Por su trabajo tuvimos que ir a Córdoba y quedarnos una noche. Al llegar al hotel me pide crear alguna situación morbosa y se le ocurrió o mejor dicho, ya lo tenía planeado, que me subiese al automóvil y que fuese conduciendo con un vestidito bien corto con transparencias, con medias, botas altas y sin tanga. Tan sólo cubriéndome con un abrigo, también corto.
Él me iría siguiendo en un Uber a una prudencial distancia para que me sintiese segura, manteniendo comunicación por el móvil, y por supuesto para ser partícipe de la situación.
Por teléfono me pidió que parase en una estación de servicios y bajase con mi escueta indumentaria a poner un poco de nafta. Por mala suerte me atendió una chica, aunque los clientes y otros empleados me desnudaban con sus miradas.
En un nuevo mensaje me indicó que entrase en el estacionamiento del shopping que estaba a pocas cuadras. Él me siguió caminando a cierta distancia. Me pidió que saliese del coche y me diese un paseo andando por el parking entre los coches estacionados.
Llevaba el abrigo abierto dejando ver el casi transparente vestidito, y por tanto también la tenue visión de mi cuerpo. Sin sujetador, sin tanga, pero con medias y tacones.
Era tarde-noche y al parecer no andaba mucha gente a esa hora. Tuve que pasar tres veces por el parking para que en una de ellas me cruzase por fin con un chico que supuestamente iba hacia su vehículo.
Él me vio andando en su dirección, hasta cruzarnos, por lo cual me vio con el vestidito transparente y el abrigo abierto, que como ya dije, dejaba ver mucho.
Hacia un poco de frío por lo cual mis pezones estaban durísimos. Tan “desafiantes” que casi atravesaban el tejido transparente.
El chico me miró con cierto disimulo, se subió a un auto. Yo para disimular continué paseando un poco más, me volví sobre mis propios pasos hacia mi coche, pasando delante de del chico que todavía no había arrancado. Cómo la luz estaba sobre su vehículo se reflejaba en el cristal, por lo cual no pude ver si él me miraba.
Llegué donde estaba mi coche y entré en él. Mirando por el retrovisor por si veía algo, al no ocurrir nada, salí del coche y fui como a “buscar algo” en el baúl.
Me agaché como si buscase algo al fondo, dejando mi culo bien visible y orientado hacia donde estaba el “desconocido” jajaja.
Entonces escuché el sonido del motor su auto arrancando y vi como maniobraba para que sus luces apuntaran directamente hacia mí, pasando a escasos metros de donde estaba yo.
Al verlo pasar y ver como salía del estacionamiento, sin que me dijera nada, me dejó algo decepcionada, y se lo comuniqué a mi esposo… jajaja.
Me dijo que me acercase a uno de los bares con el abrigo cerrado, entrase dentro a tomarme un café.
Aún con el abrigo cerrado, mi imagen era” inusual”. Iba con mis piernas al aire, levemente maquillada, tacones altos, medias y el abrigo dejaba intuir parte del escote.
Al abrir la puerta del bar note como decenas de miradas se clavaban en mí. Me quedé algo parada, pero me encaminé a la barra. Me senté en una de las banquetas y pedí un café al mozo. Este me dijo que podía sentarme en una mesa si lo prefería. Se lo agradecí y me fui a sentar en una mesa que estaba cercana. Mi marido me mandó un WhatsApp y me dijo que iba a entrar, pero que actuase como si no le conociese. La verdad que no estaba tranquila, en más no me sentía del todo cómoda con este juego que me proponía José. A los pocos segundos entro por la puerta y se sentó en la barra sin ni siquiera mirarme.
Se pidió una bebida. Mis muslos no paraban de entreabrirse levemente de forma compulsiva, en dirección a él que ahora me miraba de reojos.
Me escribió por WhatsApp pidiéndome que mirase si había en la sala alguno que “me llamase la atención”.
Yo no sabía cómo mirar sin que pareciese descarada. Por lo que decido encaminarme al baño. Para eso había que atravesar todo el bar. Así me daría tiempo a visualizar a los clientes con cierto disimulo. Y sobre todo sentir sus miradas.
Al llegar a los baños entre en el de minusválidos que siempre suele estar más limpio, y es más amplio.
Salí del baño y me encaminé al mozo. Le pagué la consumición y decidí abandonar el local. No quise mirar hacia las mesas. Pero al ir a salir, justo al lado de la puerta de salida, estaba el chico del estacionamiento, que al verlo de cerca no era tan chico, era un hombre de unos treinta y tantos, el cual me abrió la puerta “caballerosamente” clavando sus ojos en mi mirada de vergonzosa sorpresa. Sin más me dirigí hacia mi coche. Entré y tomé aliento.
Recibo entonces un mensaje de mi marido que me pide que lo espere, que el aparecería en unos minutos.
Así pues, esperé, con el auto en marcha para poner la calefacción, para no sentir frío.
A pocos minutos mi marido entró en el coche por la puerta trasera, me acaricia el cuello y me pide que me tranquilice. Entonces me venda los ojos. Comienza entonces a acariciarme los pechos, y pasa su brazo entre los dos asientos delanteros accediendo con una mano a mis muslos y mi concha. Yo empiezo a jadear y las abro encorvándome por sus intensas caricias.
Entonces escucho como se abre la puerta del copiloto y alguien entra. Siento una mano que coge la mía y la coloca sobre un pantalón con un gran bulto.
Mi marido me susurra que estuviese tranquila. Que era el chico que yo había elegido. Y mi querido esposo le había invitado a entrar al coche para “conocerme” mejor.
Yo estaba nerviosa sintiendo las caricias en mis tetas y con las piernas abiertas, y ofreciendo una total visión de mi vagina. Estaba super nerviosa, pero seguía agarrando el bulto de “mi copiloto”.
Sentí entonces como se abría el pantalón. Y entonces el bulto se transformó en un tremendo pene durísimo.
Acerqué mi mano para agarrarlo casi de un modo instintivo. Era grandecito. Sentí como latía en mi mano, y con mis dedos notaba las venas de esa pija.
Mis piernas se entreabrían con las caricias de mi marido. Fue entonces que sentí, como el copiloto lamía mis tetas, mientras yo estaba masajeando de arriba a abajo lentamente su mástil. Note como sus grandes dedos tenían acceso a mis labios inferiores, y a mi clítoris palpitante.
Entonces sentí como una mano direccionó mi cabeza hacia “el copiloto”, y de repente noté rozar con mis labios su durísima verga. Y con mi lengua la recorrí desde arriba cada pliegue, cada vena… y no tenía fin.
Entonces mi marido me dice que quiere que me suba al “copiloto”, ahí decido sacarme la venda de los ojos, el abrigo, subir el vestido hasta la cintura y bajar la parte a arriba para dejar mis tetas al aire. Al mismo tiempo que se despojaba de los pantalones, dejándolo a la altura de sus tobillos, dejándome ver su pija, la cual también a la vista era realmente grande.
En se instante me sentí algo perdida, entonces se recostó el asiento, se tumbó y yo abriéndome los muslos comenzó a jugar con sus dedos dentro de mi empapada concha, jugando con mi clítoris, jugando con los labios. Así consiguió hacerme volver loca y retorcerme de placer.
Me cogió por la cintura y me subió encima de su vergota. Al metérmela lancé un grito de placer. Me comenzó a coger, moviéndose y yo empecé a cabalgar al ritmo que me imponían sus manos que me tenían de la cintura, en un momento veo a mi marido que se terminaba de desnudar en el asiento de atrás y acercaba sus manos a mis tetas.
Con las sacudidas las tetas me rebotaban en las manos de José y llego mi rica acabada enseguida, mientras mi marido me observaba encantado.
Entonces mi marido acerco su verga durísima y me la metió en la boca. Estaba loca de placer. Entonces el copiloto me preguntó, ¿en dónde quería recibir su leche? No le pude contestar porque mi voz se entrecortaba con mis jadeos.
En ese momento mi marido le dijo que la sacase. Casi al instante, mientras me sujetaba con fuerza las caderas me levanta saliendo su pene de mi interior y un torrente caliente de semen lo inundaba desparramándose sobre su vientre. Noté como su abundante leche rebosaba y salía.
Cuando termino de correrse, me quedé de rodillas sobre el incomodo asiento. Mi marido entonces me dijo que siguiera con él, y mientras se la chupaba con frenesí, me miraba explotando en un orgasmo, derramando su leche caliente en mis pechos, cara y algunas gotas caían sobre mi copiloto.
Al retomar la compostura lo primero que hice fue mirar fuera del auto para ver si alguien nos había visto. Al ver que nadie estaba cerca, me pase al asiento del conductor para acomodar mi vestido y limpiarnos del desparramo de leche que hicimos sobre el habitáculo.
José le pide al copiloto que nos deje solos, después de agradecerle el momento que pasamos. Se despide de mi con un beso tímido, como de desconocidos que éramos, se baja, José pasa al asiento del copiloto y con el auto en marcha, ya que nunca lo apagamos, nos encaminamos rumbo al hotel que estaba a unas pocas cuadras.
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Que buena idea de tu marido , no me hubiera animado a aceptar siendo un desconocido a pesar de la tentación. Tu marido conocía al chico del auto? . Sería bueno que contarás como lo convenció para que aceptará.
Hola Lau! Claro Clap Clap, aplausos de pie! Qué buena idea de tu marido! Me encantó lo que te propuso y como lo realizaron, te digo más, me encantría protagonizar algo así! Les manido un beso muy muy grande y saludos de Tommy, que leyó el relato y opina igual que yo.
Otro beso
Sofía.
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