Mi amigo y yo convencemos a mi esposa

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Mi esposa y yo llevamos juntos 20 años y dos hijos en común. Ella siempre fue muy apasionada conmigo, pero tras la llegada de los niños las relaciones eran cada vez más esporádicas. Además yo empecé a notar como se fijaba más en otros hombres y empezó a vestir más provocativa. Eso a mí no me molestaba pero me causaba sorpresa, hasta tal punto que una vez se lo comenté a mi mejor amigo, Pedro.

Con este amigo siempre hacíamos cosas juntos y sus parejas, porque ha tenido varias novias. Yo siempre he intuido que a mí esposa siempre le ha gustado él, pero nunca quise preguntarlo. Y creo que a él también le gusta mi esposa, lo cual es normal debido a los rasgos de ella. Mi esposa no es muy alta, lo cual hace resaltar más aún sus curvas, pues tiene unos pechos redonditos y de buen tamaño con una leve caída debido a sus embarazos. Sus pechos tienen una aureola color chocolate y unos pezones parados.

Sus piernas son carnosas y estilizadas, aumentando su grosor según van subiendo hacia su culo, que es lo que más llama la atención de ella. Tiene unas nalgas redonditas y respingonas que se mueven levemente en su andar, con una piel suave y morena debido a que hace nudismo en las playas. A todo eso hay que añadirle su pelo negro oscuro largo y liso, sus ojos marrones claros y su boca sensual. Es la típica mujer que hace que otros hombres claven sus miradas en sus atributos.

Entonces un día hablando con mi amigo Pedro le comenté el hecho de que ella ya casi no tenía relaciones conmigo y cada vez vestía más sexy. Y entonces Pedro me comentó lo siguiente: “Si te soy sincero, siempre me ha parecido que tienes una mujer monumental, y creo que es normal que tras tantos años la monotonía de la relación haga que ella tenga otras necesidades e inquietudes. Pero no creo que ella te sea infiel, aunque candidatos no le faltarán jejeje”.

Entonces yo le reconocí que siempre he pensado que tanto ella como él se gustaban mutuamente, pero que a lo mejor son tonterías que uno piensa. Su respuesta me sorprendió aún más: “Amigo, yo no puedo saber si a ella le gusto yo, pero lo que sí te puedo confirmar es que ella a mí me pone muy cachondo. Perdona mi sinceridad pero hemos compartido momentos los tres en fiestas con esos vestidos tan provocativos que suele usar, en playas con esos pechos tan lindos al descubierto y ese culo con esos tangas diminutos que usa. Te mentiría si te dijera que no he soñado con disfrutar de tal mujerona pero por respeto a ti nunca me he atrevido a decirle nada a ella ni insinuarle eso a ella”.

Mientras escuchaba sus palabras, sentía agradecimiento por su sinceridad pero debo reconocer que me excitó pensar que mi mujer fuera deseo sexual de otro hombre, mi amigo Pedro en este caso. Entonces se me ocurrió preguntarle: “¿Tú crees que si tú le contaras a ella eso que me estás contando a mí, ella querría tener algo contigo?”. Él me respondió: “No tengo ni idea si yo le gusto a ella, pero creo que aunque le contara mis deseos sexuales hacia ella, no te sería infiel conmigo. Aunque eso solo lo podríamos saber de una manera…”

La idea de que mi esposa se acostara con Pedro comenzó a despertar en mí más excitación que celos, así que le propuse a mi amigo un plan. Al día siguiente con alguna excusa pasaría por mi casa aprovechando que mi esposa estaría sola en casa e intentaría seducirla a ver si ella lo rechaza o quiere serme infiel con él. Mi amigo Pedro al escuchar mi plan me dijo que por él no hay problema pero que en caso de ella querer tener sexo con él, no continuaría con la situación porque no quiere traicionar a un amigo.

Cuando nos despedimos y fui para mi casa me encontré con mi mujer. Al día siguiente Pedro vendría a casa y se me ocurrió ir calentando el terreno para ver cómo reaccionaba ella. Al preguntarme qué tal el día le comenté: “muy bien amor, me encontré a Pedro y charlamos un rato mientras tomábamos alguna cerveza. Hablamos de todo un poco pero me dijo algo que me gustaría contarte”. Ella me dijo: “Vale amor cuéntame”. Y entonces fui directo y sincero: “Pues le comenté que últimamente estabas muy sexy y qué te estabas cuidando más, y mi sorpresa fue cuando él se sinceró y me reconoció que tú siempre habías sido muy sensual y muy atractiva”.

Mi esposa sonrió y se acarició el pelo sintiéndose halagada, además de decir: “qué bonitas palabras”. Yo continué: “Eso fue lo más suave que me dijo porque me reconoció algunas cosas más”. Ella muy curiosa me exclamó: “amor me puedes contar todo lo que te dijo, ya no diré que me lo ha dicho”.

Entonces yo aproveché para exagerar un poco las plantas de Pedro e intentar calentarla un poco de cara a cuando Pedro viniera al día siguiente: “Cariño Pedro me reconoció que cuando hemos coincidido en fiestas o en la playa no puede dejar de mirarte, me dijo que tus tetas y tu culo le parecen sobresalientes y que cuando está cerca de ti le dan ganas de lanzarse sobre ti, desnudarte y comerte enterita. Incluso me reconoció que varias veces que hemos estado en la playa y tú has estado en tanga y con tus tetas al aire, nada más llegar a su casa se ha masturbado pensando en ti”.

Mi esposa se puso colorada tras escucharme y me dijo: “Yo he notado alguna vez sus miradas pero nunca pensé que yo le pusiera tan cachondo. Sinceramente lo importante es que ha sido sincero contigo, y tú sabes que entre él y yo nunca pasará nada amor”.

Entonces le hice la pregunta cuya respuesta sincera querría escuchar: “¿Pero tú serías capaz de contestarme con la misma sinceridad que Pedro si te pregunto si a ti también te pone cachonda él?”

En ese momento se hizo un silencio de 10 segundos en los que ella me miró a los ojos, y mordiéndose su labio inferior me contestó: “Cariño eres mi marido y nunca te he sido infiel, pero obviamente a veces me he sentido atraída por otros hombres. Alguna vez he tenido la fantasía de acostarme con otro hombre, pero no creo que fuera capaz de hacerlo. Y en cuanto a Pedro me parece guapo, hace deporte y tiene un cuerpo musculado y definido, y te mentiría si te dijera que cuando hemos estado en la playa y él ha llevado esos bañadores tan ajustado no he mirado su paquete y creo que tiene una herramienta generosa…”

Y mi última pregunta fue la siguiente: “¿Y alguna vez has fantaseado con follar con él?” Mi mujer se acercó a mí, me dio un beso largo y profundo, me miró fijamente a los ojos y me contestó: “Sí, varias veces”. En ese momento mi polla comenzó a crecer bajo mi pantalón al mismo tiempo que ella me la acariciaba. Se dio cuenta que su sinceridad me excitó y desabrochó mi pantalón, bajó mi bóxer y comenzó a masturbar mi polla.

Empezó a alternar caricias y mamadas mientras me decía: “Amor siempre he notado como me mira tú amigo, como aprovechaba cada momento para acariciar mi culo de forma disimulada, me picaba el ojo, fijaba sus miradas en mi escote, alguna noche recibí en mi móvil alguna foto de su polla empalmada, incluso una vez en la playa mientras estábamos en el agua él y yo solos se sacó el bañador delante de mí con la excusa de quitarle la arena, quedando su herramienta visible a escasos centímetros de mí.

Soy una mujer y es normal que me sienta atraída por un hombre como él (mientras me decía eso seguía masturbando mi pene y chupándolo) y en alguna ocasión he llegado a fantasear con desnudarme delante de él, comerle ese pollón que tiene y montarme sobre él y cabalgarlo hasta que explote dentro de mí”.

Tras oír esas palabras un orgasmo intenso hizo que me corriera dentro de su boca, y ella terminó de limpiarme la polla con su lengua mientras me miraba de manera pícara. Le agradecí sus palabras sinceras y me fui al baño a una ducha. Mientras me duchaba me preguntaba qué pasaría al día siguiente cuando mi amigo visitara a mi mujer con la intención de que ella quisiera follar con él. La intriga de saber lo que pasaría era enorme y lo cuento en el siguiente capítulo.

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