ya tenía la verga dura a reventar, listo para coger. Me le subí encima y empezamos a fajar, mientras yo le pedía que me diera más detalles, y que pusiera las fotos en su celular. No solo hizo eso sino que entró a su WhatsApp y me entregó la conversación completa al mismo tiempo que me jaló quedando yo acostado boca arriba en la cama, con el celular en la mano y ella sobre mí. Poco a poco fui recorriendo la conversación, descubriendo que duraron varios meses cogiendo después de esa ocasión.

Aprovechaban cualquier oportunidad para encontrarse, cada que tenían un entrenamiento, o a veces fingían tener emergencias en la noche para salir de casa y verse. Lo mejor de todo eran las imágenes que se enviaron, varias fotos de Octavio mostrando su verga que vale la pena repetir que era bastante grande, curva hacia un lado, gruesa, mayormente rasurado de los huevos pero con algo de vello en la parte de arriba. Más me sorprendió que Paulina también le mandaba fotos de ella, desde nuestra casa, incluso estando acostada junto a mí, varias desnuda desde el baño y videos masturbándose.

Mientras yo veía todo esto Paulina me practicaba un delicioso oral, el placer que sentía era indescriptible, mi imaginación volaba al ver todas esas fotos y videos, pensando en lo que harían juntos, en las veces que llego a la casa recién cogida, y muchas otras cosas. Hasta que llegue a un video en el que salían juntos, increíblemente Paulina se había dejado grabar mientras cogía con él, pude verlo todo, como se la chupaba, como se la cogía en varias posiciones, el muy cabrón hasta le decía “tu novio no te coge como yo ¿verdad?”.

Y claro, no pude resistir más, un potente orgasmo invadió mi cuerpo, estaba tan concentrado que ni siquiera pude avisarle a mi esposa y solté un chorro de leche directo en su boca. Solo escuché su exclamación, pero fue más de placer que otra cosa, ella no se detuvo y siguió hasta que había extraído cada gota. Yo sin embargo no podía dejar de ver sus conversaciones. Ella continuó besando tiernamente mi miembro por unos minutos hasta que por fin dejé el celular de lado, viendo el techo solo pude decir “que rico amor”

Esa noche nos quedamos dormidos antes de coger, pero antes de eso, para despedir la noche me dijo “Después te enseño otras conversaciones que tengo por ahí.”

Con esa deliciosa idea me fui a dormir, y por supuesto lo primero que hicimos en la mañana siguiente fue hacer el amor deliciosamente.

Loading

1 COMENTARIO

  1. ***No se admiten datos personales en los comentarios***
    Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
    Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.

    Administración de CuentoRelatos

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí