Yurima la venezolana

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T. Lectura: 5 min.

Hola, soy Antonio el Albañil, igual ya leísteis alguna historia mía. Para los que no, os pongo en situación. Herede un piso en una ciudad de provincias, que no diré por discreción y lo puse en alquiler, alquilándolo a una chica del este terapeuta holística que me pagó el alquiler con masajes y sexo tántrico. Una experiencia única. I

vanka se llamaba y no tubo suerte con su negocio y se fue a Málaga donde hay más turismo y gente más abierta de mente. Me dio su teléfono personal y me dijo que si me iba de vacaciones a Málaga que la llamara. El piso quedó vacío aunque Ivanka dejo algunas cosas. Una mesa con sillas, un colchon y poco más. Empezo otra vez el periplo de alquilar. Primero tocaba limpiarlo para poder alquilar.

Varios días que fui de mañana me encontré con una joven limpiadora que se ocupaba del portal, las escaleras y las zonas comunes. Las primeras veces la saludé sin más, pero cuando fui cogiendo confianza con ella, ya me enteré un poco de su vida. Se llamaba Yurima y era de Venezuela, llevaba poco tiempo en España. Me contó de la crisis en su país, en como mucha población tuvo que irse a otros países y lo duro de emigrar.

Dejo en Barquisimeto su casa, su madre y dos hijos y aquí estaba buscándose la vida con su marido. Era una mujer muy guapa, algo bajita con rasgos exóticos, el pelo negro y recogido en un moño. Su cara algo redonda y muy blanca con rasgos algo indígenas americanos. Su cuerpo no se podía definir mucho porque llevaba una bata verde de trabajo, aunque debajo se distinguía un buen culo y unas tetas abundantes. Alguna vez cuando estaba limpiando en mi rellano, abría la puerta y le sacaba un refresco.

Ella siempre me lo agradecía con una sonrisa de esas que paran el mundo. Me gustaba esa mujer y fantaseaba con hacerla mia. Un día llegué ya para los últimos retoques a mi piso antes de alquilar y me la encontré sentada en las escaleras llorando. Me alarme y le pregunté que le pasaba, me dijo, nada Toni, no te preocupes. Hizo amago de levantarse y la pare. Cuéntame yo escucho bien. Entonces en sollozos me dijo que su marido había gastado en borracheras y fulanas los 300 euros que ella tenía para enviar a su familia.

No era el padre de sus hijos y realmente le daban igual lo que les pasara y sin ese dinero no podría pagar los servicios, el alquiler y los alimentos para el mes. Ella llorando me dijo no sé qué voy a hacer Antonio. No te preocupes yo puedo ayudarte y tú me ayudas a mí. ¿Como podría ayudarte yo Antonio? Pues muy fácil ayudándome a limpiar mi piso, a mí se me hace difícil por mi trabajo. Quedamos mañana a las 5.

Llegó el momento y Yurima me esperaba a la puerta. Nos saludamos, abrí la puerta y entramos. Vamos al lío, puedes empezar por subir a la escalera para limpiar las lámparas. Desde allí me fijé en su trasero. Llevaba unos vaqueros apretaditos, de esos que llevan las latinas que marcaban un culo divino y una camiseta de licra con un escote lo suficientemente grande como para entrever unas tetas muy apetecibles. Con esa visión mi pija se empezó a inquietar.

Llevaba su recogido en moño que dejaba a la vista una cara blanca y hermosa. Puse música de salsa y con el ritmo ella movía el paño y su culo al compás. Yurima era muy comunicativa hablaba todo el rato. Me dijo que su actual marido era un cafre. Bebedor y mujeriego lo aguantaba por qué no le quedaba otra. Le dije con convicción que ella puede tener al hombre que se proponga que era una mujer muy atractiva. Ella se paró y me miró con sorpresa y sus ojos brillaron. Muchas gracias Toni eres un amor. Le dije hora de refrigerio, saqué dos cervezas de un caldero con hielo.

Nos sentamos a beber. Yurima me preguntó si no tenía novia, yo le dije que se me daban mal las mujeres aunque para disimular le dije que algún noviazgo tuve poco duradero (de una noche, pensé para mi). Empezó a sonar en la lista de reproducción una canción de Luis Miguel y me dijo bailemos. Yo le dije que no era buen bailarín pero intentaba. Nos pusimos a bailar mi cipote se empinó solo con sentirla en mis brazos.

Ella me dijo, eres muy bueno conmigo Toni, me gustaría recompensarte. Me miró, dejo de bailar y me beso en la boca. Mi rabo se catapultó. Le dije Yurima no hace falta. Ella dijo, yo quiero. La abrace contra mi y le agarre el culo y la bese. Ella me dijo, hazme el amor Toni. La llevé a una habitación donde había un colchón. Mientras la besaba y la abrazaba baje para sobar bien su culo, estaba durito y apretadito debajo del vaquero. Metí mis manos por debajo de su blusa y del sujetador y sentí sus pechos, algo caídos pero bien gordos.

Los pezones eran anchos y con el contacto de mis dedos se iban cerrando y poniéndose duros. Se notaba que había amamantado a sus hijos y ahora le tocaba amamantar me a mi. Ella subió sus manos por mi pecho mordiéndose el labio sintiendo mis músculos de albañil. Bajo la mano a mi entrepierna y la cerró sobre mis huevos y polla. Bajo la cremallera y libero al preso.

Salió disparado como por un resorte, Yurima se arrodilló y empezó a lamer mi pene con una destreza casi de profesional. Me desabotone el pantalón para liberar más mi paquete. Ella se deshizo el moño y una mata de pelo negro y liso callo hasta su nuca y abriendo la boca bien ensalivada me empezó a dar una mamada sin prisa, chupando de la punta deleitándose en mi glande y bajando y tragando el resto de mi rabo.

Yo le cogía su cabeza y empujaba hasta el fondo y la mantenía unos segundos en los que notaba el inicio de su garganta y soltaba para que tomara aire. Cuando el rabo estaba a punto de disparar todo su contenido, le dije que parara, que quería metérsela en el coño. Yurima dijo tus deseos son órdenes papi. Me desvestí rápido y me quedé en bolas.

Mi pene estaba ya expulsando líquido y Yurima empezó a bajar su pantalón. Debajo unas braguitas tanga rojitas que dejaban al aire sus nalgotas y arriba un sujetador que saltó al quitarse el pasador, liberando unos pechos hermosos. Como un sediento empecé a mamarle las tetas, que sabrosas. Una y otra a un ritmo frenético. Con la mano empecé a acariciarle la raja por encima de las braguitas humedeciéndolas con un charco de flujo. Ella se postró en el colchón y me dijo, Toni estoy muy caliente, métemela hondo.

Abrió sus piernas dejándome una vista maravillosa de su chichi. me subí encima y mi pene se acoplo a Yurima como un guante. Movía su cadera y culo empujándome hasta el final de su cueva y gemíamos los dos bien acompasados. Bajaba y le comía las tetas y volvía arriba a su boca. Yurima se dio la vuelta, yo me tumbe y empezó una danza hipnótica encima de mí.

Bailaba, no exagero, con esas caderas latinas dando vueltas alrededor de mi rabo, giros y arriba y abajo. Estaba que estallaba y depronto sin aviso un grito de placer y Yurima se corrió, notaba cómo su vagina se cerraba sobre mi rabo, decía si, si papi, papi, me matas. Yo viendo ese cuadro casi me corro, pero quería disfrutas de una vista de ese culo. Salió y se postró a mi lado, me miró y me dijo que hacía tiempo que no disfrutaba tanto. Ahora ¿qué quieres mi amor? Como te hago para darte placer.

Yo le dije me gustaría un perrito. Sin pensarlo Yurima se puso en posición. De espaldas saco su culo hacia fuera y apoyo su espalda. Me puse detrás , con la mano guíe mi rabo que se movía arriba y abajo buscando una próxima corrida y zas adentro. Yurima gimió, y decía si Toni, poseeme, disfruta mi amor. Empecé a bombearla . Ella ayudaba a mi empuje moviéndose de adelante y luego hacia atrás. Le tocaba el culo, disfrutando de la vista de su ano y noté que me llegaba, saqué rápido el rabo y mi orgasmo llegó con unos chorretones de semen salpicando el coño y el culo de Yurima.

Me postre en la cama al lado de Yurima y la bese. El encanto se rompió cuando sonó el teléfono de Yurima. Era el mamarracho de su marido preguntando donde estaba.

Ella se vistió rápido, yo le di los 300 euros acordados por su trabajo de limpieza que había incluido también una limpieza especial de mis bajos. Me dijo que volvería a acabar el trabajo, yo le dije que no era necesario. Si quería venir era para otra tarde de amor y pasión. Yurima sonrió y me dijo, vendré papito, tu eres el hombre que mejor me ha tratado mi españolito lindo. Me tiro un beso y salió rápido escaleras abajo. Por esa mujer vale la pena perder 300 euros.

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