Un tiempo después

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T. Lectura: 8 min.

Continuación de “La cinta”.

Había trascurrido como un mes desde que Rodolfo y yo habíamos espiado una grabación de sexo que nuestros amigos, Manuel y Berta, habían supuestamente descuidada en el sofá. Ellos habían salido de vacaciones y nos encargaron dar una vistazo al piso y regar las plantas del balcón.

Nuestro secreto permaneció oculto hasta una noche de octubre en que nos invitaron a cenar.

En los postres —arroz con leche con ramitas de canela y canutillos— y entre bromas, Berta le preguntó a Rodolfo si era como su marido. “A Manuel le gusta ver porno”. “Es cosa más de hombres”, sin dejarle responder, intervine: “Están hechas para ellos”. “No estoy conforme —dijo Manuel—; hay de todo entre los filmes de sexo…;y además hay muchas películas realizadas por mujeres y para mujeres. El sexo no tiene “sexo”, sentenció echándose a reír. “Entre ellas”, adujo Berta guiñado un ojo, “Hay también películas de aficionados, de amateurs, domésticas”.

Yo me puse colorada y sentí angustia. ¿Habían descubiertos algún modo que Rodolfo y yo habíamos entrado en su intimidad, violando nuestro deber de amigos…? Y una sospecha: ¿no habrían “olvidado” intencionadamente el vídeo en el sofá…? No, me dije, incluso en ese caso, tal vez podrían haber sospechado, imaginado; pero, ¿como iban a saber de nuestra intromisión en sus secretos sexuales, que nos íbamos a atrever a curiosear sus cosas, faltando al deber sagrado de la amistad?

Ya sentados los cuatro tomando unos licores que sirvió Manuel, Berta continuó el hilo de la conversación: “Nosotros vemos cine erótico a menudo”, afirmó con un gesto liviano. “Y a mí me pone”, confesó. Yo miré a Rodolfo y él se repantigó en la chaisse longue: “A mí me gusta, no voy a decir que no” Yo lo miré significativamente para advertirle que el terreno era resbaladizo; pero él sonrió y prosiguió: “No hay nada malo en admitirlo”. “Pues, verás, hemos comprado una…¿Dónde está, cariño?”, preguntó Manuel.” “En el estante de abajo —respondió ella, mirando distraídamente sus pies y descalzándose a continuación—, pero cuidado y no te confundas”, añadió con una mirada pícara que acompañó con carcajadas.

Miré a Rodolfo y tragué saliva. Recordaba perfectamente los cuerpos desnudos de Berta, de Manuel, su práctica sexual “especial”, algo que yo no había experimentado jamás. Y la manera en que nos provocó para satisfacernos allí mismo, en esa misma sala.

«Mi prima carnal» se abría con una escena en la que una jovencita se desnudaba en una habitación y de repente entraba otra y de una manera inopinada ambas se entretenían en probarse ropa. En un momento dado, la más bajita le probaba a la más alta (su prima) una braguita floreada. La otra le acariciaba el cabello mientras arrodillada su prima subía la prenda hasta las caderas y la ajustaba (la cámara mostraba un primer plano del coño cuidadosamente depilado de la alta y, muy sensualmente, el canal del chochito apretado bajo la braga. Entonces, la otra prima le besaba el ombligo y descendía hacia el monte de Venus y comenzaba a acariciar la hendidura aprisionada por la tela. La alta jadeaba y tiraba del cabello de la prima baja, quien arrodillada introducía los dedos por la goma elástica hasta la raja.

Ninguno de los cuatro debíamos una sola palabra, pero la tensión sexual comenzaba a ser palpable. Berta se abrazó con Manuel. Yo, que notaba cómo me ponía húmeda, me removí para recolocarme en el asiento; aproveché para desviar mi vista hacia Rodolfo y me volví a ruborizar: el cilindro de su paquete se elevaba visiblemente entre los muslos.

Las dos primas estaban ya desnudas sobre la cama. La pequeñita estaba tumbada, con los muslos abiertos. La alta abría, como si fuera una cortina, su matojo de pelos púbicos rubios y con un dedo acariciaba el bultito del clítoris; luego a la vez que la follaba con los dedos, chupeteaba aquel capullo muy grueso y prominente.

“¡Uy, qué gustito que te lo soben y coman así!”, comentó Berta con la cabeza apoyada en el abdomen de su marido. “Luego, le toca a la otra”, comentó displicente Rodolfo. “Lo bueno de las pelis es que se ve todo de cerca. ¡Excita un montón, chaval, ¿no te parece?”. Acompañó sus palabras frotándose entre los muslos. “Yo prefiero que me lo hagan”, dije yo, sintiéndome cachonda. “Manuel me lo hace muy bien…, ¡eh, cariño!”; Berta le estampó un beso en los labios. “Me coge el caramelito entre éstos y… ¡umhhh!” Se incorporó y le puso la mano en los genitales. “¡Caramba…, te estás poniendo a tope!”, le dijo. Manuel estalló en carcajadas. “¿No preferirás ese chumino al mío, ¿verdad, canalla?” Manuel negó con la cabeza: “No, mi vida, me encanta chuparte hasta que te vienes, ya lo sabes”. “Y a ti que te la mame, cielo”.

En la película había un nuevo invitado: supuestamente, el hermano de la prima alta las ve por la ventana dedicadas a un cunnilingus mutuo. Llama repiqueteando en el cristal y las dos se cubren con las manos. El chico les sonríe y hace un gesto para que lo inviten a la fiesta. En la siguiente escena se ve a la prima bajando el pantalón y sacando una gran tranca tiesa que besa inmediatamente. La otra, la bajita, que es la pretensa hermana, observa tocándose las tetas. El hermano, mientras su prima le hace una felación en primer plano, le hace un gesto a la otra para que se acerqué y ambos se besan. Él le soba las tetitas y se ven los pezones rosados y efectos de la hermana. La escena cambia:

Los tres están en la cama. El chico está comiendo el coño a la pequeña, su hermana; la prima le está mamando. En un zoom el hermano besa también el ojete de la hermana y folla el chocho con los dedos. “Es fuertecilla…”, dice Rodolfo. La monumental erección atrae inmediatamente la mirada de Berta, que le da un codazo a su marido. “Desde luego, te está gustando…”, y lanza una sonora cargada, segunda de Manuel. “¿Y a ti?”, me pregunta Manuel. Miró a Rodolfo antes de contestar. “Me pone, sí, sobre todo desde que ha aparecido el hermano”. “Tiene un pollón enorme”, dice Berta; “Claro que el de Manolo, no está nada mal, eh” Dicho lo cual abre la cremallera del vaquero y saca el falo tieso. Me repente me parece todo un poco extraño, pero estoy tan excitadísima que contemplo la polla con ganas.

“La de Rodolfo es mayor que la del hermano”. No sé cómo he dicho eso con tanta naturalidad. Rodolfo se echa a reír. Manuel mira a Rodolfo: ” Ah, bandido…, te lo tenías callado.” Berta agarra la polla de su marido y comienza a manosearla. “¡Vamos, enséñala, no seas tímido!”, grita Berta; “No serás celosa. ¿verdad?”, me dice. Me limitó a sonreír sin dejar de ver cómo lis dedos de Berta juegan con él miembro erecto. Rodolfo me mira reclamando le mando un beso con un mohín de los labios y se saca el cipote por la bragueta. “¡La leche…!”, dice Berta en un aullido: “Eso te comes, mala pécora; te tiene que taladrar la vagina!”. Río la gracia haciendo comparaciones: la pollaza de Rodolfo es la campeona, sin duda.

En el televisor, el hermano está metiendo y sacando el dedo del culo de la chica; la otra continua la prolongada e imposible felación: no hay erección que pueda durar tanto, mientras se la maman y sin correrse. “Seguro que se la folla por el culo, ya veréis. En las películas lo hacen”, dice Rodolfo, que tiene la polla agarrada mientras mira la película. Inmediatamente, él y yo nos damos cuenta del resbalón.

“Es otra forma de placer”, dice Berta. “A mí no me importaría…” Y ahí lo deja. “¿No lo habéis probado nunca…; ninguno…?”, repone Manuel. Su polla no se afloja y sigue tiesa por encima del pantalón. Sin esperar respondí con una pregunta: “¿Y vosotros?”. Berta nos miró va alternativamente: “Sí, a mí me gusta que Manolo me dé por el culo, la verdad”. Se vuelve hacia él y se inclina para besarle la polla. Se introduce la verga en la boca y él se baja los pantalones. “Vamos, ¿lo hacemos juntos? ¿Queréis?”, dice.

El trío está ahora en la parte final de la película. Efectivamente, el hermano se folla a la hermana por el culo y la prima facilita la penetración chupando una y otra vez la polla cuando sale por el ojete dilatado de la otra.

Berta se desnuda y me dice: “Venga, no seas remilgada, somos amigos íntimos, ¿no?”. Se coloca dándose la vuelta sobre Manuel y la polla se hunde en el coño. Berta lo cabalga con jadeos entrecortados. Yo me desnudo a mi vez y voy a quitarme el pantalón a Rodolfo. Su polla está tan erecta que está vertical sobre sus huevos. La chupó y me la trago todo de una. Estoy tan cachonda que mientras se la mamo me voy masturbando. Manuel y Berta siguen follando, ella sentada sobre su polla.

En el televisor han llegado a la fase final: veo al hermano correrse en la espalda de su hermana. La leche cae a golpes sobre su espalda (hay tal cantidad de manguera is que resulta imposible que sea una corrida en una sola toma. El semen resbala por los cachetes del culo de la bajita; la alta lame los churretones lácteos. El hermano va por detrás y comienza a follar a la prima mientras ésta se traga el esperma.

Un largo gemido y Manuel se corre. Berta lo cabalga alocada, tratando de llegar al orgasmo. Yo masturbo a Rodolfo hasta que eyacula en mi boca con un sonido gutural ronco. Me trago la leche hasta que deja de salir. Berta se levanta. Un chorrito blanco resbala por su peluso; lo recoge con su braguita y se limpia la raja. Manuel exhala aire y deja caer la cabeza sobre el respaldo del tresillo. “¡Qué polvazo, nena!”, le dice. “¿No habéis follado?”, inquiere luego mirándome. “No hemos terminado”, interrumpe Berta mirándome fijamente, “¿verdad?” La ponemos otra vez”, dice Manuel pulsando el «play». “No sé qué os va a parecer…, pero…, ¿queréis que cambiemos las parejas está vez?”.

Berta me miró interrogativa. Yo estaba deseosa. Me dominaba una intensa y ardiente la lujuria. Quería tener un orgasmo inmediatamente. Vi como me miraba Manuel. “¿No te atreves?”, preguntó Berta, ” o es Rodolfo, el celoso”. “¿Tú no tienes inconveniente si lo hago con Berta?”, preguntó Rodolfo. Manuel negó con la cabeza: “No, claro, si lo hacemos los cuatro juntos…”.

Berta se acercó a Rodolfo y yo imitándola fui hacia Manuel. El me acarició las tetas y noté cómo su polla se enderezaba de nuevo. La cogí entre mis dedos. Tenía un tacto, un grosor y una longitud diferente a la de mi marido, pero estaba igualmente dura y caliente. “¿A cuatro patitas?”, preguntó Manuel. Respondí arrodillándome de cara a Rodolfo y Berta. Ver cómo Berta se metía en la boca la polla tiesa de Rodolfo desató más la lubricidad que se había adueñado de mí.

Él, tumbado en la chaisse longue, la tenía agarrada por los hombros y miraba atentamente cómo le lamía el capullo grueso. «¿Querrá que la joda por el culo?», me pregunté. Me imaginé la gran tranca de mi marido hincándose en el ojo del culo de Berta? Le tiene que hacer daño: la diferencia de tamaño entre la polla de Manuel, que ahora sujetaba entre mis dedos, y la de Rodolfo era considerable». Entonces recordé cómo Manuel folló por detrás a Berta.

Miré a Manuel y sin tener plena consciencia, dejando e llevar por un arrebato incontrolado le dije: “si me comes el coño hasta que tenga un orgasmo…”, me paré un momento y continúe apretándole la verga dura: “te dejaré que me folles.., pero, por detrás: que me des por el culo”. Manuel con una sonrisa se agachó, me besó el cuello y me dijo en un murmullo: “Así que, sí…, visteis la grabación”, y se tumbó en el suelo, por debajo de mí y me abrió los labios del coño y metió por ellos la lengua.

En la película, la chica más alta le estaba lamiendo el chocho a su prima; a mí Manuel me estaba sorbiendo los jugos del coño con fruición, yo le subía y bajaba el prepucio rítmicamente. Del otro lado. Rodolfo se levantó, giró a Berta levantó las piernas y las colocó sobre sus hombros y le metió la tranca por el chocho.

Manuel chupó mi clítoris hasta que me vine con un chillido de gusto que hizo que tanto Berta como Rodolfo se girasen para contemplar la escena (en la televisión el chico ya estaba follando a su hermana y a su prima alternativamente). Restregué mi chumino espasmódicamente por la boca y los labios húmedos de Manuel hasta que cesaron los latigazos de placer. Entonces le pedí: “Dame por el culo.., pero despacito”. Berta gemía, con el miembro más grande que había tenido nunca en su vagina. Tenía los ojos cerrados y se escuchaban los jadeos del esfuerzo de Rodolfo con cada embestida en el coño de Berta. En esa posición, disfrutaba al ver cómo su falo entraba y salía, cubierto del flujo de ella, y le besaba los pezones oscuros y gruesos.

Manuel empezó por un delicado beso anal. Su lengua iba trazando las estrías radiales de mi hoyito virgen hasta allí; me resulta muy placentero sentir la lengua húmeda lamiendo, buscando entrar, hundiéndose poco a poco, el calor de aquella serpiente plana explorando mi ojete…

De nuevo el hermano de la chica bajita volvía a joder a las dos primas…su leche salía otra vez, a borbotones, cayendo en la espalda de su hermana; la lengua de la prima recogía el semen, lo tragaba…

De los labios de Berta salió entrecortada una frase como un tartamudeo: “Me corro, me…, corro”, y Rodolfo emprendió un galope jodiendo el coño que se abría y cerraba como una boca succionadora, con el instrumento largo y grueso de Rodolfo dentro.

Eso desató a Manuel, que observaba cómo Berta disfrutaba de la follada con Rodolfo. Su polla, despacito daba golpecitos en mi ano, jugando a salir y entrar sin prisa hasta que consiguió insertarse en mi ojete, dentro de mi culo, hasta el fondo. Al sentirla toda encajada en mi conducto, gemí y experimenté la placentera sensación de que me dieran por el culo por vez primera: era otra forma de sexualidad y me gustaba notar la verga caliente, apretada en las paredes de mi recto.

Un ronco gemido y Rodolfo se corre en el chocho de Berta. Veo su culo golpeando el coñito de Berta. Sus bolas se mueven a impulsos: está descargando en ella el semen que le quedaba. Manuel también lo observa. Tengo su cipote duro empujando, retrocediendo y volviendo a embestir. Lo hace con delicadeza: está acostumbrado a joder a su mujer por detrás. La polla me folla el ojo del culo proporcionándome sensaciones nuevas y desconocidas.. Agarrado a mis caderas queda un momento clavado en mi culo y…, después comienza a jadear: se corre violentamente dentro de mi. Se viene con una fuerte descarga caliente. Noto el chorro de semen en las paredes estrechas. La tranca se vacía con golpes seguidos. Se desparrama su leche en mi culito.

Cuando levantó la vista Rodolfo y Berta están abrazados. Él acaricia sus tetas. Manuel sale de mi culo y me acaricia el ojete untándolo con su leche. Me siento a su lado. Berta mira al aparador, señala un grabador con una luz intermitente y dice: “¿Vemos ahora que tal nuestra sesión de orgía amateur?”

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