Mi amada Lissa (4)

1
3223
T. Lectura: 6 min.

Después de Rodrigo, tuvimos algunas pláticas con algunos contactos, nada relevante.

Un día, en un convivio del trabajo (día de las madres), ella escuchó que dos mujeres hablaban de un compañero de trabajo (a quien llamaré EA). Decían que estaba sumamente vergudo, que el marido de una de ellas le había comentado eso. Él solo al escucharlo se mojó de la excitación.

En la noche estaba sumamente excitada y, mientras me montaba, me comentó eso. Le dije:

Yo: Sí, mi amor, está bien vergudo. ¿Quieres conocerlo?

Lissa: ¿De verdad está vergudo?

Yo: Sí, demasiado.

Lissa: ¿Y cómo le dirías?

Yo: No sé, deja que las cosas se den.

Al día siguiente me topé con EA como a mediodía y no tardé en decirle:

Yo: Qué onda, amigo. Oye, hay una amiga que escuchó de ti y quiere conocerte.

EA: Neto, ¿cómo está?

Yo: Mira (le mostré fotos de ella).

EA: No manches, está buenísima. Qué chichotas tan ricas tiene. Sí, dile que sí, que al rato como a las 5.

Yo: Ok, deja le comento.

Le dije a mi rica mujer que si quería conocerlo hoy.

Lissa: Siii, dile que sí. Como a las 5 está bien. Enfrente del Toreo hay un Seven, dile que ahí. Dile que iré de pantalón de mezclilla azul y la blusita blanca escotada (con esa blusa casi se le salen las tetas). No le des mi número, solo dile que no falte.

Le comenté a mi amigo y dijo que no faltaría.

Mi nena se alistó, se depiló la panocha, se puso guapísima. De todo me mandó foto para mostrarme cómo iba.

4:30.

Lissa: Oye, mi vida, ¿y si no me animo?

Yo: No pasa nada, amor. Solo le dices y ya.

Lissa: ¿Y si me animo, hasta dónde llego?

Yo: Hasta donde quieras.

(Lo demás me lo platicó EA con el paso del tiempo, y ella).

Lissa: Nos vimos en el lugar acordado. Iba nerviosa. En el micro donde iba, los hombres me volteaban a ver por el escote que llevaba y eso me ponía cachonda. Cuando llegué al lugar, él ya estaba. Me vio como un lobo ve a su presa. No nos conocíamos, pero supimos que éramos nosotros.

EA: No manches, Lissa, te ves hermosa. De solo verte se me paró la riata.

Lissa: Gracias. ¿Y qué tal, es cierto lo que dicen? A ver, quiero verla y tocarla.

(Le toqué la verga encima del pantalón. No me importó que estuviéramos en la calle).

Lissa: No inventes, pinche vergota, EA. Vamos al hotel que está al lado del Toreo.

De camino al hotel le tomé de la mano. Parecería que lo llevaba arrastrando. No me importaba nada en ese momento, me cae. Iba excitada, nerviosa. No me importaba si alguien nos veía. Cuando íbamos subiendo no dejé de tocarle semejante vergota. Había parejas y no me importaba que nos vieran. Iba endiosada por lo que iba a comer. Entramos a la habitación y me hinqué. No podía más.

Lissa: Déjame verla.

Solo rio, se desabotonó el pantalón y saltó. Era la verga más grande, larga y gruesa que había visto (23 cm). Estaba llena de fluido preseminal. No resistí la tentación y succioné la punta de esa vergota (apenas me entró de lo gruesota que estaba), incluso más rica que ninguna. Se la empecé a chaquetear y a mamar sin parar. Tenía unos huevos enormes, llenos de leche.

EA: Tiene más de 8 días que no cojo. Están llenos de leche.

Lissa: Qué rica verga y qué ricos huevos. Será mía.

Estaba tan caliente que no supe en qué momento EA me desvistió.

EA: No manches, Liss, qué ricas tetotas tienes. No me entran en las manos. (Por cierto, tiene unas manotas enormes, rasposas, y eso me encantó).

Lissa: Estaba mojadísima. Quería que me subiera encima, pero me puse en mi posición favorita: empinada. Quería que la primera vez que sentía esa vergota fuera única. Le pasé mi cel y le dije: graba cómo entra esta vergota por primera vez.

Me empezó a mamar la panocha y de repente me pasó la lengua en el culo. Brinqué y se me puso la piel chinita de la emoción. Se puso condón y me la metió poco a poco. No podía respirar de lo grueso y larga que la tenía. Deliciosa esa perra vergota.

Empezó a entrar y salir despacio, con dificultad. No podía, y le dije: despacio, papi. Mi panocha estaba goteando. Esa vergota estaba durísima. Con dificultad la metió toda. Apenas podía respirar. Me animé de valor y empecé a sacarla y meterla rápido. Era un placer indescriptible. De lo grueso y largota que estaba, sentía que mis piernas me temblaban. Y luego, con fuerza, azotaba su cadera en mis nalgas. No manches, en menos de un minuto me vine. Mojé todo el colchón.

Me volteó, puso mis piernas en sus hombros y me lo metía salvajemente. Yo me sentía en la gloria. Nunca me había sentido tan llena, tan puta, tan feliz. Así me cogió no sé cuánto tiempo. Perdí la cuenta de las veces que me hizo terminar y mojé la cama.

EA: Qué mujer tan deliciosa es Lissa. La primera vez la desnudé. Estaba riquísima. Qué mamilas tan grandes tiene, qué panocha tan apretada y deliciosa. La grabé como se la metí la primera vez empinada. No manches, gritaba como una loca que le destrozara la matriz, que no parara de cogérmela, que tenía una vergota deliciosa, que era mi puta. Ella solita se pegaba nalgadas de lo caliente que estaba. Deliciosa de verdad. Perdí la cuenta de las veces que tuvo orgasmos. Tenía un orgasmo y me mamaba la verga como desesperada. Me succionaba la cabeza de mi vergota. Quería sacarme la leche. Perdimos la noción del tiempo y ya eran como las 9. Imagínate, casi 4 horas cogiendo.

Nunca había aguantado tanto sin venirme, pero Lissa es única. Me la cogí empinada, piernas al hombro, me montó. Coge como puta. Me dijo: échame la leche hasta adentro de la panocha, pero no quise. Gritaba que le echara la leche. Mi verga sentía que explotaba de lo caliente que estaba.

EA: Le azotaba mi cintura contra sus nalgas. Qué delicia de mujer. Mis 23 cm entraban y salían como si nada de esa rica panocha. La agarraba de la cintura y la azotaba. Así como la tenía, su culo se miraba delicioso. Se lo empecé a tocar, a acariciar, hasta que se miraba dilatado. En una de esas, me cae, sin querer le metí mi vergota hasta el fondo de un solo golpe en su culo. Pegó un grito de dolor y caí encima de ella. Se quedó quieta unos minutos. A pesar del condón, sentía cómo palpitaba su culo, cómo apretaba mi verga. Qué delicia de culo.

Lissa: Mi panocha aún no se acostumbraba al tamaño de la vergota de EA. Sentía que me reventaba por dentro, pero que me reventaba rico. Me empiné con los codos doblados. Qué rico se sentía así empinada. Me empezó a sobar las nalgas. Sus manotas ásperas me hacían sentir rico. Sobaba mis nalgas hasta que lo dilataba mucho. Sentía que mi culo decía: métete hasta el fondo. Parece que me escuchó. Metió un dedote en mi culo. ¡Aaaahhh, qué rico sentir ese dedo en el culo y su vergota en la panocha! Me empezó a azotar la cadera muy fuerte. Entonces no sé si fue intencional o qué, pero me metió toda la verga en el culo. Fue doloroso. Me dejé caer en la cama. Creo que lo tenía tan apretado que se cayó encima mío. Jajaja. Se quiso levantar y le dije:

Lissa: No te atrevas a quitarte, cabrón. Deja que se acostumbre.

EA: Jejeje. No manches, siento que se me sale el alma y la leche.

Lissa: Pues te aguantas.

Estuvimos así como 5 minutos, pegados en mi culo. Sentía dolor y placer de tenerlo pegado en el culo. Sentía sus huevos que tocaban mi panocha. Como pudimos, me volví a empinar.

Lissa: Espera, yo solita.

EA: Se sacó mi verga (hasta respiró), se acomodó y de un jalón se metió mis 23 cm de verga en el culo.

Lissa: Despacio, haz que sienta rico.

Se empezó a mover despacio. Sentí cómo me rodaban lágrimas. No sé si de dolor o placer. Solo le decía: más rápido, azótame. Mis gritos de placer se escuchaban hasta la calle. Me cogía por el culo como no tienes idea. Qué rica sensación. Mis piernas temblaban. Había momentos en que lo metía por la panocha y luego por el culo, uno y uno. Sentía que me moría de placer al sentir cómo estiraba los dos. Qué delicia.

EA: Gritó, pero un grito de excitación. Tenía el culo bien dilatado. Se empezó a mover. Me gritaba: méteme los huevos en el culo, cabrón, no dejes nada afuera, cógeme por el culo, no pares, no pares de cogerme, tu vergota es mía. Sus gritos de verdad me excitaban. Tenía mucho tiempo que no hacía gritar a nadie, pero ella es única. Su culo apretaba riquísimo mi verga. Estuve 40 minutos dándole verga por el culo empinada. Terminó riquísimo y abierto ese rico culo, y la verdad ya no pude y le eché la leche, en el condón, claro. Sentí que nunca había echado tanta leche, que mi alma abandonaba mi cuerpo.

Lissa: Mi amor, cuando me dejó ir la verga por el culo sentí que me desmayaba. Esa perra vergota me dio un dolor riquísimo. Me abrió el culo y cuando me echó la leche en el culo bufaba como un toro, gritaba. Eso me excitó y tuve mi primer orgasmo anal. Fue increíble. Mi culo le apretaba la verga y sentí que tembló de la emoción de vaciarse dentro de mi culo. Fue espectacular.

Ella me quitó el condón con cuidado de no tirar leche y me la limpió. Me dejó bien seca la verga y el condón lleno de leche. Me dijo: lo guardaré para el recuerdo. Nos despedimos de un beso en la mejilla. Al salir, en la recepción la chica nos preguntó:

—Estuve a punto de ir a preguntar si todo bien. Hasta acá se escuchaban los gritos. ¿Todo bien?

Llegó a las 12:30 a nuestra casa, ojerosa, contenta, cansada, y me dijo: mira. Me mostró el condón. Tenía como medio litro de leche. Sacó la leche, se echó un poco en las tetas y en su boca, y me besó. Qué rico beso.

Lissa: Vengo cansada.

Se acostó de lado y me dijo: a partir de ahora mi culo le pertenece a él. Descansa.

Loading

1 COMENTARIO

  1. ***No se admiten datos personales en los comentarios***
    Las redes sociales y el correo electrónico del autor los encontrarás en su perfil, si este así lo ha decidido.
    Cualquier otro dato será eliminado, así como también los links a cualquier otro sitio que no pertenezca a CuentoRelatos.

    Administración de CuentoRelatos

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí