Esta es la continuación de una noche que jamás pensé que terminaría siendo una de las mejores noches de sexo, una experiencia completamente nueva. Intercambiábamos los besos de mi mujer entre Mario y yo, y mientras ella lo masturbaba con su mano. Mi pene flácido seguía dentro de ella pero en ese momento yo sentía que aún no estaba listo, aún en mi mente trataba de procesar lo que acababa de pasar cuando mi esposa me dijo al oído – tu amigo quiere más.
Solté una risa nerviosa, yo pensaba que habíamos terminado, que Mario se iría contento y mi mujer y yo reconectaríamos, pero entonces me acordé que Mario es insaciable, y mi Paulina también lo era. En ese momento me sentí incómodo, pero Paulina no me dio oportunidad de decir nada, se inclinó y empezó a chupársela a Mario ahí mismo sentada sobre mí, el volteo a verme y sonrío, para después echar la cabeza hacia atrás y disfrutar la mamada. Mi pene ya estaba fuera de ella, aún flácido y bañado en mi leche que escurría de la vagina de Paulina y que con el movimiento empezaba a esparcirse por todo mi pelvis.
Paulina se esmeraba y recorría toda la verga, los huevos y la pelvis de Mario con su lengua, llegando por momentos hasta su culo. Todo lo veía yo tan cerca, escuchaba sus lamidas, los gemidos de los dos, el olor intenso a sexo, de pronto mi esposa se levanta y me da un beso apasionado, compartiendo conmigo los fluidos y el olor de Mario.
Mi corazón se volvió a acelerar y pronto me olvidé de los pensamientos intrusos que tenía, sentí como mi verga volvía a ponerse dura poco a poco. Levante mi mano y tome a mi esposa del cabello mientras nos besábamos, la jalé hacia atrás y la dirigí de vuelta al pene de Mario, para después empujarla hacia abajo para que se la comiera entera, provocándole arqueadas al sentirla hasta el fondo de su garganta, después la jalé del cabello para llevarla de nuevo a mi boca. Aunque no me considero un hombre que me gusta ser sumiso, me provocó un gran morbo saber que en su boca probaba el sabor y el olor del corneador de mi mujer.
Uno de los mayores gustos de mi esposa en el sexo es chupar una buena verga, eso me lo confesó desde que éramos novios, y me lo demostró dándome deliciosas mamadas en los lugares más inesperados durante nuestro noviazgo. Y lo seguía demostrando ahora, se levantó de encima de mí y se puso en cuatro, quedando su cabeza justo sobre la verga de Mario, y sus nalgas justo frente a mí. Sumergió su cara entre las piernas de él para continuar chupándolo todo y su culo quedo al aire descubierto frente a mí. Empecé a acariciarlo y besarlo mientras escuchaba los deliciosos sonidos que producía mi mujer al hacerle la mamada.
La panochita de Paulina estaba completamente mojada y chorreada con mi leche, fui besando sus nalgas y su culo hasta llegar hasta ahí y acariciar su vulva con mi lengua. Sus gemidos se intensificaron en el instante. Verla como disfrutaba de él fue súper excitante, desde atrás yo solo veía como su cabeza subía y bajaba sin parar. Mi verga ya estaba completamente erecta, y deseaba penetrarla, pero en eso, Mario me ganó, de pronto se levantó la tomó del cabello y se puso detrás de ella como si estuviera montando una yegua, le metió la verga hasta el fondo al momento que jalaba de su cabello.
Ella seguía en cuatro sobre mí, de manera que sus piernas se apoyaban en el sillón a mi lado derecho, sus manos a mi lado izquierdo, y su torso justo sobre mí. Mario empezó a culearla con tal fuerza que su cuerpo se sacudía con cada embestida. Las tetas de Paulina colgaban sobre mí y rozaban mi pecho con cada empujón que le daba Mario, yo la recorría con mis manos y le besaba el cuello. Después me fui deslizando hasta quedar debajo de ella frente a su cara, y nos besamos.
Ella se dejó caer sobre mí, extasiada por la cogida que le estaban propinando, y ahora los dos nos sacudíamos cada vez que Mario se la metía hasta el fondo. Sus besos se volvían más torpes cada vez que se acercaba más y más al clímax, ya no podía concentrarse en mi. A pesar de eso yo seguía besando su boca.
Después de varios minutos en esa posición, mi esposa con los ojos perdidos me dice entre gemidos…”quiero que se venga adentro”. En ese momento sentí el golpe de realidad, se la estaba cogiendo sin condón. Entre en shock por un segundo, no lo podía creer, pero inmediatamente me vino a la menta la cantidad de veces que había fantaseado con esto. Era una irresponsabilidad, pero ya no había marcha atrás. Mario seguía embistiéndola con fuerza, entre gemidos y resoplidos por las embestidas le pregunté:
Yo: ¿en serio quieres su leche?
Paulina: si amor
Yo: dímelo
Paulina: quiero su lechita amor, quiero sus mecos!!
Yo: que rico amor (aunque no estaba tan seguro)
Paulina: Vente adentro Mario. Si Mario. Vente ándale ¿si? Por favor dame lechita.
Escucharla rogar por su leche fue algo que me puso el morbo a tope. Mario de inmediato entendió su papel.
Mario: ¿quieres leche putita?
Paulina: se dámela toda, quiero sentirla dentro
Mario: Así me gusta puta te voy a llenar toda de mecos
Escuchar a alguien decirle puta a mi esposa y que ella le responda pidiéndole su leche fue tan irreal, yo solo estaba disfrutando toda la escena, viendo la cara de mi esposa tan de cerca, verla convertirse en una puta en mi cara. Mi verga totalmente erecta rozaba contra el abdomen de mi mujer mientras ella aceleraba el movimiento hacia enfrente y hacia atrás recibiendo las embestidas de Mario. Su cara se transformaba en la más pura expresión de placer conforme su orgasmo se acercaba, mientras ella le pedía lechita a Mario y se venía de placer cada vez más.
Yo la abracé y la pegué a mi pecho justo en el instante en que ella empezó a temblar en éxtasis con cada embestida y segundos después un largo gemido se escuchó de Mario, instantáneamente la intensidad de sus embestidas bajó, y poco a poco se dejó caer sobre la espalda de mi mujer estremeciendo todo su cuerpo con cada bombeada, descargando todo su semen dentro de ella.
Paulina: siii que riiico mmmm vente rico siii
Ahí estaba yo, debajo de mi mujer recibiendo toda la leche de Mario en su panochita, abrazándola en su placer, besándola. Después de un minuto, Mario sacó su pene, y aunque no podía verlo, podía sentir que sus mecos escurrían e inevitablemente caían sobre mí. Mario apenado intentaba limpiarme pero le dije que no se preocupara, que no pasa nada.
Mi esposa estaba inmóvil, con la respiración aún agitada, y gimiendo silenciosamente, recuperándose. Se dio cuenta que mi pene aún seguía duro, yo no me había venido, y me preguntó si quería que me masturbara. Yo no dije nada, solo seguí besándola, me acomodé un poco, y la coloqué en su vagina que para entonces era un mar de fluidos y semen. Ella soltó un gemido ronco, como diciendo que rico pero estoy hecha pedazos. Yo entré, la sensación era extremadamente húmeda, la fricción casi nula. Comencé un sutil movimiento, entrando y saliendo lentamente, mientras la abrazaba y la besaba suavemente en sus mejillas, el cuello, los hombros.
Sus gemidos en silencio, roncos, entreverados por su respiración relajada y profunda. Y sin embargo el placer que yo sentía de penetrar a mi esposa llena del semen de su amante era infinito, disfrute lentamente cada centímetro de ella, escuchaba el chasquido de los fluidos revolviéndose dentro. Mi esposa lo disfrutaba también pero ya mucho más relajada, conectando conmigo más íntimamente, nos besamos, y ayudó al movimiento con un leve vaivén de su cadera, sin demasiado ímpetu. Mi pene estaba tan sensible y excitado que no necesité mucho más, en la calma de nuestro movimiento tuve el más delicioso orgasmo, fundido en un beso apasionado, llenando de semen aún más su vagina.
Mario, tumbado en el sillón de enfrente nos observaba, disfrutaba de nuestra intimidad. En ese momento sin decir nada, se levantó, tomó su ropa del suelo y se marchó. Nos dejó hechos uno solo, abrazados en el sillón. Paulina y yo en silencio nos besábamos hasta que en algún momento quedamos dormidos.
Esa misma noche, más tarde, volvimos a hacer el amor, ya los dos solos.
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Que delicia siempre e querido hacerlo así, mi esposa es bien caliente y también quiere hacerlo pero dice que le da pena que yo la vea sin embargo fantasiamos mucho y se que lo vamos a disfrutar mucho