Sexo en el balneario Punta del Diablo (1)

0
925
T. Lectura: 5 min.

–Nosotros nos vamos Seba, Santi y yo estamos cansados y mañana queremos hacer playa temprano.

Punta del Diablo un balneario hermoso de la costa de Rocha en Uruguay, en donde todo queda cerca. El baile donde estábamos quedaba a unos 7 o 10 minutos de caminata a la casa que alquilamos los 5. Majo mi amiga y Santi su nuevo novio me invitaban a volver a la casa antes que termine la noche. Andrés y Sofi se quedaron en el baile, ellos no eran pareja pero todos sabíamos que había algo entre ellos.

En resumen dos parejas y yo, que estaba solo, habíamos alquilado 15 días una casita chica que quedaba a mitad de camino entre la playa y la zona donde se movía la noche del balneario. La casa era de dos plantas, arriba dos cuartos y abajo además de cocina y baño, un living con sofá cama donde yo dormía. “Las parejas” aunque una no estaba confirmada dormían arriba, un cuarto con cama de dos plazas para Santi y Majo, el otro con dos camas de una plaza para Andrés y Sofi su “amiga”.

De camino a la casa mientras caminábamos íbamos charlando y Santiago nos pregunta:

–¿Entre ustedes que son amigos hace años nunca pasó nada?

–Con Seba nos conocemos de hace años, somos amigos desde niños y no, nunca pasó nada. No te pongas celoso, mi novio sos vos.

–No, no me pongo celoso para nada. Pero tienen como una relación muy cercana y no me sorprende que haya pasado algo.

Me miró con cara pícara. No tenía claro que quería insinuar. Pero si bien no era mentira Majo no le estaba diciendo toda la verdad.

Últimamente antes de que empezara su relación, mi amiga había insistido con algunas conversaciones un poco más sexuales que de costumbre. La última que recuerdo era sobre si yo prefería a las mujeres con su pelvis toda depilada o con algo de vello púbico. Esa pregunta me sorprendió y yo le confesé que me gustaban más las mujeres con vello largo en forma de triángulo sobre su vulva pero alrededor de los labios vaginales y en la cola depiladas.

Para responderme en ese momento Majo levantó su pollera y pasó sus dedos por sobre la bombacha blanca de algodón y común, señalando las partes que debía depilarse para saber si había entendido bien mis gustos. En ese momento me sonrojé y me excité obviamente, ella salió disimulando con esa frase de “es como si estuviera en bikini, no te pongas así” y “no es para tanto hay mucha confianza entre nosotros”.

La realidad es que me había calentado y en ese momento me hubiera agachado a pasarle la lengua sin piedad por toda su concha.

Llegamos a la casa con otras insinuaciones de Santiago sobre nuestra relación y siempre aclarando que él no era celoso. Nos preparamos para dormir yo ya estaba en mi cama cuando baja Santiago y me dice que Majo me llamaba. Subí como estaba en bóxer y sin remera.

Majo me esperaba en la cama recostada sobre las almohadas levemente sentada, se tapaba apenas con una sábana.

–Seba, tengo que decirte algo: Santi estaba tan insistente con el tema entre nosotros porque yo le confesé algo a él que a vos nunca te dije.

–Majo para. No digas algo que después te arrepientas.

–Si me animé a hablarlo con mi novio y lo entendió, vos lo tenés que poder escuchar… hace tiempo que me pasa por la cabeza que me encantaría tener sexo con vos, me tenés caliente Seba. Es eso nada más y nada menos. Sos mi mejor amigo y eso no va a cambiar, Santiago es mi novio y no va a cambiar. Quiero sencillamente coger con vos. Estoy caliente con vos.

Diciendo esto se sacó la sábana de encima de su cuerpo y dejó a la vista su desnudez. Abrió un poco las piernas para reafirmar su posición y se quedó un segundo en silencio. La miré y tenía que reconocer que era preciosa sus pechos pequeños pero bien formados y los pezones rosas también pequeños coronando sus tetas eran de pintura. Su silueta marcada y sus caderas anchas daban muestra de su solidez.

Las piernas eran largas y musculosas producto de todo el tiempo que le dedicaba al gimnasio, era uno de sus puntos altos. Pero para mí lo mejor que tenía y lo acababa de descubrir, era el vello púbico y sus labios vaginales. Era la concha más hermosa que había visto. En ese movimiento de separar las piernas pude notar el brillo de su excitación y lo lubricada que estaba. Me calentó, me excitó y mi pija había decidido antes que yo me diera cuenta.

–Espero que te guste como quedó. Le pedí a la depiladora lo que a vos te gustaba, pero no sabía si iba a ser lo suficientemente largo, como vos lo querés.

–Majo tenés la mejor concha que vi en mi vida.

–Vení me gustaría que me pases la lengua, estoy muy mojada.

Creo que la decisión se tomó cuando decidí subir la escalera, el resto fue trámite.

Me agaché y lo primero que hice fue despeinar esos pelos con mis dedos, acaricie su clítoris que ya salía de sus pliegues. Lo noté duro y caliente. Ella se estremeció con el contacto y despacio saqué mi lengua todo lo ancho que pude. Se la pasé por su vulva y labios, para terminar comiéndome su botón del placer. Ella gimió y dio un pequeño grito de placer.

Levanté la vista y mirándola a la cara la interrogué con los ojos.

–Esperé mucho este momento, no me voy a contener. Comeme toda la concha que ya quiero acabar.

No la contradije y tampoco miré a la puerta para saber si Santiago había escuchado. Le comí como ella me pidió su concha. Devorando y saboreando todo su flujo pase mi lengua una y mil veces acariciándola. Ella gemía y me hablaba, me decía que se la siga chupando que iba a acabar, que le encantaba mi lengua y como la hacía gozar.

Acabó luego de unos minutos, lo supe claramente porque me lo dijo y porque tomó mi cabeza y la apretó con las dos manos contra su concha. Mi nariz la penetraba yo no podía casi respirar y ella movía su cadera frotándome su conchita rosada y empapada por la cara.

Se separó de mí y me dijo “te voy a hacer una mamada como nunca la hice, bien puta”. Cuando me indicó que me parara al costado de la cama y ella se sentó en el borde, descubrí que Santiago estaba en la puerta del cuarto pajeándose sin apuro y disfrutando del show porno que su novia le daba conmigo.

Tomó mi pija con su mano y le pasó la lengua desde mis huevos hasta el glande y luego apretando con sus labios se lo metió todo en la boca. Mi verga no es muy grande y la cabeza es bastante más fina que el tronco. Termina como en punta digamos el prepucio le hace mucha fuerza obligándola a tomar esa forma y se curva hacia adelante. Se la sacó de la boca y la escupió, volvió a metérsela lo más que pudo dentro pero no lograba comérsela toda.

–Me encanta tu pija es perfecta para que me abras la cola. Quiero que seas el primero en cogerme el culo.

Esa no era mi amiga, nunca la había escuchado así. Me volvió a escupir la pija y la pajeó fuerte abriendo su boca frente al glande, esperaba que le acabara en la boca. No fue necesario que le pidiera nada, me pajeaba, me la chupaba y me la comía con una sola intención hacerme acabar sin miramientos ni dudas. Buscaba que le entregara la leche en su boca y cara.

–Estas hecha una puta Majo, voy a acabar si seguís así.

–No estoy hecha una puta, soy tu puta. ¿Dónde querés echarme la leche?

–Te la quiero dejar adentro de tu concha, te quiero coger y acabarte adentro.

Me soltó la pija y se puso en 4, bajó su pecho y apoyó la cara en la cama mirándome, con una mano separó sus nalgas, dejando a la vista su conchita rosada, brillosa y abierta. La imagen era hermosamente porno.

–Cogeme sin parar hasta que me llenes de leche y no la saques. Quiero que te vacíes totalmente dentro de mí.

Se puso en cuatro al borde de la cama. La penetré como un perro en celo, mi cadera chocaba una y otra vez con sus nalgas duras y redondas. Su concha se abría húmeda y tibia para que la penetrara y cuando la sacaba entera podía ver como quedaba abierta. Le agarré las caderas para tener mayor firmeza en el movimiento. “Si, así, rómpeme toda la concha, no pares que voy a acabar de nuevo”.

Esas palabras me excitaban más. “Seguí así, lléname de leche, no pares ahora que estoy acabando”. Con más fuerza y excitación le daba y el orgasmo llegó para mí, me vacíe en cada embestida, le eyaculaba dentro y sentía como se inundaba su cavidad de leche. No paré de penetrarla, seguía y ella también acababa conmigo.

–Déjala adentro, no me la saques. Quiero sentir como se achica dentro de mi.

Le hice caso, exhausto y todo transpirado se la enterré y me quedé quieto. Pude sentir con claridad lo que ella quería.

–Ahora sí, sácala despacio. Baja y descansemos. Mañana hablamos.

–Me encantó esto Majo. Nunca me lo imaginé.

Mi pija estaba completamente enchastrada de flujo y semen. Me di vuelta y Santi ya había acabado regando todo el piso con su leche. No sé cuántas veces lo hizo. Lo miré a la cara intentando entender que pensaba, no lo descubrí. Se separó apenas de la puerta y me dijo por lo bajo:

–Gracias por darle tanto placer… y a mí también.

Loading

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí