Nunca más volvimos a ver a Daniel, mi esposa estaba un poco triste y pues a veces salíamos a bailar y como ella estaba deliciosa, pues trataba de encontrar a alguien igual de vergudo que él, pero no, nada igual, una vez intentamos conectar en internet pero puros charlatanes y el único vergudo que encontramos cuando lo fuimos a ver, no se le paró, jejeje.
Acudíamos a un lugar para bailar que se llamaba “mi Lola” que estaba por donde vivíamos, lugar agradable y bueno para bailar.
En una de esas veces, la sacó a bailar un chico, agradable y alegre: Rodrigo, platicaron y bailaron mucho, en eso él le dijo: que es de ti.
Mi hermosa nena, llegó cachonda a nuestra mesa y me platicó lo que había pasado.
Yo: te apuesto a que no te atreves a más con él.
Lissa: ¿estás seguro que no?, espérame.
Para esta hora, solo bailaban ellos dos, como si no existirá nadie más.
Mi Lissa andaba con pantalón apretado y una blusa no muy escotada, pero se miraba deliciosa.
De repente se desaparecieron.
Lissa: estuvimos platicando, ahí en la pista me tocaba las tetas que quería verlas, entre el baile le toque la verga, lo tenía parado y se le sentía bueno, le dije si no me tienes miedo vamos afuera.
Rodrigo: pero tu novio no se pondrá celoso.
Lissa: él no dice nada, ¿vamos o no?
Lissa: salimos, te pedí las llaves del carro y le dije ¿a dónde vamos?
Rodrigo: vamos al estacionamiento del mercado, no hay nadie a esta hora.
Lissa: llegamos rápido, me urgía verle la verga, le desabotone el pantalón y le baje su bóxer y no manches una verga no tan larga, pero con una cabeza de verga enorme, más grande que de Daniel, no resistí y me la metí en la boca, que deliciosa estaba, se lo mame buen rato, hasta que le dije, cogeme.
Nos salimos de carro y me empine en el carro en la parte de la cajuela, quedamos justo a la altura y me penetró, que delicioso sentí esa cabezota penetrando mi panocha, me corrí de inmediato, le apretaba la verga y no aguanto mucho, me lleno de leche la panocha, pero su erección no se le quitaba y lo tenía más parado.
Rodrigo: que deliciosa mujer, que rica, que panocha tan apretada y deliciosa, me aprietas riquísima, estas buenísima, deliciosa.
Lissa: sus palabras me calentaban muchísimo, sentía mi panocha arder de la calentura y sentía su verga deliciosa, en eso, chin, que nos alumbra una patrulla, como pudimos nos vestimos rápido y el de la patrulla; todo bien?, si todo bien señor, andábamos buscando unas llaves pero ya las encontramos, el patrullero solo dijo, ok, se ve que la encontraste rápido, jejeje.
Regresaron al salón de baile y ella venía radiante, feliz.
Lissa: hola ya llegamos, voy al baño.
Cuando regresó me metió su dedo lleno de leche de Rodrigo.
Lissa: prueba, ¿esta rica?
Yo: deliciosa.
Lissa: ¿nos vamos?, ¿nos llevamos a Rodrigo?
Yo: claro mi vida, lo que digas.
Lissa: tú maneja, nos vamos atrás, pero date una vuelta por ahí.
Desde que se subieron al carro ella no paraba de mamar esa verga, anduve dando vuelva como 20 minutos y seguía mamando, llegue a una zona industrial por la puerta 7 del campo militar y me estacione, los dejé solitos.
Lissa: dejé de mamar verga y me le monté, primero de frente, no paraba de mamar mis chichotas, que rica verga, esa cabezota me llenaba toda, muy diferente a la Daniel, luego me puse de espaldas, era un sensación diferente, deliciosa, la cabezota de su vergota estiraba mi vagina como nadie, de repente sentí que podía apretar por dentro y lo hice, le empecé a apretar la verga por dentro de mi vagina, sentí más grande esa verga y él dijo:
Rodrigo: no manches mamita, que me haces, siento que me rompes la verga, aprietas delicioso, que rico, me vengo, me vengo, ahhhh
Lissa: no paré hasta que lo desleche y me dejó toda la leche adentro, me desmonte de él, toda sudada y temblorosa, había sentía que había pasado a otra etapa de mi vida a aprender a apretar mi vagina así, iba toda llena de leche.
Lissa: ya vámonos.
Resultó que Rodrigo vivía por nuestros rumbos, así que mi esposita, me dijo que le diéramos un raid. En el camino no dejaba de mamar verga, estaba fascinada con esa verga.
Antes de llegar a su casa, me dijo:
Rodrigo: Métete por aquí, siempre está solito.
Me metí por el campo de futbol que le dicen el avión.
Lissa: déjame solita con él, siii.
Lissa: quería sentir esa verga otra vez, apretarla. Me acosté en el carro y le dije súbete, me penetro con dificultad, pero que rico sentir esa verga, me rosaba todos las paredes de la vagina, sentía delicioso, me hizo terminar, y me empiné, no llegaba muy adentro, pero lo grueso de la cabeza de la verga era sumamente rico, lo sentía mucho, me hizo terminar 2 veces más y para no variar le empecé a apretar de nuevo con mi vagina, no aguanto mucho y se vació dentro de mí, sentí la necesidad de no despreciar nada y le mame la verga aún llena de leche, estaba riquísima que rica leche.
Nos fuimos de lugar y en el camino a su casa, mi hermosa nena no dejaba de mamar verga, se miraba hermosa mamando, llegamos a su casa y mi hermosa mujer quiso dar otra vuelta para seguir mamando, entonces dijo.
Rodrigo: ya no me la mames, ya me duele. Todos nos reímos.
Lo dejamos en su casa, intercambiaron números y nos fuimos a casa.
Después de esa noche mi esposa andaba de lo más caliente que puedan imaginarse, se iban a ver cada vez que podían, y cogían arriba del carro, un domingo me dijo:
Lissa: quiero ver a Rodris pero en el carro es bien incómodo ¿me prestas para el hotel? Te prometo que te traigo la leche.
Yo: claro mi vida, desléchalo.
Esa tarde noche se metieron al hotel Naucalli, con Rodris su posición favorita era de piernas al hombro, pues dice que sentía como las paredes de su vagina se abrían delicioso que lloraba cada vez que la hacían terminar y de la enorme cantidad de jugos que sacaba.
Lissa: solo me cogió en tres formas, misionero, piernas al hombro y empinada, pero no manches que cogida, casi cuatro horas seguidas, está bien chavito, por eso tiene leche de sobra y no se le baja, no sé cuántas veces me echó leche.
Esa noche llegó bien cansada ni ropa interior traía, la ayude a desvestirse y se acostó, su pantalón estaba lleno de semen en eso abrió las piernas y de su panocha salía muchísima leche.
Lissa: ¿quieres probarla? Es de nuestro amante, está deliciosa,
No dudé más, me pegué a esa rica panocha, era la primera vez que probaba semen de la panocha de mi rica mujer, lamí y succione hasta que no quedo ni una gota.
Los demás días, se seguían viendo cada vez que él quería, le llamaba a mi esposa y ella dejaba todo lo que estaba haciendo y se iba con él, no le importaba nada.
Un día de esos, él llamó y le dice que iba a tener una posada en su casa y quería que fuera, que la iba a presentar como su novia, ella estaba feliz y se arregló bien hermosa, pero como comenté antes, vivíamos a escasas 3 cuadras y alguien podría reconocerla y entonces le prohibí que fuera pues me había dado cuenta que se estaba enamorando de él y eso no iba con lo nuestro.
Al negarle ir, se puso furiosa y anduvo de mal genio por muchos días y más enojada estaba porque Rodrigo también se enojó por no haber ido.
Al paso de los días Rodris le marcaba que quería verla, cogérsela, pero yo le prohibí ir puesto que sabía que si iba, ya no iba a regresar y yo no quería perderla.
Conforme pasaban los días se fue olvidado de él.
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