Valeria, la tetona del gym (3)

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T. Lectura: 3 min.

Amigos este es mi tercer relato con mi tercer maduro, esta vez no fue tan fácil como con los otros dos, pero lo logré.

Pasados 3 días de los encuentros con los otros, a este no lo localizaba hasta que me lo topé un viernes por la noche, el gym cierra a las 11 pm pero se vacía un poco a partir de las 9 pm, yo salí de la alberca, bien mojada del cuerpo y de mi panochita, buscando sexo con este maduro que me faltaba, así que se me cumplió.

Lo vi entrar a los vestidores, como sabía que habría poca gente, me metí a los vestidores de hombres y lo vi ahí sentado, secándose el sudor para cambiarse de ropa, eché un vistazo rápido, asegurando de que no hubiera nadie, llegué por la espalda y la acaricié, el volteó y yo dejé caer la toalla, me vio en traje de baño, ese que me deja ver bien las nalgas y me levanta las tetas, me dijo: ¿qué haces por aquí Valeria? ¿Se te perdió algo?

Yo respondí: sí, ando buscando una cogida contigo.

Él sonrió y me dijo: sabía que eras una zorrita que vendría a buscarme después de haberte cogido a mis amigos, pero me encanta y te voy a dar la verga que estás pidiendo.

Sin decir nada, me quité el traje de baño de inmediato, él comenzó a mamarme las tetas mientras sus dedos ya estaban adentro de mi puchita caliente y mojada, luego se levantó y comenzamos a besarnos, me llevó a los lavabos y ahí me puso frente al espejo y me dijo: quieres ver cómo te voy a reventar ese culito; a lo que yo respondí: reviéntame toda papi, dame verga, dame leche.

Él bajó de inmediato, me abrió las nalgas y comenzó a pasarme la lengua por el ano, me lo estaban comiendo como nunca antes, yo lo disfrutaba demasiado y no paraba de gemir, ya no me importaba si alguien nos escuchaba o nos veía, después de varios minutos comiéndome el culito, me ensartó la verga de un solo golpe, me dolió pero me fascinó, quería más de su mete saca, no quería que terminara por eso le decía: más duro papi, dame más duro; mientras él gruñía lleno de placer y me decía: ¿te gusta así tetona? Mira, vete en el espejo, como te reviento el culo, que ricas nalgotas tienes y esas tetotas que rebotan sin parar.

Yo solo alcanzaba a contestar: sí papi, dame verga; esto mientras tocaba mi clítoris y gemía sin parar, la verdad es que era una escena deliciosa frente al espejo, me encantó ver mis tetas rebotar y detrás mío a un maduro guapo, cogiéndome anal.

Pasamos unos minutos en esa posición y me pidió que nos sentáramos en una de las bancas que hay en los vestidores, lo monté y su verga larga, gruesa y cabezona me entró hasta el fondo de mi puchita, mientras le daba teta a mi macho y él me decía: “que tetas tan ricas Valeria, las quiero para mí, siempre”. Yo gemía y gemía y a todo le decía que sí.

Después me volteé y lo seguí montando de espaldas, mientras él me amasaba las nalgas y las tetas, me decía: que rico aprietas Valeria, hasta pareciera que casi no coges, de tan apretada que estás, quiero ver si con esas tetotas aprietas igual.

Me agaché y puse su verga deliciosa entre mis tetas, con mis manos las juntaba para que su verga llena de mis fluidos deslizara mejor en medio de mis tetas y cada vez que subía, chupaba esa verga cabezona, así estuvimos unos minutos y me pidió que lo montara otra vez.

Me senté en su verga, viéndolo de frente, él comiéndome las tetas y me dijo: me voy a venir adentro

Yo llena de excitación le dije que sí y sólo sentía como mi panocha se llenaba de su leche, me levanté de inmediato cuando fui consciente de que todavía nos podían descubrir, su lechita comenzaba a escurrirme, así que ya entrados en la calentura, decidimos meternos a una regadera juntos, ahí fueron puros besos, toqueteos y masturbación.

Esa semana anduve bien cogida por tres hombres diferentes y obviamente habría consecuencias, ya han pasado varios meses desde esa semana llena de sexo y lujuria con mis tres maduros, y ahora estoy embarazada, tengo una panza de 6 meses y estoy con las hormonas en el cielo, más caliente que nunca y solo quiero sexo, sexo y más sexo, mi novio casi no me coge porque dice que le da miedo por el bebé, lo que él no sabe es que ese bebé no es de él, según mis cuentas es de uno de los tres maduros, no sé de cuál exactamente, aunque ellos piensen que el que me preñó fue mi novio.

Yo sigo entrenando en el gimnasio, vistiendo sexy igual que siempre, solo que ahora con una panza y unas tetas más grandes por el embarazo.

Estar preñada no detendrá mis aventuras sexuales que próximamente les contaré.

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    Cata Martínez
    Administración de CuentoRelatos

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