Un cambio de planes (5): Nunca es tarde para el amor

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T. Lectura: 9 min.

Si has llegado hasta aquí espero que hayas disfrutado las cuatro partes anteriores. Para mí ha sido un placer y algo hermoso poder compartir parte de mi experiencia. Para mí todo lo que ha pasado alrededor de mi vida desde que conocí a Henry ha estado marcado por cambios radicales a una velocidad que no me imaginé nunca poder manejar, pero a veces tratar de resistir no es el camino correcto, muchas cosas llegan cuando se dejan fluir.

Para retomar mi historia con Henry es necesario hacer un paréntesis. En mi vida pública sigo siendo un hombre, con todo lo que estoy implica, una relaciones familiares, laborales y personales en las que una expresión de feminidad de parte mía es algo que no esperarían. Muchas personas conocen mis gustos pero nunca me han visto asumiendo un rol pasivo y menos femenino.

Y esto lo menciono porque en ese preciso instante en que salimos del carro de Henry, y todavía con el sabor de su semen en mi boca, a mí mente llegaron muchos pensamientos sobre el rumbo que estaba tomando mi vida y el camino que estaba empezando a recorrer. Sabía que no iba a ser fácil y que no sería un camino de rosas. Pero verlo caminando a mi lado, cargando las bolsas de la ropa que me había comprado. Guiando mis pasos, verlo seguro, decidido y ante todo masculino, eso me hacía desearlo y querer hacer lo que él quisiera. Mis dudas se veían opacadas por esa seguridad que emanaba.

Una vez llegamos a su apartamento, él me entregó las bolsas y me dijo, “Ponte cómoda”. Sin que me dijera más supe lo que eso significaba. Él fue a la cocina mientras yo me dirigí a su habitación, pues mi intención era probarme algo de la ropa y lencería, me invadía la emoción por hacerlo, quería verme cada prenda puesta y sobre todo, quería colocarme nuevamente la peluca, quería estar parada frente y lucir todo los regalos que me había hecho.

Empecé por desnudarme totalmente, y probarme una cachetero en encaje blanco y un brasier del mismo color, cuando sentí la delicadeza y suavidad del cachetero en mis nalgas, lo confieso, fue algo que me hizo erizar, me encantó la forma en que se me veían las nalgas. Estaba excitándome cada vez más. Rápidamente me puse en brasier, y sentir el roce de la tela sobre mis pezones y la presión que ejercía sobre mi espalda y mi pecho era genial, está vez estaba disfrutando más realmente la sensación. Estaba dándome más tiempo a mi misma de disfrutar el momento. Me miraba al espejo y veía una imagen de mi que siento que había estado oculta en lo más profundo de mi, ese reflejo en el espejo era la mujer que estaba naciendo, era yo, era quien deseaba ser.

En el fondo y desde la sala, Henry me habló para preguntarme si deseaba tomar un vino con él, le dije que si, que me encantaba el vino. Para mí era muy romántico el plan, muy bonito de su parte. Yo continué vistiéndome, me puse uno de los vestidos, era un vestido blanco también, cuya silueta era ceñida al cuerpo en la parte de arriba y suelta en la parte de abajo, aunque tuve algunos inconvenientes al principio, de alguna manera logré poner todo en su sitio.

No sé si la talla era la justa o no, pues la sensación en mi cuerpo era extraña, sentir mi pecho y abdomen apretado y la parte de abajo suelto dejaba una combinación de sensaciones deliciosa, me bastaron pocos minutos frente al espejo para empezar a acostumbrarme. Busque la peluca y siguiendo las instrucciones que me había dado aquella mujer, me la puse, era de color rubio, no se describir bien el tono pero era hermosa.

El largo era medio, me daba un poco más abajo de los hombros y tenía una caída suelta, debo reconocer que la sensación si bien era genial y muy novedosa, me costaba un poco hacer que se me viera natural, tal vez mi inexperiencia y la calidad de la peluca, no sé yo, pero igual me estaba disfrutando el momento. Cuando quise ponerme los tacones, no me sentí segura de poder caminar con ellos, así que decidí no usarlo por esta vez, aunque tenía el reto de aprender a caminar con ellos.

Antes de salir a la sala donde me esperaba Henry, me aplique un poco de labial y sin pensarlo mucho, salí caminando lo más suave posible, tratando de minimizar toda una vida de caminar como hombre, trate de estilizar mis movimientos y erguir mis hombros. Cuando estuve frente a él, me quedé parada, no dije nada pero con mi expresión le pregunté que opinaba.

Él dio un salto del sofá y se acercó a mi, me tomo la mano izquierda y me dio una vuelta, me observo y me acaricio suavemente, se acercó a mi oído y me susurro, “Estás hermosa, te ves muy linda amor, me encanta como te ves”. Yo no dije nada pero estaba embelesada con sus cumplidos y sus caricias.

Cuando lo tuve frente a mi, lo abracé y me quedé fundida a su pecho, sintiendo sus brazos rodearme, le daba besos en el pecho, sentía su olor, disfrutaba su aliento y la sensación de protección que me daba. Realmente estaba disfrutando ese momento. No había duda de que ser su mujer me estaba gustando mucho. Él era muy caballeroso y atento, y sabía hacerme sentir segura a su lado. Estuvimos un rato así y luego me pidió que fuéramos al sofá, nos sentamos, él sirvió el vino y empezamos a beberlo, al principio cada quien de su copa, luego empezamos a jugar con la botella, a darnos besos con vino.

Fue un momento divertido. Le pedí que pusiera una película y en ese momento él me dijo, voy a pedir un domicilio, y fue como leer mi mente pues no habíamos cenado y ya tenía algo de hambre. Estuvimos en el sofá, abrazados y viendo la tele, no me importó mucha la película pues realmente lo que estaba disfrutando era tenerlo a mi lado, la sensación de la ropa, la lencería, la peluca y el sabor del labial, era un montón de sensaciones llenando mi mente. Sentir sus manos deslizándose bajo mi falda y acariciando mis piernas, sus aventuras hasta llegar a mis nalgas, estaba pasándola súper bien.

Así paso el tiempo hasta que llegó el domicilio, Henry dio indicación para que el domiciliario siguiera y cuando llamo a la puerta, sucedió algo que no me esperaba, Henry me pidió que abriera y recibiera el domicilio, casi me muero al pensar en que iba a abrir e iba a estar expuesta ante un desconocido.

Al principio me negué, pero él insistió, y ante un segundo llamado a la puerta, no tuve más opción que armarme de valor y dirigirme a la puerta, respire profundo, abrí y ahí estaba, un joven de cerca de 25 años, lo saludé con la mayor naturalidad que pude (aunque estaba muerta del susto), él me miró y me dijo, “toma, por favor revisa el pedido”, sin importar si estaba bien o no, acepté el pedido, él me indicó que si todo estaba bien se retiraba. Le di las gracias y cerré la puerta.

Volteé a mirar a Henry algo desconcertada. Él me miró y solo dijo “Lo hiciste bien, es bueno que poco a poco pierdas el miedo, que te muestres como mujer, disfrútalo y relájate, ves que no pasó nada”. A lo que solo pude responder “Casi me muero del susto”.

Henry me respondió, “Comamos antes de que se enfríe y luego déjame recompensarte por ser tan valiente y hermosa”. Nos sentamos nuevamente en la sala, y cenamos. Cuando terminamos limpie un poco el reguero y volví al sofá para acostarme a su lado, pero él me cogió de las manos y me hizo acostar boca abajo en el sofá, con sus manos levantó mi falda y metió su cabeza, empezó a besar mis nalgas y mis piernas, me hizo erizar con la sensación de sus besos y su barba.

Estuvo varios minutos recorriendo mi trasero hasta que se decidió y bajo mi cachetero, con sus manos separó mis nalgas e introdujo su lengua, empezó a chuparme el culo de una forma tan deliciosa que no tuve más remedio que dejarme llevar, con cada pasada de su lengua dejaba salir gemidos sutiles, movía mi cola hacia él, estaba perdida en el placer, quería que no terminara nunca, me aferraba a ese sofá fuertemente.

Quería que me hiciera suya ya, pero él se tomaba su tiempo, debo decir, que ya por nuestra edad no es fácil recuperar energías, sin embargo, él tenía sus armas, y fue así como sentí que uno de sus dedos se deslizó dentro de mi ano y pocos segundos después un dedo más estaba dentro de mi empezó a darme un masaje en mi punto G tan rico que mi cuerpo poco a poco se fue acercando al punto de no retorno.

Ya me tenía lista cuando en un par de movimientos se quitó el pantalón, se acostó en el sofá y me pidió que me acostara sobre él para quedar haciendo un perfecto 69, metió su lengua en mi culo, apretó mis nalgas y con sus dientes mordisqueaba suavemente mi perineo. Su pene estaba a media erección pero era suficiente para que me lanzará a chuparlo.

Me moría de gusto por tener su pene en mi boca nuevamente, se lo consentí con mucha delicadeza y muchas ganas, le bese sus bolas, le acariciaba sus piernas, así estuvimos un buen rato, era una locura estar así con él, yo estaba deseosa de sentirlo dentro, pero sabía que en ese momento no iba a ser, pero Henry estaba decidido a hacerme venir, y fue así como de alguna manera, volvió a meter un par de dedos, mientras seguía dándome lengua.

Yo sin querer busque mi pene bajo la falda y bastaron unos pocos toques para empezar a dejar salir mi leche. Me retorcí como loca en ese sofá, las piernas me temblaban, pero estaba tan feliz y agradecida, realmente lo necesitaba. Henry tenía parte de mi semen en su camisa, así que me pidió que lo limpiará, y por algún motivo, de manera instintiva, lo hice con mi boca, y ahí estaba con el sabor de mi propio semen en mi lengua, pero no se comparaba al sabor del semen de mi macho. Pero nada de eso me importaba en ese momento, toda la escena era algo genial y delicioso.

Yo en mi interior ya estaba entregada a mi rol, cada vez me sentía más mujer y disfrutaba serlo, quería sentirme hembra, explorar mi feminidad, disfrutarla al 100%, quería que esto fuera para siempre. Que rico se sentía ser mujer. No sé si era el efecto del vino o el orgasmo, pero me sentía algo mareada y débil, quería a mi hombre para que me cuidara y así fue, luego de este momento de entrega total, Henry se dedicó a consentirme, me hizo acostar casi sobre él. Y así estuvimos hasta que estábamos por quedarnos dormidos.

Pero antes de que eso pasará, nos fuimos a la habitación, allá me desnudé, y busque el regalo que me había hecho cuando nos conocimos, al fin me iba a estrenar mi baby doll, y fue la manera en que me fui a dormir esa noche, era la primera que lo usaba y se sentía supremamente suave. Estaba enamorada de la sensación sobre mi piel. Estar en su cama, con él en bóxer, y yo en babydoll, listos para ir a dormir, era mi nueva realidad, mi hermosa realidad.

Estaba encontrándome a mi misma, en los brazos de mi novio, mi hombre.

Estando en la cama a su lado pensaba en todo lo que habíamos vivido en tan corto tiempo, todo lo que esté hombre estaba despertando en mi. La forma en que estaba pensando ahora sobre mi, como me veía a su lado. Todo en mi mente giraba alrededor de ser la mujer que él deseaba y que en mi interior había estado reprimida sin saberlo, a la espera del hombre adecuado. Estaba feliz de poder tenerlo a mi lado. Me recosté en su pecho, lo abracé y estuve así hasta que finalmente me quedé dormida.

Ahora recordando ese momento puedo decir que me sentí liberada y plena. La paz que él me dio en ese momento fue la que se tiene cuando se conecta todo de la manera correcta. Él hacía que todo en mi empezará a fluir con la energía adecuada, mi feminidad florecía gracias él y su contundente masculinidad.

Esa noche dormí sintiendo una paz increíble, pero desperté con una sensación de vacío y calentura, y es que ese hombre a mi lado despertaba todos mis deseos. Al verlo dormido, tome la decisión de dejarlo descansar (Por el momento), mientras tanto yo iba a aprovechar el tiempo para ducharme y asear mi cuerpo (ya saben a qué me refiero). Así lo hice, y aproveché para retocar la depilación en mi trasero. Cuando salí lo hice envuelta en la toalla.

Cuando estaba buscando que iba a ponerme, escuché su voz, “Buenos días amor, ven y me saludas”, mientras continuaba acostado en la cama. Me acerqué a él por el lado de la cama y le dí un beso corto. Él no perdió el tiempo y me tomo por la cintura, me halo hacia él, caí sobre su cuerpo, me sonreí y alegré al ver que estaba ganoso, pues de inmediato pude sentir su pene como una roca, estaba firme y duro. Eso me emociono e hizo que un calor recorriera todo mi cuerpo. Si bien el apartamento de Henry es caliente, en ese momento sentí frío después de salir de la ducha.

Así que pronto me metí entre las cobijas, me quité la toalla y me acosté nuevamente sobre Henry, estaba desnuda sobre mi macho y sintiendo su miembro rosar en mi trasero. Él no se demoró nada en tomar iniciativa, agarró mis nalgas fuertemente, se quitó el bóxer para dejarme sentir su herramienta, pidiendo pista para entrar, y yo con las ganas que tenía desde la noche anterior, solo pude decirle:

“Amor, necesito que me cojas duro”

Henry buscó rápido un poco de lubricante que tenía en su mesa de noche, se aplicó un poco en el pene y puso más sobre mi ano, esto facilitó bastante lo que se vendría. Sin casi avisar, mi hombre puso la cabeza de su pene sobre mi ano, y al sentirlo ahí, supe lo que tenía que hacer, me eche para atrás y me levanté para quedar sentada sobre él, de inmediato sentí como su pene se abrió espacio dentro de mi poco a poco hasta entrar de manera completa. Se deslizó sin problema. Estaba tan clavada en ese momento que podía sentir sus bolas rozándome.

Ahí, cuando sentí que ya no me cabía más, tome sus manos con las mías, cruzamos dedos y empecé a moverme de tal manera que por ratos sentí miedo de lastimarlo, pero en su rostro veía la cara de un hombre satisfecho, así que continué. Lo cabalgué de manera furiosa y enérgica, quería que me partiera, que fundirme con él en un frenesí sexual. Necesitaba ese momento, necesitaba sentir su fuerza y energía dentro de mi.

Él estaba también en la misma sintonía conmigo, y sin que se lo pidiera, me tomo por la cintura y me levantó, todo para quedar sentados en la cama, y estando así pude abrazarlo, cruzar mis piernas a su alrededor y sentir su pecho contra el mío. Lo besé de manera muy apasionada, estaba como poseída, entregada totalmente a mi hombre. Disfrutaba sus brazos, su espalda ancha, sus hombros, sus labios, su barba, su pelo, y la sensación hermosa de estar pegada a él y profundamente penetrada mientras sus manos recorrían mi espalda y masajeaban mi trasero. Era tan delicioso que en más de una ocasión grite de lo rico que me estaba comiendo.

Creo que los vecinos no pudieron ignorar mis gritos. Pero me importaba poco o nada. Estaba fuera de mi y solo quería disfrutarlo. En un momento Henry me apretó fuertemente contra él y sin decir más, empezó a bombear su semen dentro de mí, el palpitar de su pene y ese calorcito delicioso era todo lo que necesitaba y deseaba. Que rico era estar llena de su hombría. Sentía mi cuerpo temblando de lo rico que la estaba pasando.

No demore mucho en venirme gracias al intenso contacto cuerpo a cuerpo, al estímulo profundo en mi punto G y al roce de mi pene contra su vientre. Fue algo increíble. Mientras me venía, en mi ano sentía cada parte de su pene, sentía la presión que Henry ejercía dentro de mi. Mi ano estaba palpitando por la cantidad de atención recibida.

Este hombre llenaba totalmente mis expectativas y verlo con esa cara sería, esa mirada profunda e intimidante, esa expresión de macho satisfecho pero a la vez amoroso y respetuoso. Me hizo sentir dominada , sometida pero protegida. No sabía hasta hace unos días que eso era lo que tanto necesitaba pero ahora lo tenía claro. Sabía que había encontrado a mi pareja ideal. Ya no me importaba quien había sido antes, ahora era su mujer y ya, esa era quien quería ser. Cada momento a su lado, cada beso y caricia, cada orgasmo a su lado, cada nueva experiencia escribía lo que sería nuestra vida juntos, porque nunca es tarde para el amor.

Gracias por leerme.

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