Hola, estimados lectores.
El relato que les cuento en esta ocasión ha sido una de las mejores experiencias que he vivido junto a mi esposa Daniela.
Todo comenzó en una pequeña reunión que tuvimos en casa con unas amigas, a quienes invitamos a cenar una pasta y vino que nos servirían de pretexto para vernos, son amistades que frecuentamos bastante y con quienes siempre sube de tono la conversación, aunque nunca ha llegado a más, pero es divertido ver cómo Daniela siempre se desinhibe bastante con ellas cuando ya pasamos de un par de copas.
En ésta pequeña cena, como siempre, empezamos a bromear con todo tipo de temas sexuales, cosa que, junto con el vino, hacía que las amigas y Daniela se fueran sonrojando un poco y, entre risitas cómplices, subiendo de tono sus comentarios. En fin, entre broma y broma, alguien dijo algo sobre que le habían propuesto un trío pero que no lo tomó en serio y ahí había quedado la cosa, a lo que mi esposa dijo ya con voz un poco extraña y pícara: “¡Ay! es que son muy chistosos los hombres, quieren puro trío con dos mujeres pero una fantasea con dos hombres”. Todos nos echamos a reír y ahí quedó todo, pero yo, tres o cuatro copas encima, muy dentro de mí, me puse super cachondo con ese comentario jajaja.
Se acabó la cena, se fueron de casa nuestras amigas y nosotros nos fuimos a la cama, el alcohol nos ayudó a que las cosas se pusieran divertidas muy rápido. Sin mediar mucha palabra aproveché que Daniela me había dado la espalda para repegarme a ella por detrás, ella sintió mi miembro erecto chocando contra sus nalgas y entendió el mensaje, me empezó a acariciar con su trasero de forma super sensual. Yo, mientras le besaba el cuello desde atrás, le susurraba: “así que fantaseas con dos hombres, traviesa”.
Ella se sorprendió un poco con lo que le dije, pero el calor del momento ayudó a que me siguiera el juego, me respondió entre gemidos: “¿te puso caliente o te enojaste?”. Claro que no me había molestado, me había vuelto loco imaginando a mi mujer siendo complacida por mí y otro hombre, llevando al límite su sensualidad, volviéndola loca de placer de todas las maneras posibles.
Ni siquiera aguanté más de 5 minutos sin venirme sobre sus nalgas sólo por el roce y mis pensamientos alocados. Ella se sorprendió de que terminara tan pronto, me preguntó si de verdad imaginar eso me había calentado tanto, le dije que sí, que no sabía si era sólo el alcohol o una mezcla de eso y más, pero que me excitaba bastante la idea, pero que lo hablaríamos otro día, le di la vuelta y me fui directo a su sexo, la comencé a devorar de manera que en poco tiempo también ella había terminado. Ese orgasmo nocturno y el vino nos ayudaron a dormir profundamente aquella noche.
Pasaron los días y no volvimos a tocar el tema, nuestro sexo era bueno, delicioso, pero sé que los dos queríamos meterle más emoción, explorar juntos. Un buen día nos volvimos a reunir con nuestras amigas, la receta se repetía: vino, pasta y pláticas subidas de tono. Pero ésta vez hubo un ingrediente extra: un amigo de ellas las acompañaba, se llamaba Eduardo. Nos presentaron, muy buen tipo Eduardo, nos caímos bien inmediatamente y la noche avanzaba entre pláticas de cosas vividas por todos, divertidas, tristes, de todo.
Como siempre, alguien empezó a meter temas sexuales como sin darse cuenta, creo que hablábamos sobre el erotismo de las piernas y los pies, todos teníamos opiniones distintas. A mí me encantan los pies, me vuelven loco aunque no me considere fetichista, pero me encantan, a mi esposa le encanta complacerme con footjobs cada que se lo pido y ha desarrollado una gran habilidad, hace magia con sus pies. Pues hablábamos de eso cuando alguien le preguntó a Eduardo qué opinaba y si le aceptaría un footjob a alguien ahí presente, todos reímos pero no lo dejamos que evitara contestar, Eduardo dijo que claro que sí, que todas las mujeres presentes tenían unos pies deliciosos (cosa que yo también pensaba), comentario que las chicas agradecieron como un cumplido.
En algún momento las dos amigas tuvieron que retirarse, pero le dijeron a Eduardo que si quería se retirara más tarde, porque su taxi no bajaba de precio, nosotros le dijimos que no había ningún problema, que aún había vino suficiente para amanecer, todos reímos, en ese momento por mi mente no pasaba nada raro (¿o sí?), todo era una simple convivencia entre amigos, pero el destino a veces te da sorpresas.
La noche avanzaba, platicábamos de cosas triviales pero Daniela, Eduardo y yo, estábamos muy entretenidos, en algún momento se me ocurrió volver al tema de los pies, pero todo porque yo de repente notaba que de vez en cuando, Eduardo le echaba unas miradas furtivas a los pies de mi esposa, que estaba sentada en un sillón enfrente de él, mientras yo servía el vino. Otra vez, no supe si por el vino, ver esto me disparó un pensamiento loco que ya no me dejó, miré a Daniela y me di cuenta de que ella estaba muy entretenida en la plática.
Pues le pregunté sin pensarlo a Eduardo: “oye Eduardo, entonces, me pareció entender que ya calificaste los pies de todas las chicas que estuvieron en la cena, ¿quién los tiene más bonitos entonces?”. Lo dije en parte por morbo, en parte para ver si se incomodaban él o mi esposa. Para mi sorpresa, ninguno de los dos hizo gesto alguno, mi esposa me miró con una sonrisita cómplice y Eduardo muy serio me dijo: “mira, no es por estar aquí con ustedes, y con todo respeto te lo digo, Daniela tiene unos piecitos hermosos y creo que me iría por los suyos sin pensar.
Un silencio de 3 o 4 segundos, soltamos unas buenas risas y otra vez silencio. Creo que sin pensarlo todos habíamos subido el calor con esas copas y las pláticas que estábamos teniendo, noté que no estábamos ya platicando tan fluido, fue raro, pero creo que todos nos habíamos calentado un poco.
Nos serví otra copa de vino, Eduardo pasó al baño y aprovechando su ausencia le planté un gran beso a mi esposa y le acaricié las piernas, ella se dejaba llevar, creo que ya estaba algo borracha, le dije: “¿crees que me la alcances a mamar en lo que Eduardo está en el baño?”. Ella se rio pícaramente, me dijo que estaba loco, que si salía Eduardo y nos encontraba así ¿qué haríamos? Yo la volví a besar, le dije a mi mujer: “Si Eduardo sale y nos encuentra, sólo tiene dos opciones: o nos mira o se nos une, ¿crees que quiera?”.
Daniela abrió los ojos como platos, se me quedó mirado super raro, como si no hubiera escuchado bien. Me dijo sorprendida: “Estás bromeando, ¿verdad?”. Supe por su reacción que eso le había movido algo. Yo no le respondí nada, la besé y le llevé su mano a sentir mi miembro erecto por encima del pantalón. Lo sintió, lo sujetó y entendió todo, no hubo palabras.
No puedo olvidar la cara de sorpresa de Eduardo cuando volvía del baño y nos encontró muy ocupados. Se congeló mirándome como queriendo decir: “es hora de irme, ¿verdad?”, pero sólo hizo un ruido como “¡oh!”. Daniela, que se devoraba mi miembro, se lo sacó de la boca, giró su cabeza, lo miró un momento y regresó a lo que estaba haciendo. Y le hice una señal a Eduardo para que se sentara, le dije “siéntate Eduardo, te queda vino en la copa”. Él entendió todo, se sentó en el sillón frente a nosotros, bebió su vino mientras nos miraba. Una vez terminado su copa, me miró como si no supiera qué hacer.
Le dije: “ven, amigo, antes habías dicho que te encantaban los pies de mi mujer, veamos cuánto…”
Se acercó y yo hice que Daniela se sentara sobre mis piernas, Eduardo estaba frente a nosotros y Daniela entendió qué hacer: apuntó sus pies hacia Eduardo y comenzó a acariciar sus piernas con los pies, le hizo una seña con el dedo y Eduardo obedeció: se hincó para que los pies de Daniela acariciaran su cara, su cabello, sus labios. Yo, muerto de excitación, miraba cómo Eduardo lamía los dedos de los pies de mi amada, una imagen super erótica, sus manos acariciaban sus pantorrillas, sus muslos, su boca devoraba los pies de Daniela.
Yo mientras tanto, besaba el cuello, la espalda de Daniela, le arrancaba el sostén, acariciaba sus deliciosos senos, pellizcaba sus pezones, mi mujer estaba fuera de sí, temblaba, emitía un calor inmenso, gemía sin poder controlarlo.
Después de unos minutos de aquellas caricias, mi mujer le empezó a acariciar el miembro por encima del pantalón con sus pies, para una vez que Eduardo se sacó su miembro, acariciarlo suave y directamente con sus plantas. Nuestro nuevo amigo se volvía loco con todo aquello, igual que yo.
Pasaron los minutos y no pudimos más, nos fuimos casi arrastrando a la habitación entre besos y caricias, la ropa iba quedando tirada por el camino. Una vez en la cama, le dije a Eduardo que se acostara y mi esposa comenzó a besarlo por todos lados, mientras que yo le acariciaba sus nalgas, de vez en cuando la sujetaba y metía mi cara entre sus nalgas y le pasaba la lengua por vagina y ano por igual, cosa que la volvía loca.
Me levanté un poco para ver el espectáculo y no me decepcionó: Daniela estaba haciéndole un oral tremendo a Eduardo, que tenía un pene de muy buen tamaño, pero tenía unos testículos enormes que le colgaban bastante, cosa que le encantó a Daniela, que siempre ha tenido un gran gusto por acariciarlos y metérselos a la boca. Aquello era muy placentero de observar, más que el pene, los huevos de Eduardo habían cautivado a mi mujer.
Daniela volteó a verme y me acerqué, se metió a la boca mi pene y procedió a sobarme los huevos de forma que casi me vengo en su boca pero no quería acabar tan pronto, hice un esfuerzo y ella se dio cuenta y me hizo algo que me encanta: con su palma abierta me golpeó los testículos y esa mezcla de dolor y placer casi me manda a la luna.
Eduardo vio eso y casi con desesperación pidió lo mismo, mi esposa lo tomó con una mano del miembro, con la otra acarició sus pelotas un momento y de repente le dio una palmada. ¡Uff amigos, qué imagen! Eduardo también se volvió loco, la palmada lo puso como un toro, se levantó bruscamente, lanzando a mi mujer a la cama, la puso de perrito casi a la fuerza, le dio una lamida breve entre sus nalgas, cosa que hizo que Daniela abriera los ojos y la boca de sorpresa, acomodó su miembro y lo metió sin piedad en la vagina de Daniela. Mi esposa pegó un grito de placer y sorpresa tremendo, se le pusieron los ojos en blanco.
En dos minutos de entrar y salir, mi esposa ya había tenido un orgasmo, se escuchaban unas palmadas tremendas, los huevos de Eduardo se estrellaban violentamente contra Daniela y ella estaba vuelta loca, me hizo un gesto con la boca y yo lo entendí: me acerqué le metí el pene hasta la garganta y ella lo devoró frenética mientras recibía unas tremendas embestidas.
No soporté más, me vine sobre su boca a chorros, ella hizo un esfuerzo tremendo, se volteó tomó el pene de Eduardo y lo masturbó con una mano mientras la otra le apretaba los testículos hasta que no pudo más y se vino a chorros sobre la cara de Daniela.
Nos quedamos tumbados casi 20 minutos, nadie hablaba, estábamos muertos de cansancio, eran ya las 5 am.
Sólo nos metimos a bañar todos juntos, nos alistamos, Eduardo se fue agradeciendo la noche y Daniela y yo nos fuimos a acostar. No despertamos hasta el mediodía, hablamos muy poco de esa noche pero eso sí: quedamos de acuerdo en que teníamos que repetirla.
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