La última vez con mi amiga Mary

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Todos hemos tenido esa amiga que sin buscarlo se convierte en tu puta, en mi caso fue Mary una chica que tal vez no fue la más bonita, pero tenía dos grandes razones para hacerla mi puta.

Ese día como ya era costumbre desde que se mudó a otra ciudad, vino de vacaciones solo para que me la parchara por varios días.

Nos quedamos de ver en el centro para ir a comer antes de comenzar nuestro maratón, ella iba con un escote que dejaba ver sus deliciosas tetas para mí y uno que otro mirón que no podía evitar morbosearla.

Llegamos a mi departamento y apenas cerrar la puerta, me puse tras ella y le estruje sus tetas, ya sabía que eso la calienta y no pudo evitar soltar un pequeño gemido acompañado de su respiración entre cortada.

Baje mi mano derecha para meterla bajo su pantalón y comenzar a dedearla, para notar que ya era una marea de fluidos su panocha.

La volteé y la hinqué, le agarre de la cabeza con fuerza y la pegue a mi pantalón, ella comenzaba a buscar morder mi verga sobre el pantalón, quien hubiera pensado que aquella chica penosa y que decía su mejor amiga que era muy difícil que le aflojara a alguien, ahora estuviera hincada, como otras tantas veces, a la espera de su ración de verga.

-¿Quieres mamármela?

-Si

-Si ¿Qué?

-Si, por favor.

Me saco la verga del pantalón y antes de dejar que me la chupara, la agarro de la cabeza con una mano y con la otra le pego con mi pito en la cara y mientras la cacheteo con mi verga ella trata de agarrarla con la boca, finalmente se la meto y comienzo a follarla por la boca.

Y así comienza a mamármela con una desesperación voraz y después de unos minutos sin detenerla le digo que se comience a desvestir a lo que ella obedece gustosa.

Cuando finalmente está completamente desnuda, le ordeno:

-Sin sacártela de la boca me vas a seguir hasta mi recamara, ¿entendiste?

-Mmjjmm – me dice sin dejar de succionar mi verga que ya esta dura, por decirlo menos.

Voy caminando lento de espaladas y pegada a mi pito, a gatas como la puta sumisa en la que se ha convertido, va Mary gateando a veces un poco más rápido con tal de no dejar de chupármela.

Finalmente llegamos a mi cuarto y le saco la verga, le doy una cachetada y le pregunto

-¿quieres que te coja puta?

-Si, por favor, cógeme

La subo a la cama, pero no la penetro aún.

Le comienzo a manosear a chuparle las tetas y bajo la mano, le empiezo a meter uno, luego dos, tres y cuatro dedos.

Conforme le voy metiendo los dedos voy haciéndole movimientos circulares, cosa que sé que le encanta, pues como siempre comienza a retorcerse de placer, a gemir y a lubricar como si hubiera una fuente emanando de ella.

Al poco tiempo ya le entran los 5 dedos hasta mis nudillos, voy entrando y saliendo mientras mi muñeca sigue girando dentro de ella, Mary no puede aguantar el placer y solita se ensarta todo mi puño, para ese entonces esta que no cabe de felicidad, con una sonrisa de oreja a oreja y un combate con su propio cuerpo para no quedar inconsciente ante tremenda descarga de dopamina, mientras su pucha aprieta con una fuerza sorprendente la parte donde se unen mi brazo la muñeca, yo sigo haciendo movimientos giratorios tocando por dentro todas sus paredes vaginales y al mismo tiempo meto y saco un poco el puño, solo verla me produce una satisfacción que no tiene comparación.

Después de un rato de verla tener orgasmo tras orgasmo le saco el puño.

-¿Te gusto?, ¿ya quieres que te parche?

-Si por favor – me dice con su voz entrecortada.

La abro de patas y me coloco sobre ella, le paso la verga por puchita sin metérsela, me encanta torturarla así, me suplica nuevamente.

-Ya métemela, por favor, ya….

Hago un movimiento haciéndola creer que por fin la voy a ensartar, pero me freno justo cuando mi glande está separando sus labios, solo para que ella sufra un poco más por el deseo de sentirse empalada.

Cuando se dispone a reclamarme, clavo mi mirada en la suya y se la meto toda de golpe, y comenzamos a fundirnos en un salvaje vaivén que más que amantes nos hace parecer dos animales sedientos uno del otro.

Ella tiene varios orgasmos más y termina rendida aun con mi verga dentro de ella, yo aun no termino, pues me fascina hacer venir una y otra vez a la mujer con la que estoy cogiendo, no sé si eso se clasifique como fetiche, pero me encanta ver cómo se retuercen y se rinden al placer carnal.

Pongo mi mano en su cuello y la aprieto y ella suelta esa sonrisa de plenitud que solo dan las mujeres que están satisfechas, la cacheteo y le pregunto.

-¿Quién es mi puta?

-Yo, yo soy tu puta, tu mejor puta, ¿verdad? – pregunta que suena más a suplica que a pregunta.

Le devuelvo una sonrisa y ella se muerde el labio y me envuelve con sus piernas tratando de impedir que me separe de ella. Me separo un poco de ella y le cacheteo sus enormes tetas a lo que ella responde retorciéndose nuevamente de placer.

La volteo y la pongo de perrito, agarro un lubricante de esos que parecen dildo, le echo en su ano y comienzo a introducirle el frasco del lubricante analmente.

Ella agarra con sus puños la colcha, pero se deja hacer, sabe que es mi puta y yo hago con ella lo que quiero, una vez que le entra todo el envase le meto mi pito en su chorreante vagina y comienza una nueva ola de placer.

Sudados y exhaustos caemos rendidos.

No hay besos de por medio, solo ella masturbándome lentamente como tratando de recuperar la conciencia mientras dice para sí misma:

-Es que tú ya le sabes, ya sabes cómo parcharme – como reprochándose a sí misma

(Si alguien sabe o tiene una teoría de por qué dijo eso, por favor, compártamela).

Nos quedamos desechos en la cama y le pregunto sobre como le ha ido, y hablamos sobre las personas con las que hemos cogido desde la última vez que estuvimos juntos.

Me cuenta a detalle, cosa que me encanta y me hace estar listo para volvérsela a meter, pero dejo que siga contándome, pero mientras comienzo a chuparle su teta izquierda.

Y continuamos cogiendo y cogiendo por tres días más, solo parándonos a tomar agua, comer y dormitar, pues siempre se despertaba uno de los dos, ya sea ella pidiendo más verga o yo despertándola ya con mi todo mi pito dentro de su vagina o su ano.

Finalmente, unos meses después de nuestro último encuentro, ella conoció a alguien que fue su novio y después su esposo, chateamos un par de veces más y como buen morboso jajaja… le pregunté como parchaba su esposo, cosa que no me quiso responder, ¿tan mal parcha? pensé, pero nunca se lo dije jajaja.

Me alegra mucho que ella haya encontrado a alguien y no niego que me gustaba mucho nuestros encuentros.

Todavía me gusta recordar como aquella chica tímida, que nunca había chupado una verga, mucho menos hecho anal, se terminó convirtiendo en una de mis mejores putas, que como dije al principio del relato, creo que todos tenemos o hemos tenido a una amiga que sin pensarlo, termino cediendo y entregándose sin condiciones, sin pretextos, solo buscando satisfacer todos nuestros deseos y de esa forma apaciguar la calentura que lleva dentro.

Tal vez no sea el mejor relato, pero al igual que me gusta que me cuenten las chicas sus experiencias, también le estoy agarrando el gusto por escribir estas pequeñas memorias.

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